XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EZIN ULERTU

Uxue Brieba Sotés

Ikasturtea hastear zegoen eta klasean agenda ateratzean, kide batek egunero agertzen ziren zenbakiengatik galdetu zidan. Nik, sanferminetarako atzerako kontaketa zela esan nion, baina eroa banintz bezala begiratu ninduen. Sanferminak gustuko zituen galdetu nion eta baietz esan zidan, gaueko jaia gustatzen zaiolako. Ez nintzen arritu, jende askorentzat gaueko jaia besterik ez baitira. Baina niretzat ez, eta hori entzutean aurpegi arraroa jarri omen nion, beraz, niretzat sanferminak zer esanahi duten azaldu nion.
Uztailaren 6an, ohitura dudanez, nire aitak peñetako abestiekin esnatzen gaitu eta hirurok elkarrekin dantzatzen dugu, haserre guztiak momentuan pasatzen zaizkigula. Kalera ateratzean eta jendea zuriz jantzita, zapi gorria eskumuturrean jarrita ikusterakoan, urduri jartzen naiz, festak hastear baitaude. Lagunekin elkartu eta gosaltzera zein txupinazora joaten gara beti. Udal plazan, gu bezain pozik dagoen jendea ikusteak adrenalinaz betetzen nau. Jaiak hastean triste jartzen naiz, nahi ditudan gauza guztiak egiteko denbora ez dagoelako baina txarangen musikak suspertzen naute. Nire urteroko erronka, hurrengo egunetan familiarekin potea hartzeko, estruendora, entzierrora joateko eta kilikiak zein suziriak ikusteko denbora ateratzea izaten da.
Nire sanferminen bertsioa kontatzean erotua nagoela esan zidan, ni ulertu gabe. Honen ondorioz konturatu nintzen, besteen gustuak epaitzeko ohitura dugula, benetan besteentzat duten esanahia ezagutu gabe.
 

EN PRIMERA PERSONA

José Martínez Moreno

Suena el chupinazo, las puertas se abren y salimos disparados a la carrera. Somos una confusa maraña de cuernos, rabos y pezuñas que avanza a toda prisa por calles desconocidas rodeados de una horda de humanos que grita y nos jalea. Nosotros tratamos de embestir a todo el que se nos ponga por delante, pues la excitación y el desconcierto por la situación nos pone nerviosos y más agresivos de lo normal. Mis compañeros han derribado a algunos y yo he estado a punto de cornear a uno de los mozos, pero ha estado rápido y me ha esquivado con un recorte para esconderse tras una barrera.

La carrera continúa veloz, imparable. Nos resbalamos una y otra vez sobre el pavimento mojado, pero eso no nos detiene más que unos pocos segundos. No sabemos adónde nos conducen, pero estamos deseando llegar allí para detener este frenesí perseguidor y poder descansar un poco.

De pronto, tras un angosto pasadizo atiborrado de reses y de humanos, el camino se abre y llegamos a un gran recinto circular con el suelo cubierto de arena amarillenta y poblado de gente en las gradas.

Me pregunto si será este nuestro destino final. 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA FIESTA HA COMENZADO

Miguel Mendizabal Arizcun

He dormido poco, apenas he descansado. Una emoción me inunda por dentro. Hay dos días al año que me cuesta conciliar el sueño más de lo habitual; la noche de Reyes y hoy.
Rápidamente me visto con la ropa más blanca y limpia posible. Me ciño la faja y me anudo el pañuelo a la muñeca.
En la Villavesa siento una sensación de nerviosismo entre todos mis vecinos. Me bajo en una de las primeras paradas y me reencuentro con los viejos amigos de toda la vida.
El olor a huevos y txistorra es más familiar que nunca. El tinto con gaseosa, la cerveza fría y el aroma del pan recién horneado.
Ha llegado el momento. Llenos de ilusión nos acercamos a nuestro querido casco histórico. Saludamos a conocidos, parece que todo el mundo está a nuestro lado y comparten las mismas emociones.
Nervios a flor de piel.
En un instante, el tiempo se detiene, la multitud levanta su pañuelo, todos distintos, pero a su vez, iguales. La atmósfera se llena de lágrimas, sudor y fresca sangría. Lo noto en mi piel emocionada. En este mismo momento, todo salta por los aires. Solo veo blanco y rojo, la Fiesta ha comenzado.
 

