Textos participantes en I Certamen de Microrrelatos Sanfermin (X)


–  El toro ante su víctima  –  , Salvador Robles

 El toro, en medio de la calle en cuyas aceras, tras una valla, se apostaba un gentío expectante,  hizo lo que tenía que hacer: correr y embestir. Casi todas las veces corneó al aire, casi todas. En una de sus arremetidas, el cuerno izquierdo se clavó en una superficie blanda. El muslo de un corredor había quedado ensartado en el asta del animal. Al sentir el peso en el cuerno, el toro sacudió la testa, y el herido, con el muslo chorreante de sangre, cayó despatarrado al suelo. El morlaco, con la cabeza gacha, observó a su víctima unos segundos, ajeno a los golpes que le sacudían en el lomo los mozos que trataban de rescatar al hombre. Éste, entretanto, convencido de que había llegado su final, bisbiseaba una oración. Se equivocaba. Ante una criatura inerme y paralizada por el miedo a morir, el toro, cuya nobleza está reñida con la crueldad, no vio en el suelo una amenaza, sino una víctima indefensa, y reanudó sus embestidas al aire. La bravura la demostraría por la tarde, en la arena de la plaza. Allí sí que se enfrentaría a un enemigo de cuidado, prácticamente invencible, el único dueño de su destino.

  

–  Siete de Julio  –  , Juana Cortés

 Silencio absoluto. Sólo imágenes, movimiento, rostros desencajados. No siento nada. Al caer he recibido un fuerte golpe en la cabeza. La realidad sin sonido parece mutilada. Lagartijas sin rabo. La multitud se aparta y aparece Gladys. Las gafas diadema sujetan su flequillo rubio. De nuevo sus ojos verdes. Virutas amarillas. Adorna su cuello el pañuelo de fiestas rojo. Rojo alegre, a diferencia de la sangre que, aunque no veo, sé que humedece el suelo. Al cornearme el asta rompió la femoral. Y, junto a Gladys, aparece Oskar. Hay miedo en sus bocas abiertas. Gladys pronuncia la palabra amor. Mi amor, leo en sus labios. Pero sus ojos la han delatado. Se volvió hacia Oskar antes de mirarme a mí. ¿Es el delirio? La lucidez es quizás un regalo de la vieja dama, la muerte, que se acerca. El silencio lo envuelve todo de una fosforescencia cegadora. Y en este mutismo atroz, todo se resuelve con sencillez. Fue Oskar quien preparó este viaje. Quien me convenció para correr con él. ¿No dejarás solo a tu viejo amigo? Cuando sonó el primer cohete, me volví hacia Gladys. Le temblaban los labios. Sus preciosos labios. Todo va a salir bien, le dije.

  

–  Ole y ole  –  , Raul García

 Madre mía! Pues alguien importante tengo que ser, he salido a una plaza y esta lleno de gente la verdad es que la vista desde aquí es impresionante..todo el mundo me dice OLE OLE Y OLE!.

Veo a unos señores vestidos de colores sera que ponen  luz a la cosa ,no lo se,siendo de día no creo que haga falta.

Mira el primero que quiere bailar conmigo y con una manta roja.

Pues nada a bailar. Y siguen diciéndome OLE OLE Y OLE!.

Anda mira un caballo..querrá quitarme el protagonismo? Pues le daré candela..

A esta gente también le gusta la lucha .creo que e ganado con el caballo porque lo han retirado y a mi me siguen diciendo OLE OLE Y OLE!

Ayyys!! pues que  hecho para merecer esto..sera cabrón  que me a clavado un par de palos, lo habrá hecho para espabilarme ,pues nada a bailar un poco más.

OLE OLE Y OLE!!

Y ahora que hace sacando una espada?pero donde esta seguridad? Tendré que pararlo.

ahi voy…

OLE OLE Y OLE!

No si encima le van a cantar el OLE al de las luces…

OLE YO!…

FIN

–  Diario de abordo  –  , Pau Sanz

 Manchas marrones, negras y bermellones. Sombras cruzando incesables por el único muro que me permite adentrarme en esta extraña cordura. Entes caminando sobre robustas figuras cómo si algo especial estuviese a punto de suceder. Y de repente veo luz, luz y una necesidad incesante de correr. Corro y corro sin parar, y solo blancos y rojos consigo reparar. Arriba y abajo, en continuo movimiento y yo, incomprensiblemente, arranco tras ellos como si el mero hecho de alcanzarlos me hiciese llegar a lo más profundo de mi ser. Un extraño y ruidoso silencio es percibido por mis sentidos, miles de pies corriendo al compás acompañados de voces agitadas, incoherentes. Miro a mis laterales y allí veo a los míos, corriendo con la vista fijada al frente, observando ilusos esta imperceptible realidad. Siento mi rostro bañado en sudores y saliva, y aún así mi lengua intenta escapar de lo que algún día fue su hogar. De repente, aquellos estrechos y movedizos caminales se ensanchan y se convierten en una blanca bomba de gente buscando dónde cobijarse, las perturbadas manchas rojizas comienzan a desvanecerse. Un largo túnel de penumbra llama mi atención, me dirijo hacia él y aplausos, aplausos oigo y nada más.

“Diario de abordo”