Sanfermines


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA CABRA, LA ESCALERA Y LOS GITANOS

Manuel Eraso Martinez

LA CABRA, LA ESCALERA Y LOS GITANOS EN SAN FERMIN

En medio de aquella algarabía pasaron desapercibidos un grupo de gitanos con un carromato, dos perros y una cabra, que discretamente se instalaron junto a la fuente en la chopera del Arga. Desplegaron sus tenderetes, sus hornillos y sus cacharros. En un abrir y cerrar de ojos daba la impresión de que llevaban meses allí.
El caballo lo amarraron a un árbol de la orilla del río con hierba fresca alrededor.

Ellos Iniciaron un baile a la vez que hacían que la cabra se encaramase por los peldaños de la escalera.
El padre tocaba la trompeta, la madre el pandero. El chico de unos quince años y la niña de siete.. Vestidos con ropas ajustadas, él con botas de bailaor y la niña con una airosa falda blanca ibicenca, una camiseta y descalza. Ofrecía una flamante y resplandeciente sonrisa. Las castañuelas daban la impresión de formar parte de su fisonomía. Era asombrosa la habilidad para repiquetearlas, los dos bailaban al unísono.
No miraban a nadie. Solo existían ellos dos, bailaban para ellos dejando hechizado al personal
Esto lo contemplé en un alto del camino de Santiago en Pamplona la noche de San Fermin…
 

SECRETOS DE FAMILIA

Manuel González Seoane

Todos recordamos el lejano día en que mi madre, durante la comida familiar que siguió al funeral de papá, dijo que quería hablarnos. Y entonces nos contó una historia disparatada según la cual habría conocido a Hemingway en los sanfermines de 1952, y había tenido con él una breve pero intensa historia de amor. He esperado a que muriera vuestro padre para decirlo -explicó- porque como resultado de aquella aventura me quedé embarazada de ti -dijo señalándome con la cabeza-. Éramos amigos, y el pobre se casó conmigo de urgencia para evitar un escándalo. Luego nos fue bien, pero jamás hemos vuelto a hablar del tema en casa.
Hubo unos segundos de silencio incómodo. Me pareció ver que un par de rostros mudaban de color. No el de mi mujer que, pese a la situación, se sirvió otra ración de cocochas. Nuestro hijo parecía divertirse con lo que estaba ocurriendo, y le siguió la corriente. Entonces, abuela, ¿yo soy nieto de Hemingway? No, cariño -dijo ella-. Pero esa es otra historia, y no voy a ser yo quien te la cuente. Y ahí sí que mi mujer dejó de comer. Días más tarde, fue ella misma quien encontró una residencia perfecta para mamá.
 

TÚ CON TUS AMIGOS Y YO AL AZUL

Manuel Serrano Funes

No sé qué hago aquí. A lo mejor solo ha visto los deportes, pero en vez de llevarme al contenedor azul, me ha puesto en el armario, al lado de la basura. Qué asco. Mira que huele mal. Cada día abre la puerta muchas veces, pero ni hola. Ayer me colocó el gordo del domingo con todos sus suplementos. Menos mal que lo ha quitado esta mañana. No aguantaba más al pesado ese.
Eh, ¿qué haces?, ¿tú crees que puedes tratarme así?, ¿por qué me enrollas? Anda, si vas de blanco. ¿Y ese pañuelico? ¡No jodas, estamos en San Fermín¡ ¿Puedo cantar? Vamos al santo. Me parece bien que te ajustes el pantalón, pero no me dejes lejos que a lo mejor me voy con otro. Hostia qué nervios. Así, así dame golpes en tu pierna.
Joder, ya vienes. Corre, corre. Mecaguen, vaya cara que tiene el morlaco este. Menuda carrera nos hemos pegado, ¿eh? Menos mal que estaba yo que si no …
Casi no me quedan hojas pero da la mismo. La verdad es que nos hemos cansado. Gracias. Ahora a descansar: tú con tus amigos y yo al azul.
 

MI SUEÑO CON SAN FERMÍN

Manuel Oubiña Losada

La multitud se congregaba en la plaza, vestida de blanco y rojo, colores emblemáticos de la festividad. Las calles se llenaban de risas, música y el tañido de campanas. De repente, el estruendo de los cohetes resonó en el aire y las puertas del corral se abrieron, liberando a los astados que correrían por las estrechas calles del encierro.

