Archivo por meses: abril 2022


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA VENTANA

Sagrario Loinaz Huarte

La madrugada del 6 de julio, Patxi no despertó. Sobre su pecho el pañuelo de San Fermín.
Unos días antes…

-Patxi ¿Cómo estamos hoy?
-Muy triste doctor. ¡Mucho tiempo ingresado con el covid y temor de no celebrar el chupinazo con mi familia!. ¿Cuanto falta para San Fermin?
-Una semana, -respondió el doctor-. Patxi, le conviene descansar y no pensar en ello.

El doctor comentó la grave situación de Patxi con los compañeros del hospital, e idearon un plan con ayuda de su familia.

El 5 de julio, el doctor entró a la habitación de Patxi, le dió un pañuelo de San Fermín y con una tablet conectaron con su familia… hijos.. .nietos… ambiente sanferminero… emoción… nostalgia… abrazos virtuales…

El doctor abrió la ventana y escucharon el chupinazo al tiempo que la familia brindaba por él.
Patxi lloraba de alegría y con un hilo de voz decía “VIVA SAN FERMÍN” “GORA SAN FERMÍN”
-¡VIVA! -Respondía la familia- ¡GORA!

Despedidas… -¡MAITE ZAITUGU AITONA!… -¡MAITE ZAITUGU AITA!… ¡BESARKADA BERO BAT AITA!…
Cortaron la conexión.

-¡Gracias, muchas gracias doctor, me siento feliz!
-Mañana nos vemos Patxi -dijo el doctor mientras cerraba la ventana y el silencio volvía a reinar en la habitación.

Llamada… -Podéis parar la grabación. 

ESCALONES RECURRENTES

Aitor Anaut Ruiz

Tengo una pesadilla recurrente en la que subo por unas escaleras que nunca terminan, que no llevan a ninguna parte. Subo más y más escaleras, y nada más que más escaleras es lo que me espera. No siempre son las mismas: a veces son las del colegio de mi infancia, tras las cuales me espera un examen al que llego tarde, y al que nunca llego. Otras veces son las escaleras de un hospital, que subo al galope mientras una ruleta de rostros y catástrofes me persigue sin mostrar jamás ningún resultado. Pero la mayor de las veces, regreso a las escaleras que me guiaban al piso vacío de mis padres aquella calurosa noche de julio, de hace ya demasiados años. Vuelve el calor de aquella mano sudando contra la mía. Hasta que la desesperación puede conmigo, deteniéndome para darme la vuelta y reencontrarme, tanto tiempo después, con aquel rostro. Pero justo antes de lograrlo… Despierto.

Pero, esta vez la pesadilla es diferente. Aunque hayamos subido más escalones que nunca, y no sepamos cuántos más nos quedan por subir; sabemos qué nos espera al final de esta escalerica: los sanfermines. Ahí están, esperándonos. 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA TOMATINA

Miguel Salvador Muñoz

Kazuhiro se adentra por la plaza Consistorial cumpliendo un sueño. Como uno más, se adhiere al gentío, piel sobre piel, como escamas de un dragón en continuo movimiento. Expectante, espera de un momento a otro ver volar los tomates, pero lo que escucha es el “chupinazo” que anuncia el despertar de la fiesta. El dragón ruge hambriento de alegría y, zigzagueando, se expande por la ciudad. Hipnotizado, se deja llevar y empieza para él un torbellino de emociones como jamás imaginó: recorre las calles degustando las tapas típicas; se une a las comparsas de gigantes y cabezudos; corre el encierro, siete metros de adrenalina y gloria, y siempre vuelve a su hotel con unos labios tatuados en su rostro.

Sus vacaciones acaban, exhausto pero feliz toma su último café. Pero no puede partir sin antes haber realizado lo más típico de la fiesta, esas imágenes grabadas en su memoria que vio en la televisión en su lejano hogar. Y, sin pensarlo, coge un tomate maduro de la barra y lo lanza con júbilo contra un grupo de jóvenes. La camiseta blanco impoluto que envuelve al metro noventa de mozo pamplonica es ahora un cuadro de arte impresionista. Kazuhiro sigue dando saltitos sonriendo.
 

