XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LOS DÍAS EXTRAÑOS.

Marta Fernandez Galilea

Hoy es un día extraño. Es 6 de julio, pero en Santiago de Chile, es invierno.
Salgo de casa. Como cada día saludo a la portera. Ella se sonroja. Desde que dejé mi Pamplona natal, cada mañana, no puedo evitar canturrear la canción de Amaral. Hoy, no estoy para cánticos.
Dejo el metro y llego a la oficina. Mi vista se nubla, todo da vueltas y el mundo se para. Abro los ojos, estoy alucinando, pero no cabe duda, esto es, ¡Pamplona!. Voy vestido de blanco con la faja roja y el pañuelo en la muñeca, entiendo que sigue siendo 6 de julio, pero aún no son las 12.
Oigo un ruido ensordecedor, es el clamor de miles de personas esperando el chupinazo. Me dejo llevar por la corriente hasta la plaza del ayuntamiento. Empujones, agobio, mis pies no tocan el suelo. La plaza enloquece, pañuelos en alto, se escucha el cohete y se desata el éxtasis, mi alma no puede contener la emoción y una lágrima silenciosa recorre mi mejilla.
De repente, vuelvo a sentirme mareado, cierro los y escucho ―Don Pablo, ¿se encuentra usted bien?. ― Si, pase, pase Don Arturo, sí, estoy… acabo de… no sé, hoy es un día extraño.
 

CAMBIOS DE PERSPECTIVA

Marta Calvo Espias

Vengo porque mi pareja es de aquí, pero yo soy de una isla, donde el mayor peligro es que te piquen las medusas o tropezar por la montaña.

Pero aquí estoy. El aire huele a sudor, nervios y esperanza. Rodeada de desconocidos vestidos de blanco y rojo, siento cómo el corazón me late con fuerza. Es mi primer encierro de San Fermín.

¡Pum!

El chupinazo suena y la marabunta sale corriendo. Yo también. El ruido de los cascos sobre los adoquines se acerca como una tormenta. Apenas escucho los gritos: mis pulsaciones lo invaden todo. Y de pronto, —¡tras!— caigo al suelo. El mundo se detiene. Un corredor desconocido y mi pareja, sin mirarme, me levantan en volandas. Seguimos corriendo como si la vida dependiera de ello. Bueno, quizás sí lo hace.

Cuando por fin llegamos a la plaza, el rugido del público me envuelve como un manto. He sobrevivido.

Sé que solo han sido unos minutos, pero esto… me ha cambiado. No es solo correr delante de los toros. Es enfrentarse al miedo, confiar en extraños, sentirte parte de algo más grande.

Más tarde, mientras bailábamos con los gigantes y el cielo se iluminaba con los fuegos artificiales, supe que volvería.
 

SENTIR

Marta Gutierrez Serrano

Calor: del sol, que es vida, luz, que acompaña, que impregna de impulso a las fiestas, calor de la gente, la familia, los amigos, calor que te envuelve, que te acoge, sin duda.
Color: blanco y rojo, en la vestimenta de la gente, en el chupinazo, en el manto del santo.
Reencuentro: con amigos, con familia, contigo mismo, con tus dudas, miedos y raíces.
Pasión: por la fiesta, por la tradición, por lo propio y por la tierra.
Sangre: en el ruedo, brillante, descarnada, sinuosa por el lomo del astado, a veces sangre del torero, el precio del éxito.
Devoción: por San Fermín, santo y sentimiento religioso que lo inunda todo y a todos.
Valor: frente a los astados, por la mañana en la carrera.
Oler: al campo, al miedo, al sudor.
Oir: el chupinazo, los canticos, las pezuñas sobre el asfalto.
Sentir: el aliento del toro, las astas que empujan, que buscan la carne.
Tocar: la piel áspera: negra, cárdena, zahína, las astas, la cadena de la virgen en tu cuello, la delicada piel de tu hijo que aún duerme tranquilo.
Mirar: el cielo, las casas, el vallado, las caras amigas.
Reir, Cantar, Soñar, Esperar, 365 días para hasta aquí llegar. 

