La metamorfosis 7
No creáis que os voy a hablar del libraco de Kafka.
Toda la gente de aquí ya sabe que eso es lo que experimenta la ciudad cuando llega el 6 de Julio y a las 12 explota el cohete que da por empezadas las fiestas.
Los visitantes se suelen quedar a cuadros si conocen Pamplona en otras épocas del año y comparan esa imagen con lo que pueden ver si finalmente se acercan a Pamplona para vivir esos 9 días en que todo se vuelve del revés.
En la versión inglesa de este santo blog, he visto un comentario de una moceta noruega que dice que ha estado en Pamplona un par de veces haciendo el camino de Santiago, que le gustó mucho y que le parece una ciudad bonita y muy tranquila.
En su inocencia, dice también que se va a traer a su novio, para enseñarle ésta ciudad tan maja.
¡Anda que no le pase nada si se trae al mozo en sanfermin! ¡Que les pillen confesados!
De relax y tranquilidad una mierda; lo que va a ver es un montón de charangas y música a tope de volumen por todas partes, gente para parar un tren (sobre todo si se pasa por aquí en fin de semana) y además que tenga cuidado con su muete, que si se le pierde igual se lo encuentra tres días más tarde hecho un ecce homo.
Lo cierto es que todo aquello que pasa por normal y configura la vida cotidiana de la ciudad durante los restantes 356 días, desaparece y se sustituye por el ajetreo y el jolgorio de la fiesta.
Ya desde el momento en que el personal se viste de blanco y se anudan faja y pañuelo, se obra una suerte de trasfiguración. Personalmente pienso que el hecho de ponerte la ropa blanca el 6 por la mañana, ya te predispone para ver las cosas de otra manera y comportarte de una manera diferente. Como ejemplo, baste comentar lo que suele pasar cundo te encuentras después del chupinazo con gente a quien a penas saludas el resto del año y en esos momentos abrazas efusivamente e incluso te tomas unos tragos juntos a la salud del santo.
En fin, lo mejor para el que no lo conozca es vivirlo y ver con sus propios ojos como la calma del día 5 (contenida por la proximidad de la fiesta) se transforma en alegría desbordada al oír el cohete.