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XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LOS CUERNOS

Enrique Girona García

Al otro lado de las vallas se aglomeraban los montones, ansiosos y vigilantes, esperando ver pasar los primeros cabestros. No transcurrió mucho tiempo hasta que comenzaron a sonar los cencerros mezclados con el ruido de docenas de catxis pateados. Seguidamente aparecieron los mozos, que atravesaron la calle como chupinazos. Entre la jocosa multitud sobresalía la figura de Juan José, corpulento como una chistorra, a quien se le veía bastante distraído a pesar de su carácter festivo. Él no participaba en el encierro porque decía que era demasiado manso para correr delante de toros bravos y, sin embargo, aquel día sentía como si dos astas de morlaco le punzaran de una manera traicioneramente familiar en los lumbares. Se dio la vuelta cautelosamente para salir de dudas. Detrás de él sólo estaba su mujer. 

BARRERATIK

Jon Telletxea Coscolin

Aldi hura berezia izan zen.

Hamaika gauza bizitu ditugu urtero dendan, baina orduko hura iltzatua gelditu zait gogoan. Lanean eman izan ditugu beti sanferminak; kamisetak eta oroigarriak saltzen genituen Curia kaleko dendan, eta aholkuak ere eskaintzen maiz, bisitari galduari.

Arratsalde hartan, halako batean bikote bat sartu zen gurean. Mutila oso handia zen. Neskak zauria zuen zango batean, eta laguntza eskatu ziguten. Zauria sendatzeko beharraz gain, galtzerdi pare berria eta oinetakoak ere behar zituen, festaren zalapartan hondatu omen zituenak.

Sartu ahala, bi pertsona haien azal-koloreak harritu ninduen, ez zen gurean ohikoa. Begira gelditu nintzaien. Errugbiko jokalariak etorri zitzaizkidan gogora gizonkote hari begiratuta. Zeelanda Berrikoa behar zuen hark…

Zerbitzua eskainita, ausartu nintzen errugbian aritzen ote zen galdetzen, nondik ez! Hark irribarre zelati batekin eman zidan baiezkoa. Segundo batzuez pentsakor gelditu nintzen; mutil hura All Blacks taldeko jokalaria zen! Hura poza! Gure dendan jokalari mitikoetako bat zuriz jantzia!

Jendez bete zen denda bat-batean. Eskaera nahitaezkoa gertatu zitzaigun konturatu ginenoi. Kaleko peñen musika zeharo estaliz hantxe oparitu zigun haka maori zirraragarri bat dendan. Hura emozioa! Hura dardara utzi ziguna! Munduko berri bertatik bertara!

Zorionez, gure talaia txiki hartan gauza eder askoren lekuko izan gara, jaia halabeharrez barreratik ikusi baitugu. Festa bizitzeko ez dagoelako modu bat eta bakarra. 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SU COMPAÑIA ME DA VIDA

Jorge Delmonte Vergara

El sol entraba por la ventana. Vestida para pasear oteaba los picos cubiertos de nieve. Antes que él, tenia uno, solo conversaba de coches, que agobio.
Sin embargo en el gimnasio cuando me hablaron de Akin, pensé, como será.
Lo conocí, pude sentir el olor a limpio, la voz amable, profunda, sus pasos pesados y seguros.
Ayer se acercó para saludarme con sus manos suaves y fuertes, perdí el equilibrio, me fui al suelo, estúpidas piernas.
Sus enormes brazos me recogieron con firmeza y suavidad, un lento movimiento me recompuso nuevamente en mi sitio.
Cuando no estamos en la calle, me habla de su país, los animales corriendo libres por la pradera, un cielo azul.
A veces me hecho un sueñecito escuchándole.Mañana es su cumpleaños, le compré un colgante de esos que tanto le gustan.
Ellas me dijeron, es negro no te importa, que va, el futuro es negro, y ademas gay.
Le habéis preguntado si llegó en patera, que estupidez es esa, pero si es verdad, la ultima vez le pregunté como desembarco en España.
Eso importa me dijo, ayer se marcho sin llevarse el colgante.
Hoy ya es la hora, espero ansiosa que suene el timbre, le pediré que me lleve a los Sanfermines. 

LA RABIA

Ariadna Garcia Molero

Hace calor y un enjambre de moscas verde brillante revolotea sobre mi cabeza. Reposa ante la cornisa de la ventana, mi madre ya sosegada, tras varios días acongojada por el murmullo festivo que aclaman las calles. Aparece por la puerta el abrevador nuestro, Miguel, un ser engarbado que nos refresca por las mañanas con un automatismo casi misterioso. ¡Ay Campanero!, ¡Hoy es tu día! -Tararea con cariño la misma melodía de siempre.

