Archivo por meses: septiembre 2016


VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

MI QUERIDO SAN FERMIN

Raquel Riaño

Mis cinco días los quiero pasar junto a tí, no sé si habrá un mañana o éste será mi fin, pero son tantos años juntos los que llevamos, que quisiera volver a correr por tu pasillo estrecho rodeado de multitud y junto a locos, que como yo, se atreven a desafiar en estos días a un bravo toro, hasta el lugar donde dará su último aliento.
Mi querido San Fermín, que bien lo pasamos juntos cada año. Todo en estos días cambia; cambia el color, el blanco y el rojo se adueña de las calles, la gente se sienta y se reúne en los soportales, gente que desde hacía un año o más no se había vuelto a encontrar, se sienten felices, cantan y bailan, comparten sus hazañas, sus problemas, sus dichas, están alegres y felices porque un año más, como yo, estarán aquí, mi querido San Fermín.
 

GRACIAS

Saioa Rivero Usunariz

6 de Julio, ese gran día lleno de sentimientos y emociones para todos los Pamploneses, había llegado. Aquel San Fermín no iba a ser como todos los anteriores. Llena de miedos y de incertidumbres, entraba por la puerta del lugar en el que iba a vivir mis fiestas.
Ese 6 de Julio, empecé a formar parte de todas las personas que hacen posible que esos días sean días, todavía mejores si cabe.
12 del mediodía, las lágrimas de emoción corrían por mi cara entre tintos, zuritos y champán al escuchar el cohete. Entre abrazos, entre lágrimas de alegría, entre brindis de todos los que allí estaban. Esta vez, no me tocaba brindar a mí, fui la encargada de hacerlos posibles. Pero aún así, yo brindaba en mi interior.
Aquel día, y todos los siguientes, fui una pequeña parte de nuestras fiestas. Por eso, bomberos, policía, barrenderos, tenderos, sanitarios, naranjitos, hosteleros, villabeseros… Gracias y mil veces gracias por hacer de nuestras fiestas lo mejor del mundo entero. Ahora me tocaba a mí agradecer a todos los que en años anteriores habían hecho de mis fiestas, vivencias y experiencias inigualables y que hasta entonces no había sido consciente de ello. Viva San Fermín.
 

MUERTE DIGNA

Mati González López

Los dos se observaron. Ambos yacían en el suelo, jadeando y extenuados. Expectantes pero no asustados. Acordando implícitamente una corta pausa, descubrieron sus heridas. Las pequeñas fuentes de sangre parecían simétricas y auguraban una muerte rápida y digna para los dos. Con respeto y admiración, no se atrevieron a acercarse hasta que el aliento del último de ellos expiró. 


VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LUZ

Joaquín Lecumberri Napal

Los primeros besos temblorosos de dos adolescentes. Un bocadillo de lomo preparado con prisa. La abuela que abraza a su nieto de ocho años, inmóvil para que no se balancee la cabina de la noria. El corro de chicas que beben sangría en los Fueros. Los globos multicolores que arrastran al vendedor. Bob Esponja, un unicornio y Mickey Mouse. El perro que duerme tranquilo sobre la hierba de la Vuelta del Castillo. Aquellos cabellos de oro llegados desde las antípodas. Un padre que arropa a su hija, fatigada después de una tarde de barracas. El saxofonista de la charanga, que reposa fumando un pitillo apoyado en una pared de la Plaza de los Ajos; por delante le espera otra noche interminable. Los trabajadores del día siguiente, que desde el balcón envidian la libertad de la calle. El viajero que carga con su fardo de recuerdos. Aquel gato que sospecha desde una ventana. El frenesí de la Estación de Autobuses. Los que llegan, los que se van. Dos ancianos que vuelven a casa antes de que les pille la multitud. Todo teñido de blanco por un segundo. Es la explosión del primer fuego artificial.
 