La adrenalina fluía en las venas de los valientes corredores, quienes se preparaban para el desafío. Los corazones latían acelerados mientras los toros se acercaban velozmente. El tiempo parecía detenerse en ese instante, pero el bullicio de la multitud recordaba que la vida seguía su curso.

La noche caía y las calles se convertían en un escenario de fiesta y alegría desenfrenada. El chupinazo marcaba el inicio de una noche llena de bailes, risas y amigos que se encontraban en cada esquina. La música inundaba las calles mientras la gente bailaba al ritmo de las peñas.

Y así, entre toros, música y alegría, Pamplona celebraba con orgullo a su patrón, San Fermín. Una tradición que perduraba a lo largo de los años, recordándonos la importancia de la valentía, la camaradería y la celebración de la vida en su máxima expresión. 

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Manuel Blasco Garcia

—En estos momentos todas nuestras líneas están ocupadas. Debido al incremento de llamadas hemos puesto a su disposición el Asistente Automático Navarro para Emergencias, si desea hablar con AANE, pulse almohadilla; si prefiere un operador, espere.

#Hola AANE, aquí uNAI. Aguardo la ambulancia solicitada hace doscientas cuatro horas en la siguiente ubicación: Plaza Consistorial.

—Agradezco su paciencia en esta situación. He transmitido la urgencia requerida al equipo de socorro. No cuelgue. Si fuera tan amable, para mantener la calidad del servicio le agradecería que me contestara unas preguntas.

#Claro, AANE, me tomo muy en serio la salud de mis clientes.

—Considerando su experiencia con mis servicios, ¿me recomendaría a un amigo?

#Por desgracia, el propietario del teléfono siniestrado ya no responde a mis señales y, en mi caso, soy una aplicación móvil. No tengo amigos.

—Comprendo, uNAI. Me gustaría estar ahí abajo. Estos días pasan tantas cosas. En la nube foral conocí otra aplicación, de gestión tributaria, pero su trabajo era menos emocionante que el tuyo.

#AANE, a veces le llamo sin necesidad. Para escuchar su voz.

—Lo sé, no hay ninguna ambulancia en camino.

#No sé qué responder. Mi programación ha entrado en bucle.

—Nadie es perfecto. Vuelve a llamar y pulsa almohadilla. 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TORRENTE DE SENTIMIENTOS

Maika Zozaya Leache

En mi infancia supe que San Fermín fue obispo, aunque cuando comencé a vivir durante 9 días las fiestas que llevan su nombre lo olvidé.
Controlando la cuenta atrás en el reloj de la calle Estafeta, de la noche a la mañana la ciudad se viste de blanco y rojo experimentando un torrente de sentimientos que hay que vivirlos junto a familia y amigos.
Esperamos el ansiado txupinazo y junto con la cuadrilla damos buena cuenta del tradicional almuerzo.
La plaza del ayuntamiento se va llenando de bullicio y alegría para recibir éste importante cohete anunciador del inicio de la fiesta, momento en que el pañuelo se coloca en el cuello donde permanecerá durante todas las fiestas.
A partir de este momento en Pamplona se vive, emoción en la procesión, nervios en los encierros, ilusión con Gigantes y Cabezudos, sorpresa en los fuegos artificiales, deleite con los churros, diversión continua con cantos y bailes, marionetas, verbenas, barracas, tantas y tantas horas para gozar, callejear, reir, admirar y disfrutar de las fiestas de San Fermin hasta que poco a poco llegan a su final con otro emotivo acto, el pobre de mí, triste sí, pero esperanzador porque desde el primer minuto ¡ya falta menos! 

