XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA LIBERTAD ERA ESTO

Pedro Antonio Cano Martínez

El toro no se despertó ni tarde ni temprano porque no había dormido un carajo, desbordado por el ajetreo y ajeno a una compañía de semejantes que le resultaba indiferente; solo tenía ganas de correr, de huir hacia adelante, hacia donde fuera; de salir de allí.
De pronto, se multiplicó el nerviosismo y el ruido y se abrió una puerta hacia la libertad. Corrió, corrió y gozó de su condición como nunca había imaginado que fuera posible hacerlo. La libertad no era lo que por un corto instante había barruntado; era un enjambre complejo y estridente que sin embargo le resultaba estimulante y febril.
Había numerosos obstáculos y el suelo parecía más duro que de costumbre, pero el delirio que sentía le ayudaba a salvarlos sin titubeos, como aquel delantero centro inglés de Osasuna que marcaba siempre que fuera al primer toque y sin pensar, poniendo el talento adquirido durante años al servicio de la inspiración del momento.
Y de repente, sin saber cómo, se sintió liberado por el esfuerzo y por la vanidad de haber superado el trance más difícil de su corta y larga vida, y se sintió feliz, feliz como nunca, en medio de la muchedumbre y de la plaza.
 

PLANETA 204

Saioa Villar Sola

Pamplonesas, Pamploneses. Tenemos un importante mensaje que daros. El estado de la Tierra, las guerras y el cambio climático nos impulsaron a tomar medidas drásticas para dar continuidad a la especie. Durante décadas hemos observado diferentes ciudades en busca de gente única para reproducir una civilización sin igual. A este experimento le hemos llamado: Planeta 204, y vosotros habéis formado parte de él en vuestras fiestas.
Hemos analizado minuciosamente el modo en que os organizabais y convivíais armónicamente en subgrupos, en vuestro caso: los del baile de la alpargata, los de la procesión, los de los gigantes, los de los toros, los de la pelota, los de las peñas, los de los fuegos, los del kalimotxo… Pero habéis ido más allá y habéis compartido cromosomas intercuadrillas, forjando una categoría común, genuina y sin discriminaciones a la que hemos llamado: LOS DE AQUÍ, los de Pamplona.
La iniciativa ha sido un éxito. La información genética que vuestros antepasados han infundado en vosotros y que hoy persiste, son la prueba de que vivir 9 días con alegría… ¡Es posible! La continuidad de la humanidad está en vuestras manos. Viva San Fermín. Gora San Fermín.  


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SIETE DE JULIO

Raul Alberto Mazzeo

Mientras preparo café pienso en una caja guardada en un armario. La bajo del estante mas alto, quejándome de los dolores de viejo. Los que no nunca imagine tener. Cuando creía que la vejez era algo que le sucedería a otros.
Abro la caja y un aroma dulce me envuelve. Voy pasando las fotos de mis hijos de pequeños, la de la mujer que supe amar y que ya no está. Un joven en motocicleta en el que casi no me reconozco. Y, al fin, las que buscaba.
Una taberna con un grupo de jóvenes sonrientes con vasos de cerveza; un joven de camiseta blanca y pañuelo rojo sonriendo; una bellísima morena de cabello largo haciendo morisquetas a la cámara. Y las imágenes de toros, la mayoría movidas, fuera de foco. No los toros de mi pampa, gordos y cuadrados. Toros con cuerpo de fisicoculturista. Una instantánea del mismo joven sentado en una camilla con la cara ensangrentada, sonriendo con el brazo doblado en gesto de fortaleza.
Es siete de julio, la morena se ha ido y no regresará. Pronto iré tras ella. Cuando escuche el chupinazo y recuerde que es hora de volver a ser de feliz.
 

SAN FERMIN

Carlos Del Rosario

San Fermín

Diaforesis, taquicardia y la ansiedad de principiante a la espera del estallido que daría libertad a las emociones encontradas en mis adentros.
Sentí su mano en mi hombro…
__Tranquilo , solo corre.
Hace ya más de 20 años desde ese día; sin embargo, mírame aún participando en los encierros de San Fermín. Lo harás bien mañana.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA CARRERA

Mónica Tuesta Calvo

El día amaneció nublado y el traslado hasta el centro de la ciudad fue tranquilo. No compartíamos miradas, nuestro destino se iba a escribir en unos minutos, queríamos hacer el camino en soledad pero sin embargo necesitábamos el calor del grupo.
Del silencio nervioso pasamos en un segundo al chute de adrenalina que nos proporcionó la gran explosión. Ese atronador ruido que daba el pistoletazo de salida a la gran carrera, aquella que recordaríamos para siempre.
Encaramos la calle repleta de figuras blancas y con reflejo de un rojo sangre que nos indicaban el camino a seguir. Nos lanzamos detrás de esas figuras que corrían mientras un ruido atronador nos acompañaba.
Los gritos se mezclaban con nuestros pasos cada vez más veloces que desesperados llegaban a la arena. Era la carrera de nuestra vida, dos minutos que definirían nuestra existencia.
La arena nos frenó y silenció.
Habíamos llegado a nuestra meta marcada.
De la libertad en forma de empedrado habíamos llegado al lugar donde nuestra existencia iba a tener sentido.
Desaparecimos por algún lugar del círculo, cerré los ojos y aguardé mi destino.
 

EL CHUPINAZO.

