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XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

HUSOS HORARIOS

Iago Trias De Bes Soler Lluró

A mis 17 años tenía la cabeza en tres lugares: mientras desayunaba en Australia, mi madre se acostaba en Barcelona (-9h) y para Blanca, mi novia de entonces, todavía era un día menos en Seattle (-18h).

Solo había una hora al día en la que convergían nuestras agendas. Evidentemente a esa hora los tres estábamos en momentos, humores y ánimos muy diversos. Qué cómodo sería encontrar un “lugar horario” en el que todo el mundo pudiera hacer y sentir algo a la vez.

Recientemente, “gracias” al Covid-19, sucedió. Pero nada tenía que ver con cómo lo había imaginado yo: para mí era algo alegre y no esta pesadilla.

Sin embargo, si tanto lo pienso es porque, en realidad, ya existe: sucede en Pamplona durante 9 días al año. Desayunas churros a las dos de la tarde, en la mesa de al lado comen un bacalao ajoarriero, rodeados de jóvenes bailando que todavía no se han acostado. En la calle, familias disfrutando de su paseo vespertino y una banda montando una jarana digna de la madrugada del Carnaval de Bahía. Todo en una baldosa. No existe “la hora de…”, cualquiera es “la hora de…”. Por una vez compartimos, en un mismo momento, nuestras distintas realidades.
 

EL CHUPINAZO

Fernando Barba Hermosillo

Este año, antes del chupinazo no solo se vitoreó a San Fermín; también al san Itario. 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EN EL MISMO LUGAR, DENTRO DE UN AÑO.

Ainhoa Arnaiz Tomé

“Se suspenden las fiestas de San Fermín 2020 por la pandemia”. Lo habían anunciado en todos los medios.
Cerró los ojos y respiró profundamente. Meses después creía seguir sintiendo el olor de su pelo y de sus besos.
Habían quedado a las 20 horas del 6 de julio de 2020, en el mismo sitio donde se conocieron un año antes; mirando los vallados del encierro ella, mirándole a ella él.
No le dejó ningún contacto, y eso, al principio, hasta le hizo gracia. Se despidieron la mañana del día 7 con la promesa de volver a verse.
Pasaron los días y dejo de hacerle gracia el no poder cruzar algún mensaje y saber más de ella. Le había calado hondo. Pero quién sabe si se acordaba de él y dónde estaría ahora.
Por supuesto, él iba a acudir a la cita, quería verla. Además, vivía en Pamplona mismo. Y ella, ¿De dónde era? ¿Querría venir? ¿Podría venir?
Pasado el 6 de julio de 2020 una gran pintada en la curva de la estafeta dice así: “Nos vemos en el mismo lugar, dentro de un año”. 

UR ETA XABOI FESTAK

Amaia Aldanondo Perkaz

– Neskak, mutilak! Gaur ekainak 6, eskaileraren azkena!
– Zeinen azkar pasatu den denbora! Aizue, aurten hiria lasaiegi egon da, ezta?
– Arrazoi duzu, zer pasa zaie gizakiei?

Arranopola! Hala iruditu zait niri ere! Nire ondoko galtzada-harriek esan dutena zur eta lur utzi naute. Zer gertatu ote da? Hotzak pasa zirenetik dena oso lasai egon da, ia ez zegoen jenderik kalean ezta banatzaileen kamiorik ere. Urte arraroa izan da!

Nire bizitza oso dibertigarria da hemen Estafeta eta Mercaderesen izkinan, beste leku batzuk oso aspergarriak direla entzun dut inoiz. Gurean egun osoan jende ugari pasatzen da, helduak, gazteak eta txikiak, kalean gora eta behera. Ikaragarri gustatzen zait Beatriz gozotegiko kaxekin dabiltzanean eta kale osoari garrotikoen usaina darionean.

