Nuestras pequeñas chorradas 10
Siguiendo con este afán tan nuestro de convertir las pequeñas chorradas en categorías indiscutibles, conceptos legendarios, tradiciones milenarias, o como cada uno quiera considerarlas, hay que reconocer que la antesala de los sanfermines está repleta de este tipo de sinsorgueces que nos ilusionan como a críos.
Porque los críos, aunque nos empeñemos en que tengan un coche ultradirigible megaaerodinámico, luego les imprimes un dibujo del rayito macuín para colorear y se les ilumina la cara. Lo mismo nos pasa a nosotros. Grandes preparativos para los sanfermines cohabitan con este tipo de pequeñeces. Pequeñeces que hacen que de pronto te des cuenta de que has esbozado una sonrisa tú solo, sin que nadie se haya dado cuenta, hasta el punto que crees que si alguien te ha visto pensará que eres un ababol sin remedio.
Pero la sonrisa ahí ha quedado. Tarda en borrarse lo que tardas en mascar un poco el disfrute que te ha ocasionado la chorrada de turno. Son visiones, olores, sonidos, en definitiva, percepciones que te sitúan automáticamente en la dinámica festiva aunque ésta todavía no haya llegado.
Todos tenemos nuestras pequeñas chorradas. Serían innumerables. No me refiero a cosas tan evidentes y significativas como la celebración del Día de las Peñas, o la renovación del abono taurino, o la colocación de la tómbola o del vallado (talanqueras, para que nos entienda todo el mundo), o la visita precipitada a Chile para comprar pantalones. Me refiero a cosas más pequeñas y más estúpidas que seguramente seríamos incapaces de enumerar en su totalidad.
Una de las mías ocurre desde hace unos años unos días antes de las fiestas. Tú vas tan tranquilo, normalmente, conduciendo hacia San Juan, hacia casa de los padres para rematar los aspectos logísticos que regirán las fiestas (léase recogida del perol materno de caldico, últimas negociaciones de emplume de progenie, etc.), y cuando tomas la calle Sancho el Fuerte descubres con júbilo que… ¡YA SE PUEDE APARCAR EN LA MEDIANA!
Qué estupidez, pensarán algunos. Pero qué gusanillo entra.
Venga, a retratarse. Cada uno tiene que poner una.