XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
NO PODEMOS
Paulino Fernández Merayo
Estoy nervioso papá. Este año va a ser diferente, lo sabemos, mamá no está, pero ella no querría que nos quedásemos sin nuestros momenticos en San Fermín.
No renunciar al chupinazo, ni a comer churros bailando la Alpargata con la abuela, ni el primer encierro con mis amigos de toda la vida, del barrio, y ella en el balcón rezando siempre, de compartir miles de calimochos y garroticos con los primos en la sidrería del tío Antxon. Estrenar esa nueva vestimenta de rojo y blanco que tenía guardada para cuando me echara novia, salir con la peña a las corridas por la tarde y volver reventado de reír y gritar. Salir por la noche y unirnos al struendo. ¡Cómo nos gusta el ruido, cómo nos gusta compartir el tiempo con aquellos que son como de tu familia!
No podemos quedarnos en casa papá. Si no, el pobre de mí será más vacío que nunca y nos costará más aún entender qué pasó en estos últimos meses, esperando esta fiesta, su fiesta. Quiero vivirla con ella en mi recuerdo.
BUENAVENTURA
Pedro Zabalza López
No, no y no. Esto se acaba el 14 a las doce: pobres de ellos y feliz yo, que por fin puedo descansar. ¿Ahora me vienes con que el 15 también? Me parece un abuso. Cuando ya me había acostumbrado a tener mi día en otoño, me lo movéis a julio y me hacéis trabajar en pleno verano. Luego, que si un día es poco, que también la víspera, y al final acabo siendo el único memo del santoral que curra nueve días. Y no me vengas, Señor, con que a fin de cuentas es mi ciudad, que bien que me hiciste en vida emigrar a Amiens. Y la paciencia se la pides a Job, que menudo ‘job’ me diste a mí. ¿Pero cómo quieres que me haga cargo también del encierro del 15? ¡Si hasta me han quitado ya de la hornacina! Además, que si pasa algo, sea con una villavesa o con una bicicleta, es un tema de tráfico y eso de siempre lo lleva San Cristóbal. Dile a otro. Yo le presto el capotico a quien sea, que tampoco hace falta ser El Juli. Y si no, ¿sabes qué? Si es el 15 de julio, que se encargue San Buenaventura.
EL VIAJE
Pedro Torres
Se guiaba por la luna. Durante el día descansaba oculto a las miradas impertinentes. Viajar desde el sur se antojaba pesado, pero soñar no era cómodo. Cuándo llegó era de noche, pero
pudo ver el excelente ganado descansando en el corral. Mañana sería su gran día. Los pastores abrirían las puertas y comenzaría la fiesta. Él estaba preparado, en el lugar exacto para hacer una buena carrera. El sonido de la fiesta le había impedido dormir y cuando llegó la banda de música, con los primeros mozos, él ya estaba agazapado esperando. Por fin sonó el chupinazo. Se abrió la puerta y los mozos iniciaron la carrera seguidos de los morlacos. ¡Cómo disfrutaba en aquella algarabía! Mozos y toros fundidos en una carrera tan mágica como peligrosa. La gente jalea, grita, corre, mira excitada, el discurrir de la carrera. Está a punto de caer, una curva mal trazada y húmeda, le lleva al suelo. Pero llega en buen estado a la plaza, muy cansado, pero feliz. Después busca descanso en el corral, rodeado de toros muy fatigado.
Hoy ha aparecido un toro demás en la carrera. Nadie sabe de dónde ha salido.
¡YA ESTÁ AQUÍ!
Pedro Del Guayo Litro
Desde la torre norte de la catedral la campana María vigila el horizonte.
«¡Ya está aquí!», grita con alegría. «¡Chicas, por fin ha llegado!, resuena al recibir la primera luz del día. Su voz despierta a sus compañeras, que trasmiten rápidamente la noticia.
El Gallico de San Cernin coge aire y canta a los cuatro vientos, mientras los Hércules del ayuntamiento avisan a sus vecinas, Prudencia y Justicia, que llevan toda la noche esperando emocionadas.
En la Taconera, la Mariblanca revisa su ropaje, Gayarre aclara la garganta y por la Medialuna se escucha a Sarasate afinar su violín.
Desde lo alto del monumento a los fueros, Rosa Oteiza observa divertida cómo de los portales una marea blanca y roja se lanza a las calles, esas que también pisaron los que ya no están, pero cuyo sentimiento ha pasado de generación en generación.
En la plaza del Castillo, Carlos el Noble sonríe al ver vibrar nuevamente a su querida ciudad y junto a la capilla de San Fermín, Arazuri se dispone a recoger en su libreta grandes historias que merece la pena recordar.
¡Por fin es 6 de julio! Pamplona entera, la de ayer y la de hoy, está lista para comenzar sus amadas fiestas.