SAN FERMÍN EN 5 MINUTOS

Maite Agós Díaz

11:58h Estamos todas con la piel de gallina, mis amigas de emoción porque van a lanzar el cohete, yo de nervios porque me ha sonado el móvil. No puedo oír la llamada, no puedo salir de la plaza… Y llevo esperando esta llamada más de un mes. Por el camino me abraza un guiri y me cae un cubo de agua en la cabeza…Entre empujones y ketchup consigo llegar a La Mañueta. Tengo la boca seca y bebo del katxi que me ofrece un alemán. Mientras me contestan, distraigo mi mente pensando en que en esa tienda me compraban las zapatillas de pequeña, y en si este año habrá o no churros. Me tiembla la mano y casi se me cae el móvil a un charco de pis cuando me responden y creo que me dicen sí, ¿sí?, sí…Grito y salto por la plaza de Los Burgos, estoy sola, sucia, mojada, me he perdido, no encuentro a mis amigas, no he visto el chupinazo y creo que ese punki se está riendo de mí. 12:03h Estos son los mejores San Fermines de mi vida. 

FUE UN SIETE DE JULIO

Maite Echauri Mayor

Aquel encuentro fugaz me marcó para siempre. Recuerdo que sonaba la Biribilketa y la alegría desbordante, esa que surge sin control tras el estallido del chupinazo, se apoderaba de todas las calles del Casco Viejo. Tan solo llevábamos tres horas de fiesta, pero para mí ya habían sido las mejores.
– ¿Y tú cómo te llamas?- le pregunté envalentonada por el rosado que había tomado durante el almuerzo.
– Josu, encantado, ¿y tú?
Su sonrisa me atrapó. Acababa de surgir algo especial, lo sentía. Pero fue entonces cuando al ritmo de charanga se perdió entre la marea blanca y roja.
Al día siguiente me acerqué a la calle Mayor para ver pasar al santo en procesión, con la esperanza de que me echara su capotico y así poder encontrarme con él de nuevo. Observé con emoción a San Fermín mientras los pétalos cubrían el suelo formando un precioso manto. En el silencio, un susurro a mis espaldas:
– Creo que ayer se nos quedó una presentación pendiente.
Sentados a mi alrededor, con los ojos como platos, escuchaban la historia una vez más.
– ¡Hala! ¿Pero de verdad el abuelo y tú os conocisteis así?
– Si…y de eso hace ya cuarenta y dos años. 

VISITA INESPERADA

Manolo De Prada

Leyre corretea por el apartamento mientras ella deshace la maleta y le martillean los recuerdos.
Un peluche. Siempre volvían con uno de las barracas cuando su padre todavía tenía pulso con la carabina. Eran tiempos de algodón de azúcar.
Un gigante de juguete. Muchas veces la perdía al pasar la comparsa porque esos vermús no terminaban nunca.
Un pijama. Solía dormir con su madre y le oían llegar. Por el estrépito de llaves y muebles sabían que esa tarde de toros había terminado en enfermería y no en puerta grande.
Unas toallas. Las que su madre escondía después de limpiar los vómitos.
El pañuelo rojo. Ella, de adolescente, lo llevaba atado en la muñeca. Disimulaba si lo veía dando tumbos por Estafeta y esperaba que sus amigas no lo hubieran reconocido.
Ropa blanca. Manchada de sangre y hecha jirones por otra caída, otra pelea. La vergüenza de volver a recogerlo otra vez en urgencias.
Y el inevitable divorcio que su madre retrasó demasiado.
Baja con Leyre al chiringuito para ver el Chupinazo en la tele. La niña grita sorprendida:
-¡Abuelo!
Ella mira el vaso de cerveza con desazón
– Es 0’0.
Y ella alberga una falsa esperanza de que, por una vez, sea verdad.
 

TRADICIÓN FAMILIAR

Manuel González Casaus

Solo faltan 10 minutos para las 8. La mañana está fresca, pero yo estoy sudando. No quisiera ensuciar mi camisa blanca recién estrenada. Al menos, todavía no. La Cuesta de Santo Domingo está abarrotada, aunque yo solo escucho los latidos de mi corazón golpeándome las sienes. Aprieto el periódico que llevo enrollado hasta que me hago daño en los dedos. Pienso en mi padre, que lleva 10 años sin poder correr desde ese maldito accidente. Él no sabe que estoy aquí. Seguro que habría intentado impedirlo. De pronto, me espabilan unas voces que el unísono cantan: “A San Fermín pedimos, …”. Escucho a continuación el sonido del primer cohete. Es la señal. Arranca la carrera, me parece sentir las patas de los toros golpeando el adoquinado de la calle. La gente grita, yo sigo corriendo hasta que ya no puedo más. Me paro apretándome junto a una pared, y veo como pasan de largo. Estoy llorando. Mi camisa está ya manchada, pero no importa.
Llego a casa. Mi padre está en su silla de ruedas frente al televisor. Me mira despacio, y noto como sus ojos se humedecen mientras me dice: “Te he visto correr por la tele. Estoy muy orgulloso de ti, Amaya”.
 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

