Estadísticas del XVIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

Hoy, 4 de junio, a algo más de un mes del inicio de las fiestas de San Fermín 20265, tras el cierre de la inscripción el pasado día 31 de mayo y previo al fallo del jurado y lectura de los diez microrrelatos finalistas, que tendrá lugar el próximo 19 de junio, viernes, en el Palacio del Condestable con entrada libre y retransmitido en directo por Internet, os presentamos los datos de esta XVIII edición:

Participación: 764 autores con sus correspondientes obras.

Procedencia: 30 países desglosados de la siguiente manera:

IdiomasObras
Español745
Euskara12
Inglés7

PaísObras
España572
Argentina47
Colombia26
Cuba17
Perú14
Uruguay12
Chile11
Ecuador11
México11
Venezuela6
Estados Unidos5
Costa Rica4
Brasil3
Italia3
Puerto Rico3
República Dominicana3
Bélgica2
Bolivia2
Francia2
Andorra1
Canadá1
El Salvador1
Guatemala1
Israel1
Japón1
Paraguay1
Portugal1
Reino Unido1
República Checa1
Suiza1
ProvinciaObras
Navarra172
Madrid93
Barcelona24
Valencia17
Gipuzkoa16
Alicante14
Asturias13
Málaga13
Zaragoza13
Bizkaia10
Murcia10
Burgos9
Granada9
Sevilla9
Valladolid9
Cantabria8
Pontevedra8
Toledo8
Cádiz7
Girona7
Palencia7
La Rioja6
A Coruña5
Huelva5
Huesca5
Jaén5
Lugo5
Salamanca5
Tarragona5
Álava4
Badajoz4
Baleares4
Cáceres4
Castellón4
Ciudad Real4
Las Palmas4
Santa Cruz de Tenerife4
Segovia4
Albacete3
Córdoba3
Zamora3
Ávila2
León2
Ceuta1
Guadalajara1
Lleida1
Ourense1
Soria1
Teruel1

¡Un día más!

El 14 de julio a las doce se acaban los sanfermines.

¡Qué pena!

O no…

Depende de lo que haya pasado en esas 204 horas. (Puede dar para cientos de microrrelatos).

También depende de la edad.

Cuando eres mayor piensas que ya es suficiente.

Cuando eres joven quieres un día más.

¡Pues ahí lo tienes!.

El plazo para presentar obras termina mañana domingo 31 de mayo a las 12 de la noche hora de Pamplona.

PD: Los ganadores se conocerán el vienes 19 de Junio. Lectura pública del fallo del jurado en el Palacio del Condestable. Acceso gratuito…


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TORO NEGRO

Yolanda Pañeda Ornia

Toro bravo, toro negro
Te inclinas, me miras y tú mirada me fascina
Toro bravo, toro negro
Mi corazón late aceleradamente, te inclinas, me miras y tú mirada me fascina.
Corro veloz, parezco tener alas, tú me sigues los pasos, intento no mirarte
Pero mientras mis pasos se agigantan, recuerdo tú mirada
Toro negro, toro bravo, tú mirada me cautiva y me transporta
Corro veloz, parezco tener alas, te inclinas, me miras y veo en tú mirada el valor, toro negro, toro bravo.
Sigues mis pasos raudos, veloces, como si las alas de la suerte corrieran a mi lado
Toro de casta bravío y venerado
Sangre roja por mis venas, toro negro, toro bravo
Te inclinas, me miras y tú mirada me fascina.
En las alas de un dios imaginario corro veloz y tú me sigues.
Sigues mis pasos sin piedad, toro bravo de casta.
Tú mirada me cautiva, sangre roja y luna Blanca
Toro negro, toro bravo
Sigues mis pasos, y no me alcanzas, mis pasos se agigantan como si tuvieran mágicas alas
Como si un dios imaginario me transportase en sus alas
Toro negro, toro bravo, sangre roja, luna Blanca
Tú mirada de casta, ojos negros, mirada oscura
Sangre roja 

ASÍ DE RELATIVO ES EL TIEMPO

Yune Azcona Zozaya

Día 6 de julio, unas fiestas sin igual, eso dicen quienes las viven, pero… ¿De verdad se viven, o en realidad, se sienten?

