Obras III Certamen Microrrelatos San Fermín 2


Título  EL JURAMENTO.   Autor  Sillero Pérez de Albéniz,   Gotzon

Aquel doce de julio nos reunimos en la taberna habitual, acostumbrábamos a hacerlo desde la muerte en fatal encierro de nuestro amigo Campbell, con este hacía ya trece años. La Estafeta era un hervidero de jóvenes vestidos de blanco, he de decir que a esas horas su color era más bien rosado, y pronto el kalimotxo haría que fuera más cercano al rojo intenso del pañuelico que portaban en sus cuellos y muñecas. -Buenas noches, caballeros. ¿Llego tarde?, me he permitido el lujo de acercarme al lugar donde empezó todo. ¡Qué recuerdos!- Exclamé mientras una cuadrilla de músicos atravesaba mi etéreo cuerpo. Tras unos breves e intangibles cruces de manos, coincidimos en mirar a Ernest, que permanecía cabizbajo apoyado sobre la barra. Desconocíamos las copas de whisky que habría consumido, para entonces no gozaba de muy buen aspecto, parecía uno de nosotros. -Es normal, estos días son tristes para todos, lejos de nuestra tierra, la soledad… pronto estaremos juntos de nuevo, como en los viejos tiempos.- Dijo Campbell, mientras propinaba una zancadilla al borracho que entraba acosando a aquella preciosa rubia. Seguimos a Ernest hasta el rincón de la estafeta, solo quedaba una noche más, mañana a las ocho nuestras trece almas serían libres. 

Título  El cóndor del encierro   Autor  Vital García,   David

Los detritos nocturnos mezclados con el olor a rocío vespertino es para mi pituitaria, una sensación agridulce. Voy divisando cabezas, las palomas me recuerdan la suerte que tengo. A esta hora solamente un cóndor andino puede sentirse tan inmenso como yo. La plaza de toros es como una rosquilla, donde el glaseado es un azúcar de trasnochados e impolutos divinos. El aire vibra con las miles de palabras y cánticos que se evaporan. Allí queda Estafeta, se aprecia la barricada de municipales como si fuesen reflectantes luciérnagas. Mucho trajín de ambulancias, las sirenas se apoderan del sonido. Las aceras no duermen en San Fermín, los jardines están plantados de gente y las rotondas son campamentos de la guerrilla nocturna. El reguero de hormigas “blanquirrojas” se acerca a la miel del encierro. Son menos dos minutos, y la vibración del momento se siente en el albero de mi piel. ¡Schssss Pum!. Seis puntos negros comienzan a abrir un río humano. Intento percibir ese estruendo seco que producen los morlacos al impactar en el tablado. Carrera rápida en menos de tres minutos han llegado al “Coliseo Pamplonica”. ¡Schssss Pum!, este cohete me ha llegado al cerebro. Es hora de descender lentamente de este globo de sensaciones.

 

Título  ¿Por qué los de pamplona sois así?   Autor  Arive Martínez, Mª   José

¿Tan difícil es entender que cambiamos de año cada 6 de julio a las 12 y no en Nochevieja? Y que disfrutamos de los encierros sí, pero también sufrimos cuando los de casa se ven en problemas. Si nuestros gigantes tienen ya 151 años es porque todos y cada uno de nosotros los hemos recibido alguna vez un 6 de julio por la tarde y hemos llorado amargamente al despedirlos el 14 en la estación. ¿Y el pobre de mí? Es ese extraño acto en el que nos reunimos todos los pamploneses y en el que, aún sabiendo que no nos quedan más fuerzas, cantamos una y otra vez “todos queremos más”. Sí, para los de fuera parecerá extraño, pero estas son las sencillas cosas que nos unen a todos como pamploneses que somos y que nos diferencian del resto. Para nosotros “la fiesta” no es sólo alcohol ni pasar 9 noches sin dormir. Son estos los motivos que hacen que nuestra vida se paralice todos los años durante 9 días para poder disfrutar completamente de nuestra ciudad y por ello, todos los pamploneses, desde el más pequeño al más anciano, gritaremos una vez más al unísono este 6 de julio: ¡Viva San Fermín! 


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