Una de vuvuzelas 5


En el pasado Mundial de fútbol de Sudáfrica en 2010 tuvo su momento de gloria ese instrumento infernal que bautizaron los lugareños como vuvuzela (que según dicen significa ni más ni menos que »hacer ruido» en lengua zulú; lo cual ya da una idea de lo armonioso que resulta el instrumento).

La verdad es que tragarse todos los partidos con el estruendo de fondo del susodicho instrumento resultaba un verdadero peñazo y nuestras autoridades municipales, anticipándose a un posible y más que probable boom de ventas en San Fermín, decidió ese mismo año prohibir la venta de vuvuzelas en fiestas e instruyó a la Policía Municipal para que se incautase de dichos aparatos, en caso de detectar su venta en cualquier puesto ambulante.
La medida resulto bastante efectiva (para alivio sobre todo de los vecinos del Casco Viejo) y apenas se vieron las mencionadas trompetillas de plástico por las calles.

Dicho todo esto, comentar que este cacharro infernal no es en absoluto ninguna novedad y que allá por el año 80, si no me falla la memoria, se vendieron en Pamplona por San Fermín como rosquillas (en concreto yo tenía una de color verde, que aún guardé durante bastantes años por casa, hasta que en una limpieza general fue al cubo de la basura).
Todos los chavales andábamos por la calle con una de esas, que por lo que recuerdo se vendían o bien en color verde o en azul, soplandolas a pleno pulmón.
Además, todavía tengo grabado en la memoria, el que después de pasarte todo el día chuflando el trompetón como un poseso, se te quedaban los morros hechos un verdadero higo por el roce con la boquilla, a la que no le habían quitado las rebabas restantes del proceso de inyección del plástico.

Así que ya véis, nada nuevo bajo el sol, dado que la vuvuzela ya estaba dando la lata entre nosotros hace nada menos que 30 años.


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