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X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

AROMAS SANFERMINEROS

Consuelo Liberal Gorriz

Aromas sanfermineros

Iba con mi padre a Pamplona a recoger a mi madre y mi hermanita recién nacida. Después de aparcar en las afueras porque mi padre no soportaba el centro, nos fuimos a dar una vuelta cerca de la plaza de toros; aparecieron grupos con bandas, delante pancartas moviéndose con palos gordos. Mi padre dijo que eran las peñas camino de la corrida. Había mucha gente y alguien perdió un billete que recogí rápidamente; con ese dinero, tan contento que me vi, fuimos al hospital y a continuación nos fuimos los cuatro a las barracas; aquello era impresionante, me quedé embobado mirando los autos de choque, el tren de la bruja y principalmente, la noria que era gigantesca; olía bien, vino, pollo asado, algodón de azúcar, churros, salchichas, brochetas…maravilloso.
Mis padres dijeron que podía subir donde quisiera y entonces elegí la noria; tuve mucho miedo, solo, con desconocidos que iban muy alegres… acabé bajando pálido pero contento.
En ese momento, mi hermanita empezó a llorar amargamente; tenía hambre y teníamos que marchar; camino del pueblo les pregunté a mis padres ¿vendremos el año que viene? Ellos sonrieron y contestaron el que viene, el siguiente, el siguiente…hasta que pude venir solo.
 

TAN CERCA, TAN LEJOS

Virginia Moriones López

La gente se va poniendo la ropa previamente preparada el día anterior, han quedado con sus cuadrillas para almorzar antes del chupinazo. Yo he dejado mi ropa sobre la cama, me dispongo a ponérmela, queda media hora para el cohete. Que no se me pase. Miro la ropa con orgullo, por un día no hay barreras, por un día no hay diferencias entre la gente. Todos somos iguales y a todos nos sobrepasa la alegría y el deseo de querer disfrutar. Esa es la actitud, pienso. Y en la muñeca el pañuelo rojo esperando ser anudado en cada cuello. Tradición o ritual es lo de menos, al menos por un día, estamos unidos, somos uno. Ya se acerca el momento, sudo, me tiembla el pulso al revivir todos los sanfermines del pasado. ¡Qué emoción! Chequeo los mensajes de WhatsApp, ¡mierda, no hay wifi! Corro al ordenador, no puede estar pasándome esto a mí, ¡sin conexión! No, no, no, ésta no era la idea, ¡yo tengo que verlo, soy de allí! Lloro de rabia, miro el reloj. Cinco minutos para las doce. Abro una botella de champagne. ¡Las doce! Ni 17.113 kilómetros conseguirán separarme de ti. ¡Viva San Fermín!
 

PRESAGIO

Mery Larrinua

Al fin había llegado el día. Me gustaba la multitud, ver caras nuevas, expresiones nuevas.
Todo un año esperado la celebración más importante de la zona.

Me senti nerviosa, extraña, pero decidí no hacer caso a estas señales y comencé a buscar a mis amigos, porque aunque estaban por todas partes, había un grupo de ellos especiales para mí, con mis mismos gustos y necesidades. Los vi, ya estaban comiendo las delicias típicas de la jornada, entre ellas y lo que más me apetecía, pedazos de txistorra (longanizas), ¡deliciosas! Así transcurrían las horas en espera del chupinazo.

Como tantas otras ocasiones, disfrute al máximo. Me sentía extremadamente cansada, -los años no pasan en vano- pensé. Busque una esquina, me refugie sola y silenciosa, cerré mis ojos.

El despertar fue atroz, los rayos de sol se asomaban y los encargados de la limpieza comenzaban sus labores. Me atropellaron, si, me pasaron por arriba como cual hormiguita desamparada. Los perdono, ninguno podía haberme visto, era tan pequeñita…ese fue mi presagio varias horas antes…mi últimas fiestas de San Fermín. -goce como siempre y como nunca, mis fiestas favoritas-

 