Sanferminetan aldiz, kalimotxo eta garagardoaren usaina zaborrarekin nahasten da, izugarri zikintzen gaituzte! Eskerrak garbiketako lagunak dauden, beti gu desinfektatzeko prest! A ze ur eta xaboi festak!
Jendea txarangen atzetik builaka doanean biziki gustatzen zait; horrelakoetan etengabe zapaltzen gaituzte, merezi duen arren; gu ere musikaren erritmoan dantzatzen gara eta!
Entzierroak ere zoragarriak dira! Batzuetan zezenekin beldurra pasatzen dut, gainean erortzen zaizkigu! Hauek ez erortzeko produktua jartzen dute, horrela denok lasaiago! Laster izango da hori! Zein ederrak diren Sanferminak! 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

VOLVERÁ

Maria Elena Goñi Anzano

Ha llegado el seis de julio.
Los pañuelicos rojos se han cambiado por mascarillas blancas.
Todo lo que podemos ver son los ojos que expresan excitación a pesar de estar suspendidas las fiestas.
Es increíble lo que unos ojos pueden decir.
Yo he decidido confeccionarme una mascarilla roja y blanca para salir por las calles de Pamplona a rendir tributo a San Fermín.
Las fiestas, las ganas, la cultura y el folklore se llevan en el interior.
Hoy resurgirán los deseos, la emoción de otra manera, de una forma agridulce, donde el señor Juan que murió en esa residencia seguirá vivo en mi corazón. Una nube gris en las fiestas coloradas, Un año que no olvidaremos.
Bajo los claveles que llevaré al santo vendrá su nombre escrito como recuerdo de nuestros mayores que han perdido la vida en esta batalla.
Han perdido esa vida de Pamplona con sus jardines, su alegría y cantos.
Sin duda todo volverá a nosotros en breve.
Ya falta menos, aunque contemos más días, más tristezas, pero también más esperanzas.
Ya falta menos para El Glorioso San Fermín. 

COMPAÑERO DE BATALLA

Paola Ruiz

A los dos días de haber ingresado me trajeron compañía a la habitación. Fermín me dijiste que te llamabas. Te quedaba un año para jubilarte. Estabas deseando poder pasar todo el día en la montaña. Supe que vivías en el casco antiguo, que tenías un Border Collie y que este sería tu último año como corredor del encierro.
Te pusieron en la ventana. “Buena zona te ha tocado para el cotilleo”, te dije. Intentaste seguirme la broma, pero a los segundos comenzaste a toser. El bicho nos había robado hasta las ganas de hablar. Nos había dejado desarmados. Perdimos el olfato, la comida estaba insípida y cualquier roce nos molestaba. “Estamos muy jodidos”, me acuerdo que me decías cada vez que nos tomaban la temperatura.
La estancia en el hospital me consumió veinte días de vida, de energía y de kilos de más. No te lo creerás, pero he regresado a mis tallas juveniles. Yo, quien comía por los dos.
Hoy a las 11:58 hemos salido a la ventana. A pleno sol en julio. Los balcones llevan vestidos de blanco y rojo desde. Cuando el cohete del vecino del 4ºB ha explotado yo he pedido por ti, Fermín. Y por todos los Fermines.
 


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MUERTE EN LA TARDE

Eladio Albeiro Bedoya Balvin

Ajustó la corbata frente al espejo, bruñó el bigote siempre abundante sobre los labios cuarteados y echó un último vistazo al trago de brandy barato antes de sentarse frente a la mesa.

Sí, le compondría una carta a Francis.

Tal vez comenzaría en ese junio de 1923, de pie, fundido en los ojos de Pauline. Supo que jamás volvería a amar a su esposa Hadley. O iniciaría platicándole sobre su buena vida; las aventuras que tuvo en lugares insospechados. Quizás le mencionaría para presumir, que ganó el Nobel.

Pero de repente, fue asaltado por un torrente de amargura y una lágrima fría y huraña cayó sobre el papel vacío, y se percató de haberle dicho a Fitzgerald ya todo lo que debía en su misiva anterior: “El paraíso ha de ser una plaza de toros y un río con truchas”. Lo supo esa vez en Pamplona y lo sabía ahora.

No existía más por hacer: había cancelado la reserva en la 217 de La Perla. Y sabía que aunque escribiera la carta, Francis no la recibiría.

