Archivo por meses: mayo 2008


Todo lo que empieza acaba 8

Estamos todos con la ilusión de los sanfermines 08 y yo me voy a referir sobre el final de fiestas. Bueno a reorganizar las neuronas.

Dicho lo cual y aunque estamos por comenzar con el ambiente presanferminero ya sabéis los nativos a que me refiero: la tómbola, el vallado, visita al GAS, las barracas aunque sea en el parque Runa, el presupuesto, organizar visitas de amigos y familiares…, una de las cosas inamovibles es el cierre de fiestas.

Para mí el cierre de fiestas no se compone solamente del pobre de mí, y comienza con la última visita a la plaza de toros. Ojo, no es un sentimiento de pena es un sentimiento diferente, y me permite disfrutar más conscientemente de las horas que quedan.

Yo generalmente paso el quinto y parte del sexto toro en el ambigú (hay que mantener esas amistades sanfermineras año tras año) hasta que te reincorporas a tendido o andanada para localizar a los colegas y salir con ellos por el callejón o por el patio de caballos.

En cambio el día 14 a mí no me apetece bajar al ambigú y prefiero estar toda la lídia en “mi sitio”… ya sabéis llega el cuadragésimo octavo burel y se acabaron los toros por este año.

Siempre queda el estirón coral con los típicos san fermín, san fermín, todos queremos más etc etc.

Esta coral parece una tontería pero… todos los años el pelo se me pone como escarpias y en ese momento he visto llorar de emoción a personas hechas y derechas.

Otro momento intenso es el de las despedidas de las cuadrillas con las que has compartido 48 toros, alguna merienda y algún que otro trago de sangría.

Les has visto, alegres, pedos, apagados, con dolor de estómago, en silencio… Has llegado a conocerlos en cierta manera y te despides “hasta el año que viene, cuídate”. Das por hecho que les vas a ver el año próximo. No sé si os ha pasado pero si coincides durante el resto del año con ellos por la calle, no es lo mismo… ¿Qué raros somos vestidos con colores?. Parece que hay que empezar de cero, ya que el buen rollito de la plaza es dificil pasarlo a un diciembre a –4º. Maravillas del coso.


El Monstruo de Guatemala 25

Como este año andan las Barracas de mayor actualidad que en años pasados, el otro día me dio por echar la vista atrás y tratar de recordar cómo era esto en mis tiempos de crío. Lo gracioso del caso es que a algunos ni les sonará porque no habían nacido y a otros les parecerá ayer… Para mí, son recuerdos entrañables (valga el tópico) de mi infancia y adolescencia más temprana. Ahí van, lemas, imágenes y olores:

Qué rica la Chochona, me gusta la Chochona.

Uno veinte duros, tres cuarenta duros.

Los carteles y folletos del Teatro Lido.

Mis primeros disparos al palillo horizontal con carabina (trucada, quiero pensar, no podía yo ser tan malo).

Las vueltas y escobazos en el Tren Chu Chu.

Los primeros camellos.

El león (o tigre) que se escapó por la Milagrosa y se escondió en un garaje.

Un hipopótamo pastando en la Vuelta del Castillo.

Las piernas de patinadoras sobre hielo de más de cinco metros de altura que anunciaban el Circo Ruso.

La primera vez que vi a los dos baturros pisando uva.

Los bocatas de frankfurt en algún mesón.

Las humaredas de las churrerías.

Pero si algo me marcó en mi infancia allá por los años 70, y creo que son mis primeros recuerdos de barracas, instaladas en plena Vuelta del Castillo (sí, en la hierba), fue el mítico «¡¡¡El Monstruo de Guatemala, el Monstruo de Guatemalaaaaaaaaaa!!!

Mis padres nunca me llevaron a verlo. Jamás se lo perdonaré. Ni eso ni lo del Scalextric.

Por tanto, queridos blogzales, os ruego que, si alguno de vosotros entró en esa barraca, me cuente lo que vio…

 


Las pantallas para ver el encierro en la Plaza de toros 6

Esta semana se ha anunciado la colocación de dos pantallas gigantes en la Plaza de toros para facilitar a los  que allí acuden (acudimos, aunque sea esporádicamente) que puedan seguir el transcurso del encierro en directo, pantallas que se colocarán antes del comienzo del mismo y que se retirarán cada día  una vez finalizada la suelta de vaquillas.

No me cabe duda de que va a tener una buena acogida y que va a hacer más agradable la tensa espera desde que suena el cohete indicador de que ha salido la manada hasta que, una vez que han entrado los «patas», se aceleran las carreras y aparece el primer morlaco, ya que se podrá seguir el encierro desde su comienzo hasta que los tengamos en vivo y en directo en el albero de la plaza.

Pienso que es de esas iniciativas que se quedarán y dentro de unos pocos años nos preguntaremos cómo es que no se había hecho antes.

La duda que me queda tras leer la noticia es si, en los momentos previos al encierro, va a seguir actuando la banda que habitualmente lo hace (antiguamente la del maestro Bravo) o se va a sustituir por la transmisión  del la programación que avanzaban en la noticia (resumen de la jornada anterior, etc.).