X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL CANASTO

Alberto Oroz Valencia

La idea fue el amigo Jotas
La tarde del día 9, nos tocaron entradas para la corrida de toros.
En la Jarana, nuestra Peña, se repartían las entradas por riguroso orden.
Teníamos muchos abonos, pero no suficientes para todos. Había que sortear.
Tuvimos suerte. Antonio Ordoñez, nuestro ídolo, lidiaría los Victorinos.
Diego Puerta y Paco Camino completaban la terna.
También quiso la suerte que nosotros lleváramos el gran cesto repleto de bocadillos.
Concluida la corrida, con el cesto casi vacío volvimos a la Peña.
Antes de guardarlo quisimos saludar a unos amigos de Dax que nos esperaban en el Evaristo. Ante la imposibilidad de entrar con una vasija tan voluminosa, lo dejamos en la calle, junto a la puerta de la Peña. Si había suerte algún socio lo subiría.
¡Sorpresa!. Cuando media hora más tarde salimos del bar, el cesto estaba en el mismo lugar, pero con una buena cantidad de monedas que los amables transeúntes fueron depositando para los mendigos de la Jarana.
J.J. rápidamente _dijo: Esta mina hay que explotarla.
Seguimos toda la tarde dejando el cesto en la puerta de los bares, y, al día siguiente nos sobró para invitar a los franceses y dejar una buena propina en el Otano.
 

CORRER EL ENCIERRO (AÑO 1955 ?)

Emilio Guibert Navaz

Ser de Pamplona de toda la vida (PTV) y no haber corrido nunca el encierro, sería un baldón.

Así, año tras año, intentándolo y sin conseguirlo. Por fín, llegó.

Siempre ocurría los mismo: hacia las 3 de la mañana, unas ganas enormes de irse a dormir, siempre con la intención de madrugar y correr el encierro.

De aquel día, no pasaría. Dos decididos de la cuadrilla resolvieron aguantar toda la noche en la calle, sin retirarse, hasta que amaneciera. Y allí estuvieron -en la estatua de los Fueros- horas interminables mirando el reloj, que apenas avanzaba.

Corrí yo en la calle Estafeta, iniciando el chupinazo en Mercaderes. Curva de la estafeta. Pasan corredores “a toda pastilla”. Giran los toros. Algo ha pasado: un grito desgarrador y al unísono de las mujeres desde los balcones, me hiela la sangre. Oigo los cencerros cada vez mas cerca, en un “increscendo” paralizante.¡Ya llegan! Miro para atrás. ¡Clón, clón…! Aprieto el paso. Se me cae un torazo -negro y enorme- a mis piés, al tropezarse en la acera, a donde me orillé corriendo, para que no me pillara.

Cuando todo había terminado, aprecié lo qué era tener “la boca seca como un estropajo”. 

LA CORRIDA DE LAS 6

Blanca Oteiza Corujo

Herido de muerte busco una sombra donde descansar bajo este sol de principios de julio. Entre mis brazos anhelo los tuyos que ya no tengo y los besos perdidos que se han ido.
En el ruedo, a estas horas sobre la arena, el toro se debate entre la vida y la muerte. Sentado sobre el césped de la Ciudadela arruino mi tarde en solitaria compañía que contrasta con el bullicio de la plaza.
Con el pañuelico aún en el cuello aparecen las primeras lágrimas del recuerdo. Las tardes en tu casa con el balcón a Mercaderes. Las contraventanas abiertas y en el coso la merienda. Sobre la cama dos cuerpos enlazados, jadeando el tendido pidiendo trofeo, se abre la puerta grande.
Pero los sueños acabaron y la lluvia de mis ojos me devuelve al presente en rojo y blanco.
 


X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UN SEPTUAGENARIO EN LAS PEÑAS

Francisco Fidel Eguaras Monreal

Mi ilusión por los Sanfermines es como encender, cada 6 de julio, una cerilla de una caja que contenga tantas unidades como años quiero vivir. Los fósforos sin arder esperan la suerte de correr al fuego en el siguiente chupinazo, al igual que mi incesante deseo de subsistir un año más.

Total, que, si pillo entrada entre las sobrantes de las peñas, ¡a los toros! Magras con tomate, pan de Arguiñáriz que empuja la flora intestinal, y bota negra con clarete de Cirauqui para quienes estén, a mi lado, en la andanada. Al final de la corrida, al ruedo por graderío y, con Oberena, en la puerta principal.

Si no consigo pase, ¡a mi bola por la Media Luna!, a ver gente del hampa, hasta unirme, después del último toro, en la arena, a los del Bronce, y brincar con guiris americanos que no saben mover las piernas, al son de la música callejera, ni beber de bota.

