Archivos anuales: 2023


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

AMORES EN PAMPLONA…

Gabriela Mechura

Ella llego con sus maletas cargadas de sueños postergados por años de pandemia. Alli la esperaba su amada familia,ya era el 3 de julio y eran sus primeros San Fermines en vivo y directo,ya casi rozandole la piel.
Se apresuro esos dias a seleccionar su vestuario,le regalaron la faja y algunos atavios mas! Ella era una navarra mas! Cuanta emocion,los iba a vivir como tantas veces lo habia soñado!!
y asi,con su vestimenta roja y blanca salio rumbo al Ayuntamiento,casi eran las 12! y mezclada con toda esa marea roja y blanca,entre lagrimas y Gora San Fermin! los comenzo a vivir en su corazon.
En esos nueve dias de emociones sin fin…por fin,un dia se encontro con el. Su amigo virtual,su amigo de tantos años,de compartir alegrias y tristezas. Lo vio,se vieron frente a frente y las emociones fueron indescriptibles,fueron uno solo.
Ninguno sabia que les sucederia eso…Solo fue verse,rozar las manos..y la magia sucedio.
San Fermines,es eso…magia,luces,cantos,algarabia,emociones….pero fundamentalmente amor profundo e indescriptible.
Hoy estan a mas de diez mil kilometros,el oceano los separa…pero ese amor profundo y esa magia ancestral..no conoce de kilometros ni distancias…
Hasta el fin de sus dias,tendran ese amor en Pamplona. 

EL ABRIGO

Gaizka Etxebarria Cubillo

El fuerte estallido del chupinazo estremece mi cuerpo y un gran barullo emerge hasta ensordecer. Creo que últimamente estoy muy susceptible y me agobia la cantidad de gente que me rodea. Parece todo, una gran nube blanca y me siento desorientada. No existe orden, no hay lógica. Miro atrás nerviosa y las cabezas parecen flotar entre la marabunta suspendidos en sus pañuelos rojos. Me sale una sonrisa, parece mágico. En sus rostros no hay duda, no hay temor, solo felicidad.

Ocho de la mañana y otro chupinazo, este sí, me tensa el cuerpo que con firmeza se pone en alerta. Oigo abrirse las puertas y unos cencerros resuenan hasta en lo más profundo de mis entrañas. Miradas concentradas. Rigidez. Entonces corro, corremos. Corro sintiendo, corro viviendo… corro sin mentir. El miedo me coacciona pero mi alma empuja y sin respirar vuelo. De repente un túnel oscuro, y una luz brillante me recoge y me lleva a la plaza de la vida donde todos estamos.
 

LOS INTERROGANTES DE SAN FERMÍN

Gal Gomila Llobet

—Ei, Juan, ¿Tu por aquí? ¿Cómo estás?
—¿Cómo me has conocido con la mascarilla?
—¿Por las orejotas? ¿Recuerdas las bromas que te hacía cuando éramos pequeños?
—¿Cómo me podría olvidar? ¿Sabes las veces que me hiciste…, que me hicisteis llorar tú y tus amigos?
—¿Y cómo estás, entonces?
—¿Cómo me ves?
—¿Quizás un poco más delgado?
—¿Tú crees? ¿Y tu mujer?
—¿Cuál?
—¡¿Cómo?! ¿Tienes más de una?
—No, hombre, ¿no sabes que me separaré?
—¿Qué dices? ¿Cuánto hace de eso? ¿No estabas con aquella rubia despampanante?
—¿Recuerdas cuando cerraron aquella tienda de móviles de la Rambla, Juan?
—¿La de la esquina? ¿Dónde ahora está el burguer?
—¿I sabes a quién echaron por temas amorosos?
—¿Por eso cerraron?
—Trágico, ¿verdad?
—¿Y cuándo fue eso?
—¿Tres meses…? ¿Sabes que no me acuerdo? Bien, Juan, ¿nos vemos para hacer un café y charlamos?
—¿Y me explicas de ti, también, Albert?
—¿Cuándo te va bien? ¿Tienes móvil?
—Sí, di, ¿qué numero tienes?
—¡¿Qué haces con esta reliquia?! ¡¿Dónde vas con eso por el mundo?!
—¿Verdad?
—Oye, todavía tengo las llaves del almacén. ¿Vienes y miramos uno de chulo?
—¿Tienes tiempo, ahora?
—¿Para los viejos amigos con orejotas? ¿Tú que crees?
 

