XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


VOCACIÓN DE BRAVURA Y SOTANA (BASADO EN HECHO REAL)

Juan Jose Sanchez Benito

Lo nacieron en la dehesa acunado por los sibilinos reburdeos de los cuatreños y los mugidos lastimeros de las bravas en las tristes jornadas de los desahijados.
Con su padre recorría a caballo los mil vallados porque seguiría con la etnia ganadera y acompañando al mayoral le echaba harina de algarrobas en los morriles a los cornúpetas. Temeroso pero emocionado les arrascaba la testuz carifosca.
Vendieron una corrida para San Fermín y el padre lo llevó con él. Le entusiasmó ver a sus pacientes toros de la finca correr por las calles pamplonicas como si tuvieran alas y la majestuosa estampa quedó grabada en su cabeza.
La madre, piadosa por tradición, lo convenció para que entrara en el seminario y ser cura pero en su mente seguía la figura de sus «atletas» astados.
En otra venta de bravos para San Fermín se escapó del internado y persuadió al mayoral que lo llevara; esta vez corrió delante de sus toros. La madre lo vio por televisión y se derrumbó pues pensaba que ya no sería sacerdote. Sin embargo cantó misa y siguió llevando el hierro de la ganadería pero eso sí, todos los años por San Fermín cuelga la sotana y corre en los encierros.
 

NACIDA EL 14 DE JULIO

Gabriel González Ortiz

Nació en Pamplona un 14 de julio. Sin nombre. Como era de esperar, no recibió visitas hasta el 15.

Primero vinieron los abuelos maternos; de Salou y sedientos de fiesta. «Había unos americanos abajo, serán los del corneado de Miura», irrumpió el abuelo. La madre bufó de tal manera que casi experimenta una subida de leche por vía nasal.

Los paternos trajeron figuras de Braulia y Joshemiguelerico. Y así, como de reojo, deslizaron que podía llamarse Fermina. Menos mal que la madre dormía.

El repartidor de rosas tenía tal afonía que costó entenderle cuál de las tres madres era la destinataria. “Tranquilo, chaval”, intercedió una prima, “las resacas sanfermineras son como los embarazos: se sufren en directo pero se añoran con el tiempo”.

Varios repitieron que habían venido pocos guiris y el repartidor que “qué va”; unos destacaron Caballer y otros Vulcano; la mayoría Cebada, los menos Jandilla. Entonces sí, a la madre le subió la leche.

Solo coincidieron ante la incubadora.

Todos enmudecieron ante aquella criatura que, a sus 1.186 gramos y 7 meses de gestación, se abría paso a la vida como una manada por Santo Domingo; indiferente a una ciudad que ese día solo latía hacía atrás.

-Alaia, se llamará Alaia. 

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