XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

AITA

Helios Del Santo Gomez

Atzo berriro egin zuen, enegarrenez; Google bilatzailean, “gizon bat sanferminetan dantzan” idatzi, “Irudiak” atalean klikatu, eta aita zenaren argazki bat ageri zen lehendabiziko tokian. Aita maiz azaltzen zen hedabideetako argazkietan, sanferminetako egunotan, edozein unetan dantzatzen hasten zelako, antolatutako dantzaldi batean edo bat-batean, nonahi.

Uztailak 6 ditu. Bakarrik egon nahi du, etxean “gosalduko” du; hala ere, mahai gainean bi plater daude, oso antzekoak: arrautza frijituak, urdaiazpikoa, tomate salda. Berean ez, baina aitarenean kroketa bat dago, hark gustuko zuen bezala.

Otsailean 67 urte bete zituen, erretiroa gozatzen hasia zen, baina Nafarroako Ospitalean 20 egun igaro ondoren, horietatik 15 zaintza intentsiboetako unitatean, hil egin zen apirilaren seian. Koronabirusak eragindako pneumoniaren ondorioz zendu zen, eta senideek ezin izan zioten besarkadarik eman.

Aitak sanferminak maite zituen, txikitatik, eta ez zuen inoiz hutsik egiten. Orain, gainera, erretiroa hartuta, nahi adina gozatzeko beta izango zuen. Pandemiak eraman zuen. Latza. Aurrerantzean mundua, eta harekin logika ugari, aldatuko dira. Akaso. Pandemia itzuliko balitz, nahiko luke gaitzak besteen gurasoak ez eramatea. Akaso. Gauzak ezberdin egiteko hautua hartzen bada.

Arreba azaldu da etxera, aitarik gabeko lehendabiziko sanferminetan, anaiari musu handi bat emateko gogo bizia zuelako. Eta anaiari galdetu dio ea oroitzen den aitak oparitu zion koloretako soinekoarekin; uztailaren 12an, arrebak hori jantzita ospatuko du urtebetetzea. 

SEMILLERO

Jaime Padrón Benítez

Salió rezagado, como regulando energías.

Sus compañeros le sacaban metros y ese margen fue mortífero.

Pobre Casimiro, le abrió el tórax al aire y sus ojos trasnochados se apagaron; seguidamente Julián resopló con pavor cuando le corneó y destrozó la armonía del cuello; al tercero lo cogió por una de sus axilas y lo alzó en vilo arrojándolo contra unas tablas. ¡Lo mató! Coreamos trágicos y estupefactos al unísono, pero no, Teodoro se salvaría, tuvo suerte, su cornada fue aparatosa, aunque no letal.

El peor astado del encierro lo llamaron.

Salió al último, a ofrecer su vida en la arena. Julián Marín, su matador, estaba concentrado y quería la gloria de los grandes toreros. Aquel negro ejemplar se mostró tan bravo, tan noble y tan toro, que la faena se fue cuajando larga y apoteósica. Verónicas ceñidas, gaoneras, naturales, pases de pecho, manoletinas y molinetes adornaron aquel recital de bravura y valentía en esa extraña simbiosis toro-torero. Oles infinitos bajaron de los tendidos. Luego el acero penetró frío y letal hasta las bolas. Fue la estocada de aquel San Fermín. En segundos Semillero cayó muerto. Dos orejas merecidas al matador y una vuelta al toro.

El mejor de la corrida, también lo llamaron.
 


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SANFERMINES 2020

Carlos Campión Jimeno

El Chupinazo precede a la explosión de júbilo, música y lluvia de cava. Comienza la mejor fiesta del mundo. Procesión del Santo, Gigantes y Cabezudos, nueve días de encierros, fuegos artificiales, tauromaquia, tradiciones, festejos varios y alegría general. Vermús que se hacen uno con la comida y castigo al cuerpo con poca cama, profusas viandas y escasa sed. La voz ronca cavernaria, como precio de vociferar más que hablar, complementa a las ojeras de sueño y las manchas de guerra en el uniforme blanco. Eso, para diferenciar a naturales y foráneos, porque a la hora de sumergirse en las fiestas no hay distingos. Las glosó el literato y se cuenta en el vals: que son en el mundo entero unas fiestas sin igual… Como el amor en el poema de Lope de Vega: quien lo probó, lo sabe.
Pero no, en el mediodía de la Plaza Consistorial del 6 de Julio, se tornó el bullicio de rojo y blanco por el susurro de rostros embozados. Fue el año en el que la película de ficción, jamás imaginada, se instauró en nuestras vidas para robarnos los Sanfermines. Aunque no pudo con el anhelo para esperar a los próximos al grito de, ya falta menos.
 

