Obras III Certamen Microrrelatos San Fermín


Título  La música está en la calle.   Autor  Marín Malo,   Felipe

Pamplona. 6 de julio. 11.45h. Enfilo la Calle Descalzos. Sol. Calor. La corbata roja baila sobre mi pecho al ritmo de mis pasos nerviosos como anticipándose a lo que va a ocurrir. Las cuadrillas de mozos apuran su plato de magras con tomate. Entramos en el ayuntamiento. Atravesando pasillos ponemos rumbo hacia el zaguán. Los músicos de la Pamplonesa se agolpan en los rincones calentando para lo que les espera. Un zumbido sordo suena de fondo. A medida que avanzo se hace más fuerte. No cabemos. Al otro lado miles de personas. Algarabía. Emocionante. La calma a este lado, el caos al otro. El alegre caos. La tensión es palpable. La emoción contenida. Esperamos la señal. Llega. Son las 12.00h. El grito de ¡viva San Fermín! resuena en toda la plaza. La multitud contesta ¡viva! Explota el cohete. El Zaguán estalla en música. La Pamplonesa y los txistularis suenan al unísono. Levantan la tranca que asegura las puertas. El sonido se hace ensordecedor y el olor de la fiesta inunda la sala. Salimos. Un centenar de gaiteros nos abrimos paso. Suena “Pamplona” y al terminar, las notas de “¡Ánimo pues!” La música está en la calle. Esto ya no hay quién lo pare. 

Título  MI DIARIO   Autor  Loinaz Huarte,   Sagrario

6 de julio: El chupinazo estalló en el cielo y, envuelta en una atmósfera de fiesta, —música, voces en diversos idiomas, cánticos a San Fermín— me dirigí a tomar una villavesa entre el jolgorio de la gente. Subí al autobús: — ¡Viva San Fermín! —gritó un muchacho. — ¡Viva San Fermín! —respondimos todos los presentes, contagiados del ambiente festivo. A través de la ventanilla, Pamplona aparecía vestida de blanco y rojo. El corto trayecto hasta mi destino se me hizo eterno, como si las manecillas del reloj estuvieran perezosas. Al final del paseo estabas tú: — ¡Hola mamá! Llevo puesto el pañuelo que me regalaste los Sanfermines pasados cuando cumplí trece años —te dije con palabras desgarradas y entrecortadas que parecían quemar mi garganta. A lo lejos, alguien cantaba la jota «No te vayas de Navarra» y, como yugo opresor, los recuerdos se agolparon en mi mente: gigantes y cabezudos, las barracas, dantxaris de la Plaza de los Fueros, fuegos artificiales, la tómbola, jotas del Paseo Sarasate, churros de La Mañueta, desayuno en la Plaza del Castillo… Hasta que escuché el tintineo de unas llaves y una voz, fuerte pero amable, me hizo volver a la realidad: ¡Niña!… ¡Es hora de cerrar el cementerio! 

Título  LLAMANDO DESDE LAS ANTIPODAS: UNA HISTORIA REAL Autor  Ojer Sánchez, Amaia

Miro incansable el reloj; según mis cálculos, allí serán ahora las 10.30 de la mañana, por lo que imagino que ya estarán todas almorzando en casa de María. Descuelgo el teléfono. Mi mano temblorosa marca 0034; por si acaso, vuelvo a mirar el número en la agenda y continúo marcando. Emocionada, María anuncia al resto que soy yo la que llama. El barullo es enorme; a los gritos de alegría y entusiasmo de mis amigas se une el ruido de la calle que entra por la ventana… de pronto, siento que me invade una profunda sensación de tristeza y dejo escapar una lágrima. Amaia y Marta tratan de animarme y me recuerdan que oportunidades como esta sólo se tienen una vez en la vida…pero en este momento nada me consuela. Cuelgo el teléfono y me dejo caer abatida en el sofá. Desde que estoy aquí, he sentido tristeza y soledad en varias ocasiones, pero nunca con tantísima intensidad. Enciendo el ordenador e intento ver el txupinazo; Kelly se acerca y me pregunta si estoy bien. Aunque no es capaz de entender cómo me siento, se coloca a mi lado y escucha paciente cuanto le cuento sobre las fiestas de San Fermín.