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Debate

El pasado 7 de noviembre se realizó en El Condestable una jornada organizada por varios colectivos para promover unos sanfermines participativos y populares. Mas de 30 colectivos o asociaciones participaron en dicha jornada y se espera una mayor participación en futuras convocatorias, bien de otras asociaciones como de particulares. Se trata de unas jornadas donde se expongan nuevas ideas para los próximos sanfermines haciendo incidencia en valores que se quieren recuperar para la fiesta, como la igualdad, ecología, euskera, diversidad y participación, entre otros.

Además, se hizo incidencia en la privatización de varios espacios públicos, como la Plaza del Castillo, la Plaza de los Fueros o la Plaza de los fueros, donde se realizan conciertos gestionados por promotores cuyo objetivo es buscar su propio beneficio.

La idea me parece interesante y necesaria para escuchar las propuestas de todos aquellos que desean aportar nuevas iniciativas a unas fiestas, que en los últimos años no satisfacían a todos los colectivos.

Es momento de aportar ideas de todo tipo para solucionar viejos problemas, como pueden ser las de los vecinos del casco viejo que sufren el problema del ruido durante los nueve días de los sanfermines, la regulación definitiva del encierro para evitar problemas de masificación y otros, el retorno esperado de las antiguas txoznas como espacio alternativo para la juventud, la necesidad de evolucionar hacia unas fiestas donde impere la igualdad de género y el respeto a las personas, así como la «regulación» que hacía nuestro compañero sobre la masificación de silletas en las salidas de nuestros queridos gigantes, etc.

Compañeros del blog y lectores del mismo, es el momento de aportar vuestras ideas.

 

 


La entrevista. 3

Pamplona, 7 de julio
10:45 horas, 20º grados. Despejado.
Carromato de Dominique.
Cirque de Paris.

El estado de ánimo en la que se encuentra Dominique, el dueño del Circo, se reflejaba a la perfección en su cenicero, donde descansaban los restos de media docena de habanos. La huida de una de sus principales estrellas, Charles, Elastic-Man acompañado de Elvis y Priscila, ambos chimpancés, aficionados a brotes psicóticos y al aguardiente, no auguraba nada bueno. Desconocía el paradero del trío de friks y lo que estarían haciendo en esos momentos.

Es por ello que había tenido que recurrir a la contratación de un detective privado para lograr encontrarles, evitando así los posibles daños que inevitablemente ocasionarían a la fiesta. Eso estaba fuera de toda duda. Además, había un pequeño detalle que agravaba más la situación: Había desaparecido la recaudación de la función del día seis .El terceto eran los principales sospechosos.

Un golpe de nudillos en la puerta anunció la presencia de detective.

-¡Adelante!

Una silueta a un bigote pegado hizo su aparición no sin problemas debido al bajo techo del carromato

-Buenos días Dominique, me dijeron que tiene un trabajillo para mi.
-En efecto señor…
-Papytu…

Tras ponerle en antecedentes, Dominique encendió su enésimo habano mientras ojeaba los periódicos. No había ninguna noticia que hiciera referencia a los hechos. De fondo, una televisión encendida mostraba la procesión de San Fermín.

-Como puede ver, estamos intentando buscar cualquier pista del paradero de Charles, Elvis y Priscilla. En su huida olvidaron coger la medicación de los chimpancés y se pueden poner de lo más divertidos, ya me entiende. Su objetivo será su localización y vuelta al circo de los fugados. Creemos que se llevaron además la recaudación del circo, así que recursos para esconderse no les faltan .No tenemos ninguna pista sobre su paradero.

Papytu, resacosamente lento asentía. De repente, su mirada cambió, pasando a ser de sorpresa.

-Creo que puedo tener una ligera idea de donde pueden estar, aseveró Papytu, alargando su mirada hacia el televisor.

El dueño del circo no daba crédito a lo que estaba viendo. Dos chimpancés estaban subidos a la estatua del morenico mientras arrancaban las pelucas de los porteadores del paso. Éstos, inútilmente intentaban alcanzarlos mientras que una alargada y elástica figura enfundada en un traje blanco y negro se estiraba de manera acrobática formando un círculo que rodeaba casi tres cuartas partes del paso.

Los municipales habían sacado las porras e intentaban golpear tanto a los monos como a Charles Elastic-Man. Los porteadores no podían aguantar más en equilibrio la figura del santo y el estupor era generalizado. Los mazeros intentaban agredir a limpio mazazo a los chimpancés sin éxito. Elvis y Priscila saltaban dando volteretas y lanzando todo lo que se ponía al alcance de sus peludas manos, alcanzando con puntería a los agentes. Era una batalla campal. También hacían uso de sus incipientes caninos en manos y brazos ajenos.

-Le ruego Sr. Papytu discreción y celeridad. No sabe usted lo peligrosos que pueden llegar a ser.
-Ya me estoy haciendo una idea- contestó Papytu, mientras daba por concluida la entrevista.

De fondo, el comentarista aseguraba que esto era un ataque premeditado de la extrema izquierda abertzale y que jamás había contemplado nada parecido. El Santo y su legendario manto yacían sobre los adoquines de la vieja Iruña, mientras dos chimpancés y un traje blanco y negro corrían calle abajo perdiéndose entre la marabunta.