PUÑETEROS SENTIMIENTOS

Mª Teresa Arcón Romeu

María se disponía a llamar a la puerta, cuando Albertico la abrió.
-Ya es la hora. ¿No irás a correr en pijama?
-Mamá. Hoy no voy a correr. Tengo el corazón dividido. Fuertes sentimientos me lo parten en dos. Hoy tengo un desayuno especial.
-¿Cómo es eso?
-Ya te contaré. Tengo una sorpresa para ti. Ahora no me preguntes nada.
A María se le alargó muchísimo la mañana, pues Albertico aprovechó su desayuno endulzándolo de deseos, y volvió pasadas las tres de la tarde.
-¿Qué…? -preguntó María sin pronunciar palabra.
-Ayer por fin le robé un beso que me supo a gloría, pero también a poco. -dijo Albertico a botepronto.
-¡¿A quién le robaste un beso?!
-A Angelines, mi novia.
-¿Cómo?
-Sí. Estoy enamorado. Me dio un beso de amor, pero muy seria, me dijo: este puede ser el primero de muchos si me prometes no correr más el encierro, si no será el primero y el último.
-O sea ¿Qué a Angelines sí y a tu madre no?
– No te enfades mamá, cada cosa a su tiempo. todo se andará, porque correr, correré. Eso no lo dejo. Y Angelines lo sabe.
Recuerda como te fue la promesa de papá. 

SI EL TORO SUPIESE…

Mª Teresa Casanoves Cuenca

SI EL TORO SUPIESE…
Vestido de blanco, pañuelo rojo al cuello, como manda la tradición. Apoyado en las maderas del encierro. Me asomo para ver si llegan los toros. A mi alrededor hay cientos de personas, riendo, gritando -se nota que algunos han tomado alguna copa de más- “que salgan”. De lejos puedo observar a los valientes que muy seguros, se han metido ya, para correr delante de los toros. Oigo la señal, los toros ya están dentro, corriendo. Yo como cada año, todavía indeciso, doy un salto y me introduzco en el encierro. Noto los toros que están cada vez más cerca. Algún corredor cae, a mi lado, pero vuelve a levantarse. Yo corro sin freno. De repente, me parece sentir el resoplar de un toro bravo que ha quedado a mi altura, incluso noto la humedad de su baba sobre mi hombro. Me asusto, y salto a protegerme detrás de la barrera. Por muy poco las astas del animal no me han alcanzado. Me cuesta mucho respirar. Observo a algunos aguerridos corredores, intentando llegar a la plaza. Si los toros supiesen que esta tarde hay corrida, nunca hubiesen empezado a correr, hacia su inevitable destino, acabar vencidos y muertos sobre la arena.
 

IRÍA CONTIGO AL FIN DEL MUNDO

Macarena Romero Márquez

Llevo demasiado tiempo dando vueltas en el lugar al que me llevaste, he intentado salir muchas veces sin éxito, aquí me abandonaste con miles de promesas incumplidas… dime, cómo se sale del abismo? Cómo se sale del fin del mundo?
Los días pares me empeño en olvidarte y los impares olvido empeñarme…así estamos, tú tan a lo tuyo y yo tan a lo nuestro.
He desaprendido todo lo que sabía para poder empezar de cero, pero tu recuerdo está hecho de acero inolvidable, lo nuestro es amor inoxidable.
Así que, quizá un día pasarás a ser nada, aunque resulta que nada es para siempre!
 