LA HERENCIA

Martín Irurueta González

En algún momento se torció todo. Quizás fue cuando el abuelo Gorka me dejó, como
quien pasa una antorcha, su pañuelo rojo y sus zapatillas gastadas de correr encierros.
—Ahora te toca a ti, —dijo.
Yo tenía trece años, miedo escénico y una alergia declarada a las multitudes. Pero él
insistía en que es importante curtir el corazón a fuerza de sustos. ¡Y los toros eran
sagrados!
Este año mis primos me arrastraron a Pamplona. Y ahí estaba yo, en la curva de
Mercaderes, rezándole a un santo que no conocía. Cuando sonó el cohete pensé…
—¡Este es el final, y ni siquiera he besado a Amaia!
¡Qué ironía! Morir en una fiesta y sin amor. Pero no morí. Corrí. Mejor de lo que
pensaba. Incluso me adelanté a uno de los Miuras. ¡Amaia me abrazó como si volviera
de la guerra! Vi como el abuelo lloraba silenciosamente, escondido tras sus gafas
oscuras.
—Ahora sí que eres un hombre —dijo.
Yo asentí confundido, aunque no le dije la verdad… Porque en realidad fui el único que
corrió en dirección contraria, y que ese Miura era un toro mecánico del desfile infantil.
Pero, en fin, hay herencias que se deben honrar…. Aunque sea con trampas. 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EXTRAÑA DIVERSIÓN

Marisa Gutiérrez Angulo

Me habían avisado. No he podido evitarlo. Aquí en esta oscuridad y con hambre siento miedo. Se acerca la hora.
Ayer no comprendí bien por qué tanta gente corría y gritaba, tanto ruido, casi no podía oír a mis compañeros. Nos obligaban a seguir un camino y a mí me daban ganas de quitarlos de en medio, que me dejaran en paz. Agité la cabeza a diestro y siniestro, venga fuera quítate; lo levanté por encima de los maderos y allí se quedó, en el suelo. Soy mucho más fuerte que tú, deberías respetarme, pensé.
Más tarde, entendí que estaban de fiesta. Nosotros cuando celebramos algo, nos revolvemos en el suelo, olisqueamos todos los perfumes de la naturaleza y comemos con alegría. Sin embargo, esta gente se divierte de manera extraña, produce daño.
Mientras esperamos, ya en las jaulas, rozamos nuestras caras, nos despedimos a nuestra manera, solo queda esperar que el dolor anule la conciencia, y sea rápida la espada que nos atraviese el corazón.
 

LA PROMESA DE JOSÉ

Marisol Navarrete Piñol

Aquel 7 de julio, Elena volvió a Pamplona por primera vez en cinco años. El bullicio, el blanco y rojo por las calles, los cánticos que subían por los balcones… Todo le parecía igual, excepto él.
José había sido su hermano mayor, su héroe. Se prometieron correr juntos su primer encierro cuando cumplieran la mayoría de edad. Pero un accidente meses antes lo cambió todo. Él no llegó a los dieciocho. Elena sí.
Ese año, ella corrió por los dos.
Al amanecer, ató el pañuelo rojo que había sido de José en su muñeca. Se colocó al inicio del recorrido, con la garganta apretada. A su lado, un desconocido le sonrió.
-¿Primera vez? -preguntó.
-No exactamente -respondió, tocando el pañuelo con los dedos.
El cohete estalló, y los cuerpos se echaron a andar, luego a correr, como una sola criatura hecha de nervios y fe.
En la curva de Mercaderes, sintió una caída a sus espaldas. Instinto. Volvió y ayudó al caído a levantarse. Justo como él habría hecho.
Al cruzar la entrada de la plaza, el pañuelo se le soltó y voló. Elena sonrió al verlo elevarse al cielo entre la multitud.
No era una pérdida. Era una señal: la promesa estaba cumplida.
 

BIHOTZA IRUÑEAN

Markel Chocarro Beroiz

Urtarrilak 1, otsailak 2, martxoak 3, apirilak 4, maiatzak 5, ekainak 6 eta uztailak 7. Zenbakiek erloju zahar baten orratzak dirudite, denbora kontatzen ez dutenak, emozioa baizik.

