Sanfermines


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TOROS

Leonardo Del Arco Barrera

Cuentan en mi pueblo, que hace muchos años vivía un hombre sordomudo cerca de la plaza, buen mozo y bien parecido. Un año, en las fiestas, después del encierro, paseaba por el pueblo cuando vio que la puerta de la casa de Ramón, el herrero, estaba abierta. El chico la cerró con cuidado justo en el momento en que el amo doblaba la esquina dirigiéndose a ella. Al cruzarse, creyendo que salía de allí, le preguntó que de dónde venía. Este, sonriendo, respondió por señas, poniendo ambas manos en la cabeza, a manera de cuernos, queriendo decir que había estado en el encierro. Ramón, creyendo que le estaba llamando cornudo, aparto de un violento empujón al chico y salió corriendo hacia su casa. Cuando le llevaba esposado la pareja de la Guardia Civil, tras apuñalar a su mujer hasta matarla, no dejaba de repetir llorando: ¡ha sido un error, ha sido un error!
 

ÚLTIMO DESEO

Leonardo Montero Flores

Los murmullos mecánicos y artificiales del hospital se sobreponen al silencio de muerte en la habitación. El sacerdote sostiene la mano del moribundo, y repite la pregunta, ¿de seguro es ése tu último deseo? Y el doliente responde: Sí, quiero volver a ese día y no esquivar al toro. El religioso dice: rezaré para que Dios te lo conceda, hijo. Y esa noche, en un sueño, o en un milagro secreto, el yaciente obtiene lo que ha deseado siempre.
Una fina llovizna humedece su camisa blanca, el aire fresco llena sus pulmones, es joven de nuevo, joven de nuevo en San Fermín. Baja corriendo por la calle repleta de almas y el bramido de las bestias a sus espaldas es sinónimo de alegría y adrenalina, es sinónimo de vida.
Todos los recuerdos de esos días son uno, los cantos, las algarabías, el chupinazo que se pierde en el cielo, los vítores, los cabezudos, las comparsas. Corre enloquecido junto a todo un pueblo, todo un mundo. El corazón parece salírsele del pecho. Hay varias caídas, de toros y hombres. Uno de los que ha caído es él. Levanta la vista y ve avanzar la mole de pelo oscuro. Cierra los ojos.
 

“LIGHT AT THE END OF THE TUNNEL” (PAMPLONA COVID 2020)

Leroy Hatfield

I had a dream; it was dark. I was outdoors, but there was no ambient light. I knew I was in Pamplona. I could feel it was Pamplona, I could hear and smell I was in Pamplona; an encierro was happening. I was floating above the town; a magical dark cloak covered the streets.
Below the darkness, in the closeness of Santo Domingo, I could feel the anticipation, fear, exhilaration, the thrill of the encierro. Plaza Constitutional, Mercaderes, then La Curva. Floating in the darkness; the feeling of La Curva; panic, camera flashes, screams, cries, the sound of bulls ramming the barria, this spot was etched into my being.
Up Estafeta, I felt the adrenalin rush of an all out run. Floating over Estafeta, I could see the long stretch of Telefonica and there was a tiny point of light inside the Callejon.
The sounds of the encierro diminished; the light grew brighter. Closer, the light expanded into a golden halo. It illuminated the air, a sparkling aurora. The light contracted to a dot which then morphed and grew into a living San Fermin. Staff in one hand, he blessed me with the other and spoke these words,
«This too, shall pass.»
 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TIEMPO DE AMOR

Lázaro Domínguez Gallego

Me enamoré de una bellísima y joven pamplonica. Los sanfermines dan para eso y mucho más. ¡Doscientas cuatro horas de fiesta! Morrocotuda, impresionante, supercalifragilisticoespialidosa y fenomenal, porque refleja la enorme capacidad que tiene el ser humano para estallar de gozo. Fiesta universalmente conocida, reconocida y venturosamente celebrada. El canto a San Fermín, el mejor coro popular de la historia de todos los tiempos. Eleva el alma al séptimo cielo. Y los toros. Los encierros. La manada -astas puntiagudas, cárdenos y bragados, astifinos y escobillados, bravos de hocico a rabo- corriendo por la calle. Y detrás de los vallados, la multitud con la boca abierta, los ojos llenos de emoción incontenible, los gritos y los asombros a pie de garganta, y el contento ensanchando corazones y sonrisas. Y las corridas. Arte por todo lo alto, y el brillo de las verónicas y chicuelinas, de las navarras y gaoneras, y la emoción que estalla por los cuatro costados.
En el último minuto de las 204 horas de fiesta, caí rendido de entusiasmo, y con los ojos clavados en mi novia pamplonica, le juré que volvería de Londres a visitarla, para casarme con ella, de blanco y rojo, hasta que la muerte nos separe.
 

