Sanfermines


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL VIAJE DE MAJADERO

Jmjose Ricardo Lopez Fraga

Majadero subio a Pamplona con la suficiente antelacion para preparar su encierro. Correria el 7 de Julio.
Se encontraba rápido, fuerte, fino, estaba pletorico. Llego el día, el cohete anuncio la salida y todo se covirtio en color y ruido.
Comenzo su carrera con fuerza y velocidad, pronto se encontro corriendo entre un reguero rojo y blanco moteado de colores que daban camisetas a rayas de distintos colores.
Atisbo la entrada a la plaza y acelero su carrera. Fue el primero en entrar y ver la multitud alli congregada.
No le distrajaron ni la musica, ni el ruido ni la gente, siguio a los pastores y cruzo el ruedopara entrar en toriles.
A la tarde hizo historia. Fue indultado.

 

LA PRÓXIMA NOVELA

José María Aragó Olaguibel

Ernest Hemingway está escribiendo su próxima novela, que tendrá algo de la vida en el campo, con un amigo pájaro que ha hecho, el disfrute de la soledad, el alargamiento de los ánimos, el sentir de sus huesos, la sonrisa ante los hombres del pasado…

Hemingway ha sido avisado para ir a Pamplona, son los sanfermines. Miles de pañuelos rojos anudan los cuellos, los toros salen día tras día de sus ganaderías y corren las calles, la gente corre también y el escritor Hemingway ha tomado nota de las astas.

El campo está un poco seco este año. Las plumas caen sobre la arcilla resquebrajada, los ríos han menguado, los insectos siguen la senda secreta de su supervivencia. Hemingway ha vuelto al campo, le quedan por hacer algunas revisiones de su novela.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

ECOS DEL TIEMPO

Raúl Bellés Sorribas

Recuerdo mi primer encierro de San Fermín. A mis compañeros de viaje, mi hermano Javier y sus dos amigos, Pablo y Lucía. Recuerdo la oposición de mi madre, extraordinaria mujer, una gran luchadora, pero esa era una batalla ya ganada por mi hermano años atrás.

Cómo olvidar las advertencias del día previo. Llegaban de propios y extraños, en un ambiente festivo que no había vivido nunca antes. Esa camaradería tan difícil de encontrar. He de decir para mi vergüenza que me agobió un poco tanta tutela. Dónde colocarme, cuándo tener especial cuidado, cuándo no levantarme si caía… Solo esto último quedó grabado a fuego en mi mente aquel día. Solo. Qué poca cabeza. Qué joven.

Hoy agradezco cada consejo que recibí. Tengo cuarenta y ocho años y éste será un año distinto para mí. Es el primero de mi Javi, y está algo nervioso y excitado, me recuerda a… pero no, él sabe mucho más. Mientras retumban los ecos de cientos de gargantas cantándole al Santo poso mi mano sobre su hombro. Lo sé hijo, estoy aquí. 

LLEGÓ.

Angela Oslé Muñoz

Nervios. Faja.
Todo blanco. Pantalón.

Ayuntamiento, silencio.
Palpitaciones.
Pamploneses, emoción.

Cohete, rojo, explosión.
Marea. Alegría, lágrimas. Canción.
Pañuelos, amigos. Copas, saltos.
Sorbete, sudor.
Música y tambor.

Santo. Cabildo .
Pamplonesa, gigantes.
Balcones.
Jota. Silencio. Morenico. Devoción.
Bastones . Catedral.
Timbaleros, cofradias. Momentico.
Pocico. Agur.
Pétalos, fervor.

Adrenalina . Mozos. Periódicos. Cánticos. Balcón. Morlaco. Gritos.
Codazos, golpes.
Tensión. Empujones. Raza. Olor.

Chistus. Silletas. Verrugas. Globos. Nubes. Vermú . Jotas.
Calor.

Caballos. Alguacil . Toreros.
Toriles.
Toro.
Sombra. Sangre. Bufido.
Sol.
Vítores. Charanga. Vino. Ovación.
Puerta grande.