HITZORDU SAKRATUA

Garbiñe Zabala Zabaleta

Umeak korrika buruhandien aurretik, eta haien artean Angel, Angel Nieto lagunontzat. Gurpildun aulkian, motorra bailitzan, ziztu bizian iritsi da hitzordura. Zerbait sakratua bada mundu hontan hitzordu hau da: 30 urte, egun, leku eta ordu berean elkartzen. Aulkia aparkatu eta elkarri begiratu diogu. Kamiseta zuria, lepoko gorria eta irria ezpainetan. Horixe da Angel, bizitzak eta gizarteak jartzen dizkioten oztopoei umorez aurre egiten diena. Burura datorkit txiza gura eta elbarrituentzako komun eramangarri batera joan zenekoa. Besoetan garagardo kutxa zuela atera zen.
-Hara! Hau detailea udalarena! Komuna garagardoz bete ez dute ba!
Aurten ez dugu horrelakorik izango, elbarrituen komuna biltegi gisa erabiltzea debekatu baitute.
Hurrengoa Miren da. Caravinagre lagunontzat. Purrustaka eseri da: beroa, jendetza… Baina zer lirateke San Ferminak Caravinagre gabe? Eta Miren bera bezain derrigorrezkoa da. Lehena kexatzen eta azkena etxeratzen. Kirioak dantzan jartzen dizkizun une berean, bihotza samurtzen dizun horietakoa.
Laugarrena Carlos. Paul Newman lagunontzat.
—Hi al haiz? Nondik atera dek melena? —galdetu du Angelek.
—Turkiatik —dio hortz zuri perfektuak erakutsiz.
—Marka dek! Gorputzeko ileak depilatu eta buruan jarri? Inkonformista halakoa!
—Izan dezagun bakea —dio Caravinagrek gargardoa altxatu eta aulki hutsa begiratuz—. Topa! Primitibogatik! Lehena entzierroetan, lehena hitzorduetan, eta jakina lehena mundu hau uzten.
Primitibo lagunentzat, Asier goinontzekoentzat, horixe baita amak jarri zidan izena.

 

OTRO PUNTO DE VISTA

Gema Puertas

– ¿Qué es esto? ¿Dónde me encuentro? Ayer estaba con mi familia en una granja del campo y hoy me encuentro encerrado aquí con desconocidos, de hecho, hay tres que no se ni de donde han salido, ni siquiera se parecen a los demás. Está amaneciendo y se escucha muchísimo gentío, mis compañeros empiezan a ponerse nerviosos, sobre todo los nuevos. Sienten como sí que algo inquietante fuera a ocurrir. De repente un estruendo suena en el cielo y unas puertas se abren de par en par. Esos compañeros marrones y blancos que no conocíamos comienzan a correr hacia afuera, y mis compañeros les siguen. Hay un mar de gente que se abre conforme avanzamos por una calle, solo se ve gentío y gritos yo continúo corriendo. Un compañero se ha caído, el suelo resbala muchísimo y te sientes como en un laberinto lleno de curvas y palos rojos. Hay personas que intentan correr a nuestro lado, se hace la oscuridad por un segundo y entras en un lugar monumental, lleno de gente por todos los lados, -¡Oye chicos! Vamos a ver este lugar, – pero nadie me hace caso y corren hacia una puerta pequeña. Entramos todos, hasta el rezagado. Se escuchan aplausos. 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA CARRERA DEL TORO.

Francisco José Hernández García

«Con lo bien que estaba en el campo, me meten en una jaula y me sueltan en un cercado.» Fue su primer pensamiento al ser soltado.
Al amanecer sonó un trueno. Una puerta se abrió. Al salir, el paisaje era muy extraño: unas enormes vallas de piedra y un grupo de personas. Corrió como hacían los demás; entonces vió al pastor. «Vaya, Pedro está jugando con nosotros para que corramos.»
«¿Qué será eso blanco que llevan en las manos? Verás tú cómo nos enfaden. Éstos no saben jugar como Pedro.»
«Ahhhh…me resbalooooo.». El suelo de la esquina estaba húmedo y perdió el equilibrio. Se levantó, no quería quedarse atrás, entre sus compañeros se sentía seguro. A los pocos segundos vio a otro pastor. «Paco también quiere jugar a que corramos.»
Unos metros más adelante vió una gran puerta abierta. Al entrar en el callejón vió un grupo de corredores caídos. «A éstos les gusta que los saltemos.» Saltó. Continuó hasta entrar en la plaza.
«Vaya cercado más grande. Está lleno de gente. Será un cercado para hombres.» Siguió a las vacas mansas hasta otro cercado.
«Ya llegué donde querían Pedro y Paco. Este cercado es más tranquilo que ese grande.»
 

