Archivo por meses: Jun AM


Los kilikis nunca duermen 1

GigantesEs una excursión a una gruta misteriosa que se abre en medio de la ciudad. Les han subido al autobús y les dicen que no tengan miedo, que aquellas figuras ahora no se mueven, que duermen aunque tengan los ojos abiertos. Ellos tienen cinco años y abren los suyos como platos. Alguno no se ha atrevido, porque le da pánico y no se fía de que, en un descuido, cobren vida y comiencen las carreras y los gritos…y en una cueva es difícil escapar.

El autobús desciende por una cuesta a las profundidades de una oscuridad que hace que a muchos les empiece a palpitar el corazón más deprisa si cabe. Se miran excitados mientras sus piernas cuelgan de los sillones sin tocar el suelo. El autobús se para y obedecen la orden de bajar de la mano del compañero.

Allí están, petrificados, inmóviles. No suena la música.

Aprieta con fuerza la mano de su compañera y nota cómo le suda por los nervios. Alguno grita ¡CARAVINAGRE! Se tapa la cara y mira de reojo entre los dedos para asegurarse de que el temido kiliki no se mueve. Las explicaciones les tranquilizan y son capaces de acercarse, de tocar sus ropas, y cerciorarse de que están congelados, a la espera de salir de su madriguera el día 6 de julio, ascender la cuesta con el jolgorio de gaitas y chistus, y comenzar a perseguir niños.

Él no se ha atrevido ni a acercarse y permanece detrás del profesor, agazapado. Son demasiadas mañanas detrás de los gigantes y sabe que, en algún momento, aunque parezcan despistados, girarán el enorme cabezón y la verga impactará en su cabeza.

Al terminar la visita, sus temores se confirman. Sólo él lo ha visto, pero está seguro de que cuando se estaban despidiendo PATATA le ha guiñado un ojo.


Campaaaaana y se acabó!!! 1

A tod@s nos suena esa frase mítica que decían en el famoso concurso de televisión, Un dos tres,  las Hermanas Hurtado, en el papel de «Súper Tacañonas», y es que esa frase la pronunciaban cuando los concursantes repetían sin darse cuenta una palabra dicha con anterioridad. Pues bien, una vez más, y buscando la similitud a nuestras fiestas, dirémos que ese «Campaaaaana y se acabó!!!», es lo que ha sucedido en el preambulo de las fiestas, y a tod@s, a un@s más que a otr@s, nos ha tocado vivir con incertidumbre quienes serían los «Concursantes» en darnos vida en estos San Fermines. La frase hecha de las Súper Tacañonas, la atribuyo al hecho de que una vez más, desde el Consistorio nos sorprendieron y se repitieron, con otro posible problema que al final se ha solucionado y que hizo peligrar nuestra participación en las fiestas. 

Cuesta entender, que haya «alguien» que se olvida pronto de la historia, y que, quien ha recibido alguna vez una medalla de oro de la ciudad, no se le debe tratar así, tampoco digo yo que se le deba de tratar diferente, NO!!!, pero no se deben buscar problemas donde no los había, y se debe de valorar un poco más el trabajo que hacen muchas personas, alrededor de las fiestas, de una forma desinteresada.

En fin, que no me quiero enrollar, ni quiero justificar a nadie, por que las cosas caen por su propio peso y el desenlace al final ha sido el correcto, y el idoneo para estos días de fiestas en los que, desde la nueva Estación de Autobuses,  deseamos que lo paseis lo mejor posible, vivamos unas fiestas inolvidables, y no haya que lamentar ningún tipo de incidente.

Aprovecho tambien la ocasión, para felicitar a una persona muy especial, que seguro que en el día de hoy celebrara su cumpleaños rodeada de un ambiente festivo que le invitará a pensar en lo poco que queda para San Fermín, esa fiesta que tanto a ella como al resto de l@s Pamploneses/as, nos pone los pelos de punta y deseamos con muchisimo entusiasmo que llegue. Zorionak!!!.

VIVA SAN FERMIN!!!

GORA SAN FERMIN!!!

YFM!!!

P.D: Felicitar tambien a nuestra querida Pamplonesa, que sin duda es la mejor Banda Municipal del mundo entero, y que este fin de semana nos brindará un bonito espectáculo celebrando su 95 Aniversario, en el que estamos llamados a participar.

