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Visitar Pamplona durante el puente

Todo el que se precie a visitar Pamplona durante el puente foral, no puede perderse ciertos puntos de interés que ofrece la ciudad. Os voy a intentar resumir brevemente algunos de sus puntos de interés:

Para empezar, los burgos (Navarrería, San Cernin y San Nicolás) constituyen el casco antiguo de la ciudad, destacando la catedral, situada en el punto más alto de Navarrería, y las iglesias de San Nicolás, San Lorenzo (donde reside nuestro querido San Fermín), San Saturnino y Santo Domingo.

Merecen una mención el edificio de la Cámara de Comptos de Navarra, órgano fiscalizador y de control de las cuentas públicas de Navarra y el Museo de Navarra.

Tampoco os podéis perder las fortificaciones que rodean la antigua ciudad, siendo muy interesante realizar un paseo por las mismas destacando el Portal de Francia, Baluarte del Redín, Portal de la Rochapea, Ronda de Descalzos, Mirador  y Taconera, Portal de Taconera, Capitanía y la Ciudadela entre otros.

Callejeando por la vieja Iruña encontrareis varias casas nobles y palacios como el Palacio de Guendulain, Palacio Redín y Cruzat, Palacio del Marqués de Rozalejo, Palacio del Conde de Ezpeleta y Palacio Arzobispal entre otros.

Es visita obligatoria la Plaza Consistorial donde todos los seis de julio se lanza el chupinazo que da comienzo a las fiestas de San Fermín.

Otros lugares de interés son la Plaza del Castillo, el Monumento de los Fueros, el Palacio de Navarra, el Paseo Sarasate, el Teatro Gayarre y la Plaza de Toros de Pamplona, lugar de encuentro de los taurinos y amantes de la fiesta durante las tardes de San Fermín.

También resulta agradable pasear por los numerosos parques de la ciudad, como el Bosquecillo, el parque de la Media Luna, parque de la Taconera, el parque de la Vuelta del Castillo o los más modernos, parque Yamaguchi y parque fluvial del río Arga.

Para coger fuerzas conviene visitar alguno de los numerosos locales gastronómicos y bares que encontramos a lo largo del recorrido del encierro, especialmente en la calle Estafeta y alrededores, sin olvidarnos tampoco de los situados en la calle San Nicolás y Navarrería.

Si habéis tenido la suerte de venir el día 29 de noviembre, día de San Saturnino, patrón de nuestra ciudad quizá os hayáis topado con la Comparsa de Gigantes y Cabezudos tan querida por todos los Pamploneses.

Seguro que me he dejado numerosos lugares o puntos de interés que ofrece nuestra ciudad pero eso fácil solución tiene visitando Pamplona del 6 al 14 de julio.


Al alba 3

Mi última luna se desangra en un cielo que todavía huele a pólvora. Hace sólo una horas, poco después de que nos condujeran hasta este corral, ese cielo descargó una tormenta con relámpagos de colores, como culebritas que reventaban atronadoramente y caían levemente, inyectándome despacito en sus últimos estertores un veneno que me aceleraba un corazón al que le barrunto ya sus últimos latidos.

—Son los fuegos artificiales —han dicho los cabestros que nos han guiado hasta aquí, a mí y mis cinco hermanos, desde los otros corrales en los que hemos pasado los últimos días.

La piel de estos cabestros semeja los campos que a veces me gustaba mirar desde lo alto de la loma, allá en la dehesa, con sus parcelas con los diferentes colores de la tierra, que se extendían hasta mucho más allá de donde alcanzaba mi burriciega mirada. Los cabestros son también enormes, pero han perdido su bravura en algún lugar de esa inmensidad de sus cuerpos. Del cuello llevan colgado un cencerro, con el que anuncian mansamente su paso, en lugar de abrirlo lanzando derrotes, como acostumbramos nosotros, y con el que se dan un aire exquisito que les hace tratarnos con una actitud distante pero que no puede ocultar un poso de piedad. Como si ellos supieran qué sucederá al alba.

Quién sabe, quizás los humanos que nos han estudiado, casi con veneración, que han calibrado el tamaño de nuestros cuernos, durante estos últimos días, en los otros corralillos, junto al río, también vayan a rebanarnos los testículos.

Intuyo que no nos espera nada bueno. Lo intuí en ese silencio, casi ritual, clandestino, con el que nos  condujeron hasta aquí, al caer la noche, ese silencio que casi hacía daño, que se clavaba en los oídos como los ojos que acechaban entre los arbustos, o los palos que se hundían en nuestros costillares… Sentí miedo, y muchos minutos después, incluso ya tumbado sobre el suelo del nuevo corral, continuaba trotando dentro de mí mismo, con cada palpitación atolondrada de mi corazón. Y cuando había conseguido casi aplacarlo el cielo se iluminó con aquello que los cabestros llamaron  fuegos artificiales, un sol en mitad de la noche que explotaba y clavaba sus astillas a esa luna que ahora veo desangrarse entre las murallas que nos rodean, casi tan viejas como ella.

