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VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CHISSSSSS PUN

Roberto Espiga Lasa

Faltan pocos minutos para que la manecilla más larga del reloj, alcance a su amiga y juntas marquen las 12 del mediodía, un 6 de julio en Pamplona.

Alberto está sentado mirando por la ventana, viendo la higa de Monreal, tiene ganas que pase el tiempo rápido, que se oiga el sonido que tanto tiempo lleva esperando y que se desate la alegría. Pero el tiempo no está de su lado y parece que se haya parado a tomar una caña.

Para Marta, su mujer, también es la primera vez, seguro estará nerviosa, aunque conociéndola, nunca lo dirá, que testaruda y fuerte es. Cuanto la quiero, piensa Alberto.

En el momento que las agujas juguetonas, llegan a tocarse en lo mas alto del circulo, como una profecía, suena a lo lejos un “chissssss pun” y entra Marta en la habitación, vestida de blanco, sentada en una silla de ruedas y Alberto no puede contener la pregunta: ¿Qué es? Marta contesta: un Fermín.

Hasta el día de hoy, ninguno de los dos ha querido saber el sexo del bebe y sin duda alguna, no han tenido opción.

IMPUTADO

Saioa Uriarte Eguskizaga

• Que se levante el acusado.

• ¿Cómo se declara?

Toma la palabra el abogado defensor:

• Mi representado se declara inocente, Señoría.

El imputado no ha dado pleno cumplimiento a sus obligaciones, es cierto, pero es justo y acorde a derecho la aplicación de eximente al caso, lo que conlleva Señoría, la absolución de mi cliente.

Perdió la noción del tiempo, fue embaucado y embelesado hasta agotar su capacidad de pensar y de responder de manera efectiva. La predisposición a unirse a la felicidad de la auténtica diversión, sin límite, pudo con sus quehaceres diarios. Dejó escapar su alma pero no cometió adulterio, se mantuvo firme ante el alcohol y cuando decidió volver a casa, una palmada en la espalda le retuvo. Es cierto que se disfrazó e intentó ligar, es cierto que bailó hasta el amanecer y que pegó más de un pisotón, es cierto que no volvió a casa a la hora indicada y es cierto que no corrió el encierro, pero Señoría ¿se le puede imputar a un toro en San Fermín abandono de hogar, por querer disfrutar por una vez de la fiesta? Solicitamos la declaración de inocencia, en base a la eximente de toro con derecho a roce.

EL DÍA EN QUE HEMINGWAY DESCUBRIÓ LOS SAN FERMINES

Alicia De La Vega Calvo

Apenas han pasado cuatro años de los delirios de la Gran Guerra, y sin embargo, mi corazón intuye que pronto nos embarcaremos en otra igual de terrible. Pero hoy, entre los cálidos muros de esta ciudad, siento que aún queda una pequeña esperanza para el ser humano. Aquí no hay odio, ni rencores. Sólo emoción contenida. Hombres, mujeres y niños en un torbellino de vívida algarabía. Y esa felicidad imperturbable se propaga como un virus entre los ciudadanos. Es como si el propio espíritu del Santo se hubiera posado en cada uno de los rostros. Yo mismo siento ese calor, ese contagio de júbilo y turbación indescriptible. Oigo a los jóvenes azuzando a las fieras y pesadas bestias que comienzan su recorrido. Y el éxtasis, tan pronto como llega, se desata. Lo último en lo que pienso es que debería escribir una novela que ensalce esta celebración, que constate que todavía queda alegría en este mundo y que aún podemos conquistarla. Su título, como no podría ser de otra manera, será el de «Fiesta». Y con este último pensamiento, suelto una carcajada y corro como jamás he corrido.


VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LOS TOROS TAMBIÉN PERDONAN

Danny Villalobos Fonseca

Sergio corrió lo más rápido que pudo, al llegar a la esquina casi podía sentir su respiración en la espalda. Hay mucha multitud.
Esta es la parte más peligrosa —dijo—. A su lado iba el más grande de todos, era negro, fuerte, podía sentir su furia a través de su mirada. El joven valiente le tomó del cacho izquierdo y corrió los últimos veinticinco metros que faltaban para el redondel.
Al tocar la arena, tropieza y cae . El toro que venía de último fue a su encuentro, él estaba allí indefenso, tirado en la arena, acostado, esperando el ataque. El toro se le acercó, lo miró fijamente y después de unos cuantos gestos de ira continuó su camino hacia el centro del redondel.