Lehen entzierroaren bezperan, loak ihes egiten digu balkoitik behera. Ilunpean, zapatak zain daude, korrika hasteko baimenaren bila.

Lagunen ahotsak lehen argiekin nahasten dira; urtero hemen, urtero lehen egunsentian. Ez gara asko, baina gure artean dena dago: urteen pisua, barreen argia eta beldurren isiltasuna.

Gora begira jartzen garenean, suziriak zerua zulatzen du, gure barrena zulatzen duen bitartean. Ez dago atzera bueltarik.

Aireak dardara egiten du. Zezenak atearen bestaldean arnasa hartzen dute, haize zakar baten gisara. Eta gu, gizaki baino gehiago garen izakiak gara orain: arriskua besarkatzen duten instintu hutsa.

Kaleek oihartzun egiten dute, eta arnasak estutzen gaitu. Ez gara korrika ari; bizitzaren kontra doan dantza batean murgilduta gaude.

Eta halako batean: amaiera, sakonki arnastu, berriro bizitza.

Besarkadak lehengoak baino sendoagoak dira, guztiok badakigu zer izan garen minutu luze horietan.

Gero, hamaiketakoa. Goseak ez du zerikusirik ogiarekin; gose gara bizitzaz, elkar ikusteaz, urteroko mirari honetaz.

Azkenik, vermoutha… Vermoutha ez da edari bat, baizik eta promesa bat: datorren egunean berriro.

Ez dakigu zehazki zer diren Sanferminak.
Baina badakigu: bukatzen direnean, bihotza beti Iruñean, Santo Domingo kalean geratzen dela.

 

LA DIVISA.

Marta Rodriguez Torre

Rojo sobre negro.
La estafeta no manda postales.
Calor de julio en el pañuelo mientras tus ojos entintan mis labios.
El polvo se mastica en el aire que cárdeno amanece entre los bríos de los astados.
Queman los segundos en el callejón como si la noche y el día no tuvieran principio.
Te siento en las fuerzas menguantes de luna y plata, en la carrera y el sudor, en la adrenalina explotando.
Necesito todos los siete de julio para tenerte y recordarte como calza el primer clarín las alpargatas venciendo el miedo.
Para que sepas que no hay horizonte sin divisa y que la tuya rojo sobre negro es la de mis primeras y últimas veces, la que cierra el círculo del sol sobre lo alto, la que sella la sed de mi nacimiento mientras repite tu nombre.
En Navarra escucho ese momento después del chupinazo cuando entre el humo y el estruendo de las voces tú eres rojo sobre negro.
Todo lo que queda en el silencio, en la quietud de los sentidos donde la arena se tiñe de vida y la muerte danza en negro el baile de las sombras, de los cuerpos que se abaten y las almas que se encienden 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

HILO ROJO

Marina Sesma Borobia

5 de julio, la ciudad preparada, siento el fervor y las ganas de los paisanos, 9 días intensos nos esperan en “LA VIEJA IRUÑA”.
Deseando encontrarme contigo, siento que las fiestas van a merecer mucho más la pena.
Corriendo por Estafeta bajo una lluvia desenfrenada, alzo la mirada y ahí estas tú, no lo esperaba, un segundo que no nos da para pensar, tras un cruce de miradas nuestro rumbo siguió sin hablar.
6 de julio, manto blanco despierta la ciudad, alegría, euforia de cuadrillas, familias preparan el comienzo de las fiestas de San Fermín. Las 12:00, el chupinazo, disfrutar entre amigos algo que deseo desde hace mucho, un día como hoy mi cabeza solo piensa en volverte a ver.
El día transcurre y el destino marcado nos vuelve a encontrar.
Paseamos por la que ya siempre será nuestra Calle Mayor, un peregrino un beso nos pidió, que en su cuaderno de viaje plasmó. Nunca imaginamos que pudiera sucedernos algo tan mágico, dos personas que ni soñaban conocerse, encontrándose en el instante menos esperado, pero en el ahora más indicado. En ese preciso momento el Santo nos echó un capote y sellado con un beso infinito, podría decirse que ahí fue “DONDE TODO EMPEZÓ”.
 

TSISCÓN.

Marino Martínez Baizán-lobo.

