XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
OTRO CHUPINAZO EMOCIONANTE
Mª Angeles Romero Lasheras
Se acercan las doce y yo,…sin vestir. Vestidito blanco, pañuelo en mano, este año sin faja, no queda bien con vestido. Alpargatas???, no sé, para el chupinazo no sé yo si son muy adecuadas.
Bueno, da igual, me las pongo, que este año me apetece ponerme alpargatas blancas, con sus cordones rojos. Son preciosas, si, me las pongo. Ya estoy lista!!!
Empiezo a sentir las cosquillas en el estómago, la emoción en el corazón y aunque ya he vivido este momento más de cinco décadas, mi pulso se sigue acelerando al filo de las doce!!!.
Sólo quedan siete minutos, por fín oigo que se abre la puerta. Pensaba que se habían olvidado de mí, uffff, qué susto!! Es una de las cuidadoras.
-María, date prisa que solo quedan seis minutos, corre!!!
– Ya sé que esta silla de ruedas es un poco pesada pero haz un esfuerzo por favor, que quiero llegar a la sala de la tele a tiempo de ver el cohete!!!!
-Están ya todos????
Ay qué emoción,………Víva San Fermín!!!!!!!
FIESTA
Mª Auxiliadora Ruiz Cejudo
Hoy día 5 de julio he decidido, después del palo que he recibido, que voy a disfrutar de la vida, tengo que vivir todas las experiencias que no he disfrutado durante estos 7 años de casada. Así que me voy a los Sanfermines, llamo a un hotelito a las afueras de Pamplona, es funcional y acogedor, con una zona de relax (me hace falta) reservo y cojo el coche. De camino voy pensando en la novela “Fiesta” de Hemingway, hace años que la leí y me impresionó como aquellos personajes aparentemente despreocupados tenían una vida interior tan tormentosa. Veo alguna similitud con mi vida. Paro a tomar un café y a echar gasolina. Me siento feliz, sola, pero feliz. Mi matrimonio se ha basado en una relación complicada, Jose se quedó estéril por una enfermedad que tuvo, no lo ha superado. Llego al hotelito, Hotel Montayín y me recibe un chico que se presenta, se llama Fidel, me pregunta si conozco a alguien en Pamplona, le digo que no, me invita a acompañarle a las fiestas cuando salga de trabajar, mañana además libra. ¿Será mi Pedro Romero? Ojala!!
Unos días después …
Sí, Fidel es mi Pedro Romero y yo me quedo en Pamplona.
RITUAL
Mª Belén Nieto Moreno
Lo despierta un tambor. Bajo, sordo. Como un corazón encerrado.
La luz entra por una rendija. Es roja y vibra. El aire huele a madera húmeda y a algo viejo que no reconoce.
Se incorpora. El cuerpo entero parece recordar algo: un movimiento ancestral, aprendido.
Del otro lado, alguien grita un nombre. No es el suyo, pero lo empuja a correr.
A su alrededor, otros también corren, vestidos de blanco. Voces. Palabras que no entiende. Algunos extienden la mano, intentando tocarlo. Tampoco lo entiende. El roce es leve, ritual.
No puede parar, ni decidir nada. Una marea blanca, roja y negra lo empuja en un oleaje que no cesa. Alguien tropieza y cae, pero no puede detenerse. El cuerpo duele, pero no puede frenar.
De repente, se queda solo.
El túnel, antes desdibujado por la velocidad, se reconstruye.
Se acabó el mar. Llegó a la arena. Pero no es una orilla.
El sol se asoma detrás del círculo que enmarca el cielo.
Una muchedumbre blanca y roja lo mira desde arriba, y él fija los ojos en el centro de la plaza.
Siente el calor. El pulso se detiene un instante.
Un pañuelo —rojo, como la sangre que será— cae.
LA VÍSPERA
Mª Teresa Arcón Romeu
De las entrañas del bodegón se evaporaban cánticos hermosos. Eran voces recias de hombres. El chacolí del pipote ayudaba en alguna proporción a aquel coro nostálgico de castaños, nieblas, carretas de bueyes y vidas pasadas. Aquel canto, lleno de ternura, penetraba muy adentro, hasta dejar el corazón apacible, rebozado de honda nostalgia. Nostalgia de hayedos contrabandistas, de espolones cubanos, de rebaños californianos, de viñedos navarros y reatas de arrieros.
No mucho más tarde, irrumpirá con fuerza el sol de las certezas. Mañanas bulliciosas de dianas cuarteleras, toros entre adoquines, churros, campanas de procesión y jotas mirando a cielo.
Javierito estaba en el balcón del Casino Principal. Manolita estaba con él. Apenas se habían saludado: «Buenos días» «Hola». Vengo del encierro. ¿tú?…Detrás de es apabullante elocuencia se freía una ardiente pasión. Hablaban sus ojos y sus manos enlazaban sus corazones.
La orquesta animaba el baile de la alpargata y Javierito, con la cabeza en el bolsillo del pantalón, sacó un sobre, pidiendo ruborizado a Manolita que lo viera, y rompiera las fotos de su antigua novia.
-Qué tontos sois los hombres- Yo ya lo sabía. Pero también sabía que tú serías mío.
Julio Javier irradiaba felicidad. Pedacitos de viejos sentimientos volaron a viento.