Archivo por días: 26 de mayo de 2010


Evolución etílica 9

Joseba, no sólo cambian la edad y las circunstancias que rodean a cada uno en cada momento. También cambian los tiempos. Tu post de ayer me ha hecho reflexionar sobre las distintas fases que atravesamos, y sobre qué brebajes las acompañan.

Pasaré de puntillas por la infancia. Si los litros de mosto que nos hemos podido meter entre pecho y espalda puntuasen para la general, la vuelta quedaría decidida antes de tener pelos en ciertos sitios.

Poco más adelante empezábamos a escuchar a nuestros padres frases míticas como ésta: «…saca cuatro vermús, cuatro tigres… y una kas p’al chaval«.

Llegamos por fin a nuestro primer contacto con el alcohol. ¿Quién no se ha puesto literalmente morao de zurracapote o sangría en fiestas, piperos, bajeras, casas, o donde sea? En generaciones anteriores lo normal era hacerlo con vino. Las alternativas eran escasas, y la tradición fuerte. Nuestras estrellas en cambio ya fueron la cerveza y el kalimotxo. Escaramuzas con tequilas y similares nos costaban caras. Todos comprendimos en esa fase que el pacharán es más para las sobremesas.

Hoy se toma la alternativa con toda clase de marranadas. Recuerdo haber servido en la peña una noche un katxi que iba preparando al dictado del mocoso de turno. El resultado era verde violáceo, creo recordar que llevaba vino, kiwi, pipermint y vete a saber qué más bebestibles. Era en los primeros días de fiestas, cuando los billetes de 50 € todavía circulaban. Seguro que en los días finales esa cuadrilla se daba al botellón.

La siguiente etapa llega con el descubrimiento del cubata. Hoy estamos en ella. Dentro de esta fase se produce una sub-evolución. Yo disfruté de varios años de fidelidad al Mistol (bifiterconlimón), para pasar luego al menos resacoso y universalmente extendido Ronconco Cacola. Estoy ahora mismo a las puertas de dar el siguiente salto: el yintonic.

Sospecho que la siguiente inflexión nos llevará a aprender a disfrutar de los elixires sin aderezos gaseosos. Pediremos güisquis, coñaques y orujos, y nos parecerá mentira que antes nos hayan gustado otras cosas.

Excepto, por supuesto, en las tardes del 7 al 14 de julio, en las que seguiremos castigándonos con sangrías imposibles.

¿Me dejo algo?

P.D.: te queda hasta el domingo (incluido) para presentar tu microrrelato.