XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

MI QUERIDO TALISMÁN

Esteban Conde Choya

Hace tiempo recibí un whatsapp de Chema donde me decía que acababa de comprar un pañuelico rojo en La curva de la Estafeta. Y añadía: “Así recordaré otros tiempos más halagüeños de los que estamos sufriendo ahora en que, corriendo con los toros, volaba por esa calle tan emblemática de Pamplona.” Y sus palabras me hicieron recordar a mí también la famosa curva donde, al girar en su carrera veloz, los astados resbalan y caen a veces amontonados pillando a los mozos bajo su peso. Y vino también a mi memoria el día en que nuestro amigo perdió el pañuelico rojo bajo el asta dura y negra de un Mihura sin decoro que se lo llevó consigo durante un buen trecho. Cuando al fin lo vimos quedar quieto en el suelo, acudimos en su ayuda lo más rápido que pudimos y lo sacamos en volandas de entre la multitud para llevarlo al centro médico más cercano. De repente, Chema, con la conciencia medio perdida, se llevó la mano el cuello y, al notar la ausencia de su pañuelo rojo, dijo en un hilo de voz y sin retirar la mano de su garganta: “Debo estar muerto porque he perdido mi querido talismán.”  

TAURO

Marisa Caballero Ruiz

Todos esperando con ansiedad la salida de Tauro, el era un animal que disfrutó un año más, sin salir a la corrida por las calles de Pamplona, el ha vivido feliz en la dehesa, pero ayer le subieron en un vehículo, cosa que le inquietó muchísimo, por lo que en los toriles donde le metieron con otros el se alteraba y bufaba asustado. Llego la hora vio las puertas que se abrieron de par en par, hecho a correr como loco sin saber lo sucedía, no veía la pradera, emprendió un camino rápido había personas que le tocaban, no había sentido nunca esa sensación, en el callejón se sintió asustado, pero cuando desembocó en una zona de arena, corrió, feliz de un lado a otro. Los muchachos cantaban felices, y Tauro participó en carrera alegre sin saber lo que sucedía, las alegría lo inundaba todo. Un año más formando un círculo. Mozos y animales unidos en el ruedo, por la tradición. Dando vida donde todo estaba parado después de tanto dolor tanta tristeza, al fin llego la alegría , la diversión, la algarabía y la vida.  


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

JUANITO

Agustín Pascual Pino

Con cuanto entusiasmo pintó en su estanco los tres colores. ¡Con la misma ilusión con que pidió, a los trabajadores pirotécnicos que hasta entonces lo hacían, que le permitiesen a él prender la mecha! ¡Ah, qué bellos y sonoros chupinazos resonaron en Iruña entera aquel año treinta y uno! El primero en abril, el segundo el seis de julio. El inicial, por el sueño de un país más culto, sin hambre, protector e impulsor de conciencias libres y de ciudadanos plenos. El segundo por la tradición que llenaba de alegria las calles desde tantos siglos atrás, protegidos todos y todas por San Fermín.
(«Riau, riau», gritan tras cada estrofa. «Riau, riau», aminora la marcha municipal. «Riau, riau», ánimo y desafío. «Vals de Astráin» e «Himno de Riego» generan sentimientos diferentes. Españoles, sí, pero españoles ricos frente a españoles pobres. Hay seres para quienes su derroche ha de prevalecer siempre sobre el reparto equitativo).
Echepare Aramendía está en la lista redactada por los grandes que quieren un país pequeño, oscuro y mezquino. Es lunes, seis de julio de 1936. Sobre la Plaza del Castillo se eleva un chupinazo que alegra el rostro del burladés. Pocos días después, suena otro. ¡Ay! ¡Pobre de mí!, exclamó Juanito. 

