Archivos anuales: 2014


Aviación 1

Según la RAE, aviación significa: «Locomoción aérea por medio de aparatos más pesados que el aire.«. Hoy en día esos aparatos más pesados que el aire se encargan de transportar hacia y desde Pamplona, a muchos de las personas que se acercan a disfrutar de nuestra fiestas. Pero esto no siempre fue así. En los albores de la aviación, ésta constituyó un elemento novedoso y curioso en algunas de las fiestas de la primera mitad del siglo pasado. Tal y como nos cuenta Arazuri en su «Historia de los Sanfermines», esta fue la relación de la aviación con nuestras fiestas:

  • Año 1912. Coincidiendo con el Centenario de la batalla de las Navas de Tolosa y con la visita del rey Alfonso XIII, se celebró la «Gran Semana de Aviación» del 16 al 22 de julio, celebrada en una explanada próxima a la Vuelta del Castillo (Actual casa de Misericordia y edificaciones adyacentes). Compitieron las más famosos aviadores del momento: Vedrines con su monoplano con sistema Duperdussin, Garnier con el monoplano Bleriot, Mademoiselle Driancourt con el biplano Condron, y el español Loygorri con el biplano Sommer. El día 16 al despegar, Mademoiselle Driancourt cayó en picado y se llevó, única y afortunadamente, ligeras erosiones en la mano. Los precios eran de una peseta la entrada al campo, asientos de banco (tabla) dos pesetas y las sillas tres pesetas.
  • Año 1919. Esta vez el concurso se celebró en el soto de Ainzoáin y las entradas costaban dos pesetas. Participaron los aviadores Fronval y Garnier. Las pruebas, en las que se pudieron apreciar los progresos hechos por la aviación en estos siete años, se celebraron los días 13 y 14 de julio con clamoroso éxito y, como final del festejo, se celebró un simulacro de combate aéreo.
  • Año 1925. El 8 de julio llegó volando el piloto José Ansaldo, que aprovechó para «peinar» los tejados de la vieja Iruña. Por la tarde voló repetidamente sobre la plaza de toros llevando como pasajeros a algunos valientes. El día 9, tras la corrida de Prueba, realizó diversas acrobacias (looping, barrena, resbalamientos y más) sobre el campo de Fuerte del Príncipe y, como colofón, Cornier se lanzó en paracaídas desde más de mil metros.
  • Año 1930. Esta vez fueron los profesores del «Aéreo Club Estremera de Madrid», los encargados de realizar diferentes acrobacias en los cielos de Pamplona, subida en espiral, salida en borrachera (creo que ésta se sigue realizando en tierra, cuando acaba la corrida, todos los días de fiestas), virajes en vertical, viraje imperial, barrena, loopings, la hoja muerta, toneau, resbalamientos y terminó la exhibición con el lanzamiento de un «parachutista» desde 700 metros 200 de los cuales los realizó en caída libre.
  • Año 1949. El 9 de julio por la tarde finalizó en Pamplona el «Rallye Aéreo Internacional» con representantes de España, Francia, Inglaterra, Bélgica, Italia, Holanda, Portugal y Dinamarca. Llegaron 95 de las 125 que habían iniciado el «rallye».

Como podemos observar, Pamplona ya era internacional antes de Hemmingway.


Microrrelatos presentados a la VI edición del certamen

Título: Mentira piadosa

Aquel día Josetxo se levantó al tiempo que un globo de colores surcaba el cielo de la Rochapea. Se puso las zapatillas que su amatxo le había comprado para la ocasión y desayunó frugalmente. Hacía fresco. Subió en el ascensor y, atravesando los efluvios de la noche, se paró en la Plaza de San Francisco y se sentó en un banco. La voz de su aita resonó en su cabeza: “Ya eres mayor de edad, ha llegado tu día”. Cuadrillas de trasnochadores, familias con niños, guiris,  abuelos, todos se dirigían al recorrido. Se acordó de su hermano mayor que ya había cumplido el ritual. Comenzó nuevamente a andar y llegó a la Estafeta. Allí un municipal le dijo: Eh chaval, ¿cuántos años tienes? Josetxo, dubitativo, mintió: Diecisiete. A lo que el municipal replicó: Con diecisiete años no puedes correr en el encierro; vuelve el año que viene. Josetxo asintió. Regresando a casa escuchó el primer cohete, luego el segundo. Al llegar, su amatxo, alegre, le preguntó: ¿Qué, qué tal? Satisfecho contestó: Fenomenal, ama, ¿no me has visto en la tele? Había decidido que un año sabático  y una mentira piadosa no le sientan mal a nadie. Ni siquiera a San Fermín.

