X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


EL CAPOTILLO

Joaquín Gomez Santesteban

Marcos no tuvo lo que cualquier niño merece a su llegada al mundo. Incubadora, burbuja de aislamiento, agujas y radioterapias fueron el estreno de sus primeros añitos de vida. Aprendió a leer y escribir de la mano de sus padres y de la inestimable ayuda humana de médicos, psicólogos y enfermeras. En Navidad todos le animaron a que escribiese a los Reyes Magos y que les pidiera sus juguetes preferidos, pero Marcos tenía claro su deseo de vivir como los demás niños. Así, con nocturnidad redactó su misiva y en ella pedía: “¡San Fermín, haz que me cure!”. Selló el sobre y como destinatario escribió:” San Fermín, Pamplona”. Cuando los suyos vieron el destinatario se quedaron estupefactos. En su séptima primavera, de repente, los análisis mostraban mejorías y comenzaron a brotarle las primeras pelusillas en la cabeza. Los pinchazos eran ya menos frecuentes hasta que un día, por fin, bajaron la cremallera de su isla de plástico.
Marcos ha cumplido 20 años. Lleno de vida cumple ahora la promesa irrenunciable de acudir a la procesión de su rey preferido, rezando cada día en la calle Santo Domingo del 7 al 14 de julio.

TODOS LOS SITIOS EN EL MISMO LUGAR

Aitor Del Barrio Garcia

Se le concedió la posibilidad de ver aquellos lugares más fascinantes de la tierra y el viento le llevò a los campos de tulipanes de Holanda, a los entrehierros de la torre Eiffel y de ahí hasta el anfiteatro de Roma parando en Málaga sobre un plato de gambas antes de llegar a Lisboa y poner rumbo hacia las interminables noches de salsa en el malecón cubano, muy cerca de las ciudades americanas que nunca duermen. Se enredó en un pañuelo, el pañuelo acabó en una maleta, la maleta subió a un avión y cuando por fin se abrió, escapó por una ventana que daba a una calle donde le pareció ver a la torre Eiffel bailar con gigantes en una calle llena de gente diferente con aspecto similar, como tulipanes que bailaban al son de la música bajo miles de luces que explotaban en el cielo igual que aquel malecón y similar a las luces de las ciudades que no duermen. Y entre acordes, música y fiesta, gigantes, toros y gente que gritaba al unísono ¡viva San Fermín! , la mosca hizo alarde de sus innumerables esquives instantáneos, piruetas acrobáticas y cambios de rumbo inesperados muy difíciles de abarcar con un simple vistazo

SI NO SABEN IR, QUE NO VAYAN ( DE FIESTA )

Ana María Lezcano Fuente

Se acercan las fiestas de Pamplona pero este año ya no serán lo mismo. Los Sanfermines han dejado mucha de su alegría desenfadada y de su inocencia- fingida o real- en un portal. Me vais a tildar de aguafiestas, de rara o de buscapleitos. ¡Pues a mucha honra! Después de lo que hemos tragado y nunca digerido sobre el caso que nos ocupa, ha ocupado y ocupará, estamos hartos. Muchos. Mucho. A tope. Saciados, Asqueados. La Manada. La Víctima. La Multitud. La Sentencia. La Multitud. Hay siempre alguien o algo que marca la diferencia y- aunque los ataques de esta índole se describen desde el Antiguo Testamento hasta las novelas de ciencia ficción sucedidas en lejanas galaxias, cayó la gota fría en esa ciudad capital de Navarra, poblada y visitada, en general por gente acogedora y respetuosa. Ya no serán iguales los Sanfermines. Sambenito. Tal vez otro año. Hay que dar tiempo y suturar heridas. Quien no sabe ir de fiesta que no vaya. Si fiesta es borrachera y droga y sexo indiscriminado, no cuenten conmigo. En nombre de la libertad personal y en medio de dicha libertad, ¿para cuando los valores y límites? En mi nombre, ¡Viva San Fermín Cero Cero!

POR ESO VUELVO SIEMPRE

Reinier Del Pino Cejas

A las ocho de la mañana los toros salieron de los corrales de Santo Domingo. El pueblo esperaba ansioso del lado seguro de las vallas. En uno de los tramos, el más grande de los animales se detuvo por un instante y clavó su mirada en un pequeño de camisa roja.
‒ Me ha mirado, madre ‒ gritó el chico ‒ El toro me ha mirado.
‒ Entonces… ‒ preguntó la mujer ‒ viniste por primera vez las fiestas de la mano de tu madre y te enamoraste de las mujeres de Pamplona.
‒ Así fue ‒ respondió el joven sorbiendo un largo trago de cerveza.
‒ ¿Y todavía recuerdas a aquella que te robó la infancia? ‒ La mujer sonrió con malicia. ‒ ¿No has vuelto a verla?
‒ Muchas veces ‒ la besó tiernamente. ‒ Todavía cierro los ojos y me parece que me habla con la mirada.
‒ ¿Y qué te dice, conquistador?
El joven colocó el vaso sobre la mesa. Sostuvo el rostro de la dama entre las manos y dijo suavemente.
‒ Que la mejor lidia está por venir. Por eso vuelvo siempre. Esta ciudad de magia enciende con sus fiestas mi chupinazo personal.