XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


TOROS

Leonardo Del Arco Barrera

Cuentan en Pamplona, que hace muchos años vivía un hombre sordomudo cerca de la plaza, buen mozo y bien parecido. Un año, en las fiestas, después del encierro, paseaba por el pueblo cuando vio que la puerta de la casa de Ramón, el Herrero, estaba abierta. El chico la cerró con cuidado justo en el momento en que el amo doblaba la esquina dirigiéndose a ella. Al cruzarse, creyendo que salía de allí, le preguntó que de donde venía. Este, sonriendo, respondió por señas, poniendo ambas manos en la cabeza, a manera de cuernos, queriendo decir que había estado en el encierro. Ramón, creyendo que le estaba llamando cornudo, aparto de un violento empujón al chico y salió corriendo hacia su casa. Cuando la pareja de la Guardia Civil le llevaba esposado al calabozo, tras apuñalar a su mujer hasta matarla, Ramón, desconsolado, no dejaba de repetir llorando: ¡ha sido un error, ha sido un error! 

REFUGIO EN BLANCO Y ROJO

Nora Monreal Garcés

Sus primeros sanfermines fueron en Lesbos. Ortzadar y Lur, dos voluntarias del campo, de las que repartían comida, pañuelo rojo al cuello, les perseguían con una caja de cartón en la cabeza y unos cuernos de papel de plata. También se ponían muy rectas, con los brazos estirados, pegados al cuerpo, y bailaban dando saltitos. Decían que eran gigantes. Najya no entendía nada, pero se divertía. Solo ese rato. Najya tenía 7 años y un zumbido permanente en los oídos.
Ahora vive en Toulouse. Tiene murallas, como Alepo. Los metieron en un avión y pudo ver las nubes cerquísima. Y tener un asiento con reposabrazos para ella sola. Las pertenencias de la familia, en una bolsa de cuadros.
Está viendo los sanfermines en la tele. Una amiga nueva le dijo que Pamplona no estaba muy lejos. El corazón se le acelera. Cuando venga su padre, también en avión, le dirá que le compre pantalones blancos y un pañuelo rojo. Seguro que le lleva. Es músico. Y en las fiestas de la ciudad de Ortzadar y Lur hay mucha música y fuegos artificiales y mucha alegría. Seguro que el próximo año. Cuando su padre venga.
 

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