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Mami qué será lo que quiere el negro 2

Domingo doce de julio de 2015, Dimasu, tras salir de los toros con la peña, un amigo y compañero de este blog y yo entramos a tomar un pote en el Burladero. Cuando nos íbamos a acercar a la barra, o a intentarlo ya que el bar estaba a tope, un vendedor ambulante aparecido de Dios sabe donde me colocó en la mano como una veintena de pares de gafas de sol. Yo no quería las gafas para nada e intenté devolvérselas amablemente con una sonrisa en la boca, pero el hombre rehusó cogerlas y me dijo en su castellano con acento: «15 euros». Como veía que quería quitárselas de encima de una tacada y, a pesar de que yo no las quería, le contra oferté: «5 euros» dije, pensando que desistiría y buscaría a otro a quien vendérselas, pero volvió a insistir diciendo: «10 euros». Yo me mantuve firme en mi postura de los cinco euros, cuando para mi sorpresa me dice: «vale dame 5 euros» y ahí me quedé, en medio del bar, con un montón de gafas de sol de diferentes modelos y cinco euros menos en el bolsillo.

Las gafas fueron encontrando a sus nuevos dueños entre los miembros de la peña en ese rato en que la penumbra se va extendiendo por la ciudad y en los escasos días de fiesta que nos quedaban, me reencontré con varias de ellas cuyos dueños las lucían con donosura sanferminera, o sea, de cualquier manera, y algunos incluso durante la noche, ya que contribuían a mejorar notablemente su aspecto, aspecto que tras varias jornadas festivas no tenía la frescura del día 6.


El otro Fermín 2

FerminUzesDicen que allá arriba, en el Cielo, también hay unos que llevan la fama y otros que cardan la lana. Eso es lo que debe de pensar nuestro protagonista de hoy, Fermín, Fermín de Uzés, santo, para más señas.

Como el otro Fermín, el nuestro, el de Uzés también desarrolló su carrera profesional en las Galias. Y, como el morenico, también fue obispo aunque, afortunadamente para él, no alcanzó el martirio, que se sepa.

Participó en los concilios de Orleáns y París y se ve que le iba lo de escribir, como a bastante gente en este blog; vidas de santos y vírgenes, sobre todo.

Su fiesta se celebra el 11 de octubre y dado que al día siguiente no hay que madrugar, el año que viene propongo que montemos una cena.

O al menos que nos echemos unos potes.

A tu salud, Fermín.


Alberto 1

Apenas recuerdo tres o cuatro nombres de personas que destacaron en su gremio, pero Alberto fue el primero en pasar a mi disco duro de trivial pursuit fotográfico. Fue en el ’96 cuando tuve en las manos ese libro que le habría encargado la Caja de Ahorros, no sé si fue así o alguien de la antigua CAN le suplicó a Alberto que se viniera para el 6 de julio, con pase de prensa y todo lujo de detalles para retratarnos mientras nos desmadrábamos como sólo nosotros sabemos hacerlo. Tampoco sé si le escuché en una entrevista, leí en algún artículo o lo he soñado, que él vino ignorante de cuanto estaba por caerle encima: de estruendo, de color, de tufos, de músicas y de vasos de plástico, digo. Lo que sí sé es que no he vuelto a abrir ese libro, porque desgraciadamente no lo tengo, desde 1996, pero recuerdo perfectamente la foto de Alberto en el tendido de sol. Al final del libro. Inmortalizada ya la fiesta, metido hasta las cejas en ella, alguien de las peñas le mangó la cámara y le sacó la única foto en la que él aparecía. Recuerdo su cara. La cara de quien se rinde por fin -tras el trabajo, a la evidencia- y abraza los Sanfermines.

NOTA: Alberto Schommer murió el 10 de septiembre pasado. Su libro «La fiesta» está en la red de Bibliotecas de Navarra (23 ejemplares), merece la pena echarle un vistazo y así recordar a este grande de la fotografía.


El rábano y las hojas

Foto y pie de fotos publicados en "Diario de Sevilla" el 12 julio 2015

Foto y pie de fotos publicados en «Diario de Sevilla» el 12 julio 2015

Seis de julio 2015. El día que, a la postre, resultó el más caluroso del verano pamplonés, una noticia lúgubre llegaba a las redacciones de los medios de comunicación. Un pamplonés fallecía ahogado en el Arga minutos después del chupinazo. El suceso parecía fortuito.

La noticia fue publicada de manera amplia a la par que respetuosa respetuosa por los distintos medios locales y resultó una página más de unos Sanfermines muy calurosos.

 

No tuvo ese parecer a la redacción de “Diario de Sevilla”. El rotativo hispalense publicaba días después en su edición impresa esta foto, con un pie de pretendido carácter ejemplarizante.  Bajo el subtítulo  “ejercicio de imaginación” el texto mostraba su extrañeza e incluso una velada censura, porque los oficiales del juzgado, o la propia Policía, trabajasen vestidos «de pamplonica» en el levantamiento del cadáver. A continuación trasladaba la escena a la Feria de Abril.

  Leído desde un punto de vista pamplonés, el texto dejaría perplejo a cualquiera. En primer lugar por la familia del fallecido. Eligieron la foto que otros habían decidido no publicar.

En segundo lugar, porque nada en la indumentaria de los que atienden la operación haría pensar que se encuentran de juerga o haciendo dejación de sus funciones. Y en tercero porque vestirse “de pamplonica” no es una predisposición a ir de juerga; sino la indumentaria más diligente para salir a la calle un seis de julio.