Con legañas melosas en los ojos despierto a trompicón. Suenan voces humanas femeninas cantando Jotas más allá de la plaza exterior. El amigo de mi padre me choca esos cuernos con vehemencia para animarme. El encierro ha comenzado y nos hacen salir de los toriles todos juntos por una calle estrecha llena de seres de blanco que revolotean ansiosos y otros nos observan como aves desde los balcones.

Corro feliz siguiendo a mis amigos en este día de sol. Tropiezo varias veces con los corredores que nos bloquean el paso. Parecen nerviosos, gritan y se suben por la paredes como arañas. Son muy divertidos y extraños estos humanos, ojalá vinieran más a menudo. Aunque no son como el Señor Miguel que nos quiere mucho, quizá tienen la rabia, como su perro Fermín.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SAN FERMÍN DEBAJO DE UN CIPRÉS

Deborah Moisés Rayo

Solo se escuchaba la brisa veraniega de aquel 7 de julio. Con mi pañuelo anudado al cuello, mi pantalón roto y descuidado y mis labios rojos, decidí salir a dar un paseo. El canturreo de algunas aves distraían las notas asonantes que salían de mis labios: <>

Por fin llegué a mi destino, aquel ciprés.

Estaba temblando y no podía articular palabra alguna, pensé que podía ser el alcohol, pero en realidad era imposible, llevaba años sin probarlo, años sin tomar nada. Me eché a llorar, ahí estaba ella como cada 7 de julio, tan bonita, con el pelo ondulado y los labios pintados de rojo; que tradición más bella teníamos. Recuerdo con cinco años el susto que me dio Caravinagre, como lloraba, desde ese día no quise despegarme de tu falda, hasta que cumplí los diez y me creí demasiado mayor para necesitarte; qué error. ¿Y qué me dices de aquellas comidas familiares que preparaba la abuela con las servilletas rojas en forma de triángulo?

Si pudiera volver atrás, si no hubiera pensado que esos días solo significaban alcohol, fiesta y descontrol, estaría todavía agarrada a tu falda cantando nuestra canción, <

BIGOTE

Raúl Clavero Blázquez

Hasta 1974 era ilegal que las mujeres participásemos en los encierros de San Fermín. Yo, sin embargo, unos años antes ya corrí varias veces disfrazada de hombre. Fue así como conocí a Manuel, mi marido. Le ayudé a levantarse en la curva de Mercaderes y él, en agradecimiento, me invitó a pasar el día con su cuadrilla. Yo estaba afónica por los excesos de la noche anterior, de modo que mi voz, normalmente demasiado fina, no les hizo sospechar nada. Con ellos bailé, bebí y comí durante horas hasta que, bien entrada la madrugada, decidí marcharme. Manuel me acompañó hasta mi casa y un par de calles antes de llegar me besó.
-Lo… lo siento – dijo, apartándose de un salto -. No sé por qué lo he hecho.
Entonces me arranqué mi bigote postizo. Jamás podré olvidar la expresión de su rostro, a medio camino entre la sorpresa, el alivio, y la carcajada en la que ambos explotamos a continuación.

Ahora son nuestras nietas quienes corren los encierros, y lo hacen siempre con alguna barba de pega, en homenaje a mí y a todas las mujeres, para recordar de dónde venimos, para recordar dónde estamos y todo lo que falta por hacer.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL ENCIERRO

Alejandro Guillán Riveiro

Concentración, calma…, ahora.

Santo Domingo, a escasos metros de la salida de las reses. Se reconocieron al momento, respiraron de forma sincrónica. Dio unos pasos atrás, con los brazos ligeramente abiertos, casi empujando a quienes tenía detrás.

Comenzó a correr. Calculaba que, tras llegar al Ayuntamiento, tendría algo de ventaja, pero no fue así. En Mercaderes, las pisadas retumbaban cada vez más cerca. Miró por encima del hombro.

— ¡Mierda!

Todos se apartaban al ver cómo se acercaba, aunque la multitud casi hizo que tropezara. Sin embargo, en el último momento, al más puro estilo de recortador, evitó caerse. Aun así, Estafeta se estaba haciendo muy dura.

