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-Buenas, ¿tiene Zapatillas? – Buenas – Buenas, ¿Tiene zapatillas? -Buenas … 2

 Este fin de semana me ha tocado ir de compras, concretamente hemos tenido que ir a comprar unas playeras, deportivas o bambas o como se quiera decir para correr.

Bueno pues si lo de ir de compras ya de por sí es algo un poco tedioso y aburrido el tema pierde cualquier tipo de interés cuando comienzas a ver de que va el tema y una vez que has llegado a la tienda te das cuenta de que no has hecho los deberes de forma adecuada.

No es como en los tiempos en los que tenías que pasarte por Zariquiegui o Irabia para poder comprarte unas buenas playeras para correr. Claro que posteriormente llegó Atanasio revolucionando el mundo de la compra venta de playeras con sus tiendas en la calle Olite o por allá cerca y por supuesto en la calle de la estafeta. Atanasio también conocido por ser gran deportista y gran corredor del encierro. Bien pues ibas por cualquiera de esas tiendas y les explicabas para que querías las susodichas. Te mostraban 3 o 4 modelos y ya estaba. Elegir colores, pagar y ya está.

Ahora la cosa ha cambiado. Para empezar tienes que mirar un montón de modelos diferentes. Cada uno de esos modelos tienen sus características especiales, que si amortiguación con gel, amortiguación con aire, amortiguación con yo que sé… ¿cual es la amortiguación más efectiva?. Para correr sobre terrenos duros, terrenos blandos, terrenos de todo tipo. También tienes posibilidad de elegir tu equipamiento en función del tipo de pisadas que tengas…

Viendo esta realidad me he quedado preocupado y he querido compartirlo con vosotros ya que como todos o casi todos hacéis la compra de camisa y pantalón para finales de julio, penséis en comprar el calzado sanferminero allá por abril. Os lo recordaré.


Jozé y Manue 5

La primera vez que Jozé y Manue visitaron Pamplona fue un frío mes de Marzo. Su equipo rendía visita al fortín rojillo y decidieron aprovechar ese momento para meterse 1000 kilómetros entre pecho y espalda. Salieron el viernes al mediodía y pasada la medianoche arribaban a la ciudad. Rápido al hostal y a la cama. El sábado a media mañana se cruzaron con una peña osasunista, txaranga incluida, que al ver las camisetas de los muchachos los invitaron a unirse a su kalejira y posterior comida. Pasaron todo el día con ellos. Fueron al campo con los carnets de dos osasunistas que prefirieron seguir la farra lejos del Sadar, y en la despedida se comprometieron a volver en Sanfermines. Cuatro meses después emprendían de nuevo viaje hacia Pamplona. El Hostal el mismo, pero el precio el doble. Se prometieron viajar sin prisas. Tenían 7, 8 y 9 para disfrutar. Llegaron a Pamplona el día 6 a la noche y, aunque de manera breve, empezaron a conocer el ambiente que les esperaría el resto de días. A la mañana siguiente y después de ver el encierro en la habitación, se zambulleron por las calles de lo viejo. Sin quererlo se cruzaron con los kilikis y cabezudos. Después con los Gigantes. Y más tarde con el Santo que sin saber porque hizo que a Manue se le escaparan unas lágrimas de los ojos. Las calles estaban llenas y el calor era de justicia. Después comer y ver las mulillas se fueron a descansar. Cenaron y vieron los fuegos. Después, una vuelta por las peñas con la camiseta de su equipo preferido. Volvieron a disfrutar con la gente de aquí que les acogía de nuevo con los brazos abiertos. Ya de camino al Hostal, se encontraron con un grupo de paisanos. Empezaron con cánticos y chirigotas mientras la gente se arremolinaba a su alrededor. Vieron amanecer en la Plaza del Castillo y se retiraron a descansar. Una de esas noches que no se te olvidan en la vida. Despertaron a la hora de comer, y tras saciar el apetito, decidieron pasar por el bar en el que coincidieron con los miembros de aquella peña osasunista aquel sábado de Marzo. Hubo suerte, y en el mismo bar donde los dejaron, los encontraron. Los osasunistas no podían ocultar su sorpresa, al ver como Jozé entraba por la puerta empujando la silla de ruedas de Manue. Tras los saludos y los abrazos, se enteraron que una maldita enfermedad estaba acabando con él. Ese día, los huecos que habitualmente ocupaban en la grada de sol se quedaron vacíos. La sangría y la merienda la compartieron con sus visitantes en la calle Leyre. Toda la noche la disfrutaron la pareja de gaditanos con la cuadrilla rojilla. Pelos de punta y llantos en la despedida. Empezaron el viaje de vuelta reviviendo cada uno de los momentos que tanto habían disfrutado. A mitad de trayecto el cansancio pudo con Manué. Cuando llegaron a su casa, Jozé le dijo: “Ya hemos llegado”. “Gracias amigo” se despidió Manue entrando al portal de casa de sus padres. Jozé nunca más quiso volver a los Sanfermines, convencido que nada superaría aquellos tres días vividos con su amigo.


