XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
RESPETO MUTUO
Mari Jose Olite Merino
Los cimientos del coso taurino vibraban con la espléndida faena, calificada de memorable. El joven torero había demostrado su valentía; perfecto en la técnica, elegante en los pases con el capote. Aquel toro negro de bella estampa y bravura indiscutible, fiero pero también noble de raza, parecía intuir lo que suponía el cambio de tercio.
Llega la hora de la verdad. Ambos frente a frente se retan orgullosos. Conscientes de que este enfrentamiento supone un desafío mortal. El ruedo se sume en un absoluto silencio. Cesa la música. El público contiene el aliento. El tiempo se detiene. La espada brilla en la diestra, el viento mece levemente la muleta. El bravo animal baja la cabeza, con su pata delantera retira la fina arena del coso. Acortan distancias. Permanecen de pie, inmóviles. Sus miradas se cruzan. Despacio se acercan el uno al otro, cuerpo a cuerpo. La conexión que entre ellos se produce trasciende más allá de la abarrotada plaza que asiste atónita a este momento mágico.
Ambos sellan un pacto: el triunfo de la vida sobre la muerte.
Miles de pañuelos rojos se agitan alborozados.
Desde algún lugar del cielo, El Santo sonríe.
VIVA EL AMOR POR LA FIESTA INTERNACIONAL LLAMADA SAN FERMÍN!!
Mari Luz Hita Holguin
Era un 5 de julio del año pasado ya nerviosa como todos los años que mal duermo por vivir otro año más el día más importante y feliz del mes de julio ,el día 6 de julio que empiezan mis fiestas favoritas ,las mejores del mundo con el estruendo del chupinazo en la plaza del ayuntamiento mi pañuelo en la muñeca y la ropa blanca con mi faja que tiene más años que yo ,herencia de mi padre jeje o mejor fue un adueñarme de ella y el almuerzo en buena compañía y muchas risas y disfrutar mucho ese día me quiero juntar con todo el mundo y si me pierdo por la gente intentar reencontrarme para seguir la fiesta siempre,solo rezo para que haga buen tiempo para disfrutar mucho más ya que la fiesta está en la calle y se disfruta mucho más y hablar con todo el mundo y lo que me gustaría ya para colmar las fiestas sería compartirlas con alguien,enamorarme un 6 de julio y transmitirle mi amor por mis fiestas ,tradición y que las quiera compartir conmigo cada año hasta que nos hagamos mayores y las recordemos y digamos nos enamoramos un 6 julio por siempre y para siempre
DONDE NACEN LOS RECUERDOS
María Nicolay Sánchez
Rojo, blanco y… ¡pom prrr pom!
Hay ruido. Mucho. Pero no da miedo. Es alegre. Emocionante.
El aire huele rico. A churro, a calle, a verano. Mamá me da un helado. Es de chocolate. Ñam. Frío. Se escurre por los dedos. Ooh, ooh. Se ha manchado mi pañuelo rojo. Mamá me limpia el morrete. Me hace cosquillas.
¡Pom prrr pom!
El suelo tiembla. Los pies bailan.
Miro hacia arriba y, entre tanto color, papá me sonríe y me sube a upas.
Hay muchas cabezas. Y muchos globos a lo lejos. Oh. Uno ha salido volando. “¡Adiós, globo!” Le digo adiós con la mano.
De repente, la música empieza. Más fuerte. Más cerca. Todo el mundo mira hacia la calle y entonces… ¡ah! ¡Los veo!
¡Son enormes! ¡Más grandes que el autobús!
Tienen corona. Ropa de colores. Y giran y giran sin parar.
“¡Giganteeeeees!” Grito con todas mis fuerzas.
Mamá sonríe. Papá salta. Y yo me río tan fuerte que me duele la tripa. ¡Pachín pachín pachán!
Oooh.
Su mano…
Tiene muchos tetes.
Cojo mi tete y estiro la mano para dárselo al gigante.
Me guiña un ojo.
Ya soy mayor.
Y, por un momento, creo que también soy un poquito gigante.
¡Pom prrr pom!
CENIZO
María Rozas Larraondo
Su muerte estaba anunciada el día en que lo vi por primera vez. Se conocía la fecha, la hora, e incluso, quien le asestaría el estoque mortal.
Lo llamaban Cenizo por su color. Era un toro Miura, cárdeno, grande, de aspecto galgueño, cabeza alargada, cornamenta desarrollada y una viveza en la mirada que recordaba a los astados antiguos.
Llegó a Pamplona poco antes del comienzo de los Sanfermines y esperó pacientemente su hora en los Corralillos del Gas. Allí fue donde su espíritu de animal bravo y salvaje me cautivó.
«¡Qué bello es!», exclamé al apreciarlo erguido, mirando hacia el cielo con un cariz desafiante. Se le notaba orgulloso. Todo él respiraba nobleza. No era un toro traicionero y así lo demostró en el encierro.
La carrera fue limpia. Cenizo guio impecablemente al resto de la manada. Los mozos se lucieron ante su estilizada figura. Aquella bestia grisácea desprendía elegancia al abrirse paso entre la muchedumbre.
Esa tarde fui a la plaza a despedirme. Creo que vi una lágrima en los ojos del animal cuando se desmoronó sobre la arena. La sangre teñía el ruedo mientras Cenizo y yo nos dedicábamos un terrible adiós. Fue mi amor de ese verano.