Archivo por días: 23 de marzo de 2026


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CRÓNICA DE UNA CROQUETA ANUNCIADA

Teresa Buzo Salas

Iñaki siempre decía que lo suyo no era correr. Ni correr ni madrugar ni mezclarse con masas. Pero aquel 7 de julio, borracho de valentía (y pacharán), decidió estrenarse en los encierros.
Se colocó el pañuelo rojo con orgullo, se hizo un selfie, y se colocó junto a los mozos veteranos. El cohete sonó. Los cuernos se acercaban. Iñaki no corrió. Iñaki gritó, claro. Se dio media vuelta. Tropezó con un turista belga. Pisó un churro. Rebotó en un alemán. Rodó por el suelo como croqueta humana. Y entonces ocurrió el milagro: todos los toros lo esquivaron. Uno incluso le dio un lametón. La gente aplaudía. Los periódicos lo llamaron “el susurrador de toros”.
Al día siguiente, con la fama en la cabeza, Iñaki volvió. Mismo lugar. Mismo selfie. Esta vez solo soltaron vaquillas. Pero una, pequeña y vengativa, le embistió tan fuerte que aterrizó en una tienda de souvenirs. De cabeza. Entre camisetas que decían: “Yo sobreviví a San Fermín”. No compró ninguna.

 

SE BUSCA

Teresa Agorreta Fernandez

En Pamplona, las cosas más sorpresivas, inauditas y divertidas ocurren en Sanfermines. Os voy a contar una anécdota.
El día 8 de julio después del encierro, estaba tomando un chocolate con churros en el viejo Café Iruña y mientras ojeaba el periódico una noticia acaparó mi atención. Entre la multitud de fotos del encierro aparecía un anuncio con el rótulo «Se busca» a página completa. Era ni más ni menos que una imagen de San Fermín.
Iba acompañado de la siguiente reseña: el día 7 de Julio, en plena calle Estafeta recibí un abrazo del «amigo» carterista. Unas manos ágiles y silenciosas me robaron la cartera. No me importa ni el dinero que llevaba, 150 euracos, ni el DNI, ni el carnet de conducir, ni la tarjeta VISA, ni la tarjeta del Corte Ingles, ni la tarjeta de la biblioteca , ni la tarjeta de la Mancomunidad….Lo que de verdad me importa es la estampa del Santo que me acompaña desde mi más tierna infancia. Tiene un gran valor sentimental para mi.
«AMIGO CARTERISTA», si esto llega a tus oídos, deposita la estampa de San Fermín en la hornacina de la calle Santo Domingo.
P.D. Si no aparece la estampa, empapelaré toda la ciudad. 

TODO LO QUE AÚN SUENA

Thais Montolio Bachero

El 7 de julio amaneció como cualquier otro martes: sin pancartas, sin música, sin pañuelos en los balcones. Nadie parecía notar la fecha. Nadie, excepto ella.
Se vistió de blanco, ató el pañuelo rojo con manos lentas y bajó a la calle. Nadie la miró raro. Solo la ignoraron, como a una más.
En la plaza, donde antes no cabía un alma, había bancos vacíos y una fuente que sonaba demasiado e interrumpía un silencio que a ella se le antojaba difícil de digerir.

Pidió un café solo —el vino, mejor en otro cuerpo— y preguntó:
—¿No sabéis qué día es?
La camarera negó, casi con pena.
Ella sonrió, no por cortesía, sino porque aún le quedaban recuerdos. Y los llevaba puestos.
Se sentó en el banco de siempre. Cerró los ojos.
—Gora —susurró, como si el cuerpo aún supiera el orden de las cosas.
Un chico pasó cerca y se la quedó mirando y vio como sonreía sin saber confundido pero feliz.

No hacen falta cohetes para que empiece la fiesta.
Solo alguien que no la haya olvidado.

 

LOS HOMBRES DE BLANCO Y ROJO, AQUELLAS BESTIAS

Tiago Pardo Perret

Aquella estrella artificial explota y tiemblan las calles de Pamplona, no están listas para recibir el peso de la cólera. Las bestias, encerradas en sus rincones y pelajes, saben qué es lo que sigue. Las amamantaron de odio, y acá las tienen. Atormentadas con la certeza de que éste es su propósito. Su fin.
Los hombres se atan la muerte al cuello, ignorando los lamentos sobre sus espaldas. Como siempre hicieron. Qué ordinarios.
Allí, en las calles, los hombres son hombres, y las bestias serán hombres también. Representarán lo peor de la humanidad. Esa furia, esa sed de opresión.
La carrera de bestias contra hombres. La consecuencia del hombre sobre el mundo enfrentada al propio hombre. Bestias contra bestias.
Llegará un día, donde ni importancia tenga la existencia de una bestia real. Ni toros ni bueyes habrá, pero, aun así, los hombres seguirán corriendo. Siempre hay otra cosa de la que huir.
Seguirán corriendo, porque son ellos, siempre ellos, corriendo de sí mismos. Huyendo de lo que provocan.
Pobre de mí, dicen al sentirse libres. Con la facilidad de quitarse la muerte del cuello, indiferentes a la destrucción que abandonaron tras sus pasos.
Como siempre, la violencia, aquella tradición de bestias celebrada como humanidad.