—Pobre de mí… —dijo entonces Ernest Hemingway acercándose a la pistola —tendría que morir con una espada, como los toros.

Idaho, 2 de julio de 1961.
 

LÁGRIMAS

Josemi Albizu Gabari

Cuando supe que aquel año no tendríamos Sanfermines, me derrumbé. Quizá fueran los últimos en los que mi padre guardara cierta lucidez. Apenas me reconocía ya. Y me propuse provocarle una chispa en su memoria, abrir una ventana, que me permitiera tenerle una vez más.
El 6 de Julio, no sé si a las doce, mi padre y yo, nos sentamos frente a la televisión de la Residencia. En la Plaza Consistorial los mozos se movían en una marea de blanco y rojo, como un solo ser, rezando un salmo nacido de una sola garganta.
Mi padre observaba más serio que nunca. Y me miró también a mí como si me viera por primera vez. Aquello me apuñalaba. Tomé su mano como tantas veces en aquellos meses, como si le sostuviera el alma. Y justo cuando el alcalde ya depuesto gritó a los pamploneses, sentí su mano muy fuerte y quise que aquella sensación no terminara. Saltó en la pantalla el chupinazo de un año atrás y en aquella sala vacía de la Misericordia, explotó más fuerte que nunca. Sólo entonces me atreví a mirarle. En sus mejillas se perdían ya dos lágrimas en las que probablemente escapaban todos los recuerdos que le quedaban. 


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CON TIEMPO EN LAS ENTRAÑAS

María ángeles ´ Rubio Gil

La noche anterior a entregar el libro sobre la vega del Arga, tuve un sueño muy vivido. Era una estampa de otra época: un joven de pelo rizado corría el encierro, y después aparecía en una orla, quizás militar, porque llevaban zamarras. En mi corazón sentí un grito: “me lo han matado”.
Tras enviar aquel trabajo y de celebración, una desconocida me inquirió en calle Zapatería: “no creas que has terminado, alguien que viene contigo, una bella antepasada, quiere que la incluyas”. Al día siguiente, comencé una segunda parte: “Son los encierros reminiscencias de la conducción de reses desde las dehesas a los corrales medievales. Al amanecer, los mozos los corrían para no poner en peligro a mayores o a la infancia del antiguo Reino de Pamplona”.
Abuelos, niños, tierra, folklore…Vi entonces la historia completa, una antigua foto de tía Arima sola…La que tuvo que partir a Barcelona tras romper con el abuelo, que luego casó con su hermana pequeña. Contaba que vivía frente a la cárcel modelo, para cuidar a su novio miliciano tras la guerra. Pero nunca existió esa pareja; porque volví a la foto, a ver la tristeza en su mirada, y en la saya abultada, encontré la respuesta.
 

A FLOR DE GAITA

Ruben Vitas Ruiz

Llega el día, me pongo la americana, la corbata y por supuesto no me olvido de los nervios. Lo veo, Pamplona se viste de blanco otra vez, llenando la ciudad de vida y de emoción un año más. 6 de Julio, 10:30, la hora va llegando. Mis compañeros y yo detrás de la puerta viendo la plaza llenarse más cada vez, tintada de rojo y blanco. 11:30, nervios y emoción, ya no se que pensar. Puedo ver el brillo de todos en los ojos, tenemos ganas de salir, es como si fuéramos a comernos el mundo. De repente silencio, siento como mi corazón se acelera, por poco saliendo de mi pecho. Toda la plaza de color rojo alzando los pañuelos queriendo tocar el cielo. «Pamplonesas, Pamploneses, viva San Fermín. Iruindarrak, gora San Fermín». El cohete llega al cielo dando comienzo a lo que todos esperábamos desde hace un año, era nuestra señal. Pasillo enorme abriéndonos paso en la plaza. Gaitas y tambores sonando en cada esquina. Miedos, dudas, adrenalina, emoción, felicidad, mezcla de sentimientos inolvidables, y tú, ¿ Qué sientes?