OBRAS DEL II CERTAMEN MICRORRELATOS DE SAN FERMIN


ALMA, SUDOR Y VINO – Miguel Leonardo Agudelo Berrio (Medellin, Colombia)

 Cada cosa en su lugar, ¡eso creo!, este día será memorable y nada podrá salir mal, porque nada podrá superarlo. El traje de pamplonica listo, !veamos de nuevo!, llevo mis pantalones blancos de algodón a la medida, una hermosa camisa blanca de lino, mi pañoleta roja con el nombre de las fiestas bordado, la faja roja en la cintura, las zapatillas probadas que no resbalaran, todo esta perfecto. El desayuno continental fue genial, una copa de vino para la suerte, y mi propio toque; la imagen del santo celebrado en el bolsillo derecho. Casi me engañan con lo del himno, pero ya me aprendí el verdadero, “San Fermín venimos……dándonos su bendición”. ¡Ay, por dios, mi periódico!, ¡se me olvidaba! Este es mi momento histórico, mi momento literario, ¡que las musas me acompañen!, ¡ahh!, espérenme, no me deben solo con estas hermosas bestias al lado, ¡ahhh!, fue hermoso, sublime, ¡algo para no olvidar jamás!, algo para seducir mujeres sedientas de aventureros, o arrullar el sueño de mis futuros nietos, ¡Ah!, ya me asegure de todo, la emoción, las imágenes, las palabras mínimas que encenderán el relato. ¡Como sudo por dios!, !Ahh! Gracias San Fermín por Existir, ¡gracias!

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La corrida de Toros – Elizabeth Quezada Jiménez (Santiago, República Dominicana)

Paula, inquieta, se meneaba de un lado para el otro con una angustia esbozada en su facciones, conocería al hombre que más cerca, a pesar de lo lejos, tuvo. Huérfana a destiempo era muy solitaria. No se perdería las festividades ni la oportunidad de conocer a José ángel, su cyber amor. Esa tarde bebió todo el vino que podía digerir…Devolvió obviamente su estómago y gracias a la confusión etílica olvidó como comenzó todo el flirteo. Lo único que tiene claro es que su amigo de redes sociales la había invitado a Pamplona a disfrutar de las fiestas de San Fermín, y a las corridas de toros…
Pues… se encontraron; fue amor a primera vista, es que se desnudaron de almas faltaba lo físico. No supo cómo pero en lo que José fue a buscar un agua, ella se encontraba metida en tremendo jolgorio, gente corriendo y varios toros apremiando. Fue tan ambiguo el espectáculo que resolvió echarse a huir y no dejarse aprehender de uno de esos audaces ejemplares… no fue muy larga la carrerilla; cuando se dio vuelta…cayó de su cama. Aturdida, se levantó exangüe buscó jadeante,,, sudada, el calendario, faltaban doce días, una cuenta regresiva. ¡Qué pesadilla hijoeputa!

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DOS MANCHAS DIMINUTAS – Eugenio Rey Huerta (Santiago de Compostela, Galicia)

Desde aquel día, ya no volvió a ver más la luz del sol. Dicen que, de la impresión, se quedó ciega… En cuanto supo que su hijo vivía, su alma se recobró enseguida del susto. Pero sus ojos no. Ellos siempre recordarían aquella imagen de muerte.
Años después, al ir a besarlos por última vez, su hijo vio en ellos dos manchas diminutas. Al acercarse más comprobó que una de ellas tenía la forma de un toro bravo. La otra… «¡¡La otra mancha soy yo!!», exclamó contemplando la figura de un chaval tendido boca arriba, como sin vida… Fijándose mejor, distinguió una manchita roja en su pecho. Justo en el corazón. «¡Mi pañuelo encarnado recién estrenado!», susurró. «¡Pobre madre! Desde el balcón creíste que era la sangre de tu hijo. ¿A que sí?…».
Con la tranquilidad que da el sufrimiento, el hombre extrajo el pañuelo rojo de su faja, se secó sus lágrimas y lavó los ojos de su madre con el agua de su llanto.
Al ir a cerrárselos para siempre, un chupinazo le hizo mirar al cielo.
En la lejanía, alguien gritó “¡¡Vivan los san Fermines!!”
Cuando bajó la vista, las dos manchas habían desaparecido.