Desde las murallas llega un olor al sudor rancio de varios siglos, pero también los gemidos de los amantes que se arrullan cobijados en ella, o el de las risas de los cachorros humanos, y pienso que a nosotros nos arrebataron todo ese amor, toda esa alegría…

Recuerdo la vida apacible en la dehesa. Antes de que nos condujeran hasta este lugar,  antes de que comenzaran los sufrimientos en aquel camión, la sed, las piernas doloridas tras tantas horas en pie, el calor, y, ahora, la angustia de esta espera que nos corroe, antes de todo ello lo único que alteró nuestra existencia fue aquel hierro candente con el que marcaron nuestros cuartos traseros. El resto fue engordar, corretear por el campo, pelearnos de puro aburrimiento… Pensé muchas veces durante aquellos días, como si se tratara de un desencanto, una desconfianza genética, heredada de una raza con un destino trágico, que una vida tan tranquila y despreocupada no podía ser real, y ahora comienzo a desvelar todo, comprendo por qué, sé que en realidad aquello no era sino una muerte lenta,  una vida arrebatada desde que nacimos, que incluso nos robaron eso,  lo imprevisible de la muerte. Sí, ahora estoy convencido, sé que ésta será mi última luna, aunque desconozca cómo moriré. Espero que al menos sea rápido,  que no sufra tortura ni nadie se regodeé en mi sufrimiento. Y de alguna manera, deseo que llegue, porque me defenderé, lucharé, y por primera vez, aunque sea sólo durante unos segundos,  esa vida me pertenecerá.


Datos sanfermineros (II) – Fumanchú (I) 4

En la segunda entrega de la serie de datos sanfermineros, vamos a manipul…. ejem…. a tratar datos sobre consumo de tabaco.

¿Cuánto se fuma en sanfermines? Muy sencillo, pensará alguno: mucho.

Pero, ¿cuánto?

¿Y de qué?

Centrémonos en el tabaco convencional. Manos a la obra.

Las estadísticas de visitantes a nuestras fiestas son muy dispares. Viendo unas y otras más parecen los datos de seguimiento de una huelga general según si los ofrece un sindicato o los gobernantes de turno.

Pero si nos remitimos a los últimos datos ofrecidos por responsables de Turismo de esta nuestra comunidad, aceptaremos que visita nuestras fiestas la súper-precisa cifra de un millón de personas. Lo que no nos aclaran es cuánto tiempo pasa aquí cada una de esas personas.

Así que aquí viene la parte manipulo-estimativa del estudio. Cada cual podría aplicar su propio criterio. Yo voy a dar por bueno que la mitad de la gente que viene pasa un par de días (hacen noche). Supondré también que un 20% pasan completo el fin de semana, usease tres días/dos noches, y repartiré el resto así: un 10% se quedan todos los sanfermines y un 20% pasan solamente una jornada entre nosotros.

Añadiré además que la mitad de los aborígenes nos quedamos todas las fiestas (no sé si es mucho suponer, ¿cuánta gente cabe en Salou?.

Recapitulando:

200.000 personas pasamos aquí los 9 días

200.000 personas pasan aquí 3 días

500.000 personas pasan aquí 2 días

200.000 personas pasan aquí 1 día

Esto arroja un total de 3.600.000 presencias humanas sumando las de cada uno de los días que dura la fiesta. O lo que es lo mismo, una media de 400.000 personas/día.

Los datos del Eurobarómetro más reciente señalan que fuma el 33% de la población. Sin embargo, para este estudio voy a tomar como dato defendible que lo hace el 50% de la gente. Lo hago así porque estoy convencido de que el perfil de visitante tipo sanferminero está más cerca de incluir el tabaquismo entre su elenco de virtudes que de denostarlo.

Así pues, tenemos una media de 200.000 fumadores al día en sanfermines.

¿Y cuánto fuma cada uno de ellos? De nuevo acudimos al Eurobarómetro 2012, que nos dice que la gente que fuma tabaco (vamos a ceñirnos sólo a cigarrillos), fuma de media 14,2 cigarrillos al día. No parece descabellado, sin embargo, elevar esa cifra al doble ya que en cualquier festidumbre somos francamente propensos a los excesos, sobre todo en lo insano…

Ahora haré como Arguiñano, en vez de entreteneros con las operaciones, ya tengo preparado el plato en un estado más avanzado: se consumen 51,12 millones de cigarrillos en sanfermines.