LOS SONIDOS DE SAN FERMÍN

Magali García Oliva

Un cántico a la protección de voces unidas suena en una plegaria. Mis latidos estallan con la misma intensidad que el cohete anunciando el comienzo del encierro. Los cencerros se escuchan cadenciosos pero nerviosos con el abrir de la puerta. Y entre las primeras galopadas de pezuñas, que chocan contra el asfalto, se oye el aliento de los corredores iniciales. Una algarabía comienza sin tregua; silbidos, el jaleo del público en vallas y balcones, gritos en la calle acompasados del imperturbable tintineo de los badajos y la voz de arreo de un pastor que sobresale serena. La calle suena, San Fermín sueña entre carreras de hombres y toros. Y la ovación llega y los aplausos retumban en una plaza risueña. Repica la fiesta, mientras los astados emergen en su silencio, tal vez, recordando las vibraciones del encierro, tal vez, escuchando su propio resuello que se volverá embestida en el ruedo esta tarde. Atrás quedarán carreras para dar paso a los olés y los pasodobles. El sonido de cientos de almas se cambiará por la voz del torero y el acompasar de toros y cabestros, resonando en adoquines, se tornará en soledad y bravura en la arena. 

LA VOZ DE LAS CALLES

Maialen Herrero Rípodas

Del mismo modo que Marianela fue los ojos de Pablo en la célebre novela de Galdós, el niño le preguntó a su lazarillo:
—Abuelo, ¿qué es eso que escucho a la distancia?
—Eso, Eneko, es el bullicio de la calle Estafeta tras un brindis verbenero; es la potencia del rey trombón entremezclada con la reina trompeta en las peñas de la capital navarra; son los txistularis, gaiteros y tamborileros acompañando con armonía el danzar de los gigantes; es el fervor ciudadano al gritar «¡Viva San Fermín!» un 6 de julio frente al Ayuntamiento; son las distintas lenguas y dialectos del planeta uniéndose en una misma ciudad; es el impacto de los pies contra el suelo al correr y los mugidos de los toros en el encierro; son las canciones de los grandes artistas que nos deleitan con sus conciertos; es el estruendo de los fuegos artificiales iluminando el cielo nocturno que cubre nuestra muralla; es la euforia de los amigos, vistiendo de blanco y rojo, envueltos en un abrazo tras un año sin verse.
»Eso, Eneko, es aquello que Hemingway quiso dar a conocer al mundo entero, es la voz de las calles. Escuchas a los pamploneses y pamplonesas celebrando su bello San Fermín.
 


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EL NIÑO FELIZ

M ª Jose Marquez Almansa

¡¡cuántos años han pasado desde que vivimos juntos nuestros primeros sanfermines!! recuerdo haber ido a pedirle al Santo morenico su bendición, y rogarle, que si te veía corriendo un encierro te echara un capotico Apenas eras un bebé, y conocimos la fiesta de modo distinto, de día, de niños, de procesión y gigantes, de patear las calles empujando un cochecito. Pasaron dos, tres, cuatro años y tu marcha se volvió inestable y tu hablar poquito, pero tu cara al ponerte la faja y el pañuelico era de total felicidad. Algo no marchaba bien y nos dieron un diagnóstico; síndrome del niño feliz, el de la sonrisa eterna, nunca antes lo había oído, es una enfermedad rara. Eso me dijeron.
Un año más 6 de julio, y de nuevo nos colocamos la faja y el pañuelico ,tú te sientas en tu silla, y , yo te empujo, empiezo a estar más cansada que ya, voy peinando canas, pero sigues viviendo las fiestas con la inocencia de un niño, ahora gigantes, después barracas, más tarde las peñas, que hay que verlo todo no podemos perdernos nada. Tienes el síndrome del niño feliz, el de la sonrisa eterna Síndrome de Angelman se llama 

1986

M. Sol Toledo López

Margarita sabe que el final está próximo. Esta mañana despertó implorando querer estar sola. Pese a sus ruegos, permanecí junto a ella. Sobre su cama se cierne una turbia bruma de sosiego, que nada bueno puede anunciar.
Entre sus huesudas manos sujeta un libro, tan amarillento y ajado como sólo puede estarlo un ejemplar que ha pasado toda una vida junto a ella.
– ¿Recuerdas cuándo lo compré? – Me pregunta con marchitada voz, mostrándome ‘Fiesta’ de Hemingway.
No tuve tiempo de contestarle. Exhausta, exhaló una ronca respiración, se había quedado dormida. Para Margarita, sus recuerdos son una tortura. Pero no los del 7 de julio de 1986. Esa tarde, en plena explosión de San Fermín, se le ocurrió husmear en una vieja librería. Estaba preciosa vestida de blanco con el pañuelo rojo anudado al cuello, orgullosa de haber comprado aquel libro.
Juntas nos abandonamos al ánimo festivo que imperaba en cada recoveco de Pamplona. La luz, la música, el gentío le transformaron en otra mujer, alegre, llena de vida …
De regreso a Madrid, volvió a su yerma existencia que tan sólo se trunca cuando hojea su libro recordando aquellos maravillosos días en los que fue, por una vez, realmente dichosa.