(Continuará)

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Derechos de los silleteros

El otro día Toko Toko hacía un llamamiento a los silleteros que cada mañana acompañan a los gigantes y cabezudos en su deambular por las calles de la Pamplona vieja.

Esto me llevó a reflexionar sobre el particular, y al final llego a la conclusión de que no hay remedio, como tampoco lo hay para que en las reuniones de vecinos se consigan acuerdos en los que alguien ceda.

Porque es evidente que no se puede prohibir la presencia de personas con silletas de niños en el espacio público. Ahora bien, que no se pueda prohibir no sé si da derecho a los excesos que se cometen. Desgraciadamente vivimos en unos tiempos en los que mucha gente tiene totalmente asumida su nómina de derechos, pero elude cualquier tipo de obligación o responsabilidad. La mayoría de los que hemos acudido o acudimos con silletas a los gigantes tratamos de estorbar lo menos posible, pero es lamentable que cada mañana haya que aguantar las barrilas de esa pequeña parte de silleteros que consideran que estar en primera línea y mantenerse ahí en cada desplazamiento de la gigantada es su derecho inalienable principal del día. Cualquier comentario al respecto es interpretado como una afrenta, y la respuesta airada suele ir acompañada de empentones con la propia silleta o codazos al más puro estilo Estafeta 8:01 AM.

¿O estoy exagerando? Cuántas cosas se solucionarían si el respeto y la tolerancia estuvieran un poco más extendidos…


El dentista 3

Son más de treinta años de profesión y en mi vida había visto algo semejante. Y créanme que treinta años dan para mucho: encías putrefactas, raíces indómitas, operaciones maxilofaciales, infecciones jodidísimas y mil cosas más, pero nunca, nunca, me había topado con algo como aquello. De hecho, cuando Bryan abrió la boca un inesperado vértigo me hizo tambalearme. Aquello no era boca, era un derribo. Si exceptuamos las cuatro muelas traseras el resto de la boca no existía, o lo que es peor, existía pero a cachos. Un pedazo del colmillo derecho le asomaba ligeramente de la encía y otro trozo de un premolar se aferraba a su raíz con triste agonía; del resto de piezas no había noticia.

Miré la ficha. Llevaba viniendo a mi consulta desde crío. Yo mismo le había puesto la ortodoncia.

-A ver, Bryan, cuéntame qué te ha ocurrido, ¿cómo ha sido posible este desastre?

El jovenzuelo me miró. Y en la profundidad de sus ojos azules empezó a fraguarse una tormenta de lágrimas. Antes de echarse a llorar acertó a decirme:

-San Fermín… yo estaba muy borracho… en una plaza… había una fuente…


Vestidas de blanco y rojo

El mes pasado me estrené en este blog hablando de mi padre, un sanferminero de pro que nunca se perdió una y disfrutó todos los días de San Fermín de su vida como si fueran el único. Hoy hablaré de mi madre por aquello de que no se me ponga celosa y, de paso, para continuar en esta línea de fiesta y familia.

Mi madre no nació en Pamplona. Ella es vizcaina y aunque llegó a Pamplona cuando solo tenía cuatro años, en casa siempre la hemos considerado un poco “la de fuera”. En cambio, revisando sus fotos antiguas me llevé una sorpresa.

A todos nos ha dado alguna vez por curiosear sobre los orígenes de algunas tradiciones sanfermineras. Es lo bueno que tienen las hemerotecas y ahora, encima tenemos a San Google. Seguro que la mayoría hemos buscado alguna vez si cuando se tiró el primer txipinazo y de dónde. Cuándo pusieron el doble vallado del encierro y por qué. O cual es la razón por la que nos vestimos todos de blanco y rojo como si lleváramos uniforme.isar

Hay innumerables teorías. Destaca la de que la Peña La Veleta en los años 30 inició la costumbre de vestirse de blanco pero la más extendida posiblemente es que Miguel Javier Urmeneta, aquel famoso alcalde, se propueso popularizar el blanco allá por los años 60. Yo siempre he dado por buena esta teoría, sobre todo porque en las fotos más antiguas de mi padre, que siempre fue nuestra referencia en este tema de los sanfermines, aunque llevaba pañuelico, rara vez iba de blanco. Claro que él era de El Bronce y puede que eso tenga algo que ver.

El caso es que hace poco estaba mirando las fotos de mi abuela y me encontré una de sus tres hijas vestidas completamente de blanco el día 7 de julio. Creo que mi madre tiene en esta foto doce años, así que no eran aún los años sesenta (la fecha exacta no la voy a decir porque no me quiero arriesgar a sufrir sus represalias). Como es en blanco y negro no se ve bien, pero el cinturón que llevaban mi madre y mi tía era rojo.

Dándole vueltas he supuesto que todo esto tiene algo que ver con el hecho de que mis abuelos paternos, que además de vizcainos eran republicanos ellos, nada más llegar a Pamplona se hicieron socios de la peña La Saeta, heredera de la peña La Veleta y por eso decidieron vestir a sus hijas de blanco, para continuar con aquella tradición.

Son imágenes familiares que me hacen recordar de donde vengo. Me enlazan con el pasado vivo de nuestras fiestas. Y, además me hacen pensar que no importa donde hayamos nacidos porque, en San Fermín, afortunadamente, todos somos de Pamplona.