Obras III Certamen Microrrelatos San Fermín


Título  Sentimiento incontrolable   Autor  MORENO SANZ,   DAVID

La imagen de la Plaza del Ayuntamiento es espectacular, los pamploneses y visitantes vestidos completamente de blanco, como manda la tradición, y con los pañuelicos rojos en la mano, disfrutan de los momentos previos al chupinazo. Cuando tan sólo faltan un par de minutos para llegar a las doce, huele a alegría, a fiesta, a vino, a pacharán, a charangas, a ganas de disfrutar. Al ritmo de clarines y timbales, los congregados levantan ahora sus pañuelicos, en triángulo, sobre las cabezas para cubrir con un manto rojo la Plaza. Me uno a ellos dando brincos de alegría y como cada año me vuelvo a emocionar. Unas lágrimas caen recorriendo mis mejillas. En el balcón, prenden la mecha del cohete y segundos después, estalla, para júbilo de la multitud. ¡Pamploneses! ¡Pamplonesas! ¡Viva San Fermín! ¡Viva! Por primera vez, a kilómetros de distancia, beso una estampita del santo y bajo el volumen del televisor para que los vecinos no me llamen la atención.

  Título  UN SENCILLO RECUERDO DE  SAN FERMÍN Autor  Toda Eraso, María Cruz

Un 6 de julio mis padres me llevaron a ver el chupinazo. Desde entonces son mis fiestas favoritas. Otro año más estoy aquí para vivirlas. La Alcaldesa empieza las fiestas con el conocido: Pamploneses-Pamplonesas Viva San Fermín! Gora San Fermín!. Enciende la mecha y PUMMMM!!!!. Ya han empezado!. El primer día comí en la peña y a la tarde fuí a ver el ambiente. El segundo día fuí a tomar el aperitivo con mis amigos chistorras, fritos y unas bravas en “La Meji” cruzándonos con los gigantes y por la tarde a los toros. Fui a sol y salí con la peña de la plaza. El tercer y cuarto día repetí lo mismo pero el tendido de sol estaba nublado. El quinto día ví el encierro desde un balcón en la Estafeta. Hubo dos cogidas de consideración. Por la tarde visité los Corralillos del Gas. El séptimo día igual que el sexto, pero por la tarde estuve paseando por el Caballo Blanco. El octavo fue más o menos como el segundo. Y el noveno fui a visitar a mis padres y como todos los años les acompañé al “Pobre de Mí”. Esto es un recuerdo de los que se guardan en el corazón. 

Título  La penitencia de Lucas  Autor  Garbayo Iglesias, Vanesa

Por fin era seis de julio, pero de nuevo Lucas echaba de menos Pamplona. Había decidido cruzar el charco tras haber maltratado a su madre aquella mañana de San Fermín al volver de madrugada: nunca podría volver a mirarla a los ojos. Tampoco miraba desde entonces al Santo Moreno. Aunque todos y cada uno de los seis de julio de los años que llevaba en Colombia dedicando su vida a paliar la pobreza eran especiales porque por dos semanas permitía que la alegría sanferminera volviera a su vida. Alegría amarga, porque ella falleció sin que él se disculpara. Ya no cantaba las jotas que de dentro del alma le salían, hasta ese seis de julio en que decidió poner fin a esa penitencia. Sacó de su petate la estatuilla de San Fermín y lo desempolvó con un pañuelo. Su voz brotó por su garganta: “Quiero decir al cantar Lo que yo quisiera oír Que quiero mucho a mi madre A Navarra y San Fermín.” Y sintió humedecerse el pañuelo, San Fermín estaba llorando gotas de sangre tiñendo éste de rojo. Entendió que ambos le perdonaban y se lo anudó al cuello, eran las doce del seis de julio en la Pamplona de Colombia.