XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
ENFRENTE A LA BESTIA
Riccardo Baracco
Un tenue rayo de luz iluminó su rostro en la calle repleta de personas, felices por formar parte de esa fiesta que honraba la valentía y el coraje, la locura y la osadía. Pero ¿eran todos insensatos o valientes?
«La insensatez, es vivir sin atreverse a enfrentarse al peligro de cara, para vencerlo con agudeza y temeridad». Eso le había dicho a un amigo la noche anterior, tomándose una jarra de un sol trago, con la iluminación y soltura que el alcohol a veces daba.
Pero la borrachera le pasó factura. Se despertó con el disparo que anunciaba el nuevo encierro. Vio pasar camisas blancas, pañuelos rojos y varios toros. Uno resbaló delante suyo, se levantó y, girándose, lo miró fijamente, despistado, aunque fiero. El corazón ya casi le explotaba.
Con un gesto, le indicó la dirección que le estaba rogando, a lo que el toro le hizo reverencia… Aunque bestia, tenía su código de honradez.
De pronto, todo había pasado, así como el gran susto. Pero, en ese momento se dio cuenta de algo nuevo: este mundo estaba lleno de personas más “bestias” de las bestias, por usar sus desmedidas fuerzas e inteligencia para matar a quienes no tenían forma de protegerse. Impunemente.
LABRADOR
Roberto Atondo Caratgo
Como dice la jota, labrador era mi abuelo. Y sí, el 7 de julio era su día. Todos los años en esta época presanferminera me acuerdo de él y es que después de todo el año trabajando en el campo la visita a Pamplona era obligada. Allá por el mes de noviembre cuando sembraba los campos que tenía arrendados al rico del pueblo ya calculaba las fechas de la futura cosecha y es que el objetivo era claro, cosechar antes de San Fermín, sí o sí.
Y cuando el objetivo, a pesar de tormentas o plagas inesperadas, se conseguía…Uf, ahí era el hombre más feliz del mundo. El 6 de julio por la tarde cogía el tren en el apeadero de Zuasti y cuando llegaba a la capital, se dirigía a casa de su tía Rosaura, esa que regentaba un negocio de casquería en el mercado viejo. Al día siguiente tras ver el encierro desde las barandillas de Santo Domingo iba directo a Casa Marceliano, cita obligada. Eso es por lo menos lo único que le contaba luego a mi abuela, de lo que hacía los dos días siguientes nadie lo sabía pero la sonrisa con la que llegaba a casa es nuestro legado.
AMAYA
Roberto Espiga Lasa
A tu pregunta, te diré que era 6 de julio sobre las 3 de la tarde, estaba con tus tíos Ana y David, María, Alicia y varias personas más, junto a la plaza de toros.
En esa zona nos juntamos con otra cuadrilla de 6 ó 7 personas. No éramos ninguno de Navarra, pero en esas fechas y en esos momentos, no importa para nada.
Estábamos eufóricos y empapados, ya que había caído unas horas antes al chupinazo, lo que por el norte llaman txirimiri.
La emoción se había apoderado de las calles y de nosotros. Conectamos muy bien con la otra cuadrilla y todos juntos, fuimos descubriendo las calles, bares, jardines y plazas de la ciudad.
La gente, la música y el jolgorio de esos días, hacen que sientas, que la energía de la celebración te envuelve y te se sumerge en la fiesta.
Serían las 4 ó 5 de la mañana, cuando por casualidad, las dos cuadrillas volvimos al punto de partida donde nos habíamos conocido y ¿Sabes cómo se llama esa calle?
No lo sé papá, pues como tú hija mía.
Ahí es donde nos besamos por primera vez, tu madre y yo, y el resto ya lo sabes.
CARTA DEL LECTOR
Roberto San Martín San Julián
Me he decidido finalmente a escribir esta carta para llamar la atención a todos los pamploneses y pamplonesas sobre mi difícil e injusta situación. Espero encontrar en ellos el apoyo que las autoridades no han sabido darme. Y es que después de 165 años de fiel servicio y cumplimiento de mi deber nunca se me ha permitido asistir ni tan siquiera una sola vez a los fuegos, probar un churro de la Mañueta o disfrutar de la fiestas de madrugada. Durante todo este tiempo en el que he sobrevivido a guerras, pandemias y conflictos de distinta índole, he visto a la sociedad transformarse hacia una más próspera, con más derechos, diversa, justa e igualitaria. Y, sin embargo, yo sigo esclavizada, condenada a desfilar vigilada de cerca por dos txistularis en jornadas de mañana y tarde, durante los nueve días y otros tantos que el Ayuntamiento decide sin consultarnos. Y cuando me dejaron sin ir a Nueva York por una cuestión racial, me tuve que callar; pero en estos últimos años me he hecho viral y no pienso aguantar esto un solo San Fermín más: o esta situación cambia de manera radical o me exilio a los países árabes.
Firmado
Braulia, la reina americana