Archivo por meses: Feb PM


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA NEVADA DE CADA SEIS DE JULIO

Juan Manuel Velasco Centelles

Yo no soy de Pamplona. Ellos tampoco. Ni siquiera he estado en Navarra durante mis cuarenta años de travesía vital. Ellos tampoco. Hay pecados para los que no existe absolución. Pero sí penitencia. En ella estamos. Libremente autoimpuesta.
Somos cuatro. Nos une una de esas amistades irremediables. Los cuatro con idéntico pecado. Viajamos por primera hacia el sonido más enervante de toda la cristiandad: el Chupinazo.
Se nos aprecia a los cuatro un ondear de sangre adolescente por el tendido de nuestra expectación.
Estamos cerca. Almorzados, cósmicos, charlatanes, níveos de una indumentaria con incrustaciones rojas con la que buscamos mimetizarnos en ese océano de cuerpos que suponemos, que imaginamos.
Viajamos a la velocidad de un diesel pero parece como si lo hiciésemos a la de la luz. Hacía muchos cometas que no nos sentíamos tan próximos a nosotros mismos.
Pamplona al fin. Un circular de rondas a avenidas, de avenidas a calles. Un ir descubriendo que sí, que van a ser las doce y está nevando. Copiosamente. Los copos tienen una silueta humanizada.. Lejos de caer con mansedumbre, revolotean ruidosos hasta cuajar una plaza reducida pero inmensa en la que la sangre de San Fermín se licúa cada año hasta decorar todos los cuellos.
 

LOS HIJOS DE SAN FERMÍN

Weimar Toro Ramírez

Dicen las gentes que a partir del txupinazo de julio, y durante unos días, la vieja Pamplona se convierte en la ciudad de los encierros matutinos y las corridas nocturnas en las que se siembran niños para que florezcan, como rosas y nardos, en primavera. Y que por eso, cada año en plena cosecha de abril se puede ver a San Fermín felizmente angustiado caminando de allá para acá sobre las nubes, inquieto, esperando noticias. Que a cada rato se agacha a mirar hacia lugares específicos del mundo, emocionado, lagrimeando y dibujando una amplia cruz en el aire; que luego se poner en pie y sigue, ansioso, yendo y viniendo porque nunca imaginó que tendría tantos hijos naciendo como cosechas de fresas, nísperos y ciruelas.

Dicen, también, las malas lenguas que, en su alegría, San Fermín manda a sus hijos con el alma morenita, con un pañuelo rojo en vez de cordón umbilical y en lugar de piel un vestido blanco. Que arrulla a sus bebés desde los corralillos de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros de sus madres; y que cuando nace el último sanfermincito se le oye cantar: “pobre de mí, pobre de mí…”
 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL ENCIERRO

Néstor José Pereira Sánchez

Ahí estoy, en medio de la muchedumbre; el cántico pidiendo ayuda a “San Fermín” hace eco en mis oídos; el corazón me palpita de forma azarosa.
Se oye el estallido del cohete, se inicia el encierro; me apresuro a correr, no sé por qué lo hago, aún no escucho el cencerro que llevan los toros.
Giro en la calle “Mercaderes”, llego a “Estafeta” con sus balcones atiborrados, veo los destellos de las cámaras, no paro de correr, la multitud me lleva como un torbellino; paso la calle “telefónica”, distingo el callejón que conduce a la Plaza De Toros.
¡POR DIOS! No hay paso, un muro de personas lo bloquea, quedo atrapado, caigo al piso, siento las rodillas de un toro presionar mi pecho, no puedo respirar, percibo su aliento cálido y su baba caer en mi cara, un frío invade mi cuerpo…
Despierto angustiado, sobre mi esta mi perro “Neo” de 40 kilogramos, me lame el rostro, mi cobija está en el piso, el frío matutino de la sabana de Bogotá cala mis huesos, la televisión trasmite en directo “El chupinazo” acto que señala el inicio de las fiestas de “San FermÍn”.
Tal vez el próximo año logre ahorrar para ir a los Sanfermines.
 

EL MOMENTO DE LOS SENTIMIENTOS.