DON ERNESTO

Francisco Miguel Bonilla Mengual

Vacilante, don Ernesto espera el tercer chupinazo para lanzarse en plena Estafeta frente a los astados. Sabe que el cuerpo ya no le responde como antaño, pero le da igual. Se ajusta la gorra de marinero y mesa su blanca barba antes que aparezcan por la curva. No quiere dejar una mala impresión si tiene la fortuna de ser cogido o embestido fatalmente, así que se mete bien la camisa en el pantalón y se ajusta el pañuelico rojo. Todas sus pertenencias, sus notas y escritos han quedado a buen recaudo en la 217 de La Perla.
Hace treinta y cinco años que se lanzó por primera y última vez a correr. Pasó miedo y no lo volvió a hacer pues entonces tenía mucho que perder y poco que ganar. Ya no es el caso. Sabe que si no lo hace un toro lo hará una bala y puestos a elegir sus preferencias están claras. Solo una muerte heroica, como la que espera, lo convertirá en leyenda, más allá de premios y reconocimientos. Se lo debe a San Fermín.
Escucha el lejano cántico: “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…”, el tercer chupinazo y llora amargamente su cobardía postrera que le impide hacerlo. 

JULIO DEL 24

Gabriel Rosselló Calafell

Júbilo y emoción en barandas y celosías. Sudor frío eléctrico, músculos tirantes sobre el pavimento. Ernest aprieta los dientes, los maseteros agrandan los flancos de su mandíbula. La aguja larga del reloj señalando a septentrión precipita el chupinazo. El de Illinois se lanza a la carrera. Sus cabellos lisos, despeinados, bailan al son de la brisa. Sobre él se abalanza como una locomotora la angostura de las calles. Al instante, las bestias, en una estampa de poderío, irrumpen briosamente estimulando fragor, polvo y adrenalina.
No se demora el desafío. El cruce de caminos arriba como un coloso temible. Las enormes sombras zaínas, castañas y jaboneras se escinden como los canales de un torrente. Ernest se vuelve someramente. Sus perlas brunas colisionan con la mirada infinita de un imponente morlaco cuya corona acaricia las nubes. Ciertos aullidos atemorizados no hacen mella en el ánimo del mozo, enfrascado en un duelo que lo sume en un instante eterno. Cuando acaricia el terso abrigo azabache del animal se siente tan valiente como Aquiles, el súbito protagonista de una epopeya que elevará al Elíseo su memoria. Por un segundo puede oír cómo su respiración se sincroniza con el resuello de su oponente. Dos timbales entonando idéntica canción: Pamplona.  

CRÓNICA DE UNA CURVA

Gabriel Camero Martín

Un papel en blanco con anotaciones en un margen; algunas referencias históricas del hierro de la jornada y unos tiempos a los que no suele dar importancia pero sí que insiste siempre en anotar.
De pie, se sitúa en aquella curva rato antes de que los toros pasen por su vera – separados por las vallas y postes – con una violencia en bloque y vertiginosa mientras los mozos se la juegan a todo correr dentro del laberinto del destino que son esas calles en julio y esquivando peligros; rozando carnes y cuernos.
Tiene aquella curva aroma de amanecer salvaje, tabaco, charanga y una tensión como si pudiera cortarse. Y él allí, con aquel bolígrafo entre sus dedos.
Como siempre, cuando pasen los toros y se impregne de aquella pasión de frente, la media curva y como todo desaparece calle arriba entre la marabunta, subirá a su habitación donde verá sin sonido la repetición del encierro y con lo que le deje dentro – los sentimientos que le han producido – hará una crónica veloz de no más de doscientas cuatro palabras.
Lo único es que no tiene un medio a quién enviársela así que de momento la guardará para él, en una carpeta. 

