XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


EL SANFERMITRÓN

Alberto Palacios Santos

El año del confinamiento un ingeniero navarro inventó el Sanfermitrón, un juego de mesa en el que, sobre un tablero con el mapa de Pamplona, los jugadores tenían que ir alcanzando los seis puntos principales del encierro: Santo Domingo, Ayuntamiento, Mercaderes, Estafeta, Telefónica y Callejón, separados por sesenta y tres casillas numeradas.
Uno de los jugadores, el que menos puntuación sacaba con su dado, representaba al toro y el resto interpretaba a los corredores que, vestidos de blanco y con pañuelo rojo al cuello, realizaban distintas pruebas que les permitían avanzar o retroceder. De esta manera, a lo largo del juego, podían ser alcanzados por el toro o llegar sanos a la plaza y ganar la partida.
Contra todo pronóstico el Sanfermitrón fue un éxito, algunos dicen que fue debido a la originalidad de las pruebas, pero la realidad es que mientras duraron las fiestas, los navarros se levantaban temprano, rezaban al santo y, a las ocho en punto, lanzaban sus dados.
Un tronar de cubiletes sacudió cada mañana las calles de Pamplona, hasta el 14 de julio en el que, a media noche, los pamploneses y pamplonesas, arrojando sus cubiletes por la ventana, entonaron un desgarrador “Pobre de mí”.
 

NO LLORES FERMÍN MAJÍCO

Delia Oloriz Vicente

Fermín se vistió de calle. Bajó de su peldaño y se colocó la mascarilla, sabiéndose así a salvo, de ser reconocido.
El sol lucía con fuerza y el cálido viento le provocó un escalofrío, encogiendo sutilmente su piel curtida y morena… Echó andar sin saber muy bien donde le llevaría la mañana. Oteó a su paso una ciudad estremecida, de colores apagados y murmullos quebrados. Recorrió sus estrechas calles y sus anchas avenidas, divisó sus balcones callados y sus plazas y paseos dormidos… Sus pies saborearon los impolutos adoquines, los mismos que cada mañana se despiertan con el coraje de los mozos y el aliento del bravío! Las murallas se quedaron mudas, y la plaza del castillo sin la carrera del zaldiko y el porte elegante del baile del gigante.
Deparó en la extrañeza de un bullicio silencioso, del olor a buñuelo y polvora, del sabor de un rico almuerzo y de un vino bien tirado. Una jotica se escucha entrecortada y dolida, por no poder darle al santo su merecido homenaje, después de usar su capote para arroparnos con tiento, día a día sin descanso…
No llores Fermín majíco, no estés triste y cabizbajo, que nosotros te esperamos, nos nos vamos nos quedamos!!!