Obras III Certamen Microrrelatos San Fermín


Título  La abuela mira a la pared   Autor  Aramendia, Kuko

Mi abuela mira a la pared. Siempre está mirando a la pared. Aunque no sé. Quizás ni eso, quizás no mira a ningún lado, quizás ni ve. Se pega así todo el día: con los ojos dirigidos a la pared. Y cualquier otra fecha del calendario, pase, pero lo que más me fastidia es que hoy, precisamente hoy, es seis de julio, y me toca cuidarla a mí, al pardillo que se ofreció como cuidador la semana pasada, de forma altruista, para que los padres tuvieran al menos la ocasión de celebrar su efeméride, de brindar porque hoy hace 40 años que se conocieron, en unos sanfermines, en Pamplona, en un 6 de julio. Siento que el cohete va a explotar en breve. Según mi reloj debería ser ahora. Sí, no, ¡pum! Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Me acerco a la abuela y, sin saber qué hacer, la abrazo, y le doy un beso, y otro más, y otro. Y, aunque sea una ilusión mía, siento como si sus labios dibujaran una leve sonrisa. Entonces, le digo: -Amatxi, ¡Viva San Fermín! Gora San Fermín! Y ella me responde, estoy seguro de que me responde, con su dulce silencio.

  Título  rojo sobre lienzo blanco   Autor  Pedrosa Rodríguez,   Irene

En los trazos de este blanco lienzo, vislumbro una fusión entre sensualidad y frenética energía. El coraje corre por las venas de este blanco lienzo donde el miedo no tiene cabida. La curva de sus dibujos son un ondear de sentimientos que elevan el espíritu de los más bravos y encoje los corazones de aquellos que más suspiran. Pero el movimiento de sus pinceladas también lleva el color de la muerte y de la rabia. De la mano de su pasión me adentro en un mar de gozos y lágrimas, donde el rojo reina sobre este implacable y pulido lienzo blanco. 

Título  CAE LA TARDE   Autor  ARCE MIRO, SANDRA

Caía el sol en la siesta, sobre los párpados tumbados, en la Vuelta del Castillo. Caía el vino por las gargantas. Y los fuegos artificiales, en la noche, se elevaban y caían en la tierra. Caía el rojo de los pañuelos…de las manos agitadas. Y al suelo caían los hombres que corrían el encierro, entre patas de toros. Caían las lagrimas de una quinceañera desengañada. Y la música en los bares. Y la euforia de los adolescentes, desde el último balancín de la noria. Y todas las prendas que no eran blancas, caían al fondo del armario. Caía el agua sobre las aceras, que arrasaba los olores de la fiesta. …Y llegaban las palabras, que no se pronunciaban nunca, a las bocas entreabiertas, ávidas de besos. Caían los periódicos enrollados, que cantaban a San Fermín, todas las mañanas a la misma hora. Y el pudor de la gente, al desván del olvido. Y piropos a las chicas. Y muchos ojos azules desde lo alto de la fuente. Y golpes de cabezudos y zaldikos sobre cabecitas. Y orinas y cristales, y champán. Y detrás de los toldos de tu puesto de pendientes de plata, caía yo, enamorado, sobre tus muslos y tu alma pamplonica.