Fallo del jurado del XVIII Certamen de Microrrelatos de San Fermín
Estimados amigos y lectores, el 19 de junio a las 19:00 en el Palacio del Condestable de Pamplona, se ha hecho público el fallo del jurado del XVIII Certamen de Microrrelatos, con los siguientes resultados:
Primeros tres clasificados:
Ganador: La épica con artrosis por Patricia Aliaga Rodrigo.
2º clasificado: Before the first rocket breaks the morning open, I come back to myself por Adrião Pereira da Cunha.
3º clasificado: La tintorera por Óscar Jiménez Otero.
Resto de finalistas:
4º clasificado: Atzerrian, zortziak por Ixai Salvo Borda.
5º clasificado: Instrucciones para atarse un pañuelico por Alberto Pascal Bea.
6º clasificado: Diferido por José Francisco Sánchez Lozano.
7º clasificado: ¿Izquierda o derecha? por Ana María Abad Garcia.
8º clasificado: Luto en desorden por Alberto de Frutos Davalos.
9º clasificado: Mañana a la misma hora por Irantzu Urtasun Morrás.
10º clasificado: La pareja perfecta por David Casals-Roma.
Nuestra más calurosa enhorabuena a todos ellos, así como al resto de participantes en este XVIII Certamen que nos han hecho disfrutar con sus trabajos. Y sin más preámbulos, aquí tenéis el texto ganador:
La épica con artrosis – Patricia Aliaga Rodrigo
A mis 102 años me prohibieron el encierro por “seguridad”. Lo dijeron unos mozos con casco, rodilleras y alma de folleto. Les enseñé la dentadura y les dije: “He sobrevivido a tres maridos, dos dentistas y al flan de mi nuera; si alguien es frágil aquí, es el toro”.
A las ocho, en Santo Domingo, até el pañuelo rojo a mi bastón como quien iza una república de saldo. Rezaron al santo. Yo negocié: “Fermín, bonito, no me hagas quedar como una anciana adorable, que tengo reputación”.
Cuando abrieron el corral, Pamplona se volvió estampida y escaparate. Yo no corrí. A mi edad, correr es vulgar: lo elegante es llegar tarde y que parezca estrategia.
Un toro rezagado me encontró en mitad de la calle. Le miré el ojo y vi a mi madre planchando camisas ajenas, a mi hermana sirviendo almuerzos, a todas las mujeres que sostuvieron la fiesta sin salir en el cartel.
Levanté el bastón y le dije: “Pasa tú primero, hermoso. Yo ya he toreado bastante humano suelto”.
El toro pasó. Detrás, yo crucé despacio hasta la plaza. Aplaudían sin saber si era hazaña o desacato.
Qué más da. A veces la épica es una vieja que no se aparta.