CONDICIONANTES

Gabriela Zartarian

Qué algarabía en la fiesta de San Fermín!… Pamplona huele a huevos fritos con chistorra…
Bueno, eso es todo.
Mi capacidad para escribir relatos, hoy está bajo presión.
Además, mi experiencia en la escritura se basa en mis listas de compras y los cálculos sobre cualquier papel que hago, para ver si llego a fin de mes.
La inflación; maldito evento monetario que reduce el poder adquisitivo y donde el sueldo rinde cada día menos. Por si fuera poco, afectan los procesos de turbulencia sobre el campo electromagnético del planeta a nivel físico, mental y emocional, dada la ingente cantidad de energía de las erupciones solares clase X o, más específicamente M9.
Así que sin apremios. Ojalá la fuerte fusión de energías, la que ingresa por la cabeza y la que sube de la tierra a través de los pies, me otorgue algo de creatividad.
En todo caso podría esperar a la temporada de eclipses, ahí seguro escribo algo bueno. 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

AQUELLOS AÑOS…

Francisco Javier Gartzia Lezaun

Ahora que las arrugas de mi cara son el reflejo de las hojas caídas
en el calendario de mi vida, recuerdo con añoranza para retornar
en pensamiento a aquellos años cincuenta, donde mi imaginación
de niño agitaba en brutal tembleque mis tiernas piernas ante la presencia
de aquellos acartonados seres que, se empeñaban, sin saber
yo por qué, en pegarnos con aquellas temidas vergas. Mientras otros,
más esterilizados, regios y altos, se abrían paso por las viejas calles sorteando
carros y carrozas y a algún madrugador mozo que,
tras correr el encierro, y con ristra de ajos al hombro,
se resistía a abandonar la juerga mientras quedase alguna ochena
en sus bolsillos.
Sanfermines de telediarios en blanco y negro,
de chatos de vino, de botas de tinto, de grandes cestos para
meriendas en los toros. Un coso donde los mozos, de alpargatas o zapatos,
de blusas o corbatas, sin cubatas ni kalimotxos, vivían también los sanfermines
disfrutando de la juerga.
Una fiesta con sabor a toro, y a Santo.
Con olor a vino y a sudor en unas tabernas, con ausencia de mujeres.
Al igual que en las peñas de mozos, sin mozas, estas, relegadas tristemente
a tan solo a meras
madrinas…

 

EL MOMENTICO.

Francisco Javier Igarreta Eguzquiza

El inspector Davis siempre quiso volver a Pamplona. Fundamentalmente por razones sentimentales. Años atrás, su madre participó allí en unos cursos de verano. Meses después nació él.
Cuando le propusieron aquel asunto, algo le impulsó a aceptar . Según la Interpol , los Sanfermines, por su carácter intemporal eran terreno abonado para lo imprevisible.
Davis aterrizó en Pamplona el cuatro de Julio. Enseguida le impresionó el aroma euforizante. Como un estado de gracia que impulsaba a la gente a encontrarse. El día seis, en medio del vaivén de rojo y blanco, el fenómeno parecía incontrolable . Desde primera hora, Davis y sus boys afrontaron su particular día D. Encaramados en un tejado de la Plaza Consistorial, barajaron lanzar un «Mayday»al escuchar tras el Txupinazo y el Viva San Fermín!!!, aquel estentóreo griterío. Afortunadamente la vaharada mestiza de sudor y cava que subía desde la plaza les puso en su sitio .
El día siete, Davis despertó en un jardín, acariciado por la alegre música de las dianas. Dejándose llevar por su olfato de sabueso se encaminó a la churrería de la calle Mañueta. Un hombretón barbudo que salía con un enorme cucurucho de churros se dirigió hacia él: Oh my God!! My little Davis!!! 

TODA UNA VIDA

Francisco Javier Yuste Córdoba

Espera impaciente el momento, con esa fuerza e ilusión como solo se tiene al frisar la veintena pero a la vez con la incertidumbre y los ramalazos de temor tan propios del primer encierro. Mira al cielo y espera… retumba el chupinazo.
El recorrido está en su apogeo, si extendiese la mano sabría que podría rozar a esa masa palpitante que avanza detrás. En el último momento, se aparta y nota como pasa el coloso. Agarra fuerte el periódico; caídas, quiebros, se suceden en una vorágine pero la conjugación de juventud y experiencia junto con la esencial dosis de suerte, le permite seguir en adelante en la carrera.
El sudor corre por sus sienes plateadas, apenas siente sus pasos, el cansancio atenaza pero ya se divisa la puerta de la plaza. El tiempo se dilata y cada segundo se asemeja a una eternidad. Más por voluntad que por fuerzas pasa a través del círculo de luz y el encierro termina. Le inunda la singular mezcla del alivio propio de haber salido todo bien junto con una profunda tristeza; ha sido su último encierro.
Y es que… correr los sanfermines también puede ser la síntesis de toda una vida. 