TOPAKETA

Xabi Mendibil Ainzua

Estafeta karrikatik gora noa, begirada galduta, zurekin ez topatzeko pentsamendua iltzatuta dudalarik. Ez San Fermin hauetan, arren.
Bat batean agertzen zara jendartean niregana ibiltzen. Zure telefono mugikorrari ez diozu begirik kentzen irribarretsu aurrera zoazen bitartean. Hau txistea!
Urdaila uzkurtu egiten zait. Nire bihotza zurbil. Gelditzen naiz. Urteetako abusuak ezin dira ezabatu, inolaz ere! Okerrena opa izan nizun horrenbeste aldiz… baina ezinezkoa egiten zitzaidan zu salatzea. Azkenik, adorea bildu nuen zugandik urrun ihes egiteko. Zerotik hasteko, alegia.
Eta orain…
Orain berriz elkartze hau!
Txistea amaitu da, antza denez. Zure telefonoa sakelan gorde, begirada altxa eta nigandik bi metrotara zur eta lur gelditzen zara.
Geldirik gaude. Zu eta biok soilik, giza-itsas olatuak jotzen gaituen arren. Zein ele-eder bota bila eta bila nabil. Denborak eta distantziak hasierako nazka eta amorru hori zerbait eraikitzaileago batean bihurtu dute, baina hitz egokirik ezin aurkitu une honetan.
Arnasa sakon hartzen dut. Begiak itxi, eta lasaiago berriz ireki.
Agian nire begirada errukiorrak lagundu egin dizu zure harridurako begitarte hori aldatzen.
Ematen du beste alde batera begiratzeko amildegitik ez erortzeko adorea aurkitu duzula.
Elkarri begietara begiratzen diogu.
Azkenik, zu zara bi segundotako isilune amaigabea apurtzen duena:
─ Hau ezustekoa! Nola zaude ene alaba?
 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL PASEO POR SAN FERMÍN

Heriberto Grisales González

En pleno 6 de julio, Iba con mi rinoceronte blanco por las calles de San Fermín, una dama muy elegante pasa por delante. No le dije nada; sólo saqué algunos dientes de mi boca y los metí entre un florero; seguimos caminando mirando para todos lados y justo en el Bar Windsor estaba un toro prieto, leyendo un libro: Fiesta. Le boleé la mano y este se aterró de ver mi pañoleta roja, soltó el libro y muy delicadamente, se acercó a mí, me la quitó y se la puso al rinoceronte, me dio la espalda, se volvió a sentar y volvió a retomar su lectura, mientras más de cien toros pasaban sobre mí…Y el ritmo pamplonés de las jotas indolentes, seguían con su jolgorio…  

SUEÑOS DE SANFERMINES

Robert Gustavo Herrera Rocha

Pensando cómo serían los Sanfermines 2021 me dormí. Esto me provocó un sueño y en su magia reveladora y confusa, veo un chupinazo invadiendo con su humo blanco la virtualidad del ciberespacio, un toro corriendo enérgico, como queriendo escapar a través de la pantalla de mi computador. Me veo tomando Té caliente, la bebida que más he ingerido para enfrentar a un extraño virus en estos tiempos de pandemia y confinamiento, en lugar de disfrutar un kalimotxo u otra bebida alcohólica cuyo expendio leo: “PROHIBIDO”, en la extraña soledad de la Cuesta de Santo Domingo. Continúan las imágenes… harto del té, agarro una botella de ron, su colorida etiqueta hace alusión a los Sanfermines. Cuando la destapo: ¡Zas! ¡Un genio! ¡Vestido con traje de pamplonica! Pide tres deseos dijo. «De acuerdo. Cambia los misiles Gabriel y Arrow 3 y los cohetes Qassams y Kornet que explotan en Oriente Medio llevando desolación y tristeza, por los chupinazos que iluminan de alegría el cielo pamplonés. Dos: cambia las revueltas violentas en las calles de Colombia por el desfile de Gigantes y Cabezudos». Cuando iba a pedir el tercer deseo justo despierto, pero espero que el genio lo haya adivinado y estos Sanfermines sean como todos queremos.

 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UNA FIESTA QUE NO MUERE

Emilio Villatoro Marín

De nuevo atrevidos y espectadores se preparaban para una fiesta más, a lo largo de los siglos, a pesar que la tierra se pudrió y ahora solo existían edificios donde antes hubiera árboles, nada pudo detener los Sanfermines. Al acabarse los ríos y aumentar la población, lo que antes fuese prospero comenzó el descenso a su decadencia; el ganado se fue limitando y solo algunos quedaron entre las manos de poderosos nada dispuestos a dejar su mina de plata pues por primera vez, lo natural entre lo artificial importaba. De cualquier manera, siempre había otras opciones, baratas y menos peligrosas. El atuendo de los corredores seguía siendo el mismo, las calles, aunque abarrotadas por hologramas, mantenían los edificios de antaño desde donde las personas veían y animaban atentas. Entonces se dieron los bandazos y varios toros se arremolinaron nerviosos y disgustados contra los humanos, los participantes huían y corrían y cuando los toros los apuntaban con sus cuernos los atravesaban como fantasmas, sonaba una alarma a la altura de la muñeca del participante y como si se tratara de un juego, se descalificaba para que pudiera pasar a sentarse en la tribuna mientras la fiesta sin ningún muerto continuaba su algarabía. 