Ya son ganas de buscarle tres pies al gato…


Verbeando. 2

Yo sanfermineo.

Tú sanfermineas.

Él sanferminea.

…………

Sanferminear. Precioso verbo. Excelso. Sublime. Incomprensiblemente, inexplicablemente, desgraciadamente, no recogido en ninguna de las Reales Academias de las Lenguas.

Con la tranquilidad que me da el saber que multitud de personas sanferminean del 6 al 14 de Julio cada año en Pamplona y otras muchas lo hacen también a diario como esencia de su vida, me propongo buscar entre los verbos recogidos oficialmente en las Reales Academias uno representativo que sirva para poder expresar y englobar de la mejor forma posible multitud de situaciones y hechos que se dan o pueden experimentarse durante los Sanfermines.

Tras estrujarme la cabeza, creo haberlo logrado. El verbo en cuestión empieza por la ´P´ y acaba por la ´R´. Discurrir, discurrir….., ¿ cuál puede ser ?. Sé que muchos de vosotros estaréis pensando ya en privar – pues sí, ciertamente se hace a raudales, nada que objetar a vuestro pensamiento-, pero no. Otros diréis que es potar – mirando esos días la mayoría de las esquinas del casco Viejo se puede comprobar la veracidad de la teoría del pimiento y no os falta razón -, pero tampoco. Ni patear – y eso que uno se pasa todo el día yendo de lado a lado-, ni mucho menos pernoctar – que puede hacerse esos días en casa propia o ajena, en cualquier jardín, mediana, parque, acera o portal-. Ni siquiera es pajarear- ¡ anda que uno no pajarea ni nada durante las fiestas ¡ ……………………..- ¿ He oído decir a alguno de vosotros que pudiera ser putear ? Por favor, si algo tengo claro es que en las fiestas no tiene que tener cabida el joder; la manta, claro.

El verbo que he elegido es portar. ¿ Portar ?……, os estaréis preguntado extrañados. Pues sí, portar.

Para sacaros de vuestro asombro y demostraros que no ando muy desacertado con mi elección, en los Sanfermines se puede:

– Portar la pancarta de la Peña.

– Portar bolsas, cubos, palanganas, neveras o cazuelas repletas con el avituallamiento del tendido.

– Portar una cámara y/o móvil con los que poder inmortalizar toda la fiesta.

– Portar una melopea de tres pares de narices; o de mil pares de cojones; y portar de paso sin darte cuenta el preludio de unas resaca monumental.

– Portar un tambor la noche del Estruendo o cualquier otro instrumento a diario en las distintas bandas o charangas.

– Portar una vara. El alcalde, la de mando; los picadores, la que emplean en su suerte; y los pastores, las que utilizan en los encierros y encierrillos para guiar y ´chichipaneizar´ a toros, cabestros y corredores.

– Portar algo o alguien sobre los hombros. A un kiliki, gigante, zaldiko o cabezudo. Al Santo en las Procesiones. Al diestro triunfador de la tarde. Al peluche que te ha tocado en la feria. A la chavalería a todas horas. Etc.

– Portar el programa de fiestas bien a mano para no perderte ninguno de los actos oficiales.

– Portar encima un buen carro de hostias si haces el pata en el encierro o en la suelta de vaquillas.

– Portar una divisa o unas banderillas en el lomo, una estocada en todo lo alto y mucha sangre, un torero o un corredor en los pitones.

– Portar durante los próximos nueve meses en tu cuerpo los efectos de un buen Chupinazo.

– Portar encima la chorrada que ese año se haya puesto de moda en los vendedores ambulantes.

– Portar en los bolsillos el bote de la cuadrilla para toda la noche.

– Portar en la ropa toda clase de sustancias orgánicas e inorgánicas que precisen de varios lavados hasta su total desaparición.

– Portar un mal cuerpo ´que pa qué ´ si tus hijos no llegan a casa a la hora convenida o son de los que corren el encierro.

– Portar una docena de churros de la Mañueta en cada mano.

– Portar una vela para el Pobre de Mí.

Y podía seguir y seguir. Pero si no os resultase suficiente, os tengo que decir para reafirmar mi elección que portar como vocablo es parte del enunciado de otros verbos muy acordes con la Fiesta. ¿ Quién no ha tenido que re-portar explicaciones a diario de lo que ha hecho o con quien haya estado ?, ¿ No se convierte Pamplona esos días en una ciudad en la que parece no im-portar dónde beber, cagar, mear, incluso folletear……..?, ¿ Quién no ha tenido que so-portar los empujones y vaivenes que suelen producirse en las aglomeraciones de la fiesta ?, ¿ No se recuerda todos los días por megafonía como se debe com-portar uno en el encierro?, ¿ No tiene que a-portar cada uno de nosotros lo mejor de sí mismo para que los Sanfermines sigan siendo considerados una fiesta referente a nivel mundial ?, ¿ No sucede que más de un taciturno suele portar-se esos días como el más extrovertido del planeta ?, ¿ No hay que trans-portar todas las mañanas a la manada desde el corral de Santo Domingo hasta el coso taurino?, ¿ Deberíamos ex-portar el copyright de los Sanfermines para que dejen de celebrarse en otros lugares de la Tierra cutres sucedáneos sanfermineros ?, etc

Mientras las Reales Academias no recojan sanferminear como término lingüístico y quedándonos mientras con el verbo portar o con el que consideréis más oportuno para representar a nuestras fiestas, lo mejor, crucial y más importante es que en la práctica y por encima de casi todo en esta vida :

…….

Nosotros sanfermineamos.

Vosotros sanfermineáis.

Ellos sanferminean.