CARPE DIEM

Francisco Javier Alameda Barrasa

Hacía un calor infernal. Tras un junio tórrido, el nuevo mes había comenzado peor que el anterior. Yo no quería salir de casa. ¿Para qué —me decía—, si no voy a conseguir nada de lo que me proponga?
Las últimas semanas habían sido arduas, demasiado difíciles. Mientras el verano transcurría lento y perezoso en mi diminuto apartamento, sólo pensaba en una cosa: el fracaso.
Mientras estaba sumido en estos pensamientos, un timbrazo me despertó de mi ensoñación. Eran mis amigos.
—Venimos a rescatarte del olvido y de la apatía —me decían no muy convencidos—. Es hora de que dejes de pensar en negativo.
Tras más de seis horas de autobús, llegamos a una ciudad desconocida para mí. Nos bajamos junto a una ciudadela en forma de estrella y, desde allí, caminamos hacia el centro de la ciudad, donde todo el mundo iba vestido con camisetas blancas y pañuelos rojos anudados al cuello.
—Bienvenido a Pamplona, hoy es el día de San Fermín. Aquí no importa de dónde vengas ni a dónde vas.
A partir de ese día, dejé de pensar en mis fracasos y en mis problemas. Ya sólo deseaba una cosa: disfrutar del presente como nunca hasta entonces lo había hecho. 

POBRE DE MÍ

Francisco Javier Cano Santa Bárbara

Cada vez me cuesta más levantarme tan temprano. Ducha fría, café caliente, ropa inmaculada, zapatillas limpias. Unos rezos al santo con el pañuelo y salgo hacia la calle Estafeta. Compro el periódico y llego a nuestra esquina. Intento calmar los nervios y saludo a los habituales. Salto cuanto puedo para calentar mis piernas cansadas, mientras asimilo que será mi último encierro. Cada metro tiene una historia detrás, cada cicatriz. Concentrado, miro al suelo y recuerdo las innumerables veces que corrimos juntos desde este punto. Suena el cohete, cierro los ojos y beso tu foto que guardo en el pecho. Como si te llevara de la mano, empiezo a correr y aprieto con fuerza el diario con tu esquela.
 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

«CORAJE Y ASTA»

Francisco Barranco

Se despertaron temprano,se anudaron los pañuelicos,ya oxigenan y flexionan Estafeta arriba. Las gargantas saborean un incipiente amargor al último trago de café. Carraspean y tragan los resquicios de saliva del miedo.La calle respira a humedad y a aceite requemado,que hace que las gargantas se aprieten y se resistan a cualquier vahído inquietante.Se habla en voz baja,casi se escucha una oración votiva y se abrazan como soldados abiertos al combate. El miedo entra por tus pies en un ímpetu mecánico como una fórmula matemática,se adhiere a tu piel en diminutas esquirlas y puede convertirse en una concha o molusco lento y torpe. No es hora de que el pavor se resista al coraje. Ahora se sube el tono de voz,se vocifera como si se quisiera despegarse de ese enchufe eléctrico y fatal.
Los portones rugen,los bramidos ponen en alerta encogiendo músculos;las miradas quedan expectantes. Los semanarios en cuádriceps hacen de despertador letrado. El estallido festivo adorna un cielo impoluto,mientras el corazón comienza a latir entre mugidos y salivajos a la razón de una carrera casi agónica. 

EL MORLACO

Francisco Artacho Arjona

Al tomar la curva en ángulo recto, entre Mercaderes y Estafeta, llevados por la inercia de la carrera, tres astados se estrellaron contra el vallado y la pared, cayendo al suelo. Dos de ellos se levantaron rápidamente y continuaron la marcha, pero el tercero se quedó suelto. Era un morlaco enorme, que debería pesar seiscientos kilos, negro entrepelado y bragado. Sus ojos encontraron por primera vez a los de Manolo “El Antequerano”, que estaba detrás de la valla. Y el matador sintió un escalofrío al ver que aquel animal se le enfrentaba, retándole al duelo a muerte que iba a tener lugar horas después, en la plaza.
Sus ojos eran dos rojas llamaradas, enormemente inteligentes. No había odio ni pasión en ellos, solo una furia incontenible. Lejos de amilanarse por la tortura a la que estaba siendo sometido, su mirada se inflamaba más y más, buscando la del matador para demostrarle su superioridad.
Pero cuando “El Antequerano” se dio cuenta de que aquel toro se estaba dejando engañar para engañarle a él, ya era demasiado tarde. Lo comprendió mientras se desangraba en la camilla, camino a la enfermería, con la femoral deshecha por la terrible cornada.
El morlaco había ganado la batalla.
 