NEREA Y YO

ángel Saiz Mora

Coincidimos en una conocida confitería de Pamplona. Ella iba a pagar unas pastas y había olvidado el monedero. Me ofrecí a costear el importe y terminamos sentados frente a un café. Al día siguiente comenzaba el primer encierro de los sanfermines. Dije que no me perdía ninguno y siempre terminaba moviéndome deprisa. Ella contó que solía situarse al pie del vallado. No me atreví a entrar en más detalles, ni a pedirle el número de teléfono. Luego maldije mi timidez.
Al día siguiente apenas escuché el cántico en honor al santo, tampoco el estampido del cohete de salida. Mis ojos la buscaron entre la muchedumbre blanca y roja, mientras las pezuñas resonaban sobre los adoquines.
Hubo un herido. Me puse al volante de una ambulancia medicalizada para trasladarlo al complejo hospitalario. Vino acompañado de un ángel con chaleco naranja y una cruz roja en la espalda, igual que la mía.
Desde aquella mañana de julio miro fascinado a Nerea, convencido de que siempre hay algo misterioso en ella, porque nunca nos lo contamos todo. Quizá sea eso lo que hace que permanezcamos juntos, también nuestro hijo Alexander, a quien pusimos el mismo nombre que al norteamericano con traumatismo que volvió a unirnos.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

PAMPLONA-IRUÑA 6 Y 7 DE JULIO…

Charo Irigoyen Otazu

Pamplona-Iruña 6 y 7 de julio…

Seis del siete

Blanco, prisas, nervios, blanco.
Shshshshshshshshshshsh………, ¡PUM!
Algarabía, baile, brindis, fiesta.
Blanco, rojo, rojo y blanco.
Efervescente, alucinante, zigzagueante y chispeante.
Amigos, amigas, familia y colegas
Cava, vino, sidra, y pintxos.
Australiana, valenciano, gaditana y americano.
Txarangas, ritmo, txistu y gaitas.
Ajoarriero, estofado, chilindrón y txistorra.
Calor, risa, alegría y vida
San Francisco, sorbete, descanso y charla.
Jarauta, Descalzos, Plaza del Castillo y San Nicolás
Y más, y más, y más.

Siete del siete

Amanece, La Pamplonesa, dianas, bailes.
Limpieza, periódico, calentamiento, gentío,
canto, miedo, carrera, vallado,
pisotón, asta, negro y montón.
Santo Domingo, Ayuntamiento, Mercaderes
Estafeta, telefónica, callejón y plaza.
Respiro. Mañueta, churros y café.
Procesión, Santo, Alcalde y Arzobispo.
Huevos con jamón, vino, gaseosa, cerveza.
Gigantes, kilikis, cabezudos y zaldikos,
lloros, risas, juegos y valses,
momentico, campana María, aperitivo y comida.
Mulillas, reventa, peñas y txarangas.
Toreros, alguacilillos, sol y sombra.
Toros, cantos, toros y merienda.
Peñas, pasacalles, parranda, parranda,
y parranda…

 

GRITOS

Juan Molina Guerra

La calle Estafeta se va llenando de gente variopinta, mayormente jóvenes. Desde uno de los balcones, un grupo de argentinos no quita ojo de la riada humana, que se adensa por momentos.
-Qué bueno que lo hicimos, che. Nuestra buena plata nos ha costado, pero ha merecido la pena –dice el que parece más viejo-. Fijate en el rubio junto a la reja: no puede negar que es yanqui. Seguro que viene nomás por seguir las huellas de Hemingway.
De golpe, suena un estampido y la marea humana comienza a moverse.
-¿Recordás las redadas, cómo corrían? –dice uno que lleva más de cuarenta años dejándose la barba.
-Mejor si te callás, ¿no ves que hay mujeres?
Al poco, las carreras se hacen más ostensibles. Por la curva, los temibles astados entran al galope y resbalan y chocan contra la empalizada de madera. El norteamericano resbala, a su vez, y le pasan por encima dos enormes morlacos. Las mujeres del balcón gritan, asustadas, gritan como si la vida les fuese en ello, y el grito de las esposas sobrecogidas le evoca al hombre de la barba poblada el grito desesperado dentro del avión sobre el río, dentro del avión sobre el mar.
 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

MIEDO ESCÉNICO

Marta Asensio

No sé muy bien dónde estoy. La cabeza me da vueltas. Tan solo puedo escuchar una multitud aclamando nuestros nombres. Me asomo por la ventana y veo pañuelos rojos. Todo el mundo los lleva en la muñeca. ¿Qué día es hoy?

