Archivo por meses: Ene AM


Olé olé 7

En una de las últimas apariciones estelares de Estafetakoa en el blog hablaba de aquel episodio sanferminero en que a Los Pecos casi los tiran al pilón los mozos de este pueblo grande, y eso me recordó un lance sanferminero preadolescente y por tanto algo ridículo que permanecía sepultado en mi memoria y que paso a relatar: fue hace muchos años, cuando Vicky Larraz cantaba en Olé Olé y en las piscinas privadas de Pamplona traían a los grupos y artistas que salían por la tele en Aplauso (una vez los del Anaitasuna, creo recordar, fueron más lanzados y recurrieron a otro programas más modennos, como La Bola de Cristal, y se animaron a organizar un concierto de Las Vulpess; total, que vendieron 43 entradas).

El caso es que aquel año en el Club Natación iban a actuar los susodichos Olé Olé, con Vicky Larraz al frente, y yo no sé por qué, pues a ninguno de la cuadrilla nos iba aquella música, decidimos colarnos. Y eso que de tres, dos éramos en aquella época socios de la piscina (dato, que por otra parte revela que de cuadrilla nada). Sin embargo, todavía no teníamos la edad necesaria para entrar, así que optamos por saltar la valla de la piscina que había al otro lado de las pasarelas, por donde los caballos de Goñi. Mi relación con las pasarelas nunca había sido nada buena. Siendo niño y todavía sin acabar las clases de perfeccionamiento de natación, un día vi venir por ellas, de frente, un pastor alemán que parecía un Diplodocus y no se me ocurrió mejor idea que tirarme al río. Prefería ser devorado por las fauces del Arga antes que por las de aquel animal. Por suerte era verano y el agua solo llegaba hasta los tobillos. En invierno, por el contrario, a causa del caudal, solían retirar las tablas de madera y solo quedaban los pilones de piedra, que teníamos que pasar saltando de uno en uno cuando el Pisahuevos, el cura que nos daba gimnasia, nos mandaba a hacer el cross. Yo iba a uno de aquellos centros de apartheid sexual, los Escolapios, y las clases de gimnasia consistía invariablemente en hacer La Beloso, o sea recorrer al trote y en este orden: Media Luna, cuesta de Beloso, serrería de La Txantrea, Magdalena, pasarelas y Media Luna otra vez. Para cuando llegabas a las pasarelas ibas follado (hablando figurativamente, claro) y mientras dabas saltitos de un pilón a otro el Arga bajo tus pies rugía llamándote por tu nombre.

Pero creo que nos hemos despistado un poco. La cosa es que tras atravesar las pasarelas decidimos saltar la valla del Club Natación. Había una leyenda que decía que durante la noche en las zonas verdes que quedaban tras ella soltaban unos dobermans a los que no daban de comer (Mayor Oreja y el negocio de la seguridad privada, todavía no habían hecho su agosto), lo cual acrecenta todavía más mis dudas: ¿Éramos jóvenes temerarios y sedientos de aventuras? ¿Llevamos aquel día algún chuletón al que previamente habíamos inyectado cloroformo? ¿Vicky Larraz era para tanto? Supongo que los tiros iban por ahí. Por aquellos años, recordemos, todos nos apiñábamos frente al televisor para ver si a Sabrina se le salía la teta durante la Gala de Nochevieja. Por una teta éramos capaces de todo, incluso de ser devorados por unos perros locos (otra leyenda decía que a los dobermans les iba creciendo el cerebro dentro de sus cabezas chiquiticas hasta que se convertían en asesinos en serie).

Una vez que saltamos la valla, sin embargo, por allí no se veía ningún perro majareta y colmilludo  y, por el contrario, sí alguien apostado en el puente que llevaba hasta el otro lado del río, donde actuaba el grupo. “No controles, mis vestidos. No controles, mi forma de bailar porque soy total y a todo el mundo gusto”. Nos escondimos detrás de un bloque de piedra sobre el que había plantada una torre de luz. De vez en cuando alguno de nosotros se asomaba y el vigilante siempre estaba allí. Hasta que en una de esas nos vio. Y se acercó. Y nos descubrió. “¿Pero qué cojones hacéis ahí?”, dijo.  “No controles, lalailolailola”, cantamos nosotros, pero no coló, el tipo nos echó, yo creo que conteniendo la risa. Así que saltamos la valla de nuevo y regresamos por donde habíamos venido, o sea, por las pasarelas, y luego por la Media Luna, y lo hicimos también a ritmo de cross, porque aquello estaba lleno de navajeros, y de gente borracha, o follando (esta vez sin el sentido figurativo), y después nos fuimos a casa, donde ya estarían algo tardados…

Fue, ya digo, un episodio adolescente y ridículo, al que sigo sin encontrarle sentido. Sobre todo cuando busco en el Google: Olé Olé+Vicky Larraz, y me aparece una con el pelo cardado, y con hombreras y con más ropas estrafalarias, de las que no parece que vaya a escapársele ninguna teta.


San Mamés 1

Me llegó un chiste que en su desenlace está muy relacionado con nuestras fiestas, así que he creído oportuno compartirlo con vosotros. Quizá a alguno de vosotros ya os haya llegado vía whatsapp, sms, etc. Ahí va: 

De repente un enorme incendio en el campo de San mames. Treinta y cinco mil bilbaínos de rodillas rogándole al Santo:

¡San Mamés, San Mamés, por favor, que lleguen pronto los bomberos!

Y se aparece San Mamés y les dice: Los bomberos no podrán llegar a tiempo, hay mucho atasco en la ciudad y no llegarán.

¡San mames, San Mames, por favor, entonces que hacemos… Ayúdanos!