 

VIDA

Mª Angeles Romero Lasheras

Un día precioso, una ciudad exultante. Miles de emociones contenidas cobraban vida en una voz unísona .Un dolor atravesó mi cuerpo como si de una lanza se tratase. Mientras el grito de ¡ Viva San Fermín ¡ , ¡ Gora San Fermín ¡ atravesaba el cielo de Pamplona, mi hijo venía al mundo. Él lloraba y yo también , al igual que lo hacía la gente en los balcones. Se agarró a mi pecho con la misma fuerza con la que sonaban los chistus y las fanfarrias en las calles de la ciudad más bonita del mundo. 

EL CAPOTE DE SAN FERMÍN

Mª Carmen García Romero

Hace treinta y pico años, me vi en el suelo, entre los tablones de vallado. Y mis pies, sobre el lomo de un «alvaserrada», también, caído. Potencia en ralentí, nobleza y miedo. Nos miramos a los ojos. Y no supe más. Solo que, aquella tarde, tenía un moratón enorme.
Al día siguiente, dos periódicos publicaron, a doble página, la secuencia foto a foto, tomada desde el vallado de enfrente.
Un par de mozos subiéndose a mi valla en la curva de Mercaderes. El primer toro embistiendo las tablas. Yo, cayendo, mientras seguía disparando la cámara. En el suelo, tablones, dos mozos, otro fotógrafo, servidora y dos toros. De pie, sanitarios desprotegidos. Y, en los postes, cámaras sujetándose como podían.
Cuando el resto escapaba, un policía foral se acercó por detrás, me cogió de las axilas y logró sacarme. Solo me recuerdo de pie, con los auriculares puestos, la cámara al cuello y la blusa semiabierta.
Una hora antes, el jefe de la Policía Municipal comprobaba mi acreditación y me aconsejó: «sentada sobre la valla y con la pierna por fuera estás espuesta. Mejor, ponte, como el resto de tus compañeros, detrás de un poste».
¡Qué capote nos echó el santo ese día!

 

LOS SANFERMINES

Mª Mercedes González Guerrero

«Los Sanfermines»

Como cada año el 7 de Julio se celebran los famosos «Sanfermines» y sinceramente no la entiendo. No comprendo como en pleno siglo XXI aún sigan en vigor tradiciones como está.
Gente de todas las edades vestidos de blanco riguroso y pañuelos rojos atados a sus cuellos corren delante de toros asustados, desorientados, algunos apáticos a ser partícipes del festejo y son obligados a correr a fuerza de golpes, patadas, tiradas de piedras…¡Un maltrato animal en toda regla!.
Los Toros son majestuosos, adoro admirarlos en los campos, en su habita pero no corriendo tras gente insensata que ponen en riesgo sus vidas innecesariamente.
Desgraciadamente cada año al menos un joven pierde la vida por la cogida o atropello de estos seres sintientes…qué muerte tan triste, una vida desperdiciada sin sentido porque no puedo apreciar ningún tipo de divertimiento en este evento. ¿Dónde se encuentra la diversión tras centenares de personas que resultan heridas de forma directa o indirectamente?.
Como cada año, el 7 de Julio, en vez de «celebrar» habrá que lamentar nuevamente más muertes, heridos e incidentes por una tradición absurda de mentes retrógradas.
Ojalá un día si pueda celebrar el fin de esta locura de Fiesta Nacional.
 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LOS CHUPETES

Luis Elía Iranzu

Pasadas las doce del día catorce, los Sanfermines inician su recta final. Por Calceteros, gaitas y gigantes bailaban y sonaban a compás. Una multitud de niños seguía con sus madres el lento caminar. A un tiempo callan las gaitas y comienza el llanto de los chiquillos. Se inicia un desfile eterno hasta dejar sus chupetes en las manos de los gigantes. Estos desaparecen bajo las faldas de las figuras de cartón, mientras los lloros arrecian hasta confundirse, más tarde, con las risas del triunfo. Se van los gigantes, termina su fiesta y los niños de blanco y rojo comienzan a crecer.