LA SEGUNDA VEZ

Leire Mogrobejo Larrinaga

La calima apocalíptica no ha apaciguado a las fieras, sino todo lo contrario: estoy convencida de que, este año, hemos sido más asiduos que en los anteriores.
Desde donde me encuentro, la marea roja y blanca me indica que falta poco para mi hora. El vaivén de los balones publicitarios, los pañuelos alzados con orgullo al viento y los cánticos me proyectan a mi juventud: deseo sentir cosas como antaño.
Recuerdo esa impaciencia que me corroía desde el interior hacia afuera, con los nervios por oír el chupinazo y poder anudar mi pañuelo carmesí, incitando al comienzo de una explosión de alborozo compartida: litros de brebajes desperdiciados que teñían nuestras blancas vestimentas en escarlata, con el único fin de refrescarnos. La multitud cantaba, brincaba y reía al mismo tiempo, despreocupados del tumulto. Miro el reloj: quedan cinco minutos. Cierro los ojos. Respiro profundamente…

—Señora Chacartegui, ¿está preparada?
—Estas cosas no se olvidan; no es mi primera vez, ¿lo sabe?
—Por supuesto, hace más de treinta años fue la primera mujer… venga por aquí…

El sonido de las campanas de la iglesia indica que es mediodía. Salgo al balcón; sonrió a la jauría, me acerco al micrófono:

—¡Pamploneses, viva San Fermín!, ¡Iruñarak, gora San Fermín!

 

BESTA DOINUEN UFADAK

Leire Retegi Fernández

Bada denbora franko esku artean izan ez duena, hatzak jira-biran dantzatu ez dituena edo barrualdera festa giroa darion haize ufadarik bota ez diona. Gaur iluntzean kaxatik atera du. Azkenaldian, gero eta gutxiagotan eraman ohi du besazpian, adinak nahi baino geldiune gehiago jartzen baitizkio bere kale-grinari. Eta ingurua asaldatu berri duen izurriteak, are gehiago. Baina iritsi da Estafetako kontagailuak gerturatzen ari zela hainbestetan gogoratu dion eguna. Baita Kale Nagusiko, Pilar, iruindar amorratuak ere. Aspaldi hasia omen zen joten doinuei hautsak harrotzen, ingurua berotzen. Turrillasen kantu mitikorik ere ez zen falta, goizero, azken asteotan.

Bezpera da. Biharamunean elkar hartuko dute berriro; beraiek eta jende askok, leku askotakoak. Nota bakoitzean gogoratuko du Xabier, duela 30 urte Txilera emigratu zuen lagun kuttuna, hura ere txistularia.

Kaxatik atera, trapuarekin pare bat astinaldi eman eta mahai gainean paratu du, barrenak emozioz betetzen dizkion Biribilketa de Gainza partitura alboan duela. Hau ere mitikoa, uztailak 6ko eguerdiro udaletxeko atarian eta “La Pamplonesa” bandaren altzoan jotzen duena, gainera. Goiz esnatu, zuri-gorriz jantzi, bapo gosaldu eta Navarreriatik beheruntz abiatu da oinak arin dihoazkiola, dantzan ia.

5:50etako iratzargailuak jo dio Xabierri, zapi gorria eta txistua hartu, eta ordenagailua piztu du. Esnatze goxoa gaurkoa.
 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

¿A QUE NO HAY?

Kike Balenzategui Arbizu

Las dos parejas habían alquilado aquel apartamento de Salou para la primera quincena de julio. Llevaban allí cinco días y su piel había empezado a perder el blanco nuclear de Pamplona. Ya tenían localizados un par de garitos en los que la comida era más que aceptable, las cervezas estaban bien tiradas y ponían buena música, aunque no le llegaba ni a la suela de los zapatos a la del Toki Leza.
La sobremesa del día 5 se empezó a torcer al segundo cacharro. Los chicos sacaron el tema sanfermín encima de la mesa. Que si el almuerzo en la Raspa, que si el txupinazo, que si el Riau-riau, que si las peñas, que si Estafeta, que si Navarrería, que si el concierto de los Fueros… A las doce de la noche aún seguían con el monotema y ellas, aburridas, se fueron a la cama. Ni les oyeron llegar.
A las ocho de la mañana se levantaron, se miraron y dijeron: “¿A que no hay? ¡A que sí!”
A las doce menos veinte aparcaban el coche en la Rotxa y mientras subían la cuesta de Santo Domingo comentaban que no hay nada mejor que un 6 de julio con la cuadrilla de amigas.
 

