MICRORRELATOS PRESENTADOS EN LA V EDICIÓN DEL CERTAMEN


La ciudad de los toros

 

Esa tarde, no fumamos ni un solo cigarrillo frente a la plaza; ni levantamos una sola palabra en señal de victoria. Tomamos café, callados y desvalidos, encogidos de hombros, como dos sanfermines invictos ante su primera derrota. Luego reclinaste el sol sobre mi hombro y tu mirada sostuvo el atardecer. En la frontera de tus ojos la plaza se detuvo. Tu mirada fue un ayer frente a la ciudad de los toros; pero ahora es un poema en donde dos improvisados bajan la voz y sacan sus toros a pasear. Desde uno de tus besos escribí este poema. Nada de lo que diga me devolverá a ese ayer, nada de lo que escriba me poblará como lo hacés vos en San Fermín. Si hubiéramos fumado frente a la plaza, ahora seríamos un par de sillas, dos hermosas sillas, que perpetuaron el humo de su melancolía. Vos y yo, siempre seremos una prórroga en esta ciudad donde los toros sacaron nuestros corazones al sol. Antes de entrar a la plaza nos miramos y una extraña felicidad nos devolvió a la ciudad donde los toros cantan. Salimos de esta plaza para iniciar otra. Siempre estaremos recomenzando este carrera, siempre estaremos recomenzando en San Fermín.

 

Daniel Matul Romero

 

 

AJOARRIERO CON LANGOSTINOS

 

Por el balcón se escucha el sonido de una jota, mientras cocino la receta de ajoarriero que publica el periódico. -Pelar en juliana las verduras y pochar. En la cazuela, las burbujas del aceite hirviendo bailan al son de la jota. Despacito los ingredientes van cambiando de color hasta lograr un tono rojizo parecido a la plaza del Ayuntamiento el día 6 de julio. El aroma del sofrito se extiende por la cocina. Sería traicionar mi memoria dejando evaporar un momento que quedó grabado muy adentro de mi corazón si abro el extractor de humos. -El bacalao debe ser blanco y estar bien escurrido. Sólo comía lo que le hacía su madre. Pienso que debí tomar antes esa decisión, aquel día le dije que no le haría ajoarriero para ir a los toros, Suenan doce campanadas, las palomas huyen asustadas del balcón. -Añadir los langostinos, el tomate y revolver. Me costó olvidarle, sin embargo hoy me alegro de haberle dado calabazas. -Le añado el bacalao, despacito, removiendo la perola. “Hija mía, me animaba mi padre, como en la jota, tú siempre p’alante”. Fueron las mejores fiestas de mi vida. -Al primer hervor se retira del fuego y se deja reposar.

 

mª rosario ruiz castillo

 

 

CAPOTE DE NUBES

 

Va a comenzar el encierro, el encierro más multitudinario de mi vida. Siento la emoción de otros años, pero todo es distinto. Contemplo las calles rebosantes desde una insólita perspectiva: estoy sobre ellas y dentro al mismo tiempo. Junto a los tensos corredores, personajes de color sepia que nunca antes había visto (reconozco entre ellos a Hemingway con su redonda barba bonachona) deambulan inquietos, suben, bajan, se detienen como sombras que ocuparan un hueco inexistente. Entre ellos Chema, de carne y hueso, periódico en mano y una lágrima rebelde en el rostro taciturno, mira el vacío de mi cuerpo junto al suyo. Han sido tantos años corriendo juntos, viviendo los sanfermines como hermanos… Recuerdos de chapa retorcida, de esperanzas rotas entre los neumáticos reventados, una aséptica sala de hospital y un lacerante adiós, encapotan su mirar… Y no puedo decirle que todo sigue igual, que estoy aquí dispuesto a correr con él, a seguir con la fiesta y la adrenalina a flor de piel como si nada hubiera pasado, que aunque ignore este fantasmal acompañamiento siempre correremos juntos… Los mozos entonan el último canto a San Fermín. A mi lado el santo sonríe mientras muerde la esclavina de su capote de nubes.

 

Jesús Andrés Pico Rebollo