Sebastian Valenza

San Fermín era nuevo para mi, fue durante mis primeras vacaciones en soledad. Decidí Navarra por mis padres. Creí que era el cambio que necesitaba. Era difícil volver a estar solo después de tantos años, era tan extraño. La escena resultaba encantadora y el entusiasmo me contagiaba, todos se veían tan ansiosos y felices. Dentro de la multitud, llamó mi atención, como si fuera la única allí. Sonreímos y nos acercamos, inmediatamente lo sentí, esa sensación tan especial.
Chupinazo. Comenzamos a correr tan rápido como podíamos. Era curioso cómo a pesar de estar rodeados nos sentíamos solos. Fue inesperado volver a estar acompañado, tanto tiempo después. Mientras nos perseguían, algunas desistían y decidían terminar la aventura apoyándose a los costados de las calles, satisfechos, pero ambos queríamos más. Se sentía algo más profundo que solo llegar a la meta.
Fue así que llegamos al taurino, exhaustos. Me acerqué para hablarle, pero llegaron los aplausos y la euforia, el primer encierro había concluido. Por unos segundos mire alrededor y me perdí en la fiesta, pero volví a mirar y ella se había ido. La busque por toda la Plaza pero había desaparecido. Volveré, pero debo encontrarla antes del Chupinazo.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LAS BOCAS ABIERTAS

Mikel González Parra

No pudimos convencerla para que se quedara ni al concierto. El siguiente lunes ella trabajaba, y tenía que madrugar para coger el vuelo. Hasta el julio que viene, nos prometió. La abrazamos y la vimos perderse entre la multitud, a contracorriente en la marea roja y blanca que venía hacia la Plaza de los Fueros.

Cuatro años tardó en volver. Fueron los primeros sanfermines de Hans, y la primera vez que lo veía en persona. Era todavía más mono que en las fotos que nos enviaba su madre. Tenía la misma naricita respingona que ella, y el mismo pelo rubio que su padre. La boca, abierta de par en par, de asombro. Nunca había visto un gigante.

En eso se parecía a mí. Llevaba tanto tiempo sin ver uno que ya había olvidado su aspecto. Igual que Hans, abría la boca de par en par, aunque bostezando. Había dormido tres horas, y a estas edades las resacas eran cada vez peores.

También había olvidado que la fiesta no era solo por la noche. Era la primera vez en 17 años que salía tan temprano de casa, y sin vaso de txosna en la mano. Ya iba siendo hora. 

GRANDES PALABRAS DE UN PEQUEÑO GIGANTE.

Maia Solange Skorupsky Añasco

Hoy mami me ha puesto la computadora temprano para que vea mis toros, digo míos porque los quiero, porque me encantan; porque el tío Julio me trajo de regalo cuando nací y es mi peluche favorito desde que mis manos lo tomaron por primera vez.
El martes soñé que estaba ahí, que mami me puso una camisa blanca con un saquito azul y que el tío me llevó con él. Corrimos mucho, reímos tanto siempre viendo hacia atrás para estar alerta. Tomamos una subida, el tío me hizo hacia un lado contra un alto paredón y allí aguardamos unos instantes. Todos saltando, sombreros volando; ese día yo fui uno más, aunque jamás he estado allí.
Mami también estaba, nos saludaba orgullosa mientras tío Julio daba el suspiro mas hondo que he sentido, un suspiro de victoria, un suspiro ganador.
Es la hora del almuerzo, ya traen mi sopa puedo sentir ese aroma. Oí decir al médico, que pronto estaré en casa, asique podré soplar las velas este cumpleaños. Todos los años seguiré pidiendo lo mismo, mucha vida para soñar; y algún día mi propia historia del siete de Julio poder contar.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

DESDE LEJOS

Salvador Gorgues Muñoz

7 de la mañana del 7 de julio, hoy el despertador suena antes que de costumbre, por suerte el
horario de colegio no es problema. Sale disparado de la cama, sus ojos no están pegados como
siempre, hoy esta completamente despierto, sus pupilas miran la pantalla viendo a todo el mundo
reunido allí, con su indumentaria blanca y pañuelo rojo al cuello, y en ese instante, su
imaginación lo transporta allí. Se siente acompañado por los corredores y por la multitud que
vitorea a los atrevidos.
Suena el aviso, y corre por el asfalto mientras miles de ojos lo miran fascinados, nota el respirar
agitado, tras él, de esos hermosos animales, los toros, a los que admira con todo su amor, son solo 3
minutos en los que la respiración jadeante le hace hiperventilar de emoción, su corazón late
incesantemente bañando de adrenalina su pequeño cuerpo que a pesar de estar quieto en el sofá,
es su mente la que corre alegre y libre sintiéndose feliz.
Siente entrar a la plaza, la arena bajo sus pies y todo llega a su fin.
Ahora a esperar a mañana para otro encierro del niño que imagina y vive San Fermín en la
distancia. 

RIAU RIAU

María Gabriela Gorches Guerrero

Dejó el cornetín sobre la mesa y se sirvió café. Debía sentirse satisfecho, la pieza que recién concluía no era mala. Sin embargo, dudaba: ¿cuántas veces había confiado en una obra suya que al poco de nacer moría enterrada en el olvido? Mirando por la ventana, imaginó una composición en la que lograra captar la alegría durante las fiestas de San Fermín. Bebió un sorbo y sonrió, a pesar de que el líquido había perdido calor y le supo amargo. Luego se acercó al escritorio y recogió un documento manoseado cuyo título leyó en voz alta: Director de la Banda Musical Casa de la Misericordia; con un gesto que se le había vuelto automático respiró tranquilo. También maquinal, su mente reaccionó enseguida repitiéndole nombres como si se los escupiera en el rostro: Sarasate, Maya, Mariano García… la comparación con quienes tenían verdadero reconocimiento lo atormentaba. Era cierto que podía jactarse de vivir de su trabajo, pero le parecía un logro muy pobre para quien desde niño se había enamorado del sonido del aire que vibra en los instrumentos de viento. Miguel Astráin, suspiró lastimero mientras pronunciaba su propio nombre: y pensar que alguna vez soñó con verlo inscrito en la Historia de Pamplona.