Tsicón.

Corría el toro Tsicón por la dehesa, rodeado de sus amigos y amigas con las que pasaba una vida llena de comodidad y plenitud, aunque le inquietaba el ver desaparecer, de vez en cuando, a sus hermanos e incluso a su padre, su madre le contó una historia sobre un toro que logró volver malherido aunque al final murió y no terminó el alegato.

Una noche de luna, al lado de su novia, estaba a punto de sucumbir ante un radiante sol, unos hombres mediante engaños, logran meterlo en un camión, volvía la obscuridad a Tsicón y durante muchas horas encerrado en esa noche fictícia, lo sueltan otra vez en luna llena, en una especie de circulo vallado junto a cinco de sus hermanos y unos cabestros que no conocía de nada y que indiferentes los ignoraban y cuchicheaban, se oían algarbías, y muchas personas vestidas de blanco con un pañuelo rojo anudado al cuello que no paraban de reir y cantar y bailar.

Despierta el día y se oye un estruendo ensordecedor y ve como las puertas se abren, desorientado uno de sus hermanos le dice:
Vamos Tsicón, salgamos de aquí rápido, corre.
Que san Fermín os bendiga… 

LA FIESTA POR EXCELENCIA

Mario Silió Vigil

La fiesta por excelencia.

Esa fiesta en la que los meses son días: uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril…
El Chupinazo marca el inicio de la fiesta, a las doce del mediodía, se lanza el cohete desde el balcón de la casa Consistorial. Miles de personas poseídas de fiesta se agolpan en la Plaza.
Miles de ojos contemplan el deambular de miles de gentes vestidas de blanco y rojo.
Miles de ojos que miran asombrados, algunos presencialmente y otros por la caja mágica.
Miles de ojos que esperan la salida de los mansos y los bravos.
Miles de ojos que confían en que recorrido será… limpio.
Miles de ojos que disfrutan al contemplar el bravo espectáculo de la entrada de los toros en la plaza.
Miles de ojos vidriosos al atardecer: cargados de cerveza, calimocho, vino navarro y…, ¡vete tú a saber!
Amistades de una tarde, entre pinchitos y vino en: calle Estafeta, calle Mercaderes, calle del Duque de Ahumada…
Tras nueve días de fiesta, miles de ojos presentes y ausentes despiden las fiestas de san Fermín con: “pobre de mí, pobre de mí, que se han acabao las fiestas de San Fermín”

MSV.
 

ESTO ES INJUSTO

Marisa Bedoya Soto

– Mami, quién fue San Fermín?
– Mira Mintxo, San Fermín era hijo de un emperador romano que vivió en Pamplona. Fue bueno, muy bueno y, eso, no gustó a mucha gente.
Mira, ves este redondo tan grande que hay en la calle? Aquí San Saturnino, que es el patrón de Pamplona, le bautizó. Cuando a San Fermín lo mataron, lo hicieron Santo y, Pamplona decidió que San Fermín fuera su segundo patrón.
Y, fíjate cuánto se le quiere que Pamplona tiene nueve dias de fiestas en su honor.
Hay encierros de toros y suelta de vacas en la plaza, salen los gigantes bailando por las calles y los kilikis con las vergas, espectáculos familiares en la plaza de toros, verbenas, juegos infantiles, fuegos artificiales, paseo de las mulillas, festejos taurinos, salida de las peñas, la procesión, ah! y el chupinazo claro.
– Mamá, esto es injusto. Con tantas cosas que hay, por qué no hemos venido nunca a estas fiestas?
– Pues la verdad que no lo sé. Siempre nos hemos ido de vacaciones en julio.
– Pues ya está, mamá. Nos venimos de vacaciones a Pamplona. Corre, corre, vamos a decirle a papá.
Yo me pido hacer mi maleta!!!! Corre!!!!
Correeeeee!!!!!!

 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

NOCHE EN EL RUEDO

Marian Pro Másfarner

«En la Plaza de Toros de Pamplona, los fantasmas de los toreros muertos bailaban en la oscuridad. Sus ojos brillaban en la noche de San Fermín. De repente, el sonido de los fuegos artificiales se convirtió en el rugido de los toros. Los fantasmas se desvanecieron, pero uno me susurró ‘Corre, mortal, corre'». 

