XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LOS MOZOS PAMPLONICAS

Noelia Garcia Martinez

Los mozos en la calle Estafeta somos de Pamplona. También hay de muchos lugares pero la mayoría somos de aquí, de esta tierra que rezuma un olor de bravura, de tradición, esa que sale a relucir en cada resquicio de esta carrera y que sin apenas darnos cuenta, nos envuelve en la vorágine más abierta posible, y en la que cada una de las mañanas que en esta bendita semana tiene lugar al ritmo de los astados.
No es fácil correr como pamplonés, te observan con miradas de complicidad pero al mismo tiempo de orgullo. Saben que marcamos los pasos, el tiempo y el orden, y eso casi siempre se traduce en envidia, eso sí, sana; en saber que cada día se hace historia viva.
Estamos para acoger, para compartir nuestra historia en San Fermín con todo aquel que busque un abrazo, un capote o un simple apretón de manos cada año. No es de extrañar que la ausencia de alguien se eche de menos, por eso siempre se está al quite. ¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!.
 

UNAS GOTAS

Isabel Altuna Martínez

Unas gotas se escapan del cielo.
Los primeros rayos parece que tienen pereza por asomar.
La noche ha estado en calma, susurros nada más.
Una jota sube al cielo, me emociona, y estiro mi cabeza para escuchar.
De repente un silbido, un bum, y la tensión sube.
Las puestas se abren, y la calle asoma, a vivir la fiesta intensa,
camino de la plaza, vida, tensión, carrera,
camino de plaza, veo que todo va a….
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

FLECHAZO EN LOS TOROS

Angela Resano Iñigo

Año 2014. Día 9 de julio. San Fermín. Lugar: Plaza de toros de Pamplona.

Música, gente… Más música y más gente.
Era una tarde calurosa y llena luz, como si el ambiente nos mandara un mensaje, como si fuera un día que ya estaba escrito en el libro de nuestro destino.

Consigo llamar tu atención tirando de ingenio, ¡y tirándote cacahuetes! Cada uno con sus amigos, pero sin quitarnos ojo de encima el uno del otro… Cruce de miradas, sonrisas, y una sensación extraña, parece que nos conociéramos de toda la vida, aunque es la primera vez que nos vemos, y nos gustamos. Se nota.

Ya siento el flechazo y me ha dado de lleno. Termina la corrida, y con la salida de las peñas más cruces de miradas y bailes al ritmo de las charangas. Nos tenemos que separar, pero yo sé que no es el final, yo sé que nos volveremos a ver, aunque tenga que remover cielo y tierra.

Remuevo cielo y tierra, y doy contigo. Después de mucho insistir, consigo unos minutos de tu vida, que se convierten en horas, en días, en años… ¡y ya van casi 5!
La próxima cita: nuestra boda, 28 de septiembre de 2019.
 

SENTIRLO OTRA VEZ

Mikel Bueno Tapiz

Siento los nervios que me acompañan cada año cuando el calendario marca este sexto día de Julio.
El estruendo del txupinazo será quien marque la hora de encontrar las calles abarrotadas, las cálidas caricias del sol, o la apetecible sombra de un árbol para hacer frente al día más largo del año. Ansío correr otro años más delante de esas amenazadoras y cabezonas figuras que me persiguen bajo la sombra de los imponentes gigantes. Ver cómo ni siquiera la noche es capaz de oscurecer las miles de camisetas blancas que invaden la ciudad, o vivir la sensación de cómo el cartón de la piel del toro se trasforma en el más peligroso de los vellos con el paso de los años.
Veo pasar las luces sobre mí; el suelo empapado e impregnado con un no muy agradable aroma que, sin embargo, añoro durante todo el año; las decenas de lenguas que Pamplona habla. Veo risas y júbilo.
Pero ahora, al final, cuando parece que todo se acaba, aun puedo ver la estela de un cohete que ilumina mis agotadas pupilas. Escondidas bajo dos cuencas de arrugada piel tras setenta y dos chupinazos, mis boca dibuja una sonrisa expectante de la traca final.
 


