XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


NO SIN MI

Ana M Sorribas Piñeiro

Mi vida transcurre tranquila en el campo, con mis compañeros, sin sobresaltos. Frío y lluvia en otoño e invierno, sol y brisa en la pasada primavera.
Era ya verano, día de calor sofocante. Nos movieron, estábamos nerviosos. Subimos a un cajón estrecho, que sensación tan extraña estar a oscuras y moverse sin dar un paso. Finalmente bajamos y acabamos todos juntos en un recinto pequeño.
Todo era desconocido, inquietante, casi no comimos y luego vino la noche. Descansé poco y mal.
Ya de madrugada, vinieron otros compañeros nuevos, pacíficos, nos dieron tranquilidad. De repente oí un trueno, todo se alteró, salimos corriendo, empujándonos.
Había mucha gente y ruido junto a mí. No podía dejar de correr, agradecí la frescura del viento en la cara. ¡Qué sensación de libertad!.
Me caí por ir demasiado rápido, tiraron de mí desde el suelo, me levanté como pude y corrí una vez más con ganas, disfrutando, acompañado por otro compañero que había caído conmigo. Era una locura maravillosa, que finalmente terminó.
Llegó la calma, volvimos a reunirnos. Me quedé plácidamente dormido.
 

PLEGARIA

Anthony Joel Ramos Aguilar

Las rodillas estaban rígidas, Javier cerró los ojos y comenzó murmurar para sí mismo un canto que más parecía plegaria, percibió un sutil sonido de campanas acercándose, abrió los ojos y por primera vez vio desde el centro de la calle Estafeta lo que tantas veces añoró desde las tablas, la duda lo invadió, mientras las rodillas ahora le temblaban. La gente se empezó a mover intentando esquivarlo cuando de pronto vio un cuerno brillante y un lomo color muerte pasar por su costado y como si volviera a la vida empezó a correr entre la muchedumbre; los cuernos le rodearon los flancos y la única forma de seguir adelante era correr al mismo trote que los toros hasta la plaza, cuando vio la luz más clara reflejada en el coliseo y al intentar abandonar la carrera sintió un golpe que lo levantó por los aires para caer en un golpe seco, sintió pisotones de hombres y bestias en su cuerpo, se escucharon aplausos y cuando se incorporó las rodillas le temblaban otra vez y aun golpeado le alcanzo tiempo para levantar las manos triunfantes mientras sus colegas empezaron a abrazarlo antes que se desplome y juntos gritaban aquel canto que más parecía plegaria. 

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