Antonio Martínez Galán

Subiendo la cuesta de Santo Domingo, únicamente veo cuerpos y piernas que esquivar, en la carrera desesperada por disfrutar el único momento donde se unen alma y corazón de la tradición pamplonica. Mi vista pasa fugazmente por la hornacina y allí esta, rodeado de pañuelos, pareciendo ordenar a corredores y toros para evitar la cornada.
Una estampida multicultural con caras de temor y nerviosismo se abalanza sobre mí, provocando que vea con detalle las marcas de los astados en las tablas de Mercaderes con Estafeta. Mientras caigo, veo los objetivos de las cámaras siguiendo a la manada y los clics compiten en sonoridad con las pisadas de los morlacos.
En el callejón, Hemingway brilla y el murmullo ensordece. Desvío la mirada observando mis posibilidades y disfruto del aliento de aplausos anónimos y del olor a tierra húmeda.
La velocidad es grande y la puerta de entrada pequeña. Empujones, apoyos, saltos y caídas hacen de la zona más peligrosa del encierro, la más emocionante.
Han pasado treinta años, pero mi compañero de habitación me contaba estos momentos con el mismo sentimiento con el que luchó contra el virus durante los veintisiete días que tuvo fuerzas.
El año próximo iré a vivirlos y lo sentiré conmigo.
 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

VIVIR

Miguel Angel Orlandini

Corre, baila, aplaude , hoy es para reír. Los problemas se dejan de lado, esquiva la cornada, esto es un día en San Fermín.
Somos cientos, somos miles, la idea es pasarla bien, y de rojo y blanco reír.
Los cánticos de fondo gritan, todos a vivir; el encierro ya arranca, corre rápido que si el toro puede te alcanza, Esto es San Fermín,
 

¡QUÉ CHUPINAZO!

Marcos Rivero

¡UFFFFF! ¡¡¡¡No recuerdo bien lo que pasó resulta que estaba en una fiesta y todos repetían San Fermínnnnnnnn!!!! ¡¡¡Y otros decían ongi etorri!!!
Y de pronto me encuentro en un matadero de Buenos Aires, eso me dicen mis compadres vacunos…recuerdo una fiesta y un fuerte chupinazo que me hizo ver todo rojo a la hora de salir a correr y correr sin destino. En el medio veo cornadas y mucha sangre, pero de muchos colores que chisporroteaban no solo en el piso, sino en el cielo… ¿por qué veo estos colores?
Y ahora que no escucho casi nada me veo a mi mismo en un camión solo y me pregunto ¿Qué es San Fermín? ¿Quién es San Fermín? ¿Qué maldición es esta?
 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SANGRE, VINO, FIESTA Y SIESTA

David Marín Ramos

Rojo sangre, rojo vino, rojo fiesta. Rojo sobre blanco y blanco sobre rojo. Un lienzo virgen el 6 de Julio, una obra de arte el 14. Sangre, vino, fiesta y siesta.

Alzo el trapo bordado, lo ato al cuello. Una promesa de matrimonio perecedero a una semana vista. Breve pero intensa. Salvaje e imprevista.
Harina, huevos y vino. Mi bautizo cada año en la plaza del castillo. Calor, gritos y alcohol.
Me aúpo a la valla, salto; ya estoy en el campo de batalla. Son las 7.59 de la mañana ¡VIVA! ¡GORA!

Las astas buscan su puntazo en un mozo: Rojo sangre.
Vomito: Rojo vino.
Los ambulancieros me llevan en volandas: Rojo fiesta.
Me desmayo en la camilla: Rojo siesta.

