XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

FREDDY CHATARRA

Andres Moreno

Era el mejor trabajando con el metal. Siempre buscaba la perfección en sus obras, pero había algo mal en aquel ingenioso sujeto, la soledad le asaltaba cada noche, y como tal sentía la necesidad de una compañera. Así que un día tomó la decisión de construir con el más pulido y fino de los hierros un armatoste con figura de mujer. La llamó Eva, su perfección fue tal que hacía todo lo que una mujer de carne y hueso hace. Al principio se sentía maravillado con su creación. Eso fue hasta que empezó a ponerle problema por sus llegadas tardes debido a las fiestas de San Fermín, que esto, que aquello, además de los reclamos por llegar ebrio. Cansado de los constantes reclamos, cierta noche le dio una patada en el culo, dejando tan sólo sobre la cama un montón de hierro retorcido y tornillos por todos lados. 

LA BANCA NO SIEMPRE GANA

Francisco Barragán Larreta

Ahí estaba yo, en la mejor habitación del mejor hotel de Pamplona, vistiéndome de blanco impoluto y dispuesto a salir a la calle para mezclarme con toda esa marea de gente que se encaminaba a la Plaza del Ayuntamiento para, en un par de horas, ver en primera persona como subía al cielo y explotaba un cohete que daba paso a 204 horas mágicas. En ese tiempo, dicen, hay tiempo para risas, bailables, canciones, kalimotxo, amigos que solo ves de año en año, encierros, tendido de sol -o de sombra-, almuerzos con la cuadrilla, amores de madrugada, fritos, cerveza, bocadillo de magras o ajoarriero, kilikis, gigantes, barracas, fuegos artificiales, vermú torero hasta la hora de la corrida, gaupasa, dianas y visita al santo morenico.
Ahí estaba yo que, hace apenas una semana, estaba perdido en el otro lado del mundo con el finiquito en el bolsillo y sin oficio ni beneficio.
Ahí estaba yo pensando que de perdidos, al río y dispuesto a pasar un rato en la ruleta del Casino, dispuesto a olvidar los malos tragos.
Y tuve un palpito.
Todo al 7 y rojo.
Y la banca no siempre gana. 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SAN FERMÍN, 1969

María Soledad García Garrido

Neil Armstrong fue testigo de cómo muchas veces la Historia se manipula, y la prensa y los gobiernos muestran las noticias según los intereses del momento. De hecho, para no perjudicar la repercusión que tendría la proeza americana del primer hombre que pisó la Luna, en plena Guerra Fría, se emitieron las imágenes del Apolo 11 y su tripulación unos cráteres más allá, después de purgar los fotogramas de lo que hallaron en realidad.
Espías europeos aseguran que en una cámara acorazada del Pentágono sigue guardada bajo mil contraseñas una película de baja calidad en la que se muestra la verdad: los primeros hombres en conquistar la Luna fueron navarros, en concreto una peña de Pamplona, vestidos con camisa blanca y anudado al cuello un pañuelo oscuro, probablemente rojo. En el visionado se aprecia que brindan por la alegría y la amistad con vino de la tierra, y que entonan, según sus propios testimonios, por segunda vez en ese año, el cántico “Pobre de mí”, a la vez que desatan sus pañuelos. Manifiestan que son la resistencia y que, al día siguiente, gritarán “Gora San Fermín” para reiniciar la fiesta, aunque sea en el mismo Saturno, que a ellos no hay quien los pare.
 