CIEN LADOS

Francisco Parralejo Babiano

Nueve días para encontrarte. Al anudarme el pañuelo al cuello retomaré la búsqueda. Sí, ese tiempo que dedico cada año a barruntarte. Y este será el definitivo porque sé que me esperas desde hace mucho tiempo. Dos minutos antes de las doce miraré a cien lados.
Cerraré mis ojos y acomodaré los oídos a las miles de voces que sembrarán de alboroto la Plaza del Ayuntamiento. Intentaré notar tu latido y conseguiré que tú intuyas el mío. No necesitaré moverme y ya sabes que tampoco podré hacerlo.
¡San Fermín! ¡San Fermín! Ruge la Plaza…
Cuando el txupinazo inunde ese momento de algarabía, euforia y pólvora, la expectante y maravillosa marea va a trasladarme a tu lado.
¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!…
Si no es hoy, será mañana o quizá dentro de dos o tres días. Pero este es el año. Como siempre, Pamplona bullendo. Plena de hermosa vida. Los milagros campando por doquier buscando logros.
El santo está de mi lado, mi fe es enorme y tengo la certeza absoluta de que por fin vamos a encontrarnos.
¡Un momento!… ¡ahí estás!
En el balcón.… el cohete lo lanzaste tú… y después me miraste, reconociendo mi alma entre miles de ellas.
Pobre de mí.
 

MIS FRONTERAS INTERIORES

Francisco Sacristán Romero

¿Qué quién soy? Soy muchas cosas, al menos eso me parece a mí. Una mente inquieta y curiosa, llena de dudas y preguntas que, a veces logra respuestas y otras, las busca hasta no poder más. Posiblemente, lo suficientemente terco como para romper muros (en todos los sentidos). Soy de los que observa antes que sólo ver. Hablo bastante, pero escucho aún más.

Creo ser una mente positiva, siempre voy sonriendo. Prefiero las sonrisas a las lágrimas, así que a ratos intento convertirme en un payaso sin miedo al ridículo. Las locuras tampoco me avergüenzan y sinceramente no suelen escasear. Dispuesto a aventurarme a cualquier cosa, la zona de confort está bien, pero lo diferente está mejor.
Me siento a gusto haciendo lo que hago cada día y no me arrepiento de nada. Cada error es un examen que nos pone a prueba y yo trato de mejorarlos. Todos los momentos malos pueden llevar a uno bueno y mejor, solo hay que observar detenidamente.
Aquella noche de viernes al sábado, dispuesto a divertirme y pasar un rato agradable, lo que no sabía es que allí, esa noche conocería a una persona especial, mi querida Carmen. Quedaría nuestra ASIGNATURA PENDIENTE
 

LA ESPAÑOLADA

Francisco Javier álvarez Castro

de nuevo, la españolada se hizo realidad. un año más. 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL PRIMER CHUPINAZO.

Fernando Garcia Nieto

El ambiente era de euforia total en el interior del vehículo. Hacía apenas una hora Mikel, Ainara y Ander habían entregado cada uno su Trabajo de Fin de Grado en la Escuela de Arquitectura de San Sebastián. La música, las risas y los cigarrillos estaban haciendo de lo más divertido el trayecto por la Autovía de Leizaran rumbo al chupinazo.

A la altura del Paso de las Dos Hermanas comenzó a salir mucho humo blanquecino por el capó del viejo automóvil. Aparcaron junto al arcén. Eran casi las 11 de la mañana y aunque estaban a apenas veinte minutos de Pamplona se esfumaban las posibilidades de asistir al comienzo de la fiesta.

Mikel se atrevió a levantar el capó. Aquello tenía muy mal aspecto; una mezcla entre líquidos grasientos y gases de vapor chorreaban por todas las piezas de aquel motor castigado. Ander sugirió mirar un tutorial de reparación rápida en internet mientras Ainara blasfemaba de la misma intensidad contra sus dos amigos y contra aquel coche.