LOS DESVELOS DE UNA MADRE

Carlos Malillos Rodriguez

Las siete. Me levanto sin pegar ojo en toda la noche. ¡Este hijo…! Está visto que hasta que no suene el “Pobre de mí”, me pasaré las noches en vela, rosario en mano.
Comienzo los cinco Misterios…
Las siete y media. Un Misterio más, que son seis los morlacos…
Las ocho menos cuarto. Otro Misterio para que los cabestros esquiven las montoneras…
¡La caja de cerillas! ¿Dónde he puesto las cerillas? ¡Mira dónde están!: al pie del santo. Enciendo la vela que alumbra a mi san Fermín. Tenía que haberlo hecho antes, pero estoy aturdida y la cabeza no da para más.
Van a dar las ocho. Tiemblo…
Las ocho. ¡El chupinazo! Vuelvo al rosario. Otro Misterio. Éste para la Virgen. Apunto alto. Ella siempre me escucha. Una salve y tres padrenuestros a las benditas ánimas del purgatorio, y para que no les haya pasado nada a los corredores.
Las ocho y cuarto. ¿Cuándo llamará este hijo?
Suena el teléfono.
—Madre: ¡que estoy vivo! (Risas). Ahora me voy con la cuadrilla a almorzar. Te quiero, vieja. Agur.
Yo no almuerzo. Apago la vela, guardo el rosario y me meto en la cama. Gracias san Fermín, hijo —le digo—, y me quedo dormida.

PUNTO DE INFLEXIÓN

Luis López Morquecho

Trabajé de barrendero en los sanfermines del 2000. Era un crío que sólo buscaba ganar algo de pasta. Me tocó acompañar a un hombre seco y corpulento que extrañamente olía a naftalina. “Me gusta trabajar en este ambiente… es como encontrarte a tu maestra de la escuela borracha perdida” me dijo a la primera. “¿La besarías? A la maestra. Yo, sí. También, tiene derecho a desfogarse…¿eh?” No supe qué contestar.

En cierta ocasión, mientras limpiábamos la calle Estafeta, se nos acercó un chaval.
– ¡Eh!
Levantamos la mirada.
– ¡Barrenderos de mierda! ¡Vagos! Pa que hagáis algo de provecho con mis impuestos.
Entonces, lanzó al suelo con todas sus fuerzas una botella.
– ¡Maldito cabrón!
Di un paso hacía él, me pareció una colilla pisoteada, un vaso de cerveza abandonado en la acera… pero mi compañero me detuvo con un suave gesto en el hombro. Después, agarró su escoba y con destreza barrió los cristales (el chaval fue agarrado por sus colegas y enseguida ya estaba bailando en la fiesta). Yo los recogí en el capazo.

Por cierto, en los sanfermines del 2000 fue cuando conocí a mi novia, estudiaba para maestra.


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OJOS DE MIMO

Pablo Loperena López

Hola, amigo, mi jornada ha acabado, siéntate conmigo.
¿Que qué son para mí los Sanfermines?
Una marea blanca y roja que viene y va. Una explosión, es el chupinazo, la fiesta ha empezado. Idiomas del mundo revueltos y enlazados. Una batucada de Brasil, acróbatas de Argentina, la quena de Ecuador, australianos en sandalias, guiris a mansalva. Padres y niños, gigantes y cabezudos. Están montando un escenario, ¿quién tocará hoy? Lluvia, calor, días grises y soleados, noches luminosas en las que nunca falta una canción. Risas, abrazos, ligoteos triunfantes y otros frustrados, lloronas de alcohol. Los mozos camino del encierro con el periódico enrollado y esos otros, con tan mala cara, después de una noche de gaupasa. Todo condensado en treinta metros cuadrados de hormigón.
¿Que quién soy yo?
El 6 trabajé de policía, el 7 de minero, el 8 de gladiador. El 9 me llamaba Rambo, el 8 Napoleón, el 10 Cristóbal Colón. El 11 fui un hombre invisible, el 12 un dios griego, el 13 estatua de mármol en su pedestal. Hoy he viajado a la luna: si me echas una moneda, bailaré para ti.
¿Qué es eso?
¿Ya es la hora de las velas?
El año que viene más y mejor.

