XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


EFÍMERO AMOR TAURINO.

Tamara Bermudez Rodriguez

La conocí cuando llegó a Pamplona para las fiestas de San Fermín, también participaría en el espectáculo de la plaza de toros, fue amor a primera vista. Decidí hacer el recorrido del Encierro, sin lesionar a nadie, pero corrí esos ochocientos cuarenta y tantos metros en menos de tres minutos, solo para verla desde el toril, y sin embargo, ella ni me miró. Su hermosura, juventud, inexperiencia y las descargas de adrenalina provocadas por la multitud, la incitaron a la peligrosa diversión en el ruedo. Sin intención alguna de los presentes, pero la realidad fue que salió lastimada y lo peor es no pude hacer nada. Nadie lo entendió, pero me dejé lidiar fácilmente, esa misma tarde. Entonces estuvimos por fin juntos, colgados uno al lado del otro, en el matadero. 

UN NUDO EN LA BARRIGA

Tania García Astarriaga

Todo un año preparando y planificando, los últimos meses ultimando y las últimas semanas sin tiempo… siempre necesitas más tiempo. Vas ultimando el check list almuercico reservado, amigos y amigas preparados para todo, ropa blanca limpia y planchada con reservas para tres días, al igual que la faja… y ¡el pañuelo! Impoluto, no sabes dónde colocarlo, o si… en tu muñeca, la tradición manda, no se anuda hasta que suene en el chupinazo ese gran cohete que marca el inicio de una nueva era … San Fermín, un non stop de 204 horas. Recuerdo la noche previa y aún me sigue pasando…apenas duermo… nervios, ganas de diversión, ganas de estar con las tuyas, es La Fiesta por excelencia en la que el buen rollo, el civismo, el respeto y la igualdad impera. Es La Fiesta que une continentes, culturas y tradiciones.
Y me sigue pasando… ese nudo en el barriga comienza la noche de antes y no logro soltarlo …hasta sentir el clamor de la gente cantando ¡Viva San Fermin! ¡Gora San Fermin! ¡Por que no hay en el mundo entero… unas fiestas sin igual! 

MI PRIMERA VEZ

Tania Jimenez Acevedo

Mi primera vez

Chequeo de equipaje, escalerilla del avión, voy sudando, suspiro. Imagino mi primera vez con él, primer vuelo, amor a primera vista. Ronquidos espantosos aluden el ruido de los cascos por la estrecha calle adoquinada, sus muros altos llevan curvas perfectas, pienso en los tacones de zapatos que van quedando atrás, como los amigos queridos de mi pueblo. Aprieto el cinturón para sentirme segura, es como sí acomodara la banda roja sobre la inmaculada camisa blanca, aprieto los dientes y siento los olores, voces, gritos… y el despegue del avión anuncian la arrancada, se van todos delante de los toros en una carrera loca y excitante, aquí en mi país nadie corre delante, sino lo contrario, carne codiciada para el alimento de la familia y no de premio, como es el caso.
Pudiera evitarlo pero no quiero, es amor y los toros o nada, como un todo incluido. Me deleito con su sonrisa, su mirada azul y me rindo.
Anuncian la llegada, el final de la carrera, sofocos, lágrimas, risas, desordenada esta la ropa, las mujeres tiran flores yo las miro y me veo en ellas como sí ya estuviera allí.
Él susurra en mi oído: ¡Mañana nos vamos al San Fermín
 

UN GRAN PROBLEMA

Tasús Burguete Lacalle

UN GRAN PROBLEMA

De repente se oye su grito. Preocupada, apago la música sanferminera y salgo al pasillo.

«No puede ser… Pero si estaba tan bien. ¡Qué desgracia, madre mía!» Poco a poco me voy enterando la causa de semejante desconsuelo.

«A ver, mamá, que tenía muchos años». Se para en mitad del pasillo y me vocifera:

«¡Ya sé que tenía muchos años y que es ley de vida! ¡O te crees que soy tonta! Y en sanfermines… ¡Por Dios, por Dios! Ayer mismo me preguntó tu tía por ella. Ya le dije: ¡Como una campeona, aguanta! ¡Qué pena tan grande!».

Madre, con los brazos en jarra, va de una estancia a otra como un pollo sin cabeza. Me mira buscando respuestas. Guardo silencio. Mejor no alterarla más. Sabíamos que esto iba a suceder. ¡Si cada día, la pobrecilla, tenía más achaques! Entramos en la cocina. Madre se sienta en una silla desconsolada. Padre está al lado de la difunta lavadora, mirándola como la vaca al tren. Con un susurro me comenta al oído: «A ver quién encuentra un técnico estos días. Muy difícil» le respondo. Ella oye su comentario, nos clava la mirada y, extrañamente, no dice nada.