Uniforme blanco, pañuelo rojo y casco azul 4

Sus amenazantes miradas presagiaban lo que iba a ocurrir. La rusa, rubia, de ojos azules y con figura estilizada, con aspecto de haber practicado gimnasia rítmica durante muchos años, se abalanzó sobre la francesa, rubia de bote con ojos azules, estirándole del pelo. Sin embargo, la francesa aprovechó su mayor envergadura y con un brusco movimiento logró deshacerse de la primera; entonces empezaron los agarrones de camiseta (aunque no había mucha tela donde agarrar, de hecho los allí presentes se temieron lo peor, o lo mejor), para acabar con una retahíla de insultos en un perfecto castellano. En ese momento, dos apuestos mozos que habían presenciado los hechos de primera mano, pues uno de ellos conocía al novio de la francesa, lograron separarlas con el único propósito de que se templaran los nervios y aquella situación no se fuera de madre. La francesa, cogió del brazo a su acompañante, y desapareció entre la multitud, sin dar explicación alguna, mientras nuestros protagonistas, todavía atónitos por lo que habían presenciado, improvisaron una conversación con tufillo a interrogatorio con la chica rusa y su amiga (al parecer también gimnasta) con el fin de aclarar los hechos. La charla resultó amena a juzgar por la duración de la misma.

Los mozos, con la clarividencia propia de un día de sanfermines a las cuatro de la madrugada, llegaron a la conclusión de que se trataba de un lío de faldas, y de que el novio de la francesa, bastante ajeno durante los hechos, apuntaba a ser la principal causa de lo que allí había acontecido.

Por un día se habían sentido como auténticos mediadores de las ONU en aquel conflicto internacional, que de haber ido a mucho peor, pudiera haberse llevado por delante hasta los mismísimos sanfermines.

PD:

En alguna ocasión os habrá pasado que justo en el bar donde estáis tomándoos una copa o en la calle por la que paseas charlando con los colegas se arma la de san quintín. Las causas no las vamos a analizar pero suelen estar relacionadas con la ingesta excesiva de alcohol, la acumulación de gente en espacios reducidos, las provocaciones innecesarias, celos, o cualquier otra que os podáis imaginar.

Sanfermines, cuatro de la madrugada, en un conocido Bar de copas (de hecho, la francesa jugaba en casa), un nutrido grupo entre los que se encontraban la amiga francesa de un amigo mío y su novio, un apuesto francés…


Fuera de cobertura 9

La verdad es que ponerse ahora pensar en San Fermin se me hace dificil. Porque es Otoño y ha llegado el frio. Y más que nada porque en mi Comunidad de vecinos, el presidente, señor Cuesta de turno, ha decidido que este año como medida de ahorro, la calefacción no se enciende hasta el uno de noviembre. Y claro aquí me tenéis, como en los libros de Rafael García Serrano helado de frío entre cuatro paredes. La diferencia es que en la posguerra las familias se reunían alrededor de la lumbre o en torno a la cocina económica y nosotros nos hemos tenido que apretar al lado del único chisme de casa que echa calor: la secadora.

 Con el traqueteo del aparato, dándole vueltas a los adelantos de la técnica y los servidores de Blackberry, me acabo de dar cuenta de que hace veinte años los Sanfermines también se celebraban. Y no había móviles ¿Cómo lo hacían?

La telefonía, de primera o última generación, ha invadido nuestras vidas y las fiestas de San Fermin no son una excepción. Los móviles sirven para no perder a la cuadrilla ¿y si no quieres que te encuentren?, para pedir que te compren entradas para el apartado (son tiradas si tienes que comprar diez) e incluso para bajarse aplicaciones que te dicen en qué lugar se encuentra la Comparsa de Gigantes. También sirven para que el único de la cuadrilla que no salió por la noche, te despierte preguntándote si vas a almorzar o para que pintes el número en el brazo de tus hijos por si se pierden (no suele caer esa breva).

 También son muy útiles para verte inmortalizado en una red social el día que cogiste un puntillo; o para que plena fiesta campera tu madre te eche la bronca por no ir al entierro de tu tía abuela; Ah y lo mejor del asunto es el uso que de la telefonía hacen los y las cónyuges.

 Pero de eso mejor hablamos otro día que hoy hay ropa tendida.


Churras con merinas 3

Enredando un poco por youtube me tropecé con este video de las fiestas de 1952 (que además a diferencia de otros de la época, está en color.
Parece parte de un documental norteamericano de noticias tipo a lo que fue aquí el No-do.

Lo primero que me llamó la atención es la banda sonora tan apropiada que acompaña a los comentarios, especialmente cuando se ve tocar a los gaiteros. Hay que reconocer que el equipo de documentación funcionó a base de bien y se curro el asunto.

Por otra parte es gracioso ver como se mezcla el encierro con las vaquillas.

En fin si tenéis un minuto para echaros unas risas, aquí tenéis un material bastante apropiado.