Archivo por meses: abril 2022


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

FIESTAS SIN FRONTERAS

Pablo Landa Boraita

Ser un chico de hounslow, periferia de Londres, y llamarse Robert Fermín Wallace es bastante raro. Según mi madre, mi padre nos abandonó y no tuve más explicaciones. Hasta que encontré aquella vieja carta que jamás llegó a su destino.
«Querido Fermín :
Te escribo estas líneas imaginándome contigo en nuestra mesa del Café Iruña. Sueño con el Chupinazo, el Riau-Riau, con los kalimotxos de las peñas y las gaupasas, como decís los de Pamplona. Me veo en las dianas, en el temerario encierro, en los almuerzos de huevos, jamón y txistorra, en la procesión, en las corridas de toros y en los fuegos artificiales comiendo un bocata. Me imagino paseando de tu mano por la Ciudadela y disfrutando de los días más maravillosos de mi vida. Pero no es ese el único tesoro que llevé conmigo, conseguí un regalo todavía mejor. Se que nuestro amor ya es imposible pero quería decirte que estoy esperando un hijo tuyo, un navarro.
Helen. »
Entonces lo vi claro, yo Robert de Hounslow, navarro como mi padre, tenía que conocer su ciudad, sus gentes, sus inigualables fiestas y presentar todos mis respetos al Santo que me había dado ese extraño nombre.
Viva San Fermín.
Gora San Fermín.  

SAN FERVID-19

Xabier Pita

Me desperté con un ruido que llegaba desde la calle. Eran como unos cencerros, unas campanas. Qué raro, si aún no eran en punto. Abrí las ventanas y vi correr a gran velocidad unas manchas negras que se movían de lado a lado. Había también alguna marrón, otra blanca y parecía no gustarles mucho la curva. Me puse el termómetro, por eso del calor y de lo que acababa de ver.

Volví a abrir las ventanas. Ahora subían hasta mí unas finas y agudas notas musicales. El sol me daba en la cara y hacía arderme la frente. La melodía acompañaba a unos círculos de colores que se movían con elegancia en forma de zig zag. Me volví a poner el termómetro.

A medida que pasaba el tiempo estaba más confundido. Caída la noche, ya no eran ruidos ni música lo que me desconcertaba, sino chispas de fuego. Al principio salían del medio de la calle, pero después alcé el cuello y vi lo mismo en el cielo. Esta vez de colores y del tamaño de la luna.

Me pongo por tercera vez el termómetro, enfadado, cuando llaman al timbre:

—¿Sigues confinado? Te traigo una docena de los que te gustan… ¡De La Mañueta! 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL VERANO DEL COHETE

Baldomero Dugo Navarro

Un minuto antes era primavera en Pamplona. Espoleadas por el chupinazo, miles de gargantas se encendieron al unísono, entonando cánticos de fiesta que se prolongarían durante días, inundando la ciudad de sonrisas rojiblancas y de calor humano.
Al igual que en calles y plazas, en el interior del Teatro Gayarre el venerable público también irradiaba felicidad, ovacionando con entusiasmo a Don Paco junto a su elenco de actores y actrices. Conmovido por aquel cariño desbordado, el veterano cómico se prodigaba en reverencias con una pícara expresión dibujada en su rostro.
Algunos días después, teniendo aún el corazón desbocado a causa de las vivencias durante los Sanfermines, Don Paco y su mujer fueron a ver una película al cine Diorama, sito en la Ciudad Condal.
Las luces de la sala se apagaron y un haz luminoso se desparramó sobre la blanca pantalla. De pronto, la grandilocuente voz del NO-DO informó acerca del evento del siglo: ¡la llegada del Hombre a la Luna!
Al contemplar los torpes saltos que daban los astronautas, el cómico no pudo reprimir una sonora carcajada.
– ¿De qué te ries ahora, Paco?
– No sé, Consuelo, solo pensaba en lo desastroso que sería celebrar un encierro en la Luna…  