ASTRAZENECA

Miguel ángel Peñuelas Ayllón

Las nubes corren que se las pelan y sobre el cristal se deslizan las primeras gotas de agua. Siento que me sube la rabia por la garganta, que se agolpa la mala bilis. Aprieto las hojas del periódico enrollado del que sólo se ven retazos de titulares “Zeneca”, “jóvenes”, “rruecos”. Llevo, para “mi” San Fermín, el blanco azulado de mi máscara a juego hoy con la camiseta y el pantalón, cortada en sangre por el pañuelo rojo que brota en mi cuello. En el televisor de la cafetería las siluetas de los corredores ante la manada. Hace un par de años. Un mutismo sepulcral se cuela entre los cafés y nadie jalea ni exclama la esquiva, en el último instante, al mortal cuerno del toro manchado. El silencio se agosta en los labios sellados por las mascarillas sanitarias. Manuel y Luisa fallecieron antes que llegase su vacuna; a Fidel no le menguan los dolores de cabeza, pasó el bicho. A Marina le cerraron la empresa. Y, Angustias, hija, siempre pendiente del otro, ¿cuándo volverás de esa horrible frontera de concertinas, playa de arena que entierra la esperanza de miles de jóvenes mojados, desesperados por huir de otra muerte, más honda que la del toro? 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CAPOTICO

Mikel Mikeo Arrarás

Deambulaba por lo Viejo. A sus amigos ya les había vencido la noche. A él le quedaban varias cervezas por delante. Nadie le esperaba en casa. Su mujer, embarazada de siete meses, llevaba días en Salou. Él exprimía sus últimos sanfermines sin silleta.
Miró a su alrededor y ni idea de dónde se podía encontrar. Solo sabía que estaba a gustooo… ¿La hora? Ocho menos cuarto. Eso marcaba el reloj del ayuntamiento.
¡Ah, ya sé dónde estoy!
¿Y si corro el encierro? Nunca lo he hecho y… antes de ser padre… Es el momento. No estoy en muy buenas condiciones, pero… San Fermín tendrá preparado su capotico para mí. ¡Unos munipas! Es una señal. Si me sacan del recorrido es el santo morenico en mi ayuda. Pasaron a su lado… Y siguieron su camino. San Fermín quiere que corra. Estaba muy nervioso, era una locura, pero todo saldría bien. Relájate, concéntrate…
Las ocho. Y nada. De pronto, una señora mayor pasó a su lado. ¿Esta va a correr?
Señora, ¿sabe por qué no ha empezado el encierro?
Majo, son las ocho de la tarde. Aún falta para que salgan los toros.
¡Ahí estaba el capotico! Venga, a casa a dormirla y mañana a Salou. 

LA JUSTA DEL ARENAL

Juan Salvador Del Cerro Faura

El séptimo día del séptimo mes me incliné sobre el ruedo en señal de respeto. Tenía ante mí a una de las criaturas más majestuosas que jamás había visto. Su pelaje oscuro brillaba como el azabache bajo aquel sol de julio. Por un momento, pareció como si ella correspondiese mi gesto, pues, alzando su pata izquierda, inclinó la cabeza. Martín, mi mejor amigo, agitaba su pierna torpemente desde el burladero mientras gritaba «¡Ven aquí, campeón!» «¡Estoy aquí!» para llamar la atención del toro. Entonces pensé que, desde luego, estaba salvado con él y esbocé una sonrisa. No… En realidad los ojos de aquel coloso solo se fijaban en mí y parecían decirme «Esto es entre tú y yo. Prepárate, Teseo navarro, porque en mi pecho arde el fulgor de una naturaleza ancestral que pienso desatar con cada embestida». Lo miré un instante. Luego, alzando la vista, distinguí a mi querida Ariadna observándome desde el palco con talante de emperatriz. Aquella mirada estaba llena de confianza, apoyo y determinación. Al verla, aferré con fuerza el estaquillador y, con la muleta por estandarte, di un paso al frente. El coloso tomó un potente impulso y, con él, comenzó aquella justa que jamás olvidaré. 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

HOMENAJE AL EMIGRANTE

Luis Garcia Martínez

Es igual que sea julio, aquí siempre llueve. En Argenteuillo raro es ver el sol. Mi padre siempre me contaba cómo echaba de menos la terraza del café Iruña en verano cuando sobraban los jerséis y menguaban las cañas. Pero el hambre y la política no compran nostalgias y con una maleta de incertidumbres y el abrazo de su primo Wenceslao que le acogió sin pedir nada a cambio arrancó su segunda vida. Se acostumbró al frío y al orgullo francés, pero añoraba su tierra. Y sobre todo sus Sanfermines. Cada 7 de julio a las ocho en punto nos plantábamos ante el televisor. Me enseñó a decir Estafeta antes que cualquier otra palabra en español. Y luego trapío, Mercaderes o chupinazo y Riau-Riau que me hacían mucha gracia. Aquellos días de julio se convirtieron en el lazo que nos unía. Dos años sin Sanfermines y sin él. Todo se lo llevó el jodido virus. Lo pienso ahora mientras intento mimetizarme entre cientos de corredores. Aunque mi tez morena me delata. Y mi pelo rizado. Y mi acento. Pero corro como el que más y este año piso aquellas calles que las sentía mías delante de los toros que mi padre tanto amaba. 