YO NO QUERÍA IR PERO… ME LIARON

Mariano Bravo Santamaría

Yo no quería ir y ni tan siquiera me tocaba ir pero tuve que cambiar mis vacaciones por la baja de un compañero. Me enviaron a cubrir las fiestas patronales de Pamplona.
Y allí estaba yo un seis de julio en la plaza del ayuntamiento «de punta en blanco» con mi «pañuelico rojo», mi fajín y mis zapatillas deportivas y con las tarjetas de memoria vacías, las baterías cargadas y con la funda de lluvia por si acaso.
Con cada fotografía me fui impregnando de lo que son estas fiestas. ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!
Entre encierro y encierro, conciertos, desfiles, las danzas de los gigantones y de los cabezudos y a base de chocolate con churros, espárragos, chistorra, pimientos rellenos, croquetas y vino de la ribera fui sobreviviendo los días y las noches. El jolgorio recorría todas las calles desde el ensanche hasta el casco viejo.
Sin duda, fueron los ocho mejores días de mi vida. Lo peor fue cuando todo acabó y me tocó cantar ¡El pobre de mí!
— ¿Y qué tal fue el reportaje?
— Eso fue lo de menos. Lo entregaré y después me iré de vacaciones. El año que viene repetiré… ¡Si es que no me despiden!
 

EN EL ENCIERRO

Mariano Hernández Alonso

En el encierro:
Un río de personas sube por las estrechas calles de la parte vieja pamplonica. Se supone que la manada va envuelta entre ropas, colores y energía cinética desbordada.
Saltitos nerviosos, danza masái buscando los toros.
Me levanto con ímpetu mientras me apoyo en el mozo que está delante de mí.
Ahí están. Un rápido movimiento y me encastro entre dos divinos: corredores experimentadísimos que me miran con el rabillo del ojo. A mi costado, «Chascarrillo», morlaco de 600 kilos que corre como el diablo. Estoy demasiado pegado a él. La multitud me empuja, voy a mil, apoyo mi brazo en su lomo en perfecta simbiosis, voy deslizando mi mano; vuelo.
Me veo corriendo como una exhalación con mi mano rozando su cuarto trasero. Debo salir ya de la maraña de personas que me rodean. Lo intento, tropiezo, caigo; sus patas me pasan por encima, machacándome. Hecho un ovillo, ruedo hacia un lado y, en volandas, noto que me elevo.
Veo una cruz. ¿Ha llegado mi hora?
—No hay cornada, solo pisotones, unos puntos y listo. —
El médico de la Cruz Roja sonríe, y yo también.
Tendré una bonita cicatriz, recordatorio de ese momento en el que casi fui divino.
 

JOSE Y LOS TOROS

Mariela Cordova Robayo

Había una vez un joven de Pamplona de española belleza, José había nacido en la granja de su padre Eusebio que estaba preocupado porque no tenía una novia y pensaba solo en los toros. Su padre pensativo camina hacia la casa de Alicia su mejor amiga y recuerda que tiene una guapa sobrina; Alicia le presenta a María de largos cabellos negros.
Alicia le dice a Eusebio que es una fantástica idea que José se case con María, entonces Eusebio la invita a la magnífica fiesta de San Fermín y le conversa que el más grande de sus bovinos estará presente. Llego el gran día José estaba ya listo vestido con pantalones blancos, una camisa blanca y su tradicional pañuelo rojo. Su padre Eusebio, Alicia y María estaban sentados en el balcón; vestidos elegantes esperando ver pasar a José en la corrida. De repente aparece el gigantesco toro de grueso pelaje negro y raspando el pavimento, enojado con una mirada de terrible rabia comienza a correr por la rinconada y José valiente se para en enfrente del bravo toro y con sus fuertes cuernos lo lanza sobre los brazos de María y su padre Eusebio comenta: ¡José ya es hora!¡Te ha llegado el amor!.
 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