CARTA AL TORO BRAVO

Julio R. Carmona Limón

Hola toro: No te arranques, no te estoy citando, solo saludando. Nunca he estado en San Fermín, ¡pobre de mí!, aunque sí en Pamplona. Hice el recorrido. Es distinto verlo en televisión. Pasó algo curioso. A medio camino te olí. Los toros bravos oléis igual que los mansos. Aquel airecillo inesperado abrió la puerta de mi recuerdo. Con seis años fui vaquero: Margarita, Marinera y Señorita. Margarita era la mansita, me lamía la mano con su lengua babosa.
Maldita pandemia. Quería ir a los sanfermines, por fin, en 2020 pero el bichito me lo impidió. Me gustas, toro. Tu nombre, literatura. Tu hermosa hechura para la pintura. Tu cola para la gastronomía y para espantarte las moscas. Tus pitones para los diálogos insomnes e interminables de los toreros con la muerte. Relatan con sus envestidas la enciclopedia caprichosa de tu bravura. Las corridas de toros son -quería decírtelo- como sacar agua de un pozo inagotable. ¿Maltrato? La lidia es la ceremonia del respeto a tu condición. Todo me lo dijo tu lengua. Ahora te tengo en los toriles de mi armario. Es una camiseta con la imponente imagen de tu cuerpo y tus cuernos, mirándome con fijeza, lamiéndome con la nostalgia del mañana.
 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL CEBÚ EXTRAÑADO

Alexander Anchia

Érase una vez cierto toro de Cebú entre los chiqueros de las fiestas de San Fermín. El Toro mujió y les preguntó a los demás toros y ¿qué debo de hacer cuando abran la puerta? Los otros toros sin percatarse que se trataba de un toro de diferente raza, le respondieron:
¿Acaso tú eres tonto?– Pues corre trata de llegar rápido para que te encierren y descanses pasas el susto y otra vez a la tranquilidad. Otro Toro le dijo, bueno si de casualidad tomas a alguien desprevenido , pues ¡ Aprovéchate y suelta toda tu frustración contra el desgraciado que se ha atravesado!
¡ Inició el encierro de ese día! .Atrás quedó el pesado y grande Cebú, iba lento, se cansó rápido, pero daba muchos brincos, pues su naturaleza era el ser un toro de monta y no para torear. Iba por los parques de Pamplona, comiendo, jadeando, tomando agua y descansando… Estaba en uno de los parques el director del zoológico de Pamplona y le ofreció varias hierbas, lo fue llevando hacia el zoológico, al entrar el buen señor dijo: ! Justo el especímen que me faltaba!!, la relación !fue amor a primera vista!  

TE ECHO DE MENOS

Manuel Fernandez De La Cueva Villalba

Me conoces y sabes a mí me hacen feliz las cosas sencillas que siempre has hecho por mí durante las fiestas de S. Fermín. Es por esto que echo menos la chaquetica roja que nos poníamos para ver los fuegos artificiales desde la Vuelta del Castillo o para disfrutar de los matutinos encierros. Echo de menos la alegría de vernos rodeados de miles de personas llenas de color y vida. Echo de menos que no tuviéramos horarios; ni para almorzar, ni para comer estofado de toro o pochas que fue lo que tú te pediste la última vez. Echo de menos sentirme rodeado de la comparsa de gigantes y cabezudos que tanto atraen y asustan a los niños. ¡Ah!, y recuerdo también las peñas que te acogen como si fueras uno más de ellos. Y no sabes cuánto me acuerdo de las barracas; de las voces, las luces y las atracciones que pusimos por testigo de nuestro primer beso. Echo de menos estar a tu lado y mirarte abrazados el día y la noche, la tarde y la mañana como si aquí el tiempo tuviera un sentido distinto como la belleza y la magia que Pamplona entraña.  