Así, hasta entrada la noche, en que me remojo al chorro de la fuente de Descalzos y…a dormir a casa hasta mañana, canturreando “lamá, lalilalá, lelimala, lalalemo”, en una especie de soliloquio inarticulado que sólo entiendo yo y Arrabal el de “Triciclo”.
 

TXISPUN

Maite Hernández Fernández

Bailo, me río, camino, los pies ya casi no me siguen, en mi cabeza retumban todas y cada una de las notas escuchadas , todo lo vivido
,!ya en mi cama!
Y mañana….lo seguiré viendo todo en blanco y rojo? … 

RESPETO

Eduardo José Viladés Fernández De Cuevas

Ya no es lo que era.
Cuando yo venía la gente se respetaba, se reía a la cara del sufrimiento y, a pesar de que la situación política era escalofriante y opresora, durante una semana la ciudad se convertía en su propio bufón.
Olvidaba la compostura y la reemplazaba por la algarabía y el regocijo.
Vine por primera vez en 1923.
Tenía solo 24 años y me acompañaba mi mujer, Hadley.
Miles de personas nos agolpábamos en la Plaza del Ayuntamiento.
Nos respetábamos.
Desde ahí, cantábamos y bailábamos el Riau Riau hasta la calle Mayor.
Nos respetábamos.
La última vez que acudí a Pamplona fue en 1959, cinco años después de ganar el Nobel.
A pesar de que la política no nos respetaba y mantenía a España sumida en la penumbra, el sanferminero sí que lo hacía. Era de ley.
Hoy veo lo que sucede desde mi tumba.
Mi tumba no está en el cielo, más bien en el infierno. Nunca fui un escritor al uso, nunca me dejé avasallar por la marabunta. Y, aún así, saco la cabeza de esa tumba infernal en la que vivo y quiero volver a meterla.
¡Iruña, despierta!
Exige ley, exige respeto, exige feminismo, exige igualdad.
 


X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SEDUCCION

Juany Villaplana Merino

SEDUCCIÓN

Salgo a la calle y comienzo a caminar, obedezco a mis piernas, me dejo llevar. Contemplo a la gente que camina a mi lado, los veo reír y bailar.
Escucho a alguien cantar y freno mis pasos para poderme deleitar. Es el clamor de una jota, es el estandarte de este lugar.
Continúo mi marcha estoy serena, disfruto de este momento que no quiero olvidar.
Camino por las viejas calles de Pamplona, calles por las que el tiempo parece no pasar. Calles empedradas que vieron toros y personas corriendo en el mismo tiempo y el mismo lugar. Calles que escucharon el miedo y respeto entre persona y animal.
Una melodía estimula mi oído y me hace virar. Es el sonido de txistularis y gaiteros fusionados con el bullicio de niños y niñas, todos juntos escoltan a gigantes, kilikis, zaldikos y cabezudos en una tradición que parece no acabará jamás. De nuevo soy niña, quiero bailar.
La gente que bailaba me sobrepasa y yo misma comienzo a danzar. Bailo, rio, canto, grabo en mi mente estos instantes que quiero recordar. Algún día alguien me preguntará ¿Qué pasa en San Fermín? Y yo con nostalgia podré de nuevo rememorar estas fiestas que me hicieron soñar.
 

LA PROMESA

Miguel Uriz Tirapu

Aún me pasa. Me quedo embobado mirando por la ventana de mi pequeño apartamento en Madrid. Y siempre que me pasa esto es porque recuerdo aquellos magníficos días.Los recuerdo perfectamente, de forma muy nítida. Y sobre todo la recuerdo a ella.
El sonido de la música festiva se reproduce en mi cabeza, y el recuerdo de sus abrazos sinceros forman un escalofrío incontrolable. El alcohol nos hizo sonreír durante nueve días seguidos, nos hizo sentir que aquello era sincero. Yo jamás ame tanto a una mujer como en aquellos días, y Pamplona fue testigo y cómplice de ello.
Nos despedimos en la Vuelta del Castillo, y prometimos no olvidarnos jamás de estos días. Yo cumplo mi promesa cada vez que miro por esta ventana.
 

ORIGEN

Ander Elcano Sanchez

Año 1931, Pamplona.

El sonido de los joteros sonaba de fondo. El fuerte cierzo de aquella tarde traía las notas desde la puerta del teatro Gayarre, donde se amontonaban unos cuantos mozos con boinas rojas.