Un saludo,

Toko-Toko


EGONGELA – CUARTO DE ESTAR

Me siento extraño. Y más aún en estas fechas. Año tras año todo se repetía como si de una tarde de toros en la monumental se tratase. La cosa iba igual y, de repente, todo ha dado un giro inesperado. Ya había reservado hora para almorzar, para comer el día ocho con la cuadrilla y el post de las prohibiciones del ayuntamiento, cuando me encuentro con que tengo que hablar bien de ellos por un doble motivo. Sin pensar mucho también se me ocurren muchas cosas por las que poder criticarle pero voy a hacer un kit-kat pre-sanferminero. Siempre le he dado caña, con lo que me parece justo y razonable, reconocer sus aciertos. Parece que Gora Iruña podrá gestionar el espacio de La Runa. El acuerdo ya está cerrado y de nuevo podremos disfrutar de este espacio popular y, además, sin las prisas del año pasado. Una buena noticia para la gente que lleva años trabajando duro en ocasiones sin ninguna recompensa.

Había otra cosa que me parecía repugnante. Dentro de la nueva normativa del encierro querían prohibir la venta de periódicos en la zona del recorrido. Para la gente de Santo Domingo entrar en Abárzuza no es un mero acto de compra-venta. La calle se amplía para llegar al cuarto de estar de tu casa. Lo mismo supongo que pasará en La Casa del Libro en Estafeta. Los regentes de ambas librerías te hacen sentirte como en tu casa. Allí dejas las llaves, el móvil, parte del miedo y muchas cosas más. Comprar el periódico es lo de menos. Hasta eso querían prohibirnos, pero finalmente han reculado y parece que ambos locales tendrán permiso. Así que antes de que el Ayuntamiento haga algo que me haga arrepentirme de este post lo termino rápidamente. Ya falta menos. Nos vemos en la calle.


Completando el cuadro (clasificados 7º al 10º)

7º clasificado: «Orreicne» de David Villar Cembellín.

De los corrales salieron los toros, mansamente, y luego los cabestros. Los astados caminaron hacia el callejón, momento en el cual la multitud fue cerrándose en abanico tras ellos. Abandonando los márgenes de la Plaza, la turba blanquirroja de personas procedía a la persecución de los animales. La carrera había comenzado.

Marcha atrás, cogiendo velocidad, descendieron rápidamente Telefónica y se adentraron en Estafeta. Algunos corredores esperaban agazapados en el suelo, en posición fetal, con gesto asustado, pero se sumaban de un salto al paso de la carrera. Pintoresco fue el momento en que un individuo que sangraba profusamente incrustó violentamente su costado en el asta de un toro, cerrando así su herida. Sin más problemas llegaron a Mercaderes, alcanzaron el Ayuntamiento y ahí los toros parecieron recuperar cierto resuello, mostrándose más frescos.

Por fin, llegaron a Santo Domingo. Con la marea humana pisándoles los talones, la puerta del corral se cerró. En el cielo implosionó un cohete que prontamente regresó a su lanzadera. Los toros sonrieron satisfechos, lo habían vuelto a hacer: sin más incidentes, habían conducido a todas aquellas personas desde la Plaza hasta Santo Domingo.

Descansados y orgullosos, sus orejas negrestinas atentas, desde el otro lado del corral les escuchaban cantar.

 

8º clasificado: «¿Con capa o sin capa?» de Vanessa Proaño Puerta.

De vez en cuando, entre los compañeros de colegio surgía el debate sobre qué superhéroe era el mejor. Al final todo quedaba entre Superman, Batman y Spiderman. Una de las cuestiones que más nos inquietaba a nuestros seis años era el tema de la capa. En ese punto nunca estábamos de acuerdo.

La mañana del siete de julio, sin embargo, mis dudas se esfumaron. Encontré a mi padre planchando con mimo un pañuelo rojo mientras mi madre desdoblaba una camisa y unos pantalones blancos. En un silencio ceremonioso, mi padre se vistió. Dejó que mi madre le anudara la faja roja en el costado izquierdo antes de darnos un beso y marcharse.

A las ocho, encendimos la tele y le buscamos entre una marabunta de sanfermineros. Le encontré agarrado a una reja, pegado a la pared como Spiderman. Le oí gritar los cánticos empuñando aquel periódico enrollado que alzaba como si fuera el martillo del dios Thor. Le vi correr como nunca antes, como si estuviera compitiendo con Flash. Y lo vi caer y levantarse entre aquellas bestias con el valor que solo puede tener un superhombre.

