Obras III Certamen Microrrelatos San Fermín


Título  Una carrera diferente  Autor  Martín-Albo Díaz-Mayordomo,   Beatriz

Comenzamos y tomamos ansiosos el camino. Miro a mi derecha y a mi izquierda y es como si nos peleáramos por ver quién va el primero, como si de una carrera se tratara. Persigo, cual loco, a todos los que van delante de mí. Cabreado, levanto hasta polvo al pasar para lograr alcanzarles, mientras se escucha el eco de nuestras pisadas raudas y ligeras. Saltan, corren delante de mí, me hacen gestos y burlas, lo cual me enfurece más. Alrededor, todos nos miran, gritan y festejan, engalanados en blanco y rojo. Después, entramos a una gran plaza, donde nos esperan muchos más. Intento alcanzarles para empujarles con mis cuernos, aunque, la mayoría de las veces, sin éxito. En todo el camino, he logrado pillar a algunos, aunque tengo ansia de pillar a más, un ansia que crece cuando me atizan, me torean o huyen de mí. Soy un toro que corre en uno de los encierros de San Fermín, una fiesta típica pamplonica que comienza el 7 de julio de cada año y que es famosa en el mundo entero. Como dice la famosa canción, ¡a Pamplona hemos de ir!

 

Título  11:55 surreal   Autor  Ocaña Gómez,   Urko

(Personas de blanco, algarabía, música y cánticos) -¿Cuánto falta? -Ya falta menos. No seas impaciente, todo instante hemos de saber disfrutarlo -dijo el Gigante Rey al mozico-. -Debería tener tu serenidad para… -¡Quiero que empiecen ya! –interrumpe ariscamente Caravinagre- ¡Estoy deseando de asustar a los niños! -Este siempre igual… -retoma el mozico-. Como te decía, Rey, necesitaría un como el tuyo para correr delante del toro, solo de pensarlo… ¡me echo a temblar! -Tranquilo, mozo. Sé prudente en la carrera y cántale al Santo, su capotico hará el resto. -Hola, perdonad… ehhh ¿el Ayuntamiento? Soy nuevo en la ciudad –decía apresuradamente un muchacho con una trompeta entre sus manos-. -Sigue al gentío, joven, todos van hacia allí –le contesta el Rey. El muchacho se aleja agradeciéndoselo con un gesto, por las prisas-. -Pfff… novato –refunfuña el veterano cabezudo-. -No aguanto más… ¿Qué hora es? ¡Debe faltar poco tiempo! ¿Es que nadie tiene un reloj? Snif snif(olisquea el ambiente). Mmmmmm ¡huele a chocolate y churros! -Oigan, ¿quieren churros? –grita una señora venida desde la calle Mañueta-. -Caravinagre: ¡La que faltaba! -Mozo: ¡que alguien diga la hora! -Rey: ¡son las doce menos cinco! ¡¡¡¡¡¡RIIIIIIIIIIIING!!!!! Marco, sobresaltado, despierta de su sueño. Es 6 de Julio.

Título  Y contarlo   Autor  García Fernández-Valdés,   Gabriel

Estampido y se abren las puertas. Se oyen gritos, y huele a euforia. El aire pesa más que las rodillas. Despierta el miedo a esa madera de portalón que bramaba. La multitud agolpada azuza las pezuñas que golpean el suelo. Pañuelos, hombros y vítores corren hacia mí. Las rodillas pesan y respiro lento o a cada segundo. Desde el muro un anciano mira arrogante como clavo mi cuerpo en los adoquines. Suenan cencerros. El suelo retumba. Ya son sombras detrás de los hombros blancos y pañuelos mal atados. El anciano observa por encima de mí. Sus ojos brillan. Sus piernas pudieron correr alguna vez. Las sombras con pezuñas ya tienen cuernos. Diez segundos sin tomar aire. El pasillo de camisas blancas muestran los ojos del animal. Rebufa con quinientos kilos de fuerza a cada galopada. Sus astas obvian al resto de pantalones blancos que trepan por las vallas. Giro mi espalda y aparto una mano que empuja mi hombro. Lleno de aire mis pulmones. Desclavo mi cuerpo de los adoquines. Pesa la espalda y el bufido a ritmo de pezuña marca la distancia. Corro. El viejo grita. La gente abre camino y esto acaba de empezar.