LAS CIGÜEÑAS QUE ANIDABAN EN LOS CAMPANARIOS

Cristina Fernández Valls

Se declararía al llegar a la plaza. Sí. Triunfante, con el pañuelo rojo al cuello, el corazón al trote y las pupilas dilatadas. Se deslizaría entre las bestias, pisaría la arena y saltaría las defensas para llegar a la fila de bancos, arrodillarse frente a ella y decirle: “Te quiero. Te quiero más que al sol, más que al cielo y a las cigüeñas que lo ocupan en primavera”. Ella se agacharía, le besaría y todo sería perfecto.
Dio dos brincos, estiró los cuádriceps y lanzaron el cohete. Corrió. Corrió sin pensar, sin ver, sin escuchar. Dos compañeros saltaron hacia el vallado. Él siguió corriendo. Sintió calor en la espalda, llegó a la curva de Estafeta y derrapó en el empedrado. Oyó un grito. Un dolor intenso le atravesó los abdominales, voló, cayó, el mundo se volvió negro. Un líquido caliente resbaló por su camiseta, más gritos, una mano en la nuca. Su corazón palpitó una vez más, otra, otra… Se le humedecieron los ojos y quiso seguir corriendo, llegar a la plaza, saltar la valla, trepar entre los bancos, arrodillarse. Despegó los labios y musitó algo.
-No hables chico, que ya llega la ambulancia…
Y dejó de existir.

¡GRACIAS, SAN FERMÍN!

Ainara Gómez López

Era una tarde de julio y Matt vino a visitarme a casa. Suele venir cada sábado porque vivimos en ciudades diferentes y solo nos vemos el fin de semana. Para mí él es único, el mejor amigo que alguien puede tener. Está siempre ahí para mí, dispuesto a ayudarme con cualquier cosa y ha sido mi compañero de aventuras durante estos últimos años. Nunca he tenido la posibilidad de agradecerle todo lo que ha hecho por mí debido a mi situación económica, pero hice un esfuerzo y decidí regalarle un viaje a Pamplona para disfrutar de los San Fermines juntos. Cuando estaba a punto de irse le dije que tenía una sorpresa y necesitaba que el siguiente viernes tuviera la maleta, el DNI y muchas ganas preparados para una escapada de fin de semana. Intrigado y sorprendido, aceptó. Cuando llegamos a la calle Estafeta me abrazó y me dio las gracias tantas veces como pudo. Después, cenamos y fuimos a dar una vuelta. Acabamos subidos en una noria y cuando estábamos arriba del todo me besó. Llevaba esperando ese momento tanto tiempo que me pareció estar en una película. Fue muy bonito, y desde aquel fin de semana llevamos saliendo juntos 10 años.


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DESEO SECRETO

Pedro Nel Niño Mogollón

Suspiraba en silencio y apretaba la mano de su pareja mientras contemplaba la perfecta redondez en las caderas del torero en la corrida de la tarde en la Plaza de San Fermín.

LA CARA DE LA CRUZ

Javier Casado Mayayo

«Ha merecido la pena», piensa al llegar al hospital. Pese a la caída y los pisotones. Pese a la costilla rota y a los moratones. Su pelo negro apareciendo a su lado, el cruce de miradas paralizándole y desbocándole el corazón al mismo tiempo. El contacto cálido de su piel momentos antes de pincharle el brazo, de revolucionarle el pulso, de hacerle entrar en shock. De perder el habla y el sentido, de verse pequeño y vulnerable, desnudo aun con camisa blanca, pañuelo y pantalón.

Si bien ha corrido el encierro, ni siquiera ha visto un toro, y a ella la ha perdido al entrar en la ambulancia. No ha dejado de preguntar su nombre en todo el viaje, pero nadie sabe cómo se llama la chica de la Cruz Roja que le ha puesto la vía. Tan sólo que la apodan «flamencona» y que este año ha acabado Enfermería. En la radio, entre el ulular de la sirena, suena de fondo el tema del día: «era un 7 de julio cuando la vi, me quemaron sus ojos como el carbón, y sentí por mis venas un San Fermín, con los siete toritos de la pasión».

