XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

¡VIVA SAN FERMIN!

Ines Aparicio Agreda

Hoy, 7 de julio, lanzarían el chupinazo que daría inicio a los Sanfermines. Yo debía estar ahí. Debido al coronavirus, no se celebraron hace dos años, esta vez serían muy importantes.

Me desperté temprano desayunando tranquilamente. Cuando saqué la ropa blanca que había dejado en la lavadora anoche, esa calma desapareció. ¡La ropa blanca se había mezclado con el pañuelo rojo! No había tiempo. Fui a pedir al vecino ropa. Por suerte me dejó una camiseta y unos pantalones cortos. Me cambié rápidamente pues había perdido 30 minutos.

Había quedado con unos amigos en la Plaza del Castillo a las once para coger sitio antes del chupinazo. Por eso, cogí el coche y fui rápidamente. Como esperaba, había mucho tráfico y una fila de coches para entrar al centro. 10 minutos después, nada se había movido. Comencé a recibir mensajes de nuestro grupo de WhatsApp: había comenzado a llegar mucha gente y como quedaban 30 minutos. Sin pensarlo más, salí del coche y comencé a correr. Llegué al ayuntamiento a tiempo, encontrando a mis amigos entre la multitud en el último minuto.

Como dije antes, este momento sería mundial y no me lo perdería por nada, así que, ¡viva San Fermín!

 

EUFORIA

Sara Gómez

Doscientos cuatro carcajadas multiplicadas por doscientas cuatro sonrisas. Gargantas exultantes. Brazos abiertos sobre el monumento de la fuente. Clamor por la vida. Las murallas tienen forma de asta. Los ojos negros y brillantes del toro recorre despavorido sobre los polvorientos caminos. Anudados en nuestro cuello los pañuelos rojos de la vida. La pasión estalla en la piel y a lo lejos, las sombras de seis toros centellean como un rayo negro. Corremos, y somos como el viento que abre sus explosiones de colores. Su aliento trae consigo olores primitivos pero tan dulces e inolvidables: el olor de cuello joven, chupitos, éxtasis, euforia, cerveza, vino barato y humo.
Cantamos a coro: “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición”, y después estalla sobre nuestras cabezas un racimo de cohetes. Las seis astas salvajes apabullan el casco antiguo, y nosotros corremos delante del peligro. Corremos hasta quedarnos sin aliento. Es un desafío a toda regla. Un estallido de voces que flotan en la plaza. El toro embiste las vallas, y cientos de almas inquietas encuentran refugio tras ellas. Pero nosotros amamos esos cuerpos calientes y fuertes y el poder de su mirada, su silencio. El toro es arte.
 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

ATXABITXI-BEGIAK

Marijoxe Azurtza Sorrondegi

Haren atxabitxi-begiekin begiratu zidanean miresmenez erantzun nion. Bikaintasunik bazen lur zabalean begi-aurrean nuen. Gihar mardulak, gorputz sendoa, ebano koloreko larruazal beltz distiratsua, adar zorrotz zuri paregabea, korapilodun isats motz dotorea… dena zuen ni ahozabalik utz nintzan. Eta horrela ikusi nuen nire burua bere begi-ninietan islatua: ahoa irekita, une horren edertasuna ezin sinetsirik, gerriko gorria gerrian. Ezker apatxarekin gogor jo zuen lurra bitan, hautsa harrotuz: zarata kalean ozenki barreiatzea lortu zuen. Bazekien, bai, izua nola sortarazi. Arnasa sudurzuloetatik botaz zerion lurruna herensuge baten su-kearen parekoa zen. Atseden hartzen ari zela zirudien nire zuresi parean.

Eragin zidan beldurrak sorgindu ninduen eta erakarmen horrekin begia gainetik ezin kendu gelditu nintzaion begira. Bularra estutu zuen eta lepoa gora-behera astindu, adarrak harro hauspotuz. Egindako keinua mehatxu argia izanik ere, nik zora-zora nirauen begira: zer ikuskizuna. Eta bat batean ezustekoa: zezenak doministiku egin zuen. Gure arteko begirada-jokoa amaitu zen, magia hautsi zen, lotzen gintuen izpi-andana desagertu zen. Nitaz ahaztu eta entzierroari jarraitu zion, une izugarri hura eguratsean beste milioika unerekin nahastu ahala.

