XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


ER NIÑO LA UVA

Domingo Alberto Martínez Martín

Manolete, calvo y regordete, sale dando traspiés al frente de su cuadrilla. Mientras sus compañeros rezaban en la capilla, él se arrodillaba con devoción a los pies del tabernero. «¡Otro oruhito, miarma! –con voz aguardentosa–, que no hay quinto malo». El quinto de la tarde, Quitapenas, embiste a todo lo que se le pone por delante. Manolete asoma los ojos por encima de las tablas. Alguien lo empuja al albero, pero él vuelve al burladero de un salto. «Me fumo er sigarrito y salgo», se excusa. El diestro se acerca despacio…, muy despacio…, escondido tras el capote; por cada paso que da hacia delante, da dos pasos más hacia atrás. Quitapenas escarba en la arena. Manolete se sobresalta, piensa que va a embestir y sale corriendo. Intenta subirse a las tablas, pero pisa el capote, da una voltereta y cae al callejón de cabeza. «Oooole», aplaude la parroquia, con tono de zumba. El torero se incorpora, sacudiéndose el polvo, serio como si estuviera de entierro. «¡Quillo, ven p’acá! –llama–, ¡cagonlamá!». Coge papel y lápiz y garabatea algunas de líneas. Luego se saca el chicle de la boca y pega el papel en el burladero, hacia Quitapenas:

SERRADO POR DEFUNSIÓN
DISCURPEN LAS MOLESTIAS
 

TIC… TAC..

Elma Saiz Delgado

Faltaba escasamente una hora para las 12. La tormenta eléctrica caída la noche anterior, había dejado paso a una calma relativa y el sol intentaba abrirse paso entre los restos de cumulonimbos, nubes raras de ver en Pamplona, para ser 6 de julio.
Angel estaba nervioso, no podía evitarlo. Jesús, más tranquilo, aunque la procesión iba por dentro. Ya eran muchos años sintiendo esa responsabilidad, sabiendo que, como cada 6 de julio, justo a las 12, miles de personas iban a tener sus ojos puestos en el reloj del Ayuntamiento, reloj que ambos cuidaban con tanto cariño… “-más exacto que el de la Puerta del Sol, y eso que es del Siglo XVIII” solía proclamar Angel con orgullo.
¿Cómo no estar nervioso, sabiendo que toda Pamplona y gente del mundo entero, esperaban ilusionados sus campanadas para anudarse al cuello el pañuelico rojo?
Jesús, miró de reojo la pantalla del móvil. Las 11.30 h. Sin embargo, comprobó asustado el reloj consistorial. Seguía parado en las 10 h… las manecillas, inmóviles.
Su teléfono no paraba de sonar, todo el mundo pedía explicaciones…¿qué le pasa al reloj? el griterío en la plaza era ensordecedor … SAN FERMIN!!! SAN FERMIN!!!!

titititi tititititi … tititittitit… titititi..

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.