En septiembre, cuando volví al cole, lo tenía claro:

—Sin capa. El mejor superhéroe va sin capa.

 

9º clasificado: «Nostalgia» de María Richart Vega.

Aunque esperaba esa llamada, jamás hubiera imaginado que sería tan pronto. Una parte de él deseaba decir «no», pero llevaba tanto tiempo esperando una oportunidad… Tal y como está el panorama laboral no se podía permitir rechazar aquel puesto, aunque fuera en la otra punta del planeta. Colgó y vio la foto de su sobrino recién nacido en la mesica del teléfono. Se le encogió el corazón al pensar que se perdería su primer San Fermín. Salió de casa, rodeó la plaza de toros y subió por la calle Paulino Caballero hasta una tienda de ropa infantil: camiseta y pantalones blancos, diminutos, pañuelico rojo bordado, un gracioso fajín y zapatillas a juego. La encantadora mujer que le atendió lo envolvió todo y le prestó un rotulador para escribir un mensaje en la tarjeta: NO ABRIR HASTA EL 6 DE JULIO. ¡FELIZ PRIMER SAN FERMIN! Con su pequeño tesoro bajo el brazo, puso rumbo a casa de su hermana. Anduvo despacio, respirando el aire de su ciudad, sintiendo los adoquines bajo sus pies y admirando, como nunca antes había hecho, las majestuosas casas de la Pamplona antigua. Saboreando las primeras punzadas de nostalgia que semanas después habría de sentir a miles de kilómetros de allí.

 

10º clasificado: «Lógico» de Leyre Apesteguía Sanz.

No sé… no estoy muy convencido. Le miro con recelo mientras me explica con los ojos muy abiertos y una gran sonrisa que todos los demás lo hacen cuando son mayores. Que ella hace años también lo hizo. Me dice que incluso puedo elegir entre los 8 grandotes o si prefiero, dárselo a uno de los pequeños. ¡Eso ni hablar! No se lo voy a decir pero me dan miedo; con esas cabezas tan grandes y esos palos que pegan.

Ella me sigue contando, con los ojos brillando de la emoción, que lo vamos a pasar muy bien. Que nos vamos a vestir todos iguales de color blanco y con un pañuelo rojo al cuello, que le iremos a dar flores al morenico, que nos montaremos en los cochecitos… Me dice que los vamos a ver muchos días, y que hasta el último no se lo tengo que dar.

Yo ya soy mayor, pero no entiendo a mi madre… ¿Para qué quiere un gigante mi chupete?

 


Más relatos finalistas (clasificados del 4º al 6º)

4º clasificado: «Instinto» de David Gracia Estañán.

7 de julio. Había llegado el ansiado día, la fecha marcada en rojo. Y ella estaba completamente vestida de blanco y con las ojeras de no haber pegado ojo en toda la noche.

7:59. Santo Domingo abarrotado. Los mozos agotaban los nervios entonando el último cántico. Para unos cuantos era su primera vez. También para ella, que comprendía mejor que nunca ese desasosiego. Escuchó prender la mecha a través del televisor. Su marido y los demás habían ido a la estancia contigua para ver el encierro, pero ella necesitaba estar sola.

8:00. Estalló el cohete y los toros enfilaron la cuesta. Cerró los ojos y sólo pensó en su retoño. Algunos gritos en el televisor. Una cornada. Las manos al vientre. Instinto maternal. Y gritó como si se le escapase la vida en aquel desgarro.

8:24. Su marido estaba junto a la camilla, agarrándole la mano. La comadrona les sonrió: “Es un niño precioso, ¿sabéis cómo lo vais a llamar?”.

 

5º clasificado: «Edu» de Daniel Ramírez García-Mina.

Faltan quince minutos para las siete. Un sol rojizo colorea poco a poco los adoquines que Eduardo pisa una y otra vez. Ya es la hora, llega tarde. Corre girando la cabeza de un lado a otro con una mano metida en el bolsillo. Dentro, sus dedos esquivan el móvil, las servilletas, un mechero y alguna que otra cosa en busca de un papel.

Lo encuentra y se detiene en seco en mitad de la calle. Al desdoblarlo aparecen esas letras garabateadas en lápiz que desvelan la línea de meta de hoy. ¡Salen de Chapitela!