Hamar urte nituen, orain laurogeita hamar eta oraindik ere atxabitxi-begiokin amesten dut, bizitza markatu zidatelako: albaitari bihurtu nintzen. Ordutik zuresian izan naiz urtero, San Fermin jaiak eta santua ospatzen eta Iruñeaz gozatzen. Gora San Fermin eta gora Iruñea.  

6 DE JULIO

Rakel Rodríguez Martínez

Papá dónde estamos exactamente?
Hijo estamos en el lugar más conocido internacionalmente por sus fiestas
Y hoy que pasa? Todo se ve apagado y sin sentido
Si hijo mío desde hace dos años parece que el mundo entero se apaga , ya nada es igual a lo que fue un día , tu no te acuerdas por qué eras muy pequeño pero yo estuve aquí en algún lugar del tiempo en otra era , en la que todo eran risas y fiesta , en la que el rojo brotaba sobre el blanco en la que los toros eran bravos y corrían por las calles en la que los fuegos artificiales iluminaban el cielo , ahora solo nos queda el recuerdo de los que lo vivimos un día….
Papá , y que pasó?
Pues hijo llegó el tiempo de guerras sin armas de hombre hacia hombre, de tecnologías estúpidas que rompen con las tradiciones.
San Fermín que todo lo ve esta vez no lo bendecirá sino que se enojara y dirá que hemos hecho con la tierra de la ciudadela , qué se ha roto en nosotros para pasar así de ella?
Pero no somos nosotros , es la Humanidad que se ha vuelto estúpida . 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CON OJOS DE NIÑO

Iván Parro Fernández

– A ver, Martín, léenos tu redacción sobre lo que has hecho este verano.

“A lo mejor no lo creeréis pero hay un sitio en el que cuando empieza a calentar más el sol del verano la gente se viste solamente de rojo y de blanco aunque ese espíritu les dure todo el año.

Se levantan al alba y se dirigen en grupos hacia un lugar llamado Cuesta de Santo Domingo donde solicitan ayuda y protección al santo y se preparan para realizar la carrera de sus vidas. A las ocho de la mañana (yo con algo de sueño) sueltan varias reses que son conducidas por las calles hasta una gran plaza. Los mozos ataviados con el pañuelo rojo al cuello intentan evitar sus astas como pueden. Muchas veces lo consiguen. Otras son atropellados y se hacen bastante daño.

Escucho muchos gritos, canciones, aplausos, incluso algún llanto. Me asusta un poco todo eso. Todavía soy un niño. No entiendo mucho. Sólo sé que el martes pasado mi papá salió a las calles con el uniforme sanferminero porque quería cumplir un sueño. Estaba feliz y dichoso. Eso es lo más importante de todo. Luego nos fuimos de pintxos”. 

EL ESCAPE

Jaime Padrón Benítez

Estuve inmerso en una atmosfera obscura, densa y aparentemente sin salidas.
El psiquiatra me había intentado rescatar con diferentes fármacos. Ninguno lograba cambiar los grises de mi existencia. Vivía al borde del precipicio de la autolisis.
— Jaume, estás en el cenit de la miseria… ¡huye! —me dijo un poeta valenciano
Le hice caso. Con la resaca de noches de whisky, tabaco, cannabis y cocaína. Me fui al aeropuerto y tomé el primer vuelo a España.
El Camino de Santiago fue mi meta inicial. Los primeros dos días caminando desde Oviedo fueron un alivio, pero en el derrotero escuché a unos peregrinos hablar de San Fermín y su poderoso chute de adrenalina.
No sé por qué mi brújula apuntó hacia Navarra. Abandoné el Sendero Primitivo —que para mí agnosticismo no encajaba del todo— y entonces me dirigí a Pamplona.
— ¡Ostia puta! —aprendí a decir— Correr frente a los astados, fue indescriptible. Los olores, los sonidos, los colores, y la gente, constituyeron una sinergia muy potente que me trajo de nuevo a la vida.
Para mi existencia, San Fermín ha sido un reseteo fantástico y liberador, sin usar ninguna sustancia externa que enriqueciera a los carteles de las drogas o a los laboratorios farmacéuticos 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