GORA, FERMÍN

Sara Pinto Herranz

El abuelo lleva más de un año sin moverse. Desde que dijeron que no se celebraban los sanfermines el año pasado fue como que su cuerpo hubiera entrado en hibernación. Aquel día, cuando supo la noticia, se le cambió el semblante. Sin decir palabra se preparó unos huevos con txistorra, se lavó los dientes, se puso el pijama y se metió en la cama. Y desde entonces, está dormido. Se llama Fermín y nació en Pamplona el 6 de julio de 1920. Sí, muy típico. Así que para él, las fiestas siempre han sido una doble celebración. A principios del año pasado estaba exultante, no podía esperar a que llegara el día del txupinazo. Pero entonces llegó la pandemia.
Hoy se ha despertado y recostándose un poco en la cama ha preguntado: “Mañana es día 6, ¿verdad?” “Sí, aunque este año tampoco se celebra, ¿eh?”, le he respondido. Ha arrugado la cara y ha dicho muy serio: “Que conste que estos dos años no me cuentan. ¡En el 2022 celebro los cien!”. Y tras hacer una visita al váter, se ha metido en la cama y se ha dado media vuelta.
 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA CUENTA ATRÁS

Marian Tarazona Marqueta

Había llegado hasta allí sin ninguna dificultad, se sentó en una mesa de la terraza y pidió un tinto muy frio.
Mientras aguantaba la correspondiente perorata del camarero sobre la temperatura de bodega, contempló la plaza, extrañamente vacía. Aunque, para ser martes y mediodía, tampoco le extrañó demasiado.
De repente algo llamó su atención dentro de la copa. Acercó lentamente, casi con miedo, la boca del recipiente a sus ojos y casi le da un infarto cuando vio dentro, bailando, a los Kilikis junto a los gigantes.
Se frotó los ojos y se disponía a mirar tímidamente a su alrededor, convencida de que estaba siendo víctima de una cámara oculta cuando, de repente, escuchó a través de sus auriculares un: ¿No te acuerdas qué día es hoy?
Giró la cabeza en todas las direcciones, pero no había nadie, salvo los personajes que le miraban mientras daban vueltas y bailaban sin cesar en el borde de la copa.
¡Claro que te acuerdas!…
Es 6 de julio y este año tampoco toca, decían sin parar de girar, mientras reían. Este año tampoco toca, pero volveremos en el 2022. ¡Prometido!
Y no lo olvides… Este año, más que nunca, empieza la cuenta atrás.

 

FIESTA (DISCULPE, DON ERNESTO.)

Luis Gaercía Saiz

En los 80 viajaba con frecuencia a Madrid por trabajo. Aquella mañana tomaba una caña con mi amigo Raymond, cuando dos desconocidos nos saludan: “Hi”. Nos oyeron hablar inglés. Poco después compartíamos banderillas y…nuestras vidas.
Bob, uno de ellos, acababa de llegar de Estados Unidos. Cuando dije que vivía en Pamplona su cara se iluminó. Hemingway culpable. Quería saber todo sobre los Sanfermines. Todo. Nos despedimos jurándonos amistad eterna, por supuesto.
Desde ese día, cada semana me vacilaba al teléfono: “Javi, July is coming”.
Claudiqué, viviríamos juntos el chupinazo.
La tarde anterior llegó en su BMW. Le recibí en mi casa, le presenté a mis padres y le dije:
—Ésta es tu habitación, desde ahí verás los encierros.
Se acercó al balcón lentamente, en silencio. Siempre habíamos hablado de un hotel.
—That’s great, tío— Balbuceó, abriendo los brazos.
Fueron sólo dos jornadas, pero tan intensamente vividas que aún hoy las recordamos. Nos despedimos con un larguísimo abrazo, sin palabras.
Dos semanas después, recibí “once folios once” a mano escritos desde el corazón. Las palabras más repetidas eran: Amistad, familia, ambiente, cuadrilla, cultura y txuletón. Corrida y encierro sólo cuatro veces.
Concluía su “informe” prometiendo volver, pero tuvo que regresar a su querida Delaware.