De pronto, el sonido de la puerta me asusta. «Faltan diez minutos para salir». Reconozco que me temblaba el cuerpo entero. Desde las pezuñas hasta el primer pelo de la cabeza. Ahí estaba yo, rodeado de una multitud a la cual no conocía ni posiblemente llegue a conocer. Ellos, sin embargo, me esperaban impacientes.

Sin saber muy bien qué hacer, tomé aire y volví a asomarme para ver una vez más, las caras de entusiasmo.

Primer cohete. La puerta se abre. Empezamos a salir a escena.
Segundo cohete. Comienza la carrera.

Comienza San Fermín. 

SOLO HAY UN SAN FERMÍN AUTÉNTICO

Javier Gonzalez Delgado

Las uvas de fin de año estaban preparadas, como siempre. Se había juntado toda la familia a cenar alejados de las obligaciones del día a día. Todos hablaban a la vez, se miraban y se tocaban como verificando que eran reales.
-Este año he prometido que definitivamente aprenderé a montar a caballo -dijo el que parecía más mayor como si fuera un acto de valentía, le miraron con cara de asombro.
-Ya lo dijiste el año pasado y sigues montando a caballo, pero en realidad virtual -todos rieron.
-Yo iré a los Sanfermines -dijo la más joven.
-Pues me parece que hoy en día para tener emociones fuertes no hace falta arriesgar la vida, anda que no hay maneras de pasarlo bien sin necesidad de correr delante de un toro.
-Anda, vas a comparar. El chupinazo no es lo mimo oírlo en un altavoz que sentirlo en vivo, con un pañuelo rojo al cuello, con amigos entre una multitud con ganas de pasarlo bien, oliendo a pólvora en la plaza…
-Oliendo a sudor -salió al paso con una carcajada la más menuda.
-Callad -interrumpió la de más edad- van a dar la primera campanada.
Tras la última uva todos brindaron por un feliz 3019. 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL CABALLERO FERMÍN

Anna Józefowicz

Érase una vez un caballero llamado Fermín. Era alto, delgado y llevaba barba como el Quijote. Su armadura metálica reflejaba los rayos de sol pamplonés la tarde previa a las fiestas, dedicadas sólo a él. Fermín no podía de la emoción. Al día siguiente la ciudad entera, ¡Ba! ¡Qué dices! El mundo entero caerían a sus pies. La Reina le había adelantado que Cortés vendría especialmente para su festejo de la lejana y exótica Nueva España. Traería obsequios de oro salvaje.

Fermín fue a visitar a los Toros, quienes serían, junto con él, el gran espectáculo de mañana. Se dio cuenta que se regocijaban de orgullo, igual que él. Se sentó junto con ellos y fantaseó cuántas almas perdidas llevarían sus afilados cuernos.

– ¡Llegó la justicia para vosotros, queridos Amigos! – exclamó contento.

Le faltaba sólo una última tarea para prepararse. Se trataba del mismo ritual que realizaba todos los años, a la misma hora, cuando la luna se alineaba con la cúpula de la iglesia de San Lorenzo. Fermín entró con pasos solemnes en la casa de Dios y se arrodilló frente al busto de su tocayo.

– Cuida de mis Toros. – suplicó.
 

ALGO NUESTRO

Beatriz Fernández Induráin

Seis de Julio, ocho de la mañana. Hoy, aun sabiendo que no has pegado ojo en toda la noche, no cuesta levantarse. Pero, ¿qué esperas con tanta vehemencia?
Simplemente algo nuestro. Ese sentimiento que vive en nuestro cuerpo pero que aflora con ímpetu la mejor semana del año.
Pantalón, faja y pañuelico preparados desde anoche. Sales a la calle y respiras ese olor característico que tienen las calles de Pamplona en verano. En cuestión de horas una ciudad entera se ha teñido de blanco y rojo.
Es inevitable, pero la sonrisa y emoción se apoderan de tu cuerpo. Llevar la cuenta atrás durante 365 días es exasperante, pero por fin te atreves a gritar: ¡VIVA SAN FERMÍN, GORA SAN FERMÍN! Y entonces, el momento más significativo, desatas el pañuelico de la muñeca y lo ajustas sobre tu cuello.
Ya comienzan los “felices fiestas”;
La procesión;
Las entregas de chupetes de los más pequeños a los gigantes;
“La chica yeyé” como himno callejero;
Los madrugones (o no) para ver el encierro;
Y entre otras muchas cosas, compartir con los nuestros momentos de alegría y celebración.
Y es que, como dice la canción “son en el mundo entero una fiesta sin igual, Riau, Riau”.