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XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TOROS AMARILLOS.

Orlando Mudarra Bello

Durante esa mañana del 7 de Julio del 2022, en la subida de Santo Domingo, estaba la emoción contenida como siempre, la gente volcada en sus espacios, tras dos largos años sin fiestas, faltaban muchos de los eternos corredores, aquellos de mayor edad perdieron entusiasmo y vitalidad para el encierro, otros cayeron ante el virus. Sin embargo la calle establa repleta de corredores con sus periodicos doblados y la adrenalina en sus cuerpos, se movían nerviosos y en cortas carrerillas calentaban sus piernas.
La mayor espectativa era ver el comportamiento de los toros chinos, pues la cepa número 21 que explotó en Diciembre del 2021, acabó con la ganadería en Europa y los toros chinos fueron los únicos que sobrevivieron y con ellos se experimentaba. No hubo alternativa, los ganaderos asiáticos se comprometieron hasta con los robots cabrestos, que garantizaban liderazgo, los toreros viajaron a China a familiarizarse con las embestidas de los toros, que fueron objeto de alimentacion y suplementos que le incorporaba la capacidad de embestir normalmente, como las diferentes ganaderías que tradicionalmente intervenían en los festejos. Alguien dijo: «No será igual, nunca será igual, quizás no volveremos», yo creo que tenía razón, nunca se sabe, el dolor arropa. 

MI PRIMER ENCIERRO

Zigor Eguia Lejardi

Guardo un especial recuerdo de las fiestas de San Fermín de 1991. Con dieciocho años recién cumplidos, un amigo y yo fuimos a Pamplona con la intención de vivir una experiencia inolvidable. Llevábamos tiempo planeando correr un encierro y no se nos ocurrió ningún sitio mejor para hacerlo que en la famosa capital navarra.

Con los años y la experiencia he aprendido que el destino puede llegar a ser muy caprichoso. Aquella noche, las fuerzas superiores que manejan los hilos de nuestras vidas debieron pensar que la mía estaba siendo demasiado monótona y aburrida, y decidieron cambiar un poco el guión que yo había programado para aquellas fiestas.

Serían aproximadamente las once de la noche cuando una guapísima pelirroja de melena larga y cuerpo escultural se me acercó y comenzó a tontear conmigo. Perplejo y atónito, me dejé llevar, y al rato estábamos tumbados sobre la yerba de un parque solitario.

Pero los momentos de gloria nunca son eternos, y cuando la cosa se estaba animando, apareció de entre los arbustos un tipo enorme, con cara de pocos amigos, que decía ser su novio. Y así corrí mi primer encierro, medio desnudo y perseguido por un gran morlaco celoso.