ESTE AÑO, EN MI CASA

Juan Sauce Marín

-Ya está todo preparado. Os indico la ruta: comenzamos en el comedor, junto a la vitrina; giramos donde está la mesa y corremos hacia el pasillo que lleva a la cocina.
-El pasillo es la parte más estrecha. Habrá que tener cuidado de no apelotonarse.
-Sí, claro. Una vez en la cocina, salimos por la portezuela que da al balcón. Ten cuidado al girar, es el tramo más peligroso.
-He avisado a los vecinos, para que nos animen desde sus ventanas. Habrá ambientazo.
-Luego entramos por nuestra habitación. Cruzamos entre el tocador y el armario de la ropa. He volcado el colchón de la cama, por si quieres que te sirva de parapeto.
-Eso para ti, yo pienso correr hasta el final.
-El final: de nuevo el comedor. Como ves, he movido la alacena, el televisor y el sofá para que nos haga de plaza. Pero podemos dar cuatro o cinco vueltas, para que dure más.
-¿Por qué están los cojines en el suelo?
-Para darle más emoción; siempre hay gente que se cae, ¿no?
-¡Bueno, vamos a empezar! ¡Abuela, encienda el petardo para el chupinazo! ¡Niños, poneos las perchas en la cabeza! Este año no habrá encierro, pero yo no me lo pierdo.
 


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LA SEXTA FASE

Cristina Ruperez Palomar

En estas condiciones no se pueden celebrar las fiestas de San Fermín, ha dicho el alcalde, y más sabiendo que el COVID-19 anda por ahí.
Cuando estaban a punto de dar las doce, como en el cuento de la Cenicienta, algo mágico pasó. El bedel del Ayuntamiento se dejó llevar por la emoción y en un momento de arrebato decidió echar el cohete por su cuenta, ya que para el año siguiente estaría caducado.
Cuando explotó el chupinazo, Pamplona entera tembló, fue tal el ruido que hizo que sus gentes llegaron a la sexta fase, se desató la alegría por las calles entrando en una locura colectiva que era imposible reprimir.
Los extranjeros llegaban de todas partes y emocionados querían sentir esa adrenalina que te hace vibrar bajo el sol resplandeciente.
Asustados, los virus se desintegraron quedando neutralizados durante doscientas cuatro horas, cuando el coche escoba dio por finalizadas las fiestas.
 

POBRE DE MÍ

María Zapata Clavería

Chupinazo que surca el cielo y rompe el silencio sobre la plaza vacía. Desde los balcones llenos de pañuelos rojos y banderolas resuena ¡Gora San Fermín! más fuerte que nunca. Como una sola voz todo el pueblo, hecho uno en la tristeza, llora por los ausentes. Los Corrales de Santo Domingo, Mercaderes, Estafeta vacíos de toros, vacíos de mozos y mozas, como si el tiempo se hubiera detenido cuando la cuarentena comenzó.

—Quién habría podido imaginar, hace un año solamente, que hoy nos veríamos así, confinados, por un virus más amenazante que un toro de lidia. A un morlaco lo ves venir y sabes a qué atenerte. Este bicho, en cambio, no tiene honor. Se ceba con los más vulnerables. Yo que he corrido tantas veces sintiendo las astas así de cerca y siempre he sabido burlar al toro. Pero esto me ha cogido pero bien. Y me ha tumbado. Gracias al patrón que he podido salir adelante. Como todos saldremos. Y el año que viene, correremos como nunca.

Desde la pantalla del ordenador otro mozo, vestido de blanco y pañuelo al cuello, levanta con una sonrisa y los ojos empañados por las lágrimas su sorbete de limón en una copa de champán.  


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EL NIRVANA MUSICAL DE PAMPLONA (PROSA VERSIFICADA)

Edgar Jesús Arizmendi Hernández

Después de una semana de júbilo y algarabía, la Fiesta de los Sanfermines tristemente concluía; sin imaginar que ese último encierro, cerca estuvo de convertirse ¡en mi entierro!