VIVIR DE FIESTA

Patricia Collazo González

Es escuchar el “Pobre de mí” y caerse muerto. Lo digo en sentido literal. Cada año, al despuntar el quince de julio, mi hermano Paco se lleva la mano al pecho, se deja atropellar por un coche, sufre una peritonitis repentina, o se atraganta con una aceituna. Pero año tras año, muere. La primera vez nos asustamos mucho, pero ahora ya nos lo tomamos con más calma.
Todos salvo mamá que vive cada muerte como si fuera la primera y la última.
El resto de la familia nos palmeamos las espaldas y soltamos alguna lagrimita para que no se enfade.
Es que ella lleva un registro mental de quién llora y quién no, de quienes envían corona, de quienes le dan sus condolencias, para después quitar el saludo si se tercia.
Con mis hermanos y primos contamos chistes malos y nos reímos para adentro. También envolvemos en el pañuelo rojo de Paco una botellita de calimotxo y la metemos en el cajón disimulándola debajo de su brazo para que se le haga más corta la espera. Un año casi.
Porque cada seis de julio, a las doce en punto, Paco resucita en la Plaza del Ayuntamiento, justo justo cuando se lanza el Chupinazo. 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA VIDA

Hugo Daniel álvarez Picasso

LA VIDA
Viví de las reservas de agua y carne seca. Todo indicaba que iba a morir si esperaba malgastar la energía que aun guardaba. Evalué mis chances de resistir y eran mínimas. Comencé a cavar en el centro del comedor. Di con un polvo fino y endemoniado. Cavé, cavé, cavé. Con mis ojos cerrados y la boca tapada, mis manos en lanza comenzaron a horadar la arena. Sentí que nadaba en esa masa seca y suave como el talco. Mi camino era azaroso y sin razón. Nadé, nadé, nadé. Cuando desperté, estaba frente a una costa sin mar. A lo lejos divisé que la arena formaba nubes de polvo. Más cerca por el mugido comprobé que cientos de toros corrían en mi dirección. Corrí, corrí, corrí hasta noté que no era visible para la manada. Pasaron a mi lado con tanto vigor, con tanta vida, con tanta energía que decidí seguirlos y eso hago. Me adentré en un pueblecito de callejuelas curvas, con gente vestida de blanco y pañuelos rojos. Una fiesta se celebraba en honor a un Santo. Los toros y las gentes eran unos celebrando un ritual que desconozco. Retomé la vida, y aunque invisible, vivo allí 

REMEMBRANZA, DAME LA MANO.

Luis Carvajal Belisario

Afuera, la fiebre por los sanfermines está de padre y señor nuestro. Adentro, en la intimidad de mi alcoba, los recuerdos, muy desparpajados ellos, han montado su propio barullo. En mi espalda descansan unas cuantas décadas, y todavía permanecen indelebles en mi cajita pensadora aquellos momentos vibrantes que incluso hacen que me ría solo: el chupinazo, el inicio de una juerga alucinante, y tan internacional, que ni la Gardner ni el Hemingway se le resistieron; la procesión, coartada perfecta para dármela de religioso y ponerle el ojo a una que otra moza devota escoltada por una madre mal encarada; el encierro, esencia primordial de aquella celebración, carrera bestial que tantos raspones nos regaló a muchos. Cómo olvidar esas charangas que me hacían sacudir el cuerpo cuando ya el alcohol, en vez de sudor, brotaba de mis poros; o el jaleo que armaba mi retoño, Fabián, empeñado en treparse en los zaldikos, mientras que los kilikis lo hacían chillar como sirena de ambulancia….Para cuando el « ¡Pobre de mí!» casi me respiraba en la nuca, ya los caldicos, los piquillos y los ajoarrieros apenas podían resucitarme… Lo digo convencido, aunque la chochera me trabe la lengua: ¡San Fermín, tus fiestas son las mejores!