CUENTA ATRAS

Cristina Jiménez Martínez

10 – Cinco de julio, oscurece, difícil conciliar el sueño. Repaso mi mente, todo está listo: almuerzo, ropa, logística familiar… imposible dormir.
9 – Seis de Julio: son las ocho, pongo música de las peñas, comienza el ritual. Pantalón y camiseta blanca, faja y el pañuelo bien anudado a mi muñeca.
8 – Ocho y media: Subimos en villavesa a lo viejo. No sé si hace frío o calor, no me importa.
7 – Con los niños a buen cuidado, es momento de visitar al Santo en su capilla.
6 – Las nueve: C/Dormitalería, la cuadrilla, besos, sonrisas nerviosas, pasan los años, el sentimiento no cambia.
5 – Almuerzo: ajoarriero, huevos, magras con tomate… ¡¡¡Gracias txikitina, que bien nos cuidas!!!
4 – Antes de entrar al corazón de la fiesta, brindis en la peña, por los que estamos, por los que faltan, por nuestro día.
3 – Las once: calles abarrotadas de alegría, de blanco, de rojo. Un camino de fiesta hacia el Ayuntamiento.
2 – Ayuntamiento, últimos minutos, intensos latidos. Sonidos, olores, sensaciones que no se cuentan, se sienten, no se explican, no se puede… solo se viven.
El tiempo se detiene… las doce.
1 – ¡Pamploneses, Pamplonesas, Viva San Fermín!, ¡Iruindarrak Gora San Fermín!
0 – ¡¡¡204 HORAS PARA VIVIR INTENSAMENTE!!! 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LAS BARRACAS DE DON LUIS

Alberto Oroz Valencia

Hace una mañana espléndida y como quiero desintoxicar mi cabeza ahíta de fiestas, bajo al paseo del Arga. En el primer banco que encuentro me siento a rumiar mi ansiada soledad, disfrutando de los trinos y gorjeos de los pájaros que, más madrugadores que yo, armonizan la mañana. Estoy tan bien que un sopor mañanero me invita a cerrar los ojos para disfrutar del silencio y me vence el sueño.
Sin pretenderlo veo a Don Luis que, poniéndose la sotana más vieja que tiene, nos monta en el autobús, negocia con el conductor la gratuidad del viaje y a ocho niños desarrapados nos lleva a las barracas. Él negocia, y a su señal disfrutamos la mañana ocupando los coches, los caballos, los aviones, la noria y las barcas voladoras.
Estoy comiéndome el helado con que nos obsequia para regresar al pueblo, cuando una mano amiga me despierta y una voz afónica y sanferminera me dice: te vas a caer.
A mí que he disfrutado setenta Sanfermines, que tengo multitud de recuerdos y cicatrices, los caprichosos sueños me transportan hacia aquel cura de camisa caqui cuartelera, boina negra, sotana desabrochada, fumador con dedos amarillos, cuyo recuerdo aún anida en mi cerebro y en mi corazón. 

NOCIÓN DE IRREALIDAD

Luis Alberto Alfaro Vega

Lo sacude el espasmo de una fiebre que lo conduce al delirio de creer que su propio ser es un embuste, que la única ley es la que lo conceptualiza como homo sapiens sapiens, y que, el proceso Kafkiano que lo transformó en un bravo toro de lidia es un subterfugio de su mente, una evasiva para evitar correr la efeméride de los sanfermines. Abren los portones y se percata que no tiene otra opción que seguir a los de su especie, que van adelante, bufando la arremetida contra el viento de la angosta callejuela. Como último recurso para cerciorarse de que es una pesadilla, echa un vistazo a su sombra, y ésta, impune y categórica, le devuelve la iconografía de un animal de cuatro patas y puntiaguda cornamenta. 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SIEMPRE IMPREDECIBLE

José Luis García Mont

La cercanía de un toro bravo se mide por la equidistancia entre verlo resguardado o notar el bufido de su bravío a la espalda, mientras mis posibilidades lo aguantaron, antes de echarme a un lado al notar que mis piernas flaqueaban. A cámara lenta el negro zaíno hizo ademán por conseguirme, pero la inercia lo condujo a proseguir, con apenas un trazo del rojo camiseta en su pitón, hasta la desembocadura redonda de agolpados que desalojaron su preciso espacio, por donde entró el escapado, sin el rebufo de la manada, para perder la calle y difuminarse de mi vista que lo seguía como quien ve pasar un trazo del riesgo de la vida, apostado para después notarla con mayor aprecio. Esperé, aún sin la congoja post encierro, entero, a los cabestros que guiaban el grueso de la torada uniforme. Se oyeron voces, salvoconductos que avisaban del rezagado, un cárdeno bien armado, de malas intenciones, que entraba al bulto, cortaba el trayecto y dividía a los corredores. Arremetía, paraba, giraba, emprendía y paraba de nuevo. Llevaba dos cogidas de diversa trascendencia e iba a por la otra, pero fue al engaño del experimentado pañuelo que fue llevándole para zanjar el encierro. Hasta la jornada siguiente. 