QUIZÁS EL TEDIO

Amílcar Bernal Calderón

Adelante, en alas de papel de arroz y viento limpio, la ilusión de vivir lo desconocido estrena prisa: teme ser alcanzada por el cero total de los hastíos. Atrás, sobre pasos instintivos de sangre arisca y asombro sin libreto, media tonelada de nobleza que robaron al verde paisaje de otra vida parece perseguir un deseo que el morbo disfraza de peligro. En la mitad, unos ojos azules, dueños de una osadía comprada por el precio de un litro de whisky, la novela de Hemingway, un pasaje sin regreso desde Oslo, siete días en el hostal de los presagios, ebriedad y miedo, todo para matar una culposa cobardía. ¿Quién invitó a la muerte a este parpadeo de sol por callejones?
 

DESCONCIERTO TRANSITORIO

Juan Luis Blanco Aristondo

El nunca había tenido un cuerno en el pecho. Era muy raro. No tenia explicación, como otras muchas cosas. Era incomprensible que alguien hubiera decidido ponerle puertas a la calle Estafeta, o que el sol, tan lejano y rodeado de azul hacía unos minutos, languideciera ahora en un techo gris justo sobre su cabeza. Tampoco entendía a santo de qué aquella gente se había quitado el pañuelo rojo y corría el encierro en bata blanca, o por qué una capa de terciopelo negro lo había cubierto todo cuando volvió a abrir los ojos. Era todo muy raro. Y ya no hacía falta explicación. 


VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UN VIAJE Y UN SUEÑO

Lucia Alcazar Lara

El hombre salió de la consulta con el corazón encogido, pues el médico le había informado que le quedaba poco tiempo de vida. Volvió a casa y se desplomó en el sofá. Encendió la televisión para evitar deprimirse y ante sus ojos brilló una multitud que abarrotaba una plaza, esperando el chupinazo. El corazón le empezó a latir con fuerza de la emoción.
El hombre despertó sobresaltado con un hilo del sueño atado aún a sus pensamientos. Se vistió rápido y fue a la consulta del médico.
-Está usted perfectamente- le dijo el médico.
El hombre salió de la consulta con una decisión tomada, ya no tenía ninguna excusa para no hacerlo. Fue a su casa e hizo la maleta, sin olvidar meter unos pantalones blancos, una camisa blanca y un pañuelo rojo.
 

EL REGALO

Antonio Polo González

Las arritmias no es que sean antitaurinas, es que han acabado con mi carrera. Esa con la que había soñado tantas veces, una carrerita corta, sesenta metros, justo a la altura de la testuz, con la mirada al frente mientras el toro aparta corredores a su paso y yo los sorteo sin desviar la mirada del fondo del callejón.
“El colesterol alto es lo que tiene -dice Ignasi- que te engorda la vena y te pesa el culo”. Ignasi no solo tiene razón porque es cardiólogo, es que además tiene veinte años menos que yo y a él no le pesa nada -por ahora.
A eso de las seis y media ya estábamos en pie dispuestos para desayunar antes del encierro. “Unos churritos pediría yo ahora, fíjate Ignasi”. “Si, hombre y unos huevos con bacon, algo de chistorra y un carajillo para entrar en la Historia -contestó. Entonces me pasó un zumo y tomó el periódico y empezó a enrollarlo para la ofrenda al santo. Más tarde se oyó el chupinazo y tras una algarabía al final de Estafeta, en un claro vi que Ignasi, corría a la altura de la testuz del toro en un carrera limpia. Mi carrera, su regalo. 

LA ÚLTIMA CORRIDA

Santiago Navajas

Fue el 7 de julio del año 2036 «d. e. c.» (después de la era común), a las siete de la tarde, cuando la última corrida de toros del planeta tuvo lugar en Pamplona. La plaza estaba a reventar, con todas las localidades vendidas hacía meses. Pero, paradójicamente, no había ni un aficionado taurino entre el numeroso público. Ninguno de ellos, una minoría cada vez más exigua y perseguida, como los aficionados a la música de Schoenberg o al patinaje artístico sobre hielo en Nigeria, quiso presenciar la agonía de un espectáculo que había sido democráticamente condenado como «cruel y denigrante». Por el contrario, los animalistas y demás enemigos de la «Fiesta» se arracimaban a través de los tendidos, dispuestos a soportar la representación sangrienta que les horrorizaba para lograr certificar su cese definitivo. Un joven matador, apenas un novillero, se había ofrecido a torear aquella última corrida ya que las grandes figuras se habían negado a participar en aquel simulacro. Toro tras toro, sin embargo, fue callando desprecios y denuestos. Su capote fue genial; su muleta, sublime. Nunca un torero en San Fermín había cortado siete orejas y dos rabos en una tarde. Incluso, durante el cuarto toro, se escuchó un tímido «¡olé!» 


VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TENSA ESPERA

Juan Carlos Perez Lopez

Washington, 1954
Desvelado, escucha el impacto seco de la madera en el suelo; le ha avivado un manojo de nervios en las entrañas; levantado un remolino de emociones que le deja a pie de cama los recuerdos de cuando pasó su primera noche en Pamplona, una larga madrugada esperando las claras del día para correr su primer encierro de San Fermín. Entonces tampoco pudo conciliar el sueño. El eco de los martillazos de los operarios preparando las talanqueras a lo largo del recorrido del encierro se metió en su cabeza. Ahora todo suena igual. Incluso las sensaciones que lo azoran son idénticas a las vividas durante aquella tensa espera: el vacio quemando el estómago, la sequedad de boca, el aire que parece no llegar a los pulmones, el corazón acelerado, temblor de manos, un hormigueo en las piernas que impele a salir corriendo incluso cuando los toros siguen tan tranquilos en los corrales… miedo a morir que se convertirá en una carrera por la vida tras el estruendo del cohete que entintará el cielo con una bruma de pólvora quemada.
Una tensa espera; ayer como hoy, mientras construyen el patíbulo en el patio de la prisión. Anhela un cohete… una llamada de teléfono. Vida.
 

MÁGICOS ENCIERROS

Josep Manuel Segarra Belles

Mágicos encierros, cuentos de amor, evento de duendes, cuando los

toros aparecen de añoranza se muere.

Mágicos encierros, cuna de encantamientos, hermosas calles, catedral en el cielo

suspendida, para siempre encantadas! Garras del bosque, brujas y duendes, cantad,

cantad , yo digo llorando en bosques y riberas : adiós!

¿Dónde encontraré tus encierros de toros, tu cielo dorado? ¿Dónde encontraré

estas magias, bello valle? No veré esta hermosa catedral, ni esos encierros,

joyas de la corona que te puso Dios.

Mágicos encierros, divertidos y de reluciente color, os siento en lo

más profundo de un fuego ardiente, que me consume en llamas cada día sí no

puedo oler vuestro olor excelente.

Mágicos encierros , os quiero ver más! ¡Oh! si el foso donde yacen

encantamientos, yo la cama tuviera! Oh mágicas Fiestas, cuento de amor, el viento

que me destierra que me hace sufrir! estás encantado, mágicas Fiestas,

magia de San Fermín.
 

MICRORRELATO VERSIFICADO (A VECES)

Jose Javier Muerza Serra

Los relatos que preceden
las Fiestas de San Fermín
son un preludio perfecto
para las fiestas de aquí.

Si resulta complicado
destacar una vivencia
de tantas que se producen
a lo largo de los días,
y sus respectivas noches,
supone un reto arriesgado
condensar en dos centenas
de palabras
las horas en que transcurren
los millones de experiencias
que suceden frente a ti
del «cuete» al «pobre de mi».
Las charangas, los bailables,
los kilikis y gigantes
almuerzos, comidas, cenas,
ropas limpias, las verbenas,
dianas, gaiteros y chistus,
jotas, conciertos varios
las barracas, los teatros,
circo, noria, las piscinas,
vendedores ambulantes,
los encierros rutilantes,
espectáculos de calle
con o sin preparación,
el aliento de los toros,
las corridas bi-polares
de seriedad y populares
el calor, las noches locas,
la Procesión…
sorpresa en cada rincón;
las bandas de jazz…
las risas, el colorido,
el derroche, el despilfarro,
todo eso mucho más;
la amistad. la convivencia,
todo aquello que refuerza
lo propio, sin descuidar
lo que nos viene de fuera,
que quien quiera
pueda disfrutar sin más
respetando al compañero
hasta otro «Uno de Enero
dos de Febrero…»
y poder llegar al fin
de Fiestas de San Fermin.
 


VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

¡ALLÁ VOY!

Víctor Salgado Ferreiro

No he podido pegar ojo en toda la noche.
— ¡Descansa antes del encierro, chaval! La carrera será corta pero intensa —me aconsejó el socio más jaranero de mi peña, protagonista, a su vez, del Chupinazo de este año.
Aturdido por las charangas y el gentío, te sientes arropado y disimulas el miedo hasta que llega la noche. Entonces, con la oscuridad y el silencio, afloran las dudas: ¿estaré a la altura?
Me han preparado a conciencia. Repaso mentalmente el recorrido. Muy rápido el primer tramo por Santo Domingo, avistaré la calle Mercaderes al límite de mis fuerzas, sentiré arder mi pecho sobre la calle Estafeta que conduce al callejón del coso taurino… Si me mantengo firme y aguanto la presión hasta el final, cuando vislumbre la Plaza de Toros de Pamplona, estallaré de gozo en mil pedazos.
No hay marcha atrás. Tiemblo imaginando a los morlacos siguiendo mi estela. Tengo seca la garganta y el pañuelo más rojo que nunca, incandescente. ¡Allá voy!
Son mis primeros Sanfermines. También serán los últimos. Pese a ello, no cambio este momento por nada del mundo. Pocos cohetes hemos tenido el honor de ser elegidos para anunciar el comienzo del primer encierro de San Fermín.
 

SF

Carlos Velázquez Goya

Algunos todavía recuerdan que llegaron a correr sólo por verse en los periódicos. No eran pocos los que se emocionaban al reconocerse en una portada. Después, con la televisión retransmitiendo en directo, todo empezó a cambiar. Se hizo más grande. Podían verte en cualquier rincón del mundo, el mismo día, haciendo lo que cualquiera soñaba con intentar. Cualquiera que quisiera jugarse la vida, por supuesto. Cuentan que empezaron a llegar corredores de todas partes. Unos porque podían y los demás porque algo sentían, pero todos para recordar que un día estuvieron allí. Para probar su valor y para contarlo también, pero igual de cierto es que nadie corría de incógnito. Prohibieron entonces las carreras con una cámara encima. Demasiado peligroso, fue la única explicación. Así que cuando aparecieron las nanocámaras indetectables y la red fue capaz de digerir tanta información, muchos dijeron que la fiesta había llegado a su fin. Se llenará de inconscientes, anunciaron. Pero fue precisamente al revés. Porque sí, todo cambió con la realidad virtual compartida y la polémica autorización de los divodroides (aceptados mientras corrieran de blanco y rojo), pero nada como descubrir que eso que tantos buscaban era que les pillase el toro en la intimidad de su dormitorio. 

UNA LARGA ESPERA

Amaia Lizarraga Rivas

Tengo la boca seca y los músculos entumecidos. Abrir los ojos no ha sido tarea fácil. Otra vez esa sensación de haber estado en esa misma posición durante muchísimo tiempo. Un coma de 364 días. Poco a poco voy situándome y empiezo a recordar quién soy, por qué estoy aquí. Empieza ese placentero hormigueo por mi cuerpo. Oigo desde aquí un murmullo de alegría que proviene de la calle. 6 de julio, serán las once, cada vez el buen humor contagia más la emoción de lo que promete ser una buena fiesta. Yo sigo a lo mío haciendo cálculos, me falta realmente poco para volver a veros a todos. Puedo oler el blanco y rojo. Ha debido ser ya el chupinazo, me llegan las buenas vibraciones de ahí fuera. Me queda muy poco para volver a ver la luz. Para llorar de emoción, para vivir de vuestra ilusión. 7 de julio, ya está. Puedo intuir vuestros nervios al veros las caras, siento como estrujáis el periódico en vuestras manos. Desde aquí os vigilo, os protejo. Tras este aperitivo, llega mi momento. Diez de la mañana, envuelto por la Pamplonesa me pasean por las calles de la ciudad y veo vuestras caras de nuevo.