RECUERDO

Cristian Gistain Montolío

Tengo 14 años. A pesar de haber estado durante todo un año levantándome a las 7:30h para ir al instituto, insistes en que salga de la cama y vaya al cuarto de estar para sentarme a ver en la televisión el encierro de hoy contigo. Ni siquiera somos navarros, pero siempre sentimos simpatía por sus gentes y por sus tradiciones. Comienzan los cánticos de los mozos a San Fermín y mi pulso se acelera. Arranca la carrera y al ver a los toros pasar por la calle Estafeta, recordamos aquel chuletón que comimos en uno de sus restaurantes, aprovechando un viaje de trabajo en el que insististe que te acompañara. Los corredores nos han brindado un gran espectáculo. Es 14 de julio y según tus contrariadas ideas, el verano ya se ha acabado. Sí, lo recuerdo como si fuera ayer, pero han pasado 24 años . Y ahora maldigo el mes de abril, el mes en el que tú, papá, nos dejaste. Maldita pandemia y maldito el tiempo que reste hasta que pueda recuperar nuestra tradición y tu legado, el de cómo amar tierra ajena gracias a los buenos momentos vividos en ella. Siempre en tu recuerdo, ¡Viva San Fermín, Gora San Fermín! 

EL BAILE DE LOS CUATRO REINOS

Maria Jesus Echaniz Iturriaga

Los Gigantes están nerviosos. Llevan todo el año esperando el gran día y hoy les reúnen para salir. Duermen en un gran almacén, tan separados que no pueden comunicarse entre ellos y se sienten observados por unos pequeños seres de cabeza enorme y extrañas vestimentas que les resultan extremadamente desagradables. Siempre están enfadados y discuten entre ellos sin motivo. Eso hace la convivencia mala. Sólo ese día, cuando les colocan en fila, los Gigantes empiezan a charlar. Los Reyes sobre las fronteras y las artes de gobernar y las elegantes Reinas sobre las últimas tendencias en peinados y los modelos tan avanzados que lucen últimamente los súbditos.
Se oye un cohete en la plaza, empieza la fiesta…
Las comparsas salen, la música empieza a sonar y los Gigantes se muestran elegantemente ataviados delante de sus vasallos. Sienten su amor. Los cuatro reinos se unen en un gran baile. Dan vueltas sobre si mismos y creen ver como los pequeños seres de cabeza grande disfrutan como niños persiguiendo con porras a intrépidos jóvenes sin maldad alguna.
Cuando todo acabe, cansados pero felices volverán al oscuro almacén. Quizá les coloquen juntos y puedan charlar… y quizá, solo quizá acaben haciéndose amigos de los Cabezudos.
 


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DÍA 13

María Baigorri Lucea

Era día 13. Volví a salir. Ya sin fuerzas, pero con latido. Venga, que esto se acaba. Mi faja roja se agarraba al viento en cada paso y alborotaba mis ganas de apurar el tiempo. Pasé por la calle Calderería y le recordé brindando con los ojos llenos, sosteniendo con cuidado todos los besos de aquel amanecer. Quise pensar en otra cosa. Me senté en el suelo de la plaza del Castillo. La fiesta se me amontonaba en los ojos. Miré hacia la calle Chapitela. Y le vi. Llevaba mi pañuelo. Once años después. Ese con el escudo de Pamplona que me desanudé del corazón. Volví la cabeza, pero él ya me había visto. Nos contamos mentiras y bebimos vino. Le dije que todo me iba bien y que aquel 13 de julio quedaba muy lejos. Él sonrió. Y dijo en voz muy baja que fue una locura. Después me besó en la nariz. Y se fue. ¡Venga, que esto se acaba!, gritó. Y pensé que San Fermín nunca termina de marcharse. 

CLARINERO

Elena Indurain Eraso

Yo, Clarinero, esa mañana no amanecí como de costumbre en la dehesa salmantina. No conseguía ver a Tanguito ni a Cuernotieso, pero sí a Cascabel y a otros cuatro astados de la finca. El aire olía a fiesta, a alegría y devoción.
De pronto, un cohete rompe el silencio y una cancela se abre a una libertad ansiada y no reconocida. Emoción en el cuajar y en el librillo al vislumbrar manchas blancas y rojas por todas partes que quiero enganchar sin éxito. Me resbalo en los adoquines húmedos y me empotro en una pared curvada como los cuernos de Zeus. Atrevido me aplasta como si se le fuera la vida en ello.
Las siluetas blancas y bermejas me recuerdan a José nuestro pastor, pero corren mucho más rápido, se cruzan entre ellas y algunas caen delante de mis pezuñas.
Y al pasarles por encima deduzco que probablemente me hayan traído a las fiestas de San Fermín, y de ser cierto, pienso en cómo voy a sentir dejar este mundo sin probar las pipas Facundo.