AMORE MIO

Koldo Ruiz Zudaire

Justo el día 14 de julio nos conocímos, en el pobre de mí, los dos estábamos un poco alegres, por decirlo de alguna manera y los dos decidimos qué los San Fermínes continuaran y así fue, San Fermín continuo para nosotros como había empezado,con alegria y buen amor. No supimos ver venir el toro, no pudimos tirar de nuevo el cohete ni los fuegos artificiales hicieron chispas en nuestros corazones, no pudimos pasear de nuevo por la estafeta haciendo el tonto, como que corríamos el encierro. Al final nos pilló el toro, lo nuestro duro, por parafrasear al gran Sabina, lo que dura un encierro a cámara lenta en la televisión. El desamor trajo los reproches, las falsas promesas , las palabras vacías, el corazón triste, la mirada ausente, la inquietud, la ansiedad la tristeza y como no la depresion. Pobre de mi, pobre de ti. Y pobre toda esa gente que nos aconpañaba cantando al desamor. Que quiere que le diga, usted habra tratado a mucha gente que esta peor que yo, pero le juro por mi vida, que yo sin ella de pena muero, como cantaba aquel mariachi en antoniuti. ? Me pude recetar algo fuerte que dure unos 364 dias?
 

BULLS IN BLACK AND WHITE

Larry Belcher

Then. Bulls in the streets on a black and white TV.
“Mom, I’m going there someday.”
Outside, Herefords lowing in the Ohio evening.

Now. Standing by the doors as the train enters the Estación del Norte.

PAMPLONA

A poster by the door:
FERIA DEL TORO 1975

Through the waiting room and out onto the gravel esplanade, where a boy is tracing naturales with a jacket in the crepusculum.
Through the dusky evening toward the Plaza del Castillo, the walls of the city ahead, becoming illegible in the mounting darkness.
Suddenly on the right a high stone wall set back from the road and then a wide, open gate. Inside, another wall built of stone blocks. An old man wearing a beret and carrying a huge wooden staff appears out of the gloom and blocks my way, shouting and shaking the staff:
“¡Fuera! ¡Fuera!
There is the sweet smell of hay and cattle and the sense of movement behind the wall and then a powerful snort and a clatter like two sticks struck together.
Then. Bulls in black and white. Outside, Herefords gathering under an apple tree in the Ohio night.
Now. The old man points toward the far wall with his staff:

“Toros bravos.”
 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

DESCONEXIÓN FALLIDA

Juana María Igarreta Egúzquiza

Hoy es seis de julio, para mí un día más. Haciendo un ejercicio de control emocional, me he propuesto pasar de los sanfermines. Poner distancia me va a venir bien para centrarme en los estudios. Estoy orgulloso de mi decisión, “todo un signo de madurez” ha dicho mi madre.
Aquí estoy, tendido de sol. ¡Perdón!, tendido al sol quiero decir, pero es que la arena de esta condenada playa me recuerda demasiado a la de la plaza de toros. Cambio de tercio y me sumerjo en el mar, obviando la bandera roja. ¿He dicho roja? Las olas me persiguen furiosas con sus crestas astifinas… ¡Buf!, no sé si es el calor o la chirrinta de volver a correr en el encierro lo que me hace hablar tan raro. Me voy a tomar algo. Bajo una de las vitrinas del mostrador del bar no tardo en ver un plato de pimientos del piquillo; pero, ¡¿desde cuándo se parecen tanto a los pañuelicos de San Fermín?! Alguien descorcha una botella de champán, me tapo los oídos. Así no hay quien desconecte. Me vuelvo a Pamplona.
Estoy en mi habitación. Oigo la puerta de la calle. ¡Mamá todavía estoy muuuuy veeeerde!, grito mientras me visto de blanco.
 

Y VOLVER, VOLVER, VOLVER…

Julio Sánchez Mingo

Eramos jóvenes y nos encantaba bailar. Agarrao, ¡por supuesto! Y en los sanfermines de aquel año, en el Larraina, no paraban de tocar Volver, volver, de Vicente Fernández. Y volvimos, tantas veces como pudimos. Hasta que una microscópica gota de grasa con muchos cuernos lo dejó todo en suspenso. Y ahora, con el pelo blanco y muchas ganas de vivir, toca volver de nuevo, desafiando los pepinos de un chiflao —asesino de civiles inocentes— que nos pueden disolver a todos. San Fermín, Pamplona, los pamploneses y aquella adorable bailona nos aguardan. ¡Vladimiro, espera al 15 de julio! 

