XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
TRES SEGUNDOS ANTES
Manuel Pozo Gómez
A Pablo Carrión lo iba a matar un toro. Era negro azabache, con las astas altas y rectas propias de un toro veleto, no muy grande, terciado, dijeron los que saben. Pablo y su amigo Ricardo lo vieron el día anterior en la majada. Cinco toros cárdenos y uno negro azabache.
Era verano. Y fiestas. Habían vuelto casi todos los amigos de la cuadrilla. También Beatriz, que al terminar los estudios se había quedado a vivir en Barcelona. Pablo, le dijo, lo nuestro no tiene futuro, es mejor dejarlo. ¿Pero estás con alguien?, preguntó Pablo. Y ella agachó la cabeza, y calló.
“Si algún día me deja Beatriz, me mato”, le había dicho Pablo a Ricardo. Y en aquel encierro esperó al toro inmóvil, y Ricardo vio cómo tres segundos antes de que el cuerno del animal se le clavase en las entrañas buscó con la mirada a Beatriz, que estaba al otro lado de las talanqueras.
Con un toro negro azabache Pablo Carrión encontró la muerte. Ricardo congeló en sus pupilas la mirada entre Beatriz y su amigo. Tendría que haberlo sabido, tendría que haber notado la amargura de Pablo porque en sus palabras desmedidas siempre había un poso de verdad.
CAMPEONES DE LA AUSENCIA
Manuel Alejandro López López
Sucedió en aquellos Sanfermines. Los dos competirían en las olimpiadas de ese verano. Se conocieron en la procesión del santo tras abandonar cada uno por su cuenta los centros de alto rendimiento donde culminaban su preparación para competir.
El griego Ainakis fue el campeón de trampolín desde doce metros. La italiana Dafne barrió en los cien metros. Ainakis regresó a Grecia convertido en héroe nacional. Dafne fue recibida en el Quirinal por el presidente de la républica.
Lo que nadie supo es que se prometieron la noche del siete de julio regresar a Pamplona pasados los juegos olímpicos para verse de nuevo. Y allí estaban, ahora los dos medallistas, amándose por una sola noche en la ciudad que semanas antes había sido una fiesta. En aquella cama del hostal pamplonés Ainakis confesó a Dafne que había intentado suicidarse varias veces tirándose al vacío, pero le había faltado valor. Dafne desveló a Ainakis que sufría manía persecutoria severa desde su niñez.
En aquel revoltijo de sudores debieron confundirse sus medallas de oro: cada uno se llevó la del otro. Jamás volvieron a verse, pero sí a desearse cada siete de julio de sus vidas mientras acariciaban la medalla del otro.
EL MILAGRO
Manuel Ramon Moya Bascuñana
Muchos años después, cuando ya no quedaban supervivientes del suceso y este se había convertido en leyenda y mito, la gente todavía recordaba, vagamente, como se recuerdan los sueños y las pesadillas, el año del milagro durante los Sanfermines. Recordaba como a la hora prevista se abrió la Puerta de los Toriles y apenas los toros de una afamada, renombrada y peligrosa ganadería embistieron el aire de la cuesta de Santo Domingo se produjo un imprevisto e inesperado eclipse total de sol. La ciudad entera se fue a negro, se tornó un laberinto de sombras y gritos de angustia. El súbito apagón solar había transformado el encierro en lo que se preveía una caótica catástrofe imposible de prever. Sin embargo, a pesar de los gritos de angustia y las sombras y de que nadie pudo ver cómo se desarrollaba el encierro, este se desarrolló sin incidencias ni percances graves. Y cuando acabó el eclipse, los toros estaban en la plaza y aunque en la entrada del callejón había una montonera de cuerpos hacinados, milagrosamente no había ningún herido.
HORA DE DORMIR
Mar Martinez Morentin
Seis de Julio, un gigante se cuela en el balcón del ayuntamiento, un toro aterriza en la plaza con un paracaídas, con un pañuelo en el cuello grabado, felices
fiestas Iruña. Un coche de carreras irrumpe en la plaza de toros y un helado gigante se derrama en los corrales. La noria tiembla, gira sin cesar, un cabezudo le da vueltas y no quiere parar. Linternas de colores iluminan el techo , los fuegos artificiales han comenzado. Las barreras se han caído y va a comenzar el encierro, tercer cohete, es la hora , todo es emoción hasta que en la lejanía escucho una voz familiar, es hora de recoger mis juguetes y apagar la luz, buenas noches Pamplona,mañana jugamos otro ratito.