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MEMORIAS DE UN PROTAGONISTA

Prospero Gustavo Ingrassia

¡Ahh..! ¡¡Cuánto placer!! ¡¡Otra vez Sanfermines y en Pamplona!!

Después de trotar tantos encierros cuando vivía allí, vuelvo a disfrutarlos nuevamente pero más relajado, sin la adrenalina que inunda tus calles en estos días.
Te he recorrido siempre, desde pequeño hasta adulto, desde aquel primer Chupinazo en 1931.
Llevé en mis venas la sangre y el instinto de una manada que siempre ha estado de pie, a pesar de los tiempos y de los cambios. Pero siempre de pie, como los árboles hasta su muerte. Y yo, que morí miles de veces allí, para volver a renacer siempre como toro en Pamplona, ¡ya me siento un superhéroe!
¡Qué deleite es asistir a las corridas habiendo sido un gran toro de Miura! Ahora disfruto verlas desde esta tribuna que el cielo de los toros me habilita, en parte añorando estar con el cuerpo como quienes corren al son de las pisoteadas taurinas. Cuando me permiten bajar a la Tierra, elijo siempre a mi Pamplona y sus Sanfermines.
¡Ahh..! ¡¡Cuánto placer!! Es algo que los humanos jamás entenderán.
 

ASESINATO EN LA ESTAFETA

Jaime Martín Martinez

Al llegar entrevisté a los vecinos, incluso a la mujer y a la suegra. Nunca mis entrevistados habían llevado igual vestimenta, salvo el del tercero que en vez de pañuelo rojo lo llevaba verde, y tampoco me había tocado cerrar ventanas para que cánticos y charangas no se escucharan en la grabadora. Todos dijeron que al muerto le encantaban las fiestas. Eso y la foto de cómo lo habían encontrado en la cama acuchillado me dio la pista. ¿Quién tan sanferminero podría llevar la faja en el lado derecho? Fue por esto que tuvimos que revisar la maleta de su suegra, que sabíamos que había llegado hace poco a Pamplona. Allí estaba el arma homicida. Fuimos a arrestarla. Estaba en la procesión y cuando vio los coches de policía, empezó a correr. Yo le perseguí por kilikis, gigantes, curas, cofradías y fue al llegar a la cadena, que las peñas hacen alrededor del santo, que la agarré. Mientras se oía una jota no sólo lloraron espectadores, ella confesó haberlo matado en un ataque de celos con lágrimas en los ojos. Otro caso resuelto. Sólo faltaba una cosa, llamar a mi mujer para decirle que llegaría más tarde y pasar dos días disfrutando aquellas fiestas. 


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ENTRE PAMPLONA Y NUEVA YORK, EL CIELO

María Eugenia Martín Pérez

Sonó el despertador. Juan miró la escalera trepando oxidada en zigzag por la pared de enfrente. ¿Por qué seguía allí? Ella ya no estaba.
Conoció a Lisa el 7 de Julio del 73, saltando nerviosos después del primer cántico, apretando “El Diario de Navarra” con fuerza. Juan tenía 28 años, Lisa 26 y un pelo rubísimo que caía en ondas hasta su cintura.
Volvieron a coincidir. Tropezaron, se sonrieron y empezaron a quererse, todo a la vez.
Juan se fue con ella a Nueva York. Volvían a Pamplona cada San Fermín y corrían juntos, como sería siempre hasta que les dejaran sus cuerpos.
Un Miura vestido de cáncer pudo con Lisa.
Juan seguía levantándose el 7 de Julio a la 1’50h de la madrugada. Emocionado se anudaba el pañuelo rojo y ponía el televisor. Al ver a San Fermín en la hornacina, lloraba. Mucho. Sus lágrimas bajaban por sus mejillas haciendo charcos en la camisa blanca.
Escuchaba el cohete y los cencerros de los bueyes, veía cómo los toros encaraban la cuesta y apagaba la televisión. Miraba al cielo y lanzaba un beso: “Buena carrera, mi amor. ¡Viva San Fermín!”.
Cerraba los ojos y seguía corriendo, una vez más, con Lisa en Santo Domingo.
 