LA CUENTA

Marta Cristina Fusté Padrós

Cada año cantaba lo mismo: “¡1 de enero, 2 de Febrero, 3…” y la cuenta seguía hasta: “… 7 de Julio es San Fermín!”…y mirándome completaba:
-¡a Pamplona hemos de ir… juntas, mi niña!-
Cuando tuve suficiente estatura para asomarme al Wincofón, descubrí que esa música con “zetas” y fondo de huevo frito, salía del vinilo de folk español.
Ella decía que San Fermín era un santo de Navarra al que rezaba cantando para poder volver a su Pamplona. Mi abuela había escapado de la guerra, y fue otra inmigrante de Argentina, atacada de melancólica crónica.
Su canción se apagó antes de tiempo. En la sucesión había algo para mí: el viejo Winco y su disco de vinilo con una carta dentro que decía: “Mi niña, la muerte me arrebata mi sueño… por eso tú debes cumplirlo por mí. El dinero que dejo alcanzará para viajar a la Fiesta de San Fermín… ¡Rézale cantando!. Los números de la canción son la clave de mi cuenta bancaria”.
Y de tanto rezarle al santo, un 7 de julio me encontré cantando entre la muchedumbre de Sanfermines. Supe que estábamos juntas, cuando una estampida transformó el cielo de Pamplona en blanco y rojo.


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ASI LO VIVO YO

Jessica Andrea Vargas Sánchez

Ketchup, mostaza, un poco de colorante, harina y el toque final, zumo de pepinillos y acetunas. Agitamos y listo. Agua por aquí, vino por aya, harina y huevo y de todo lo que pueda manchar. Preparando el pañuelo bien atado en la muñeca cantando y saltando esperando el gran lanzamiento. Ese estruendoso sonido que anuncia el comienzo de 204 horas de pura pasión que desatan cada uno de los pamplonicas. Blanco y rojo es lo que llevan en la sangre, cada año con el Diario en la mano y su patrón en el corazón guiándolos siempre y con su bendición. Ocho grandes fieras recorren a 25km/h las viejas calles de la ciudad. Todos deberían sentir este cosquilleo en los pies al ver tus amigos correr. Sin embargo no todo es adrenalina, hay también ancianos disfrutando del sol acompañados de las sonrisas de niños jugando con los gigantes y cabezudos. En mi opinión no podrían llamarse fiestas sin la participación de las peñas pamplonesas, las dianas, los alguacillos y nuestra Coral de Cámara. Pobre de mi que ya todo acaba aquí. Mil gracias Pamplona por ser mi hogar, gracias a ti San Fermín por hacer de él un lugar más especial.

LA CANTERA DE SAN FERMÍN

Diego Marín Galisteo

Cada año repito el mismo ritual al comienzo de las fiestas. Me acuesto pronto la noche anterior al primer encierro, con los nervios dando vueltas conmigo en la cama, y me levanto temprano para tomar un poco de leche con cacao que me ayude a activarme. Empiezo a visualizar el recorrido mientras me visto con mi traje de pamplonica. Le doy un beso a mi madre, que para entonces ya lleva un rato despierta, y me despido de ella hasta después de la carrera. Mis hermanos no comprenden que me ponga así por algo como esto, y apenas reparan en mí. En el fondo lo agradezco, porque en esos momentos necesito concentración y soledad. A las ocho menos cuarto, el periódico enrollado es ya una prolongación de mi brazo, agarrado con fuerza, como si sujetarlo de esa manera me protegiera del peligro. Aunque para eso está él, San Fermín, a quien cinco minutos antes del lanzamiento del cohete todos los corredores le hacemos el primer cántico para que nos dé su bendición. Incluso a través de la tele lo siento a mi lado, listo para salir corriendo por el salón de un momento a otro.

204 METERS

Tim Pinks

San Fermin. El Encierro. The Bull Run. My destiny…They say I will not die today. But they don’t know…my destiny. I run. 850 meters. But there comes a time when I will run 204 perfect steps. The cobbles. Adoquines. With…everyone. Panic, pandemonium, paradise. Santo Domingo, Mercaderes, La Curva…Estafeta! Un callejon de cemento. Por fin, luz…Telefonos! Muchissima gente! So many people…And I’m still alive. The tunnel…el callejon…no room…but somehow, I make it…sand…noise…fiesta…a fiesta without equal. More people than I have ever seen…83. And yes, I am still alive. But my destiny…The Bullring. Crazy, alive,still living…but I make it to the other side. Pamplona is another world. But my world will soon be over. Why, you may ask…because I am not you, or like you. Because I am special. Royal, proud and born for this. Because although I run with you, I am not of you. I am bovine, but also a brother of yours. I am a bull. A toro bravo…a fighting bull. Pamplona Royalty. Born to fight, and born to die. And for me, to do this in Pamplona is so special. It’s a life without equal. And now, for me and my life…ya falta menos. Viva San Fermin! Gora!