XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


SOY

Inocencio Javier Hernández Pérez

Descendiente del toro amamantado en los lienzos de Goya y de Picasso, soy la mañana de la “Muerte en la tarde”, soy poesía en movimiento. Tengo la mirada de las esquinas y de las barreras, del heroico tropiezo, de las mejores fotografías a cámara lenta; soy la luz de los latidos cronometrados en vena y de las raudas espaldas – que esquivan, de aquella forma enternecedora, la asfaltada distancia entre el hombre y la bestia -. ¡Oh, libertad que anuncia el encierro…! Te diré que soy la raza de la más pura alegría, esa que media entre el miedo al miedo y la solemnidad del instante. Escúchame: soy el sonido efervescente de la adrenalina si ésta fuera sonido; también los refranes del caer y el levantarse. Sí, corro en San Fermín desde que tengo uso de asta, pitón, cornamenta. Mi legado es el éxtasis del cuerpo a cuerpo; la huella que nunca se detiene.  

CORAJE

Raul Oscar Simoncini

Coraje
Apuró la rubia cerveza esperando coraje de ella, se colocó el pañuelo rojo en el cuello e ingreso al encierro.
Miro hacia el balcón y un frio le recorrió la espalda
«Pero si no está ahí» —pensó— «no puedo creer que me metí en este berenjenal al divino cohete»
El sonido de la bengala indicó la salida de la manada de toros.
—Mierda que me metí demasiado cerca de portón —dijo Pablo sintiendo que el miedo le sacaba el corazón por la boca.
—Pablo, ¡que diablo estás haciendo acá?, ¿ porque no estás en el balcón? —La voz de Silvia le llego desde la espalda.
—-¿Como no estas vos en el balcón? ¿pero…permiten mujeres acá? —Respondió pablo
—Claro, aquí estoy pavote ¿Me queres asustar?
—Que no.
—¿Pero porque haces esto si sos un maricón?
—Si, lo entiendo; solo quería que me admiraras un poco.
Silvia se quedó en silencio —¿Haciéndote cornear?… no entiendes nada de nada Pablo, yo te quiero así y no quiero que cambies.
—Mierda, ahí llegan; y ahora… ¿qué hacemos?
Silvia impetuosa, tomo la mano de Pablo y comenzó a correr.
—Correr e intentar salvar el pellejo, y si lo logramos hasta el altar no paramos…

 

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