EN BLANCO Y NEGRO

Maite Díaz González

Este año, por fin, iba a conocer Pamplona. Nunca había estado en el norte y se iba a estrenar nada más y nada menos que con San Fermín. ¡Por fin tenía edad para hacerlo!
Se apuntaron con él dos de sus hermanos y tres primos. Ninguno conocía Pamplona ¡Iba a ser la leche!
Subirían unos días antes. Todo el mundo decía que era increíble el cambio que daba la ciudad de un día para otro.
Eso hicieron.
Los días previos a la fiesta fueron de tranquilidad. A veces les parecía que la gente les observaba.
“Deben de notar que no somos de aquí” pensó Joselito.
Y llegó el día 6. Nunca imaginaron el bullicio de la ciudad. Pasaron el día comiendo y bebiendo.
El día 7 se prepararon muy pronto por la mañana. A las ocho en punto oyeron una explosión y de repente se encontraron corriendo cuesta arriba.
“¿Quien es toda esa gente vestida de blanco corriendo delante de nosotros?” pensó él.
Cuando el día terminó, había terminado también la fiesta para ellos.
 


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CONSEJOS

Manuel Montoya Vicente

John Charles Zalba, ciudadano norteamericano, estaba dispuesto para correr su primer encierro. Nieto de un pastor de Eugi llegado al estado de Nevada en 1953, iba a cumplir el sueño de su vida.
Uno por uno recordó los consejos del anciano Inocencio: la ropa desahogada y blanca, el pañuelo rojo, el periódico en la mano, los cinco sentidos prestos y, sobre todo, el alma encomendada al “capotico del santo”.
Estiró las piernas y respiró hondo. Consciente de que el momento de “coger toro” era esencial, se lanzó henchido de adrenalina, pero al poco, tropezó y cayó al suelo. Acurrucado, notó como un morlaco le golpeó el costado. Se palpó y sintió un fluido viscoso. Abrió los ojos y vio el líquido rojizo…
– ¡No es sangre! ¡Es, eso… pacharán!
Tumbado sobre el césped, acababa de tirar una garrafa de licor que se vaciaba sobre su costado. Se sentó y miró el móvil.
– ¡Las nueve! ¡Me he perdido en encierro!
En ese momento reparó en que tenía una docena de whatsapps de gente desconocida preguntando por él, y le vinieron a la cabeza casetas y risas, comparsas y abrazos.
Sonrió al recordar la última reflexión de Inocencio:
– ¡Hijo, los sanfermines hay que vivirlos!

 

¿AUSTRALOPITECUS SANFERMINEROS?

Jose Murugarren Leoz

Se buscan ideas simples para conceptos complejos. Para los medios que analizan a mucha distancia valen las conclusiones elementales. La contundencia sin matices. Sirve echar el muerto del cambio climático a Donald Trump, difundir que los árabes son yihadistas, los ingleses, ‘hooligans’ y, en agresiones sexuales, Pamplona, la nueva Meca. ¿Quién lo acredita? Plumillas de estos que cuando bajan del tren no saben si están en Moscú o en sanfermines pero ponen sus micrófonos a husmear cualquier atisbo que confirme la hipótesis que fabricaron durante el viaje. Leyeron el repugnante suceso de ‘la manada’ y quieren hacer creer que los encierros y la parranda son una cuestión menor en unas fiestas de australopitecus que disfrutan del coma etílico y la agresión a las mujeres. Eso vende. Llevamos siglos corriendo toros y buscando lugares donde bailar, cantar, comer o beber. Incluso rezar. Hay quien venera los toros y quien los aborrece, quien aplaude a rabiar en los fuegos y quien despierta en la traca final. ¡No se dejen engañar! Castigamos a quien toca a los toros, a quien roba, y con todo rigor a quien agrede a las mujeres.Somos así. Bárbaros empeñados en conciliar las mejores fiestas y el sentido común de toda la vida.