El resto de la gente seguía en sus quehaceres diarios, gente trabajadora y humilde, que trabajaba de sol a sol y que, aun así, nunca decían que no a un buen partido de pelota o a una agradable melodía del txistu.

Sin embargo los atuendos grises hacían las delicias de los mozos. Muchos se acercaban a las chicas, coqueteaban ellas con ellos y ellos con ellas. Algunos, sin embargo, se sobrepasaban. Arrimaban lo que no debían al dar un abrazo o besaban mas los labios que las mejillas sonrosadas.

Ellas reían, pícaras e inocentes. Hasta que una moza, obrera, humilde y harta, estalló.

– Voy a vestir de blanco y rojo.

– ¿De blanco para parecer pura?

– No, para que no se acerquen manos sucias.

– ¿Y el rojo? ¿para llamar la atención?

– Si, la vuestra. 


X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL SUEÑO

Jaime Martín Martínez

Era la persona más feliz del mundo. No me lo podía creer. Porquë yo..????. Si soy una persona » normal «…De Pamplona de toda la vida…Como tropecientosmil . Pero bueno…,si me han elegido a mi…. algún mérito tendré…no será por ser un poco borde…gris… tirando a oscuro…gruñón… y hasta cascarrabias.. jajaja. Joé.. que lenta va ésta Villavesa. La gente ya se ha enterado… cómo me miran….

Qué ilusión.. La de veces que me imaginaba ahí arriba….con ésta Plaza abarrotada.

Buenos días…

Buenos.

Qué desea ???

Vengo por lo del Txupinazo..

¿ ?

Si, qué soy el que va a tirarlo el día 6…

Será el del 2019…porque ésta año ya está elegido.

Yo …

No usted…no.

Vaya.. pues ha debido ser un sueño…

Ha sido un buen sueño…no se ha cumplido…pero me alegro de haberlo tenido.

 

EL RECORRIDO

Maria Senosiain Carasusan

Tercer día de encierro. Siete de la mañana. Blancos inpolutos los de ida, colores del mundo los de vuelta.

La villavesa se acerca con los ecos del bullicio de la noche . Collares de todo tipo y batas tintadas de rojo. Matasuegras, globos, periquitos de plástico y pulseras fosforito. La fila de pamploneses de reluciente blanco comienza a subir. Uno de los chicos con gorro rojo ayuda al padre a plegar la silleta mientras la moza incansable saca a bailar a la abuela. La cuadrilla arranca su décimo cántico cuando un joven con marcado acento inglés pregunta al chófer por la calle kalea. Las niñas asidas a su padre observan entusiasmadas el espectáculo variopinto que se despide en cada parada.

Huele a vino, a colonia y a magras con tomate. Huele a la niña recién peinada, a la moza que ha bailado sin tregua hasta el amanecer y a la señora que lleva sus mejores galas rojiblancas para ver al santo .Huele a este chofer paciente y al inglés que difícilmente hoy volverá a casa.

Huele a nosotros, a tí y a mí y a esta fiesta que llevamos prendida al alma.

Última parada, Labrit. Al fondo, la plaza.
Huele a San Fermín. 

UNA JOTA

Amaya Indave Navarlaz

Hoy es siete de julio y me perderé el encierro. Es la primera vez, después de tantas mañanas viendo pasar los toros apiñado con mis hermanos en aquel balcón de Santo Domingo. O años más tarde sobre los adoquines, envalentonado por la juventud y el tinto de las tascas de la Estafeta. O, ya casado, siguiendo la carrera en la televisión desde uno de los nuevos barrios por los que la vieja Iruñea se desperezaba y se hacía mayor de edad. O hace tan poco, sentado con los nieticos en la andanada de la plaza.
Por eso me he lanzado a cantar una jota. Con la rabia en la garganta y la amargura de un lobo herido. Y parece ser que, al escucharme, el jefe ha llorado, o eso es lo que me han dicho. Que se ha enjuagado unas lágrimas antes de empezar los preparativos de la jornada.
Y eso me ha entristecido aún más. Este hombre no puede pensar hoy en lamentos ajenos. Así que, aunque está bastante ocupado tocando con los ángeles músicos, tendré que pedirle a Turrillas que componga inmediatamente alguna melodía alegre. Algún pasacalles, un zortziko, un himno… A ver si logramos que San Fermín, esta vez sí, sonría.