EL CIELO PUEDE ESPERAR

Julio M. Larruga Mengíbar

A Ignacio, después de ochenta y dos años de vida le quedan pocas horas. Está inmerso en un dulce sopor inducido por la medicación, y en su mente se repiten en bucle los recuerdos más felices: El primer beso con Juana, el día que nació su hijo Iñaki, y ¡Cómo no! Corriendo con el periódico en la mano derecha entre los pitones de los toros.
Por un instante, recobra la lucidez y asiente con la cabeza a la propuesta que le realiza el desconocido que entra en la habitación para hablarle al oído. Ni Juana ni Iñaki pueden verlo, solo notan un leve y extraño olor a azufre.

Desde la muerte del padre, Iñaki ha cambiado su forma de correr el encierro. No sabe qué le empuja a variar su recorrido. Lo cambia por el inicial donde Ignacio le enseñó a correr, y empuña un periódico a la antigua. Tampoco sabe que en el conjunto de las ocho mañanas da exactamente 666 diabólicas zancadas delante de los toros, poseído por el alma vendida de su padre. 


XIV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CONVIVIR

Juan Ignacio (iñaki) Arbilla Ruiz

Ardía en deseos de que llegara julio. Por fin, tras dos años de parón, disfrutaría de las mejores fiestas del mundo. No pensaba perderme ningún acontecimiento esencial. Desde el almuercico hasta el pobre de mí. No me asustaba el gentío. Al contrario, adoro las masas. Y pronosticaban que Pamplona estaría atestada durante esos días.
Pero, si he de ser sincero, no me he sentido bien recibido. No sé. Esperaba que los pamploneses, y los foráneos también, me acogieran como a uno más.
No ha sido así.
Y esta mañana he descubierto el porqué. Ha sido durante la comparsa de gigantes y cabezudos. Lo que he escuchado me ha hecho sentir el peor ser vivo sobre la faz de la tierra.
— Ay, si el abuelo estuviera aquí, lo que habría disfrutado.
Sé a quién se referían. A José me lo llevé por delante durante la primera ola de la pandemia, cuando más exultante me encontraba. Lo recuerdo perfectamente. Ni le dejé despedirse de los suyos.
Así que tampoco me extraña que durante estos días no haya provocado más que algún sustico que otro. Al fin y al cabo, igual se trataba de eso, igual estas fiestas tratan de eso, de convivir.
 

POBRE DE ÉL

Juan Luis Suarez Madrid

El frío mortal de la mazmorra le helaba los huesos, haciendo que todos y cada uno de sus músculos tiritaran desbocados mientras sus dientes castañeaban sin remedio. Pero su alma seguía abrigada por su fe inquebrantable a Cristo, a pesar del sufrimiento que el gobernador de Amiens había infringido a su persona durante las últimas siete horas de injusto cautiverio avalado por imperial orden romana.
La humedad era insoportable dada la cercanía del río Somme, lugar donde durante siete meses, él mismo, el obispo Fermín, había convertido y bautizado a cientos de sus galos vecinos. Pero ahora se encontraba rotundamente solo, abandonado por sus atemorizados feligreses, torturado sin piedad por sus crueles carceleros, rodeado por gruesos muros de piedra que secuestraban sus plegarias inconmensurables, y acorralado por el olor nauseabundo de sus propios vómitos de vino aguado y pan rancio. Incluso en un acto deplorable, le habían amordazado con un pañuelo para que sus rezos no atormentaran los infieles cerebros de sus captores.
Casualmente, ese mismo trozo de tela sirvió para limpiar la sangre que tiñó la afilada hoja del hacha que, de un solo tajo, rebanó su cuello, dando comienzo a su leyenda y aclamación popular.
 

LA SEÑAL

Juana Algaba Jiménez

El viento me tuvo despierta buena parte de la noche. Sufría por las flores, esos claveles blancos y rojos con los que habíamos adornado balcones y ventanas para que nuestro barrio luciera como nunca. Sufría por que en pocas horas el chupinazo daría lugar a la semana más esperada y el vendaval no paraba.
Al amanecer, dejó de soplar. De la calle me llegaba la charla excitada de algunos vecinos madrugadores, que seguramente al igual que yo, habían pasado media noche en vela.
Mientras me echaba una bata y me atusaba el pelo, escuchaba frases como, “están todas las calles igual”, “como ha podido pasar”, “no me lo puedo creer”….
Intrigada salí al balcón y vi con asombro como la calle estaba cubierta de un manto de pétalos blancos, sólo de pétalos blancos. Nunca había visto nada igual. Los claveles rojos seguían adornando nuestras casas, y los blancos se habían deshecho regalándonos la mejor de las alfombras.
Miré a mis vecinos y nos echamos a reír gritando ¡Viva San Fermín! Después de dos años sin fiestas, ÉL, con ese milagro blanco y puro, nos decía que este año sería recordado como el mejor de la historia.