Es 6 de julio de 2020. Ha sido un sueño agradable. No hay rojo de sangre, vino, fiesta o siesta. Hay rojo corazón, rojo pasión, hay rojo San Fermín. Me levanto, me ato el pañuelico. Una promesa eterna. Me pongo mascarilla y guantes. Me está esperando el almuercico; huevos fritos y el rojo de la chistorra
 

SUEÑO EN BLANCO Y ROJO

Deborah Moisés

¿Cómo hemos llegado a esta situación? No lo comprendo. Ahora estoy aquí, encerrada en estas cuatro paredes blancas, esperando a que lleguen las 12.
Huele a alcohol, pero no el habitual un 6 de julio. Ya tengo mi almuercico preparado, hoy no he cocinado magras con tomate, hoy solo tengo un pequeño paquete de galletas María, un descafeinado con mucha agua y una manzana. Qué diferente todo, ¿verdad?- «El almuerzo de los campeones»- como rezaría cualquier anuncio de Cola- Cao, que ironía.
Alguien abre la puerta, es ella, mi ángel de la guarda de bata blanca. Se acerca al televisor y me guiña un ojo mientras pasa su tarjeta por el lector.
-Tienes 30 minutos, puedes poner el canal que quieras. Voy a cambiarte el oxígeno, te sentirás mejor.
Cojo aire y alargo el brazo hasta el mando. Ya está, prueba superada. Ahora busca el canal. ¿Qué estarán echando? ¿Noticias?, qué típico estos días. Hoy no muestran en una esquina el #SF20, hoy siguen con #COVID19.
Suenan las campañas, son las 12. Apago la televisión, no quiero que me recuerden que me está pasando. Cierro los ojos, pero antes me coloco mi pañuelico y susurro: «Viva San Fermín». 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

FIN DEL ENCIERRO

Patricia Jiménez Orduna

– ¡Cosmos, corre! ¡Que va a acabar el encierro!

Con ropa blanca, faja roja y pañuelico tapando su boca salió al balcón corriendo. Escuchó el cohete por Mercaderes. Vítores y emoción en el ambiente, chocolate, churros y gente en sus balcones. Se fue haciendo el silencio. Los aplausos se escuchaban ya al otro lado de la calle.

– ¡Ya vienen! – gritaba el vecino.

Los aplausos sonaban más cerca. Cuando los vieron aplaudieron con fuerza hasta que los perdieron de vista.

– Esto es un rollo, mamá. Dos camiones de basura cruzando la calle Estafeta. No entiendo ¿por qué hacemos esto?
– Hace mucho, cuenta tu abuelo, se encerró medio mundo en casa por un virus. Se cancelaron las fiestas, no hubo cohete, bailes ni encierros. Tampoco gigantes ¡Imagínate qué pena! Pero las pamplonesas y pamploneses, incapaces de darlas por perdidas, celebraron todas las tradiciones desde sus balcones.

Cosmos la miró mientras la calle iba llenándose de gente.

– Desde ese año se mantiene este encierro, celebrando la victoria de las fiestas y el fin de lo que llamaron el confinamiento. Ahora ¡vamos! Que está abajo el abuelo. Y dale un achuchón, que ya sabes lo pesado que es con que nos abracemos. 

HASTA PRONTO SAN FERMÍN.

Francisco Javier Vilariño García

Garazi abría sus ojos al son de la tenue luz del atardecer que se colaba por las rendijas de su ventana. Un nuevo día aparecía en su vida tras varias horas de su nacimiento.
Otra vez Pamplona; las fiestas de San Fermín protagonizaban, por completo, la película de su sueño. El recuerdo de aquellos momentos motivaba su vuelta al trabajo.
Entre noches de jolgorio, copas a destajo y multitudes esporádicas, sumaba ganancias y restaba tiempo para su regreso. Tránsito necesario para el ansiado viaje hacia la mejor fiesta del mundo.
Pero esta vez todo era distinto. Su mente aterrizó en la terrible realidad tras unos momentos de incertidumbre. Corrió espavorida hacia su balcón y, nuevamente, la misma imagen que se repetía desde hacía unas semanas; calles vacías, gente encerrada en casa y un virus maligno que aterraba a la población. La muerte y el peligro asomaban en cada esquina. Sería otra jornada más de confinamiento.
El sueño quedó en su memoria, como una agradable historia de ilusión; pero la capital navarra suspende su fiesta. Lejos de envolverse en una tristeza embriagadora, Garazi tomó aire, desperezó su cuerpo aletargado y gritó con entusiasmo “Ya queda menos para San Fermín 2021”.