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

VIRUS

Antonio José Abrunhosa Gonez

Aquel siete de julio no era un siete de julio normal, el gentío se hacinaba contra las vallas del recorrido expectantes y ansiosos por ver a los toros cruzar las calles de Pamplona después de tantos años sin encierros.
Pese a todas las precauciones e innumerables vacunas nada se pudo hacer para detener el virus mortal que en pocos años había acabado con toda la población bobina del planeta.
Por eso aunque solo fueran réplicas miméticas creadas en laboratorio, las lágrimas asomaron en los rostros de los más mayores y caras de asombro aparecieron en los más jóvenes que solo habían visto a esos animales correr en San Fermín por viejos documentales de cuarenta años atrás.
 

LA FIESTA DE LOS VELOS

Manuel David Arce Martino

El silbido del chupinazo desgarra el aire de Pamplona y los ojos de todo el mundo, miran a la muchedumbre pasar por plazas y calles cantando al glorioso San Fermín, niños, mozos y ancianos vitorean de rojo y blanco al pasar, con una emoción que les brota del pecho sin igual.
Nosotros también miramos y corremos tras una muchedumbre que grita, ríe y baila sin parar.
Y este año, nosotros que somos diferentes, vemos a través de los velos de nuestros ojos, que hay mucha más gente que otros años, que ya no son los chiquillos los que vienen delante, sino legiones de ancianos que corren alegres, transparentes, por la ciudad.
Nada ha detenido a los muchachos salir a festejar su amor fraternal, riendo, llorando, empujando a los gigantes, sintiendo la nostalgia de otros años, de los abuelos que se fueron de estas fiestas y que siguen corriendo por las calles, que solamente nosotros, vemos.
Nosotros escuchamos, con el corazón latiendo por mil, los vítores de antaño de aquellos que ahora ya no están, y que, sin embargo, todavía seguimos escuchando, mirando, amando.
Ellos están muy alegres, escuchando los sonidos de nuestros cascos sobre las calles, de siempre.
¡Viva san Fermín! ¡Gora san Fermín! 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL BUEN HIJO

Jose Maria Gonzalez Oria

Me costó bastante tiempo y esfuerzo, pero conseguí que TV1 me cedieran los videos de los encierros, bajo estricta condición de utilizarlas para el fin que les expuse. Comprendieron el cariño hacia mi padre.
Él, que fue, en sus tiempos, un destacado corredor, guardaba en los pliegues de su piel algunas señales de fatales encuentros con los astados, y algún manso, pero nunca dejó de correr con su pañuelico abrazando su cuello. También le gustaba participar de Coleta: le encantaban los niños.
Todos los días, no siempre, a la misma hora, le ponía la Diana; a veces yo y otras Alicia, mi mujer, y se levantaba de inmediato para desayunar y encender la televisión. Allí estaba entretenido todas las mañanas viviendo cómo se desarrollaban los encierros. Era mi labor
Hoy le ha subido mucho la tensión, después de ver la montonera que se mostraba en uno de los videos. La emoción lo arrastraba.
El médico recomendó que lo ingresemos en una residencia. Ya no podré ver como se preparaba para el festejo, con la ropa de mozo que yo le disponía. Hoy por última vez hemos cantado juntos “Pobre de mí”, después de ver más videos por última vez.
Su Alzheimer se agrava.
 

SERÁN LA BOMBA

Julio Sánchez Mingo

El año pasado escribí, refiriéndome a los sanfermines de este 2021, que serían la bomba. Salíamos de la más extraña de las primaveras de nuestras vidas y de un estricto y duro confinamiento y pusimos nuestras ilusiones en el 7 de julio de este verano que está a la vuelta de la esquina. Han pasado doce meses, nos hemos acomodado a esta vida agónica que no muestra un futuro claro y, lamentablemente, se repite la decepción. Otra vez nos quedamos sin las tortillas de patata, las chacinas y las frituras que Chon prepara para el chupinazo y ella, que es muy fina, sin su champagne, el baile de la alpargata y el chocolate con churros de cada día en el Casino.
Parece que nunca recuperaremos lo perdido. Pero, ¿y si asomara un poquito el sol entre estos nubarrones y los de 2022 fueran la bomba de verdad? Seguro que sí.