Al pasar la multitud que corría, siendo con bravura embestida; se apoderó de nosotros la euforia y frenesí, y -sin querer- ¡Del balcón arrojado fui! Cayendo entre cabestros y toros de lidia, mientras el pánico mi cuerpo recorría, sólo pensé: Hoy cantarán por mi, el «Pobre de mi»…

Milagrosamente, lo que me librara del fatal ataúd, fue empezar a tocar mi laúd -motivado probablemente por San Fermin- el afamado Vals de Astrain. Al ver que la musica tranquilizaba el ambiente, con acordeón y guitarras me acompañaba la gente… Parecían los toros estar en embeleso, pactando con la multitud ¡Un sigiloso consenso! Donde el respeto mutuo era palpable, haciendo del suceso ¡Algo memorable!

Surgió después la navarra picardía, argumentando se había hecho una parodia, del «Riau-Riau» que fuese otrora, pues el arribo a la plaza ¡Tomó media hora! Hecho que se celebró con una Jota del Ebro:

Tocando su viejo laúd
Inspirado por San Fermin
Tocando su viejo laúd
Apasiguó a las bestias
Librándose de su ataúd
Librándose de su ataúd
Inspirado por San Fermin

¡Olé! 

POBRE DE MÍ

Roberto Guillén Alonso

Otra noche más llora. Desde su cama escucha, a lo lejos, la algarabía de las fiestas en la ciudad. Es un rumor que no le resultaba desagradable. Al contrario que el timbrazo que viene a quebrar la calma. Coge el teléfono y escucha: “Soy Jon. Necesito verte inmediatamente.” Cuelga el auricular. Sus ojos, aún adormecidos, tardan en acostumbrarse a la penumbra.
Se levanta, se pone la bata sobre los hombros y, atravesando un diminuto zaguán, sale a la terraza. Mira sin verlo el cercano telón de colinas zarcas, con negros barrancos, con oteros y recuestos poblados de arboledas.
En medio de la quietud augusta de la noche vuelven a su cabeza voces alteradas, intimidaciones, insultos y violencia. Son las inevitables sinuosidades del pensamiento.
Hacia el sur, en la ciudad, un gran castillo de fuegos artificiales anuncia el final de las fiestas. Las detonaciones llegan ahogadas por la distancia. El cielo se enciende en intensos colores, pálidamente reflejados por el río.
Les da la espalda y se acoda sobre la barandilla, con los ojos tendidos hacia la espesa negrura.
Contempla un momento la baranda de la terraza, tapizada de madreselvas y parrales, y vuelve a entrar en la casa.
 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

RECUERDO CADA AÑO TU NOMBRE

Albert Fatsini Plazas

Se cae la noche… y tú que no estás. Es siempre de noche. Aquella noche vacía en la que llenaba de sueños mi cama, de ti. De ti allá, aquí, en mí. Sí, pequeña. Siempre… sólo la noche. Hasta que llegas. Y pisas mi cuerpo y desnudas mis ojos. Y amanece. Se oye la música que dibuja el pasado. Bailas en tus nupcias… y lo celebras. Los vítores que se suman. Y mientras ellos ven tu alegría, ¿qué veo yo? Una gota de frío que se desliza por el jarrón de las flores marchitas. Difuntas… mañana. Y me preguntan: ¿qué es lo que has encontrado? Miedo. Miedo. Miedo. A seguir. A sentir. A no saber vivir. A callar. A morir. Porque… tú… dejaste ya de venir. Entonan el cántico… Y se oye el fogonazo de salida…
A veces, una ciudad nos hace vivir. Otras, nos ahoga y atrapa. Y otras, es el lugar donde recapitular. Aquí en Pamplona, en San Fermín… Muero donde empieza la vida. Vivo donde voy a morir.

Recuerdo cada año tu nombre. 

CHUPINAZO

Sandra Claros

Estamos en la fiesta de San Fermin.
¡ que pena papá! .
Si, hijito. Pero mismo así tendremos el desfile en nuestra puerta de los alguacilillos y a los mulillas que van a desfilar con máscaras y van a hacer la vez de toreros con toros de mentira.
-¿ toros de mentira?
– si. Son policías disfrazados de toros, tapados con unas capas roja, de botines hasta la rodilla y, lo más importante : una máscara de toro con cuernos inmensos para darle un cuernazo al torero.
– ¡ cual los toros verdaderos de San Fermin!
– como recién estamos saliendo de la cuarentena, debemos cuidarnos aún, pero igual tenemos que honrar a nuestro bienhechor de alguna manera. Creo que va a haber un chupinazo para que lo veamos desde casa.
– ¡ hecho!
Y con los primeros acordes, salimos al balcón , y nos divertimos.
Esa noche, fuimos el padre y el hijo más felices del mundo, y sin miedo al fantasma de la cuarentena