Resol.

Fuegos, ruido. Destellos. Estruendo. Aplausos. Mantas. Frio. Barracas.
Amigas. Verbena. Suspiros.
Música.
Diversión.
Besos. Amor. Hierba. Compases. Risas. Bailes. Lluvia. Churros. Cohete.
Frio. Temblor.
 
Velas.
Humo.
Murmullo.
Noche.
Cantos.
Pañuelos.
Lágrimas.
Magia.
Estrellas.
Pamplona.

Pasión.

 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

NO SIN MI

Ana M Sorribas Piñeiro

Mi vida transcurre tranquila en el campo, con mis compañeros, sin sobresaltos. Frío y lluvia en otoño e invierno, sol y brisa en la pasada primavera.
Era ya verano, día de calor sofocante. Nos movieron, estábamos nerviosos. Subimos a un cajón estrecho, que sensación tan extraña estar a oscuras y moverse sin dar un paso. Finalmente bajamos y acabamos todos juntos en un recinto pequeño.
Todo era desconocido, inquietante, casi no comimos y luego vino la noche. Descansé poco y mal.
Ya de madrugada, vinieron otros compañeros nuevos, pacíficos, nos dieron tranquilidad. De repente oí un trueno, todo se alteró, salimos corriendo, empujándonos.
Había mucha gente y ruido junto a mí. No podía dejar de correr, agradecí la frescura del viento en la cara. ¡Qué sensación de libertad!.
Me caí por ir demasiado rápido, tiraron de mí desde el suelo, me levanté como pude y corrí una vez más con ganas, disfrutando, acompañado por otro compañero que había caído conmigo. Era una locura maravillosa, que finalmente terminó.
Llegó la calma, volvimos a reunirnos. Me quedé plácidamente dormido.
 

PLEGARIA

Anthony Joel Ramos Aguilar

Las rodillas estaban rígidas, Javier cerró los ojos y comenzó murmurar para sí mismo un canto que más parecía plegaria, percibió un sutil sonido de campanas acercándose, abrió los ojos y por primera vez vio desde el centro de la calle Estafeta lo que tantas veces añoró desde las tablas, la duda lo invadió, mientras las rodillas ahora le temblaban. La gente se empezó a mover intentando esquivarlo cuando de pronto vio un cuerno brillante y un lomo color muerte pasar por su costado y como si volviera a la vida empezó a correr entre la muchedumbre; los cuernos le rodearon los flancos y la única forma de seguir adelante era correr al mismo trote que los toros hasta la plaza, cuando vio la luz más clara reflejada en el coliseo y al intentar abandonar la carrera sintió un golpe que lo levantó por los aires para caer en un golpe seco, sintió pisotones de hombres y bestias en su cuerpo, se escucharon aplausos y cuando se incorporó las rodillas le temblaban otra vez y aun golpeado le alcanzo tiempo para levantar las manos triunfantes mientras sus colegas empezaron a abrazarlo antes que se desplome y juntos gritaban aquel canto que más parecía plegaria. 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

OFREZCO RECOMPENSA

Isabel Garcia Viñao

-¡Por fin te has animado a tirar las zapatillas a un contenedor! ¡Qué alegría! –me dice mi mujer al ver que llego a casa descalzo.
– No, no las he tirado. Después de correr en el encierro, me he ido al Mirador del Caballo Blanco. Como los pies me echaban fuego, me he descalzado. Me he quedado dormido bajo un árbol y al despertar… al despertar, ¡que si quieres zapatillas! Ya sabes que llevaba diez años corriendo en los encierros con ellas, que las cuidaba, que les daba con una lija en la suela para no resbalar y que siempre que las llevaba puestas me acompañaba la buena suerte. Por todo esto, tengo que encontrarlas para correr otro decenio más y al final guardarlas como una reliquia.
-¡Qué cosas se te ocurren! ¡Tacaño, más que tacaño! –grita Muskilda, y dando un portazo me deja solo.
Yo no pienso más que en las zapatillas, en cómo recuperarlas, y, por ello me dirijo a un periódico navarro para ofrecer 500 euros de recompensa a la persona que me diga cuál ha sido su paradero. Además, cuando mi mujer lo lea en el diario se va a enterar de lo tacaño que es su marido.
 