En cuanto llega se le pone la piel de gallina. Eduardo alza la mano, marcando un número, con la esperanza de acertar la primera. Mientras tanto, se respira un silencio casi absoluto, mantenido incluso por los que llevan varias copas de más. Va a hablar el maestro. Suena la música y el corazón de Eduardo explota porque ya no puede cobijar más sentimientos. Alza los brazos, agitándolos de un lado a otro, saltando, con los ojos humedecidos y viendo cómo su hijo y los suyos acuden a la cita para recoger el testigo. Lo ha conseguido. Son las dianas. Ese momento, su momento.

 

6º clasificado: «Nekez idatzi daitekeen kronika» de Ander Perez Argote.

Bada sanferminak uztailaren 6ko txupinazoarekin hasten direla dioenik. Ez da erabat zehatza. Akaso, aurreko gaueko urduritasunean lo hartu gabeko orduak gehitu beharko genizkioke kontaketa ofizialari. Leihoak zabaldu eta zuri garbiz jantzitako iruindarren mugimendu nahasia ikustean, gure bihotzek taupaka ematen dituzten segunduak. Denboran zenbagaitzak diren ahotik kendu ezineko irribarreak. Ezezagunei, kalean gurutzatzean, luzatutako begirada konplizeak. Arraultz frijituen gorringoan txas-txas emandako uneak.

Txupinazoa, izatekotan, jaiak dagoeneko hasi direlaren konstatazio perfektuena da. Bat egiten du suziriaren eztandak lehenengo dunbalak kolpeekin. Eta ordutik aurrerakoa, nekez idatzi daitekeen kronika da. Bere burua kiribilduz eratzen doan espiral aurreikusezina. Inork ez baitaki zenbat izanen diren etxeko atarian bertan jarritako mahaiaren bueltan bazkaltzen izanen direnak. Inork ez baitaki zenbat txupete jantziko dituen soinean Toko-tokok, zenbat besarkadetan hustuko den norbera aspaldi ikusi gabeko lagunekin, zenbat zartada jasoko dituen Caravinagre maltzurraren eskutik. Urterokoa izanagatik, asmatu ezinak direlako norberak barrenean sentituko dituen zirrarak, bizitza oso baten soinu banda diren txarangen doinuak entzuterakoan.

Eta dena amaitu dela dirudienean, uztaileko eguzkipean eskegitako arropa zurigorriek gordetzen dute, isilpean, bederatzi egunez jazotako sekretua.  Eta keinu egiten diete eguzki izpiei, hurrengo urtean, berriz, elkar ikusiko dutelakoan.

 

Una crónica difícil de escribir

Hay quien dice que los Sanfermines empiezan con el txupinazo del 6 de julio. No es del todo exacto. Probablemente, habría que sumar a la cuenta oficial las horas pasadas en vela la noche anterior, fruto del nerviosismo. Habría que sumar también los segundos en los que nuestros corazones laten al abrir las ventanas y ver el movimiento desordenado de pamploneses y pamplonesas, vestidos de blanco inmaculado. Habría que sumar las sonrisas imborrables y que es difícil de medir en duración. Las miradas cómplices que se intercambian con los desconocidos al cruzarse por la calle. Los instantes untando la yema del huevo.

El txupinazo, de ser algo, es la constatación más perfecta de que las fiestas ya han comenzado. El estallido del cohete se  funde con los primeros golpes de los bombos. Y a partir de ahí, la crónica es difícil de escribir. Una espiral imprevisible que se forma enroscándose sobre sí misma. Porque nadie sabe cuántos serán los que comerán alrededor de las mesas colocadas delante de los portales de las casas. Porque nadie sabe cuántos chupetes adornarán el vestido de Toko-toko, en cuantos abrazos se fundirá cada uno con esos amigos a quienes no ha visto desde hace tiempo, cuantos vergazos recibirá de manos del malvado Caravinagre. Porque, a pesar de repetirse cada año, no se pueden prever las emociones que cada uno sentirá en su interior, al escuchar los sonidos de unas txarangas que son la banda sonora de toda una vida.

Y cuando parece que todo ha acabado, las ropas rojas y blancas tendidas al sol de julio guardan, en silencio, el secreto acaecido en esos nueve días.  Y hacen un guiño a los rayos del sol, con la esperanza de volver a verse el año próximo.