BAILE DE GIGANTES…

Miren Valencia Ran

La mañana se viste de blanco y rojo rociada de nervios, ganas y emoción. Camino por la calle porque quiero verles llegar. Diferentes continentes unidos para bailar a un ritmo único, un ritmo que emociona y me conecta con mi más añorada infancia. Están muy cerca, ya casi a mi lado, así que observo sus trajes, sus abalorios y su amplitud. Seriedad mezclada con diversidad a la que se le une encanto personal. No puedo evitarlo y mientras descansan en la plaza del ayuntamiento me hago un hueco llegando a los adentros de Braulia, la reina americana. Siento su esencia, me lleno de su vitalidad e intento sentir su procedencia. Por un momento imagino la más absoluta mezcla, unos bailan con otras, otros bailan con unos, no es lo establecido, esta vez es lo elegido. Al salir una verga toca mi cabeza y ahí está él, mi kiliki Caravinagre, sin duda uno de los más grandes. La música marca la salida, sus vueltas y su movimiento. Son días de baile, son días de son,gigantes y kilikis que dinamizan el show.  


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

BRAVO POR LOS BRAVOS

Jose Emilio Cubiella Fernández

Pasado el peligro, nos apoyamos en los árboles para recuperar el aliento y el ritmo cardiaco apropiado. Por mi cabeza desfilaron las imágenes en las cuadradas televisiones, de lo que hemos vivido. Tan alejado lo veíamos, que al final, ¡pobre de nosotros si nuestras piernas no fueran ágiles! El paseo matutino, derivó en fiesta: la fiesta de la vida. ¡Ahora sí que había que celebrar con nuestros paisanos la victoria! Y es que ¡vaya con la valla! Nos secamos las cabezas con el pañuelo: rojo, tras limpiar los envites de las zarzas en nuestra piel y abandonamos el lugar. Cantamos camino del bar, chillábamos por la adrenalina aún humeante en nuestro cuerpo, contábamos las horas para volver a demostrar al bravo morlaco, que detrás de nuestras espaldas lo único que podría hacer, sería perseguir nuestras olorosas pisadas. Y repetimos la hazaña, mientras el cuerpo aguantó. No por afición, sino por devoción. 

DE BLANCO Y ROJO

Ana Belén García Toro

Dejo atrás un sábado de bullicio, caras desconocidas y una lluvia fina que cae: txirimiri, Estafeta es el escenario principal y oigo: ¡VIVA SAN FERMÍN! Es Julio, en Navarra, una extremeña en pleno corazón de Pamplona.

Amanece el 9 de Julio, donde el sol reina sobre un tumulto de gente con mil cosas por hacer: Charanga, peñas, deporte rural, pintxos…la Plaza del Castillo luce de blanco y rojo. Aparecemos mi amiga y yo, en el café que conquistó a Hemingway y donde “echamos unos bailables”, como a los pamplonicas os gusta decir.

Tanta gente… todos con algo en común: de blanco y rojo, pañuelo y faja presidiendo.

Salgo a tomar el aire, te veo entre los innumerables chicos que rodean el lugar. Y de repente, bailo contigo, con acento terrible y ojos que enmudecen. Atrapada entre frases al oído en murciano, ojos verdes y mirada profunda. Ese “ACHO” que no falte y ese baile donde el aire nos sobra. Me besas, y me río. Nos seguimos, y todo comienza.

Mi amiga y yo decidimos irnos y entre risas, desaparezco. Sin intuir que ese murciano dejó la mirada más bonita e intensa que había visto nunca y, que dos años después continúa a mi lado.