UNA EXAGERACIÓN

Montserrat Martín De La Mota Casarrubios

Los recuerdos más entrañables de mi infancia duermen en el mes de julio.
Mi madre esperaba los Sanfermines con auténtica devoción y nos hacía disfrutarlos como si estuviéramos en Pamplona. La tele no daba para mucho, pero los vivíamos con intensidad.
Después de ver, desde los anuncios de chorizo hasta los créditos, cada programa, nos narraba las anécdotas de aquel viaje de juventud a la fiesta del toro y las charangas recorriendo las calles, que cambió su vida, decía ella. ¿Cambiar la vida? Nos parecía una exageración, sinceramente, por mucho que se hubiera divertido.
Siempre quiso volver.
El abril en que mi hermano y yo cumplimos dieciocho años, sentenció que se habían acabado nuestros pocos y raquíticos caprichos. Íbamos a juntar para viajar a San Fermín. Pero no pudo. Se marchó con prisa y se llevó la pena de no pisar de nuevo la calle Estafeta.
Y ahora, cuando el Caravinagre y el capotillo del Santo son solo ayer, llega esta carta. Divorcio y reencuentro. Palabras a destiempo, acompañadas por una foto de hace treinta años en la que puedo ver los ojos de mi hermano en los de usted. Sorpresa para todos, ¿verdad? Ella tenía ese estilo: no molestar.
Sin embargo, ahora comprendo.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

DESDE CAMINOS QUE YA SE ENCONTRARON

Angelica Maria Mendoza Alonso

En el verano 2005 decido viajar a España. Preferi el norte. Tras una semana de conocer pueblos y cuidades, el 6 de julio cojo el autobus y elijo pamplona vestida de vaqueros y blusa negra, sin imaginar la gran fiesta y la aventura que ahi me esperaba, todo a mi alrededor era blanco y rojo, no podia creer lo que veia, mi padre siempre ha dicho al pueblo que fueres has lo que vieres, por tanto me compre ropa blanca y un pañuelo rojo, nunca habia oido hablar de san fermin, sin darme cuenta estaba ya frente al ayuntamiento mares de personas se congregaron ahi antes de las 12 del dia, disfrute y me deje llevar por la fiesta, interrumpo mis viajes, me quedo en pamplona, recorro sus calles, me presente a cada concierto, la gente hablaba de toros y encierros y yo puntual desde el dia 7 a las 4 am tenia una cita en el vallado, sin importar las 4 horas de espera, todo ahi es emocionante y desde el verano del 2005 hasta el verano del 2016 tuve una cita del dia 6 al 14 de julio a la que asistia puntual en pamplona pero desde caminos que ya se encontraron.
 

DOS MINUTOS Y VEINTE SEGUNDOS

Pilar Ortín Sánchez

Aquel año fue mi debut en San Fermín, a las ocho menos cinco mi cuerpo temblaba encogido hasta que escuche el primer cohete, entones volé.
Salí corriendo junto a los míos, las calles se vistieron de blanco y rojo y no fui capaz de distinguir a nadie. La adrenalina se apodero del ambiente.
En el primer tramo resbalé y me quede algo apartado del resto, sentí pánico, era imposible alcanzarles. Cientos de personas se interponían en el camino.
Tropecé con un chaval que me inquietó, le empuje levemente hacia una valla y continué. Los demás corredores se notaba claramente que estaban preparados, no me causaron el mínimo problema.
Fueron los dos minutos y veinte segundos más intensos de mi vida, di gracias a la vida, saludé en la plaza tímidamente y volví al corral.