Atxu Ayerra Alfaro

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Título: Ven a mi fiesta

Hola, soy Fermín y tengo edad media. Te invito a mi fiesta. Comenzó en el siglo XII, en el XIV cambió de Octubre a Julio, y ha venido creciendo en novedades como no tienes idea. De música y pregón, torneo y teatro, toros y religión, pasó a contener una comparsa de gigantes y más adelante, por el XX, un chupinazo y más corridas, estas de gente huyéndole a los toros en el encierro y divirtiéndose hasta entonar el Pobre de Mí. Francisco de Javier me apoya en lo de aupar la alegría en Navarra más allá de Pamplona, la ciudad de Saturnino, que por mí cayó en pleno bullicio ferial después que Honesto la cristianizó. Las procesiones, corridas y encierros han mejorado con los años, como el buen vino. Y más allá de los caldos y comidas, pequeños y grandes gozan con los cabezudos y gigantes, los kilikis y zaldikos, como lo hicieran con el Riau-Riau que llevaba a los pobres ediles a hacer de tripas corazón. Muy pronto el cohetazo iniciará mi gran fiesta y podrás ver alarde de gaiteros y corridas de rejones, vísperas y conciertos, fueros y fuegos artificiales, carteles y verbenas. Son apenas 204 adrenalíticas horas, sin parangón. ¿Me acompañas?

Gustavo Löbig


El desencajonamiento. 2

6 de Julio, Corrales del gas. Pamplona

20:00 PM.

25º.Nublado aderezado con viento.

 

Los ecos de la fiesta se perciben con nitidez. La vieja Iruña estalla en fiesta. Sin embargo, los presentes no lo sienten. Están al lío. Al frente de todos ellos, D. Eduardo, el mayoral, inquieto, apura el Cohíba. Mágicamente, el humo que parte de su habano impone el silencio. El motor del camión aún está caliente. Tan solo unos golpes dentro del Escania, cobrando vida por momentos, avisan de la presencia miuresca.

 

Media docena de elegidos están presentes en el desembarco de los toros. Dos personas, oscuras, en representación de la Meca. Uno de ellos, con gafas y sonrisa cínica, media estatura, parece que lleva la batuta. El otro, le acompaña mudo embutido en un traje que a duras penas oculta un sobre lleno de billetes. El veterinario, el pastor de corrales hacen cuatro. Una extraña pareja redondea la cifra. Él, traje blanco, corbata y gemelos colorados a juego coronado con un estrambótico sombrero, Élla, anunciando su presencia mediante un perfume embriagador, vestido verde y grana con más curvas que el Rally de Montecarlo. Quitando el sentido. Don Eduardo, nervioso, se percata de su presencia. No le gusta. Intuye el peligro. Estirpe que le dieron sus genes.

 

-No es espectáculo para mujeres- escupe Don Eduardo bajo su sombreo gris, dirigiéndose al uno ochenta rubio que habita encima de dos tacones imposibles.

-Se siente- acorta la conversación la diosa sin paliativos, echándole el humo de su galoise.

 

Un asentimiento de cabeza y toque al sombrero acaba la conversación. Caballero que es uno. Lanzando una mirada al pastor, Don Eduardo consiente que empiece el espectáculo.

 

Abierta la trampa del cajón, sale el primer Miura. Tostado chorreado en verdugo. Impresiona su estampa. Más su enfado. Simultáneamente, intentan distraerle, previniendo las primeras arrancadas .Don Eduardo, manguera en mano, le ducha con agua fría. Ésta no hace sino resaltar su poderosa musculatura. El toro babea, orejas erguidas, busca la salida sin encontrarla. Nervioso, caracolea por los corrales.

 

Pum pum pun, el segundo desembarca e el corral. Cárdeno oscuro, se camufla entre la oscuridad. Sin lograrlo, ya que sus astas perladas le delatan. Como los pendientes de la rubia. Encontronazo con el hermano, midiendo sus fuerzas. Tensión en el ambiente. Hasta las barracas han cesado por un segundo su ruido infernal.

 

Tran tan tán, el tercero, cárdeno, Ménage a trois.Correteando los tres.También el enviado de la Meca, cautivado por la mujer. Encelado. Embraguetado.

 

-¿Cómo se llama usted?- le pregunta, mientras limpia sus gafas para certificar que es cierto lo que contempla.