Lo único que pido y que me gustaría que se respetase durante la transmisión del encierro es el sonido original de la carrera sin comentaristas (La transmisión va a ser la de Cuatro, a la que tanto cariño hemos demostrado en diferentes artículos y comentarios en este blog).


Sanfermines y alpargatas, ¿binomio imposible? 14

Ya que llevamos una semanita centrada en los sentidos, (ayer el gusto, el miércoles el oído, el martes el olfato…), dediquemos también unas líneas al tacto. Pero en este caso al tacto con los pies.

Servidor se confiesa fiel devoto del uso de la alpargata, prenda inseparable en la intimidad del hogar, y prenda insuperable en los días soleados que se nos avecinan. Me refiero a las de toda la vida, de tela negra, con las costuras blancas, y con la suela de esparto, ligeramente mariconeada hoy en día con terminaciones de goma que las hacen un poco más duraderas. Por los 40 euros de cualquier zapato mediocre consigues 10 pares de alpargatas que te pueden valer para las necesidades de un año. No quiero entrar en cuestiones de estilo, pero mi apuesta es la de llevarlas además bien pisadas en la parte de atrás, sin calzarlas. Me podéis llamar aldeano, trasnochado, o lo que os dé la gana. A mí no me importa que la gente lleve otro tipo de zapatillas… pero mi sensación de frescor en los calcos, añadido al hecho de notar hasta las arrugas de lo que pisas no me la quita nadie. Una delicia.

Ahora bien, ¿qué pasa en sanfermines? Con temperaturas superiores a los 200 grados las condiciones son ideales para el uso de las alpargatas. Además, voy a tocar vuestros corazones, ¿quién no las ha llevado de crío bien blancas con las cintas rojas, como las de los dantzaris? (algún día hablaré de cómo encuentro cotas más altas de elegancia en el traje de un dantzari que en un esmoquin).

El caso es que durante varios años, las alpargatas blancas con cintas rojas formaron parte de mi atuendo del día 7 de julio. O mejor, de la mañana del 7 de julio. Recién duchado tras la batalla del 6, con la camisa limpia, el pantalón hasta con la raya de la plancha, y con las alpargatas -estas sí- bien calzadas y atadas, me lanzaba a la calle a vivir intensamente la procesión, el posterior almuerzo, y el consabido poteo.

Pero llegó el día en el que me vine a menos, y un año ya decidí que estaba hasta los cojones de ir todo el rato mirando al suelo para evitar dos de los grandes enemigos de las alpargatas: los charcos y los objetos cortantes. El esparto mojado pesa repentinamente 100 veces más, y dificulta mucho la marcha. En cuanto a los objetos cortantes, no es tanto el miedo al corte en sí, sino en toda la mugre que te puede entrar en el cuerpo si te cortas con algo que está en el suelo en sanfermines.

Así pues, como digo, tiré la toalla. Hoy me considero peor persona, ya que siento que damos la espalda a pequeños detalles que pasarán al olvido, como usar alpargatas, o txapela, o cantar en las sobremesas, que nos han sido tan propios en generaciones anteriores.

De cualquier forma, siempre nos quedará el Chiquito, rabioso e impenitente calza-alpargatas. Volveré a admirarle cuando aparezca de nuevo en el tendido 5 enfundado en unas que no pasarán del número 36.


El ratico del almuerzo 6

Uno de los ratos que mejor gustillo me deja en fiestas es el del almuerzo.
Cuando uno era más juvenil, ese era precisamente el rato en el que intentaba dormir un poco para recuperarse de los excesos de la noche anterior y coger de ese modo un poco de resuello para ir de nuevo a la corrida, enchufarse la sangría en vena y volver a ponerse hecho un ecce homo.
Conforme va pasando el tiempo, uno se va dosificando y no pretende ir todos los días a tope hasta las mil, sino que se dosifica y alterna algunas jornadas maratonianas con otras más reposadas (dí que cada vez muchas más de las segundas y menos de la primeras).
Así pues, descubres otros momentos de la fiesta como por ejemplo los susodichos almuerzos.
Un servidor no es de almuerzo diario como algunos castizos que no perdonan una, pero los pocos días que puedo, la verdad es que le saco chispas.
No se me ocurre nada mejor que quedar todo fresco a buena hora para comprar unas ricas viandas en el mercado de Santo Domingo (a ser posible con bien de colesterol) y juntarte en la peña para preparar un almuerzo como Dios manda a base de huevos, tocino, txistorra y lo que pilles; todo bien regado por un tintorro fresco (para estos momentos no es necesario tirar de un vino reserva, sino que vale con que esté frío e incluso con gaseosa, aunque supongo que los puristas se echaran las manos a la cabeza).
Nada más pensar en como metes el pan en la yema del huevo se me hace la boca agua.
Otra buena opción es ir a alguno de estos bares de lo viejo o del ensanche y sentarte con tu cuadrilla en una de esas mesas que ponen en la calle.
Así, un plan bien bueno en un día de fiestas (aunque se que me vais a decir que soy un abuelazo y que lo que tengo que hacer es irme a Salou del 6 al 14) sería primero un buen almuerzo, seguido de vermutazos varios por lo viejo hasta que se te caliente bien el morro, mulillas, corrida en tendido con una buena merendola, un par de cervezas y a casa a sobar que mañana será otro día.
¿Os parece mal plan o qué?