Un autobús que realizaba idéntico trayecto les tendió su capote para acercarles milagrosamente hasta el inicio de las mejores fiestas del mundo. ¿Y el coche? ¿Quién necesita de su coche en pleno chupinazo? ¡Viva San Fermín!
 

«¡ABUELA…AMONA…!»

Fernando Astráin Abadía

Tras muchos años de ver por las rúas de mi ciudad tan distinguida comitiva de Gigantes, Kilikis, Zaldikos y Cabezudos, haciendo gala de su altura; grandes cabezas; elegancia, distinción y señorío, un día me permitieron cumplir un deseo: el de poder dar vida a la Abuela, señora mayor, coqueta ella; de vestido largo, moño recogido, falda roja y sombrilla a juego.

Me ayudaron a vestir en el Palacio de Ezpeleta, en la calle Mayor y comenzó mi andadura teniendo muy presente el de poder equilibrar mis pasos con el zarandeo de mi nueva y enorme cabeza. La experiencia fue magnífica, nunca la olvidaré. Mi sueño hecho realidad con el constante llamamiento de niños y niñas que pronunciando mi nombre “¡Abuela…, Amona…!”, deseaban inmortalizar el momento en una fotografía hecha por sus padres o abuelos. Al llegar al Ayuntamiento, tuvimos que hacer pasillo al consistorio que en cuerpo de ciudad volvía de cumplir con la función de la Octava. El sol castigador en la plaza motivó un exagerado sudor que quedaba impregnado en el algodón blanco de las prendas interiores de la querida Abuela la cual, con emoción contenida, seguía repartiendo saludos cariñosos a jóvenes y menos jóvenes que iban despidiéndose hasta el año próximo.

 

ANDRÓMEDA

Fran – Francisco Javier Nore – ángel Noreña

Andrómeda ostentaba por cabellera un enjambre de estrellas, por vivaces ojos dos astros de esmeraldas resplandecientes, la luna rosada era su boca, sus pestañas finísimas fibras de cometas fugaces, todo su formidable cuerpo forjado por los espléndidos dioses de las artes y los embelesos del amor.
Abrazaba las aguas de los ríos, los campos y sus árboles fértiles, las inesperadas brisas; descalza envuelta entre flores y suaves ramas.
Una fragante mañana, se vio sorprendida por los apasionados hombres del San Fermín, que se celebraba ese verano; y aquellos hombretones llenos de ardiente deseo la persiguieron por los campos floridos tratando de retenerla.
La beldad se confundió con los pájaros que trinaban previniendo la persecución que duró algunos instantes. Se convirtió en lluvia pasajera, y así escapó de sus persecutores.
Nunca nos abandonó, protegía nuestras cosechas, alegraba nuestras fiestas y celebraciones, ayudaba en los dolorosos partos de las mujeres. Llegaba cálida y bella, envuelta en su aura de lluvia, sonriendo.
 

SAN FERMÍN

Francisca De Oliveira

San Fermín

Empieza el día cuatro de julio, la mayor fiesta del año,los colores blanco y rojo colorean toda ciudad!
Así mismo delante de los peligros, es grande la emoción, San Fermín está en fiesta!

 

¡VIVIR, TAN SOLO VIVIR!

Francisca García Mateo

Una masa uniforme de pañuelos rojos sobre fondo blanco apenas ondeaba bajo la tenue brisa de aquella temprana mañana del mes de julio. Los mozos temblaban de emoción esperando a que comenzara la carrera más importante y larga de toda su vida, evitando las blancos y afilados cuernos de la manada, recorriendo las empedradas calles hasta llegar a su destino final en la plaza de Toros escasos minutos después. Y allí estábamos mis amigos y yo, contemplando maravillados la vida que se respiraba nuestro alrededor y nos contagiaba con una pasión y un amor ante una tradición tan arraigada que hasta los niños apenas salidos de la falda de su madre soñaban el día en el que podían estar en aquella línea de salida y sentir y experimentar en sus carnes por primera vez la carrera. Estar allí para nosotros era un sueño hecho realidad. Una esperanza de que en la vida había algo más que un trabajo a jornada completa. Una experiencia más que tachar de nuestra lista particular. “Cosas que hacer, vivir y explorar antes de volver a casa y olvidarnos de vivir”