-Je m´apelle Menisse- media sonrisa y atusamiento de cabellera. Certero movimiento.

 

El mecaniano ya babea casi como el cuarto burel. Castaño bocidorado bragado meano. La fiesta parece que va tomando color. Casi, porque en esos momentos aparece una larga sombra parapetada detrás de un bigote en el lado contrario de los corrales ante el asombro de los presentes. El que más acusa la siniestra presencia es el hombre del traje blanco. Nervioso, atusándose la oreja, susurra algo a la mujer.

 

Tra ca tran ta tán. No hay quinto malo, pero este lo parece. Negro mulato chorreado, se une a la manada y empieza una danza maldita. Tribal .Cómo los presentes. D. Antonio, concentrado en la labor, ignorando el peligro. Melisse intentando escaparse del mecaniano que intenta atraparla .La tómbola atronando que si dos perritos pilotos. El bigotudo intentando atrapar al hombre de sombrero innombrable.

 

El pastor de los corrales, vislumbrado el peligro, saca con celeridad los cabestros para tranquilizar la manada. Mezcolanza de siniestros colores, akelarre de cuernos, pezuñas, bufidos, manos en el trasero de la rubia, pan, jamón, chorizo y vino de fondo atronando de fondo.

 

Éste es el espectáculo-espectáculo que se encuentra nuestro protagonista. Minutón. Salinero. Mortal. Sale al trote del camión embistiendo todo lo que ve por delante. La manada intenta huir sin conseguirlo. Cinco Toros con cinco cabestros. Minutón hace Strike. Todo salta por los aires.

 

Ante tamaño paisaje, Melisse, notando un pellizco en sus cuartos traseros, deja caer el cigarro, que con inmediatez hace prender la paja del corral. Miuras y cabestros corren como pollo sin cabeza. Papytu persiguiendo al hombre de sombrero infernal. Éste, saliendo por peteneras con la rubia ante la desolación del mecaniano que se las prometía felices. El hombre silencioso deslizando el sobre a D. Eduardo, que estupefacto, comprueba que los Sanfermines son de otra galaxia.

 

En el centro, altivo, saliendo del humo y las llamaradas, Minutón comprueba el aire quieto, imperial. Oliendo el aire de la vieja Iruña y sus fiestas. Con su tremenda testa, moviendo su infinita cornamenta, asiente complacido…

 

(Continuará…)

 

 

 


Primera Guerra Mundial: la Batalla de San Fermín 3

Como sabéis, Europa anda este año conmemorando el centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Mucha gente cree que, como España se mantuvo neutral, el conflicto no llegó a Pamplona.

Pero esto no es cierto.

Según afirma el historiador alemán Friedrich Steinbach (bisnieto del famoso filósofo austrohúngaro Karl Uwe Steinbach) en su monumental obra Deutsche Kamerun, el nueve de julio de 1918 se libró en Pamplona la denominada Batalla de San Fermín.

Policías alemanes en Duala festejan el cumpleaños del káiser (1901)

Policías alemanes en Duala festejan el cumpleaños del káiser (1901)

A comienzos de la Gran Guerra, Camerún era una colonia perteneciente al Imperio Alemán. En 1914, tropas británicas, francesas y belgas, provenientes de Nigeria, Chad y el Congo belga respectivamente, atacaron el territorio. La campaña de Camerún, defendido por unos mil soldados alemanes y tres mil nativos, se prolongó hasta comienzos de 1916. Huyendo de los aliados, muchos soldados y colonos alemanes, así como sus familias, buscaron refugio en la vecina y neutral Guinea Española.

camerun

Este contingente humano fue evacuado a la Península Ibérica y repartido en diversas ciudades, Alcalá de Henares, Valladolid, Zaragoza y… Pamplona.

247 soldados alemanes, colonos y familiares fueron confinados en la Ciudadela. Paulatinamente, fueron integrándose en la ciudad y se aficionaron, entre otras cosas, a disfrutar de baños veraniegos en el Arga, en una zona que conocemos hoy día, precisamente, como Alemanes.

Pues bien, aquel nueve de julio de 1918, al menos dos docenas de estos refugiados alemanes, tras embriagarse en una tarde noche sanferminera por las calles de San Nicolás y San Gregorio, y ya camino de la Ciudadela, comenzaron a increpar a la reina Victoria Eugenia, esposa del rey Alfonso XIII y prima del rey de Inglaterra, Jorge V (curiosamente, prima también del káiser alemán y del zar de Rusia).