¡Mirad, la única solución es que os tiréis todos encima del fuego así se consumirá el fuego y se apagará!

Los treinta y cinco mil bilbaínos se tiran al fuego y claro, el incendio se apaga, pero ellos mueren chamuscados. Llegan los treinta y cinco mil al cielo, llaman a la puerta y aparece San Pedro:

¡Pero, por todos los santos! ¿Que os ha pasado? ¡Treinta y cinco mil bilbaínos y todos chamuscados…!

Pues mira San Pedro, hubo un fuego enorme en San Mamés  y nos dijo que para apagarlo teníamos que tirarnos encima, y así lo hicimos, y mira como hemos quedado. ¡Dónde está ese San Mames, dónde está…!

Pero, ¡si no existe ningún San Mamés!

¡Como que no! dicen los treinta y cinco mil, ¡Nosotros hablamos con él!

¡Pues aquí en el Cielo, os aseguro que no existe ningún San Mamés!

San Pedro llama a todos los santos y los pone en fila para hacer una rueda de reconocimiento. ¡Mirad a todos los santos y decidme cuál de ellos es San Mamés!

Los treinta y cinco mil empiezan a mirar y por fin ven a uno: ¡Este es, éste es!

San Pedro se acerca a él y dándole unas palmaditas en la espalda le dice: ¡San Fermín, esta vez te has pasado!

 


Nieve – Elurra 4

Estando delante del ordenador estos días, mientras  veo por la ventana
como nieva copiosamente, se me viene a la cabeza como serían unos
sanfermines nevados.

En las historias de abuelo cebolleta de algún mayor, siempre hay
alguien que comenta:

–          Yo me acuerdo de un año que nevó en san Fermín.

Si bien no podemos confirmarlo, es posible que alguna vez haya pasado.
¿Nos lo podemos imaginar?

Dichos míticos tan navarros como: «La chaquetica por si refresca» se
convertirían en «El chubasquero por si nieva». San Fermín por fin
sería blanco y la frase «estoy más negro que los cojones de san
Fermín» tampoco tendría ya sentido.

Pero no sólo habría cambios en el refranero.

Los encierros por fin iban a conseguir unanimidad en el colorido
blanco, haciendo las delicias de Estafetakoa al observarlo desde su
balcón.

Una gran faena en la monumental con una nevada sería una de esas
épicas que tanto gustan en nuestra plaza de toros.

Y en el recorrido a la citada plaza no tendríamos que llevar esas
pesadas bolsas con hielos.

Los artistas callejeros que hacen de estatuas por el casco viejo
pamplonés, cogerían unos dedos de nieve que los harían más creíbles.

El botellón se reservaría para espacios cerrados, aunque con la
ventaja del ahorro de hielos.

Las guerras de bolazos darían un especial colorido a la ciudad y
esquiadores de todo el mundo se interesarían por nuestra fiesta.

Se podría comprobar la pericia de los portadores de los gigantes en
suelo nevado y en la procesión los típicos insultos a las autoridades,
se sustituirían por bolazos de nieve.

Bueno, mientras terminaba este post ya ha dejado de nevar. Así que
volvemos a la realidad y lo dejamos todo como está.


Encierro 3D 6

Estos días he tenido noticia del documental que se está preparando acerca del encierro y que se va a estrenar en junio. A ver si nos ponemos de acuerdo y no nos pisamos la fecha del estreno con la del fallo del jurado del V Certamen de Microrrelatos.

Se trata de una película rodada en 3d estereoscópico y con un  presupuesto de un millón de euros, dirigida por Olivier Van der Zee y producida por Enrique Urdanoz -impulsor del proyecto-, María Cabanas, Salvador Puig, José Luis Rubio y Manuel Cristóbal, ganador de cuatro Goyas.

Según Rosario Pérez de ABC, el documental huye del morbo y cuenta con testimonios de los diferentes protagonistas del encierro. Frases como «impresionante largometraje documental», «obra maestra», hacen que uno tenga todavía más ganas de que llegue ya junio.

Aquí podéis acceder al artículo de Rosario Pérez titulado: ¿Por qué jugarse la vida en el encierro? La respuesta en Encierro.

El largometraje documental también tiene página web, www.encierrolapelicula.com aunque a fecha de hoy únicamente esté la portada, así que habrá que visitarla de vez en cuando para ver las novedades.

 


Copago encierril 7

Hoy me he levantado vinagre.

Anoche me dio un ataque nostálgico-sanferminero y me dio por ponerme a ver fotos y vídeos de encierros de los últimos cuarenta años.

La presencia masiva de corredores en el encierro de Pamplona es un hecho innegable e inevitable desde los años 60 del pasado siglo. Lo que sí me repatea los cojones es la proliferación de payasos vestidos de colorines en los últimos veinte años desde que la televisión y, más tarde, internet irrumpieron en este acto, uno más del intenso programa sanferminero.

Esta ciudad pequeñita dedica un montón de recursos económicos, humanos y sanitarios para que cada mañana los toros sean conducidos a pie, desde los corrales de Santo Domingo a la plaza de toros, tal y como marca la tradición pamplonesa, del modo más seguro posible.

Lo que no tengo tan claro es que esta ciudad esté dispuesta a hacer semejante esfuerzo para satisfacer el ego y la vanidad de gentes cuya máxima aspiración es que se vea bien su camiseta fosforito en la tele del bar de su pueblo.

Así que cuando he visto en prensa que en Buñol han decidido cobrar entrada a quienes quieran participar en su popular Tomatina, he aplaudido con las orejas.

Espero que aquí nos apliquemos pronto el cuento; gente empadronada en Pamplona y Navarra gratis, por supuesto, que para eso pagamos aquí nuestros cada vez más gordos impuestos.