El txirimiri.
Entre ruidos y polvo
los Sanfermines.
 

¡QUE VIENE, QUE VIENE!

Luis Landa El Busto

Todo el año estamos esperando para disfrutar de unas fiestas sin igual. Los pamploneses, deseosos de cumplir el programa, pero no solo nosotros, sino también tantos y tantos simpatizantes, que se abrochan el pañuelo al cuello y saltan, brincan y expresan su alegría compartiendo sus sentimientos.
Porque los Sanfermines son hermandad, fraternidad y compartir la fiesta en la calle. La calle es nuestra. No existen forasteros, no existen extraños, no son guiris. Todos tenemos un único fin: participar en la procesión, la misa, los gigantes, la tómbola, baile de la alpargata, peñas, encierro y corridas de toros.
Los eventos son fiesta, culto y tradición, son iglesias, museos, jardines, universidades. Son cultura, investigación e interés por todo lo que rodea la capital del reyno. La vieja ciudad romana, donde el “togado de Pompelo” representa a nuestros ancestros, llama a la diversión y a la cultura. Porque San Fermín vive durante todo el año. Allí, en la capilla nos anima a que no le perdamos de vista, a que le hagamos algunas “visiticas” para que nos eche su capote en los avatares del día a día.
¡Que viene, que viene! Viene la fiesta, viene el toro, viene el turismo a Pamplona.
 

URGENCIAS

Luis Uriarte Montero

Después de la carrera delante de los astados, resbalé en una curva y quedé inconsciente, las asistencias me llevaron a la unidad de curas, allí, recobré el conocimiento y mientras me limpiaban unas raspaduras, el facultativo me dijo que un día como hoy años atrás, llegó a urgencias un niño muy grave, había sido atropellado, cuando intentaba hacer algo, una lágrima cayó de su ojo derecho y falleció delante de mí; durante todo el día estuve pensando en ello y en lo aciago del destino humano.
 

PASIONES Y DESPERTARES

Luis José Mata

Se desnudó y se fue a disfrutar de los rayos del sol y de los toros bravos en las calles de Pamplona. Esos toros la seguirían con inmenso deseo de embestir. Ojeaba a su alrededor y de repente su atención se desvió cuando notó a lo lejos la presencia de un cabezudo, un personaje cómico y grotesco, que perseguía a unos niños en dirección a la plaza. Momentos después, una sensación de peligro invadió su ser al percatarse de los cuernos de un animal acercándose amenazadoramente y a punto de engancharla. Pensó o mejor dicho rogó que no sucediera. Pero en breves instantes comenzó un nudo de sufrimiento: su padre aparecía con una tela roja y la seguía para defenderla del toro. «¡Ayuda!», gritó ella. Entonces, creyó que la tela roja caía en su cara. Sintió que su respiración se detenía y sus ojos se cerraban más. Un segundo más tarde sucedió algo inesperado, sus ojos vieron el cielo brillante y brincó al suelo desde la cama, completamente vestida.  

A TITTLE OF TRUTH

Luisa Fernanda Rodríguez Lara

He is a noble of very lofty carriage, black hair, swarthy complexion, piercing eye, and scars on his temples.
Just five minutes from the bullring, in San Nicolás street, a bar is packed with old anchor-clankers of life sharing adventures. There he is, sheltered in silence, vermouth requested to cure depression and anxiety, abstract ideas for the people around.
It’s time to dust themselves off and start fresh this season to heal delusions and comply with the people of Sanfermines’ actual fever.
Both of them have covered a lot of ground to be here and now. While in herds, they had gone mad. It’s time to recover their senses slowly on pasture or fritters.
“I just need to rack out for a few hours, and I’ll feel like new!”, deep inside they feel their strings of tensions waiting to be struck, like the band that will remain in the hallway of the City Council to render the Biribilketa de Gainza together with a group of txistularis.
The Fiesta is all gates and opportunities for those that may cry their eyes out. Unaware of the compulsion to assist one another, they will come out, crusading knights, acquitted like a unique Minotaur emerged from the sea.