Al llegar a la zona del descampado de Padre Moret, donde hoy se alza el Palacio de Congresos y Auditorio Baluarte, algunos soldados de guardia en el Gobierno Militar respondieron a las provocaciones y las navajas salieron a relucir.

Seis heridos por arma blanca y veinticuatro contusionados de diversa consideración.

Ese fue el balance de la Batalla de San Fermín, en la Primera Guerra Mundial.

 

Pasarela de Alemanes sobre el río Arga

Pasarela de Alemanes sobre el río Arga

FRAGMENTO DE DESPACHO RECOGIDO EN EL PERIODICO » EL DIARIO ESPAÑOL » DEL LUNES 8 DE MAYO DE 1916:

» Los alemanes del Camerón. En Pamplona. A las siete de la mañana llegó un tren especial con unos 250 alemanes internados. Fueron recibidos por el obispo y varios comisionados. La multitud invadió los andenes, ocupando luego todo el trayecto de la ciudad por donde habían de pasar los internados, a los que se les tributó un recibimiento cariñoso, siendo saludados con aplausos y vítores. los soldados y clases alemanes han sido instalados en el pabellón de la ciudadela. «

 


Desnortamiento sanferminero

Desnortamiento, sí.

Ya existe la aplicación. Seguramente habrá varias ya, pero no soy precisamente usuario, y espero tardar en serlo, de la enésima forma de pérdida de privacidad que nuestros amiguitos de Google, Caralibro y demás parientes interesados han puesto en marcha. Hablo del Google Maps Location History.

Ahora que sin saberlo la mayoría de nosotros el móvil está conectado a varios satélites triangulando posiciones, podemos acceder en cuestión de segundos a visitar el recorrido que hemos hecho por la vida un día cualquiera.

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No es éste el foro para discutir las ventajas e inconvenientes del invento. Sin embargo, yo ya me he puesto a imaginarme cómo sería el dibujo del recorrido seguido un día cualquiera de los sanfermines.

Y lo tengo claro. Sería un puto borrón en el que sería imposible distinguir un principio y un final. Sería imposible deducir criterio lógico alguno en los movimientos. Cualquiera que se dedicara a estudiar la sucesión de desplazamientos acabaría desquiciado. Encontraría como mucho que se repite la presencia en algunos lugares a determinadas horas, pero se volvería loco si buscase la menor base científica en la forma de acceder a esos puntos o en la forma de dispersarse de los mismos.

El estudioso en cuestión pensaría sin ningún género de dudas que soy gilipollas, no hallaría otra forma de explicar idas y venidas, repeticiones sin sentido de trayectos, desplazamientos largos combinados con otra multitud de nanodesplazamientos en los que se desanda lo andado, se huella lo hollado y se revisita lo visitado.

Se toparía además con incomprensibles diferencias temporales, ya que vería recorridos realizados con exasperante lentitud mezclados con frenéticas contrelamontres, total, para resituarse donde ya estabas situado en momentos anteriores.

Y todo ello circunscrito a un reducido cúmulo de calles y plazas, lo cual haría que sus conclusiones fueran todavía más nítidas en lo tocante a nuestra capacidad intelectual.

Lo acabaremos haciendo, y si no, al tiempo. Estudiaremos nuestros movimientos, y nos llevaremos alguna que otra sorpresa. Ya sabemos que nosotros ya no pisamos la jarautera, que no está lejos el día en que nos encontraremos con nuestros hijos allí, pero nada más lejos de la realidad. Google nos sacará los colores, ya que nos olvidábamos de los dos almuerzos en el Oreja, de la comida en el Goal y de las fugaces visitas al cogollo hostelero de la calle de los pellejeros.

Nadie podrá decir ya que no va por la zona de pijos, porque corre el riesgo de que Google publique en su caralibro que sus reiteradas paradas en el Casino Eslava no han sido precisamente para entrar a mear y salir. Tampoco podremos justificarnos con la parienta diciendo que estuvimos venga buscarla, cuando Google mostraría sin miramientos que llevábamos tres horas y media en modo parada en lo más profundo de la barra del Irrintzi. Y ya podemos olvidarnos de frases tan socorridas como «¡llevo hora y media esperando en el Marrano!», porque Google se encargará de sacar a relucir que acabas de llegar hace dos minutos escasos, si bien es cierto que en las últimas tres horas has pasado por delante en cuatro ocasiones… cosas de cafres…

Uf, qué trabajos nos esperan…