Estaba ya congestionado a la altura de Telefónica y había menos distancia entre ambos. La sombra no detenía ni su ritmo ni su velocidad, al contrario. Las fuerzas le abandonaban.

Y pasó. Antes de la entrada en el Callejón, un golpe lo desequilibró y cayo de bruces, retorciéndose de dolor. Cómo a cámara lenta, el móvil describió un arco hasta caer sobre el suelo empedrado.

Era el final.

Iker, policía foral, le colocaba los grilletes, con la respiración entrecortada por el esfuerzo de la persecución.

— Queda detenido por el robó de un teléfono móvil.
 

CON NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA

Alba Gravalos Gravalos

Se lo veníamos advirtiendo. Este año el chupete se lo damos a Josemiguelerico.
“No mamá, él ya tiene muchos” me dice señalando una mano grande y florida de todos ellos.
Pero si Caravinagre se lo lleva en mitad de la noche, la cosa cambia. “No cabe por la puerta” piensa el pequeño de 3 años incrédulo. Y en el fondo tiene razón. El respeto que le tiene, no cabe por su puerta.
Es 10 de Julio. Sigámosle entonces por las Calles Mayor, Eslava, Javier… parada técnica en Santa María La Real. Entre atropellos de silletas, y paciencias ilimitadas, la tía de Hugo me guiña el ojo y se mezcla entre la mini marea roja y blanca.
Y aparece con LA IMAGEN. Caravinagre, o más bien su alma, ha accedido a hacerse una foto con el chupete de Hugo. ¡Hazaña épica!
Orgullosa se la enseña a su sobrino, que pávido y ofuscado, asiente. Es Caravinagre y tiene su chupete. Y yo, su madre, congelo su expresión en mi mente, entre la culpabilidad y la inocencia.
Casualidad, dos agentes vigilan la zona. Los intercepta y les grita. “¡Caravinagre me ha robado el chupete!”. Con media sonrisa, uno de ellos exclama: “¡Al pobre, siempre le cae todo!”

 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL ALMUERZO

Jon Lizarraga Diaz

En sus últimos sanfermines, el hombre viejo salió de casa con una mesa plegable y varias sillas. Sobre la mesa unas magras con tomate y una botella de tinto.
Llegó luego el hombre que tras la muerte de su mujer entendió que debió haberse jubilado años atrás. Bien vestido y con un plato de pimientos rellenos,
Pensando más en dar rienda suelta a lo que durante el año habían reprimido que en cocinar, el matrimonio cuyos hijos estaban en la universidad, se presentó con una cazuela de txistorra.
La madre llegó con el bebé dormido en sus brazos. Estando el marido en un viaje de negocios, apenas tuvo tiempo de comprar una lata de espárragos.
Los jóvenes, disfrutando del primer verano tras su graduación, llegaron con varios bocadillos de lomo, y demasiadas botellas de kalimotxo.
Los niños se pararon junto a la mesa el tiempo suficiente para recibir unas piruletas de fresa que el viejo les había comprado.
Mientras todos hablaban, comían, bebían y reían, el viejo miró al bebé que comenzaba a despertar. Miró a su alrededor y abrumado por los colores, los sonidos y los olores comenzó a llorar. Resonó entonces en las calles de Pamplona el sonido de un cohete.
 

LA SORPRESA

Juan Cruz Lara Jimenez

Me estaba costando llegar a Pamplona, que era ciudad de tránsito hacia Santiago de Compostela. El camino presentaba alguna dificultad porque había veces en las que me perdía en el frondoso bosque y tenía que regresar sobre mis pasos para encontrar el sendero correcto. Mi siguiente parada fue Zubiri, donde descansé en el establecimiento que tenía reservado. Al día siguiente, hacia el mediodía, llegué a la ciudad, donde todo el cansancio acumulado; todos los pensamientos de días anteriores y todas mis espectativas se convirtieron en sorpresa al encontrar una ciudad en pleno jolgorio de fiesta. «La gran fiesta», como se la conocía en todo el mundo. Tuve un inconveniente, que no había previsto, para llegar a mi siguiente parada, pues con la mochila a la espalda se me hacía bastante difícil caminar entre la riada de gente en que se habían convertido las calles. No pensé ni por un momento que mi llegada coincidiría con las fiestas de San Fermín. Ya tenía plan para terminar el día, antes de partir a la mañana siguiente: me mezclaría con la gente y viviría uno de los mejores días de mi vida. El camino hasta llegar a mi destino, lo hice luciendo un pañuelico rojo al cuello.