Parece mucho, ¿no? ¿Lo es?

En la próxima entrega contextualizaremos esta cifra.


Navarra, tierra de santos y trabas – Nafarroa, santu eta oztopoen lurra 5

El  próximo jueves 29 de noviembre es San Saturnino, patrón de Pamplona, ya que como  casi todo el mundo tiene claro, en este mismo blog se ha hablado varias veces  sobre ello, San Fermín no es patrón de nuestra ciudad sino que es  co-patrono  de Navarra, junto a San  Francisco Javier.

El  culto a San Saturnino en Pamplona data del siglo X, por la construcción de los  francos de una iglesia en su honor. Alrededor de esta se formó el burgo de San  Cernin. Frente a la puerta de la iglesia se encuentra una discreta plancha  de bronce que tapa el “pocico” donde el patrón iruindarra bautizó a los primeros  cristianos de Pamplona.

¿Pero  qué pasaría si las fiestas de Pamplona se hiciesen en honor a San Saturnino y en  estas fechas?

El  tema de las cenas de escalera sería bastante complicado y las corridas de toros  también. Si ahora es complicado traer a las figuras, a estas alturas de la  temporada sería imposible.

¿Y  los atuendos? Anoraks y cazadoras blancas sustituirían a las camisetas de oferta  de tres euros. ¿Y qué harían en este caso los estafeteros corredores de  encierro? Probablemente veríamos imágenes de hermosas carreras delante de los  toros con unos estupendos trajes de esquí. Podría ser una especie de pasarela de  moda, previa a que abriesen las estaciones de dicho deporte. Los mejores  modistos de ropa especializada en moda invernal, se pasarían por la ciudad en  busca de nuevas tendencias e ideas. Pamplona se podría convertir en la capital  de la moda de deportes de invierno y esto podría compensar la menor afluencia de  visitantes por no hacer las fiestas en épocas estivales.

Pero  hay algo que hace totalmente inviable el hacerlo en estos días. El probable frío  que normalmente iba a hacer en estas fechas, haría que se tuviese que beber más  para sacudirse las bajas temperaturas y esto es absolutamente  imposible.

Así  que parece que las cosas serían diferentes. ¿Diferentes?  NO

Siempre  hay algo seguiría igual:

Las trabas del ayuntamiento para organizar actos populares.

Y  es que esos impedimentos da lo mismo que sean en julio que en noviembre, que  sean para San Fermín o para San Saturnino.  De nuevo bailes, cánticos, comidas populares y conciertos en peligro por  una serie de condiciones inasumibles. Por un lado, se les recortan las  subvenciones y por el otro se les limita el poder autofinanciarse.

Hay  cosas que desgraciadamente parece que nunca  cambiarán.


Bullseye, by Tim Pinks 3

Visitar La Casa del Libro en la Estafeta puede depararte sorpresas, como la que me cayó hace unos meses. Allí asistí al encuentro casual entre el escritor estrella de la calle, Carlos Erice Azanza, y otro autor, británico en este caso, llamado Tim Pinks.

Así que no tuve más remedio que salir con el último libro del escritor londinense nacido en Libia, Bullseye, debajo del brazo.

La edición española, que incluye la versión original en inglés y una brillante traducción al castellano, fue presentada en Pamplona y en Sevilla.

Se trata de un cuento largo, o una novelita corta, en la que el autor describe los sentimientos y peripecias de un miura embarcado para San Fermín.

No es la primera vez que me enfrento a este recurso literario, en el que un toro nos cuenta su vida. Abundan microrrelatos con este enfoque en el concurso que organiza este blog. Lo que hace destacable este libro es la habilidad casi poética con que envuelve la historia. Nos traslada de forma deliciosa y sencilla a ese mundo que solo los toros conocen, a esa Pastolandia (Pastureland) que combina magia y ecología y a esos cielos nocturnos que nos observan a través de las estrellas, que no son sino ojos de toro, de toro mítico y místico.

Y, desde luego, si algo demuestra Tim Pinks con esta obra, es un amor desmesurado por Pamplona y sus fiestas. Amor y profundo conocimiento, con momentos hilarantes como el de la cuadrilla de toros navarros que hablan mu-skera, se saludan con un Kowxo y hacen música en un grupo llamado los Imp-eka-bulls (este es un chiste muy local, difícil de explicar, pero que me ha provocado un buen descojono).

Por cierto, el año que viene Pinks cumplirá, si no me equivoco, los 30… Sanfermines.

En fin, este es un regalo más que recomendable para Navidad y, desde luego, para afrontar la primera cena de escalera de 2013.