SE FUNDIERON EN UN ABRAZO

María Pilar Rincón Cornago

SE FUENDIERON EN UN BARAZO
Javier-exclamó Pablito- Otro año a pasar un día de San Fermín.
Pablito preguntó ¿habéis estado en el cohete? ,si es genial que emoción
todos vestidos de blanco te desean felices fiestas, son las mejores fiestas
del mundo.
Javier vivía en estafeta, balcón privilegiado para ver lo que pasa antes y
después del encierro.
Las 7, pasa el alcalde , empezaron a llegar mozos que corrían allí, Yulen
nos saludó, buena carrera -le dijimos- los que venían se abrazaban, una
gran familia, saltos, estiramientos y el cohete 3 minutos para muchos
inolvidables, después al café Iruña.
Pablito vamos a San Fermín txiki a dar gracias y poder venir el año que
viene, estarán los gigantes y kilikis vamos a correr a cara vinagre.
A las 2 iremos a comer a la sociedad lo pasamos bien cantando.
¿iremos al estruendo?, -no- iremos a la corrida.
Pablito flipaba todo era emocionante. Al sol las peñas, si hay
Faena todos a una animamos al torero.
A la salida las peñas, alegría y compañerismo hay que vivirlo.
Vamos al encierro de los pequeños? Es la escuela de futuros corredores.
Un día largo, así son los San Fermines y toda la vida en el recuerdo. 

JUSTICIA

María Sofía Abarca

Y en ese San Fermín, Nagore no salió a festejar. No fue a ver los toros, a oír los cánticos ni a disfrutar de los platos típicos ni de la sobremesa. Tampoco llegó a ver los fuegos artificiales que fueron lanzados antes de medianoche desde el interior de la Ciudadela: algo la detuvo. Eso mismo que hoy la protege. Dicen que sigue en su casa, abrazada a su madre.  

VUESTRA MERCED, QUE NO ES OTRA COSA QUE EL CHUPINAZO

María Soledad García Garrido

Cabalgaron durante días y, advertidos de la imposibilidad de alcanzar la plaza Consistorial, siguieron el consejo de aquel hombre vestido de blanco —pocos caminos polvorientos había transitado— y encauzaron sus pasos hacia la plaza del Castillo, desde donde podrían seguir los acontecimientos de la hazaña que se gestaba.
—¿Me concederá por fin mi señor la ínsula? —preguntó Sancho apeándose del asno con las piernas entumecidas—. ¿Comeremos, como me prometió, huevos fritos con chistorra y estofado de rabo, todo regado con buen calimocho?
No obtuvo respuesta, pero conocía la mirada enfermiza de su amo, que clavó la vista en el quiosco que presidía la plaza.
—¿Oyes el clamor, amigo Sancho? ¿Serán aquellos los galeotes que liberamos, cuya prisión evitamos? ¿Estarán preparándonos un festejo como correspondencia?
Pero antes de que Sancho pudiera reaccionar y aclararle que no era sino la orquesta que amenizaba la fiesta, don Quijote descubrió el engaño y espoleó a Rocinante a todo galope hacia donde miraba la multitud enardecida. Un desalmado de dimensiones gigantes disparaba un arcabuz al aire al tiempo que todos se colocaban un pañuelo rojo al cuello. De nuevo era requerida su presencia. Mas no debían preocuparse. Salvaría a la ciudad de semejante atropello.
 

NO ERA LUGAR PARA ELLA

Maria Victoria Aguilera Pastor

Dicen que no es lugar para una mujer. Pero aquí estoy. Las zapatillas firmes. El pañuelo al cuello. El corazón martilleando como un tambor sanferminero. El cohete suena. El suelo tiembla. Y yo corro. Las paredes se estrechan. Huele a tierra, a vino derramado, a nervios. Un codo me golpea. Otro me empuja. Me miran raro, como si fuera una intrusa. Como si el miedo tuviera género. Pero sigo. Siento el bramido detrás. Las pezuñas golpean el adoquín con furia. Un toro se abre paso. Cae un chico a mi lado. Lo esquivo. Me lanzo al lado opuesto. Grito. Corro más. En la plaza, todo se vuelve luz y aliento. Me detengo. Me tiembla todo. Pero no por miedo. Por euforia. Por orgullo. Dicen que no es lugar para una mujer. Qué poco saben.