Se sienten, desde que el día despierta, desde que hacemos el pequeño nudo rojo en nuestras muñecas hasta que llega el ansiado momento en el que la plaza del ayuntamiento comienza a saltar de pura felicidad, es entonces cuando nuestros corazones estallan al unísono y todo comienza. Comienzan las risas, comienzan los llantos emocionados que nos hacen recordar otro tiempo en que los vivimos con personas que ya no están, pero… sobre todo, comienzan unos días en los que todos y todas cabemos. Días en los que nuestros peques verán por primera vez a los Gigantes y Cabezudos, días en los que los mayores disfrutarán de los paseos bañados de una marea blanca y roja que parece conocerse desde siempre, y días en los que los jóvenes tenemos claro que la diversión y el no todo vale debe ocupar la totalidad de nuestro tiempo.

Y como unos días bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo, nos sorprende un pobre de mí con una rapidez desconcertante, pero a su vez emocionante porque sabemos que, ¡ya falta menos! 

MI PRIMER ENCIERRO

Zigor Eguia Lejardi

Guardo un especial recuerdo de la primera vez que estuve en las fiestas de San Fermín. Con dieciocho años recién cumplidos, dos amigos y yo fuimos a Pamplona con la intención de vivir una nueva experiencia. Ellos insistían en que correr el encierro era fundamental para integrarse plenamente en las fiestas, pero yo les dejé bien claro que jamás me pondría delante de unas bestias cornudas. Enseguida aprendí que el destino puede llegar a ser muy caprichoso.

Aquella noche, las fuerzas superiores que manejan nuestros hilos debieron pensar que mi vida estaba siendo demasiado monótona, así que decidieron cambiarle el guion. Serían aproximadamente las tres de la mañana cuando una guapísima morena de melena larga se me acercó y comenzó a hablar conmigo. Después de un par de tragos y muchas risas, buscamos un sitio más íntimo, y lo encontramos en un banco de madera de un parque solitario.

Todo iba estupendamente hasta que, de entre los arbustos, apareció un tipo enorme, con cara de pocos amigos, que decía ser su novio. Ahí empezó mi encierro, corriendo, sin camiseta, por las calles abarrotadas de Pamplona, perseguido por un morlaco celoso, mientras un grupo de graciosos nos indicaban por donde ir a la plaza.
 

FERMÍN

Zulma Martínez

Tras las sabias palabras de Saturnino, Fermín descubrió que su existencia había cambiado: se haría cristiano.
Un empujón lo depositó entre el gentío. En ese momento, el tradicional y estruendoso «chupinazo» inició el festival.
«¡Viva San Fermín!» «¡Que viva!»
¡Ah! ¿Él era un santo? Recordaba su labor pastoral, sus obispados, sus misiones, su martirio, pero…
Un tropel de jóvenes con atuendo blanco y pañuelo rojo al cuello apareció en una esquina, seguido por seis toros furiosos corriendo detrás. Era el «encierro» que, por suerte, duró pocos minutos.
De pronto, sintió que lo levantaban en andas para pasearlo por Pamplona, en una devota procesión. Todos iban vestidos de blanco y rojo, como los mozos del encierro y, según escuchó emocionado, el rojo representaba su sangre.
Después, continuó la fiesta: danzas, un desfile con gigantes y cabezudos, las casas ofreciendo sabrosas comidas, la corrida de toros de la tarde, los fuegos artificiales…
Los festejos duraron varios días y, en la noche final, la canción «Pobre de mí» se apoderó de las gargantas, al tiempo que todos se sacaban los pañuelos rojos como despedida.
Sonriendo, Saturnino instó a Fermín a seguir la marcha. Todavía les faltaba evangelizar algunos rincones de la Galia. 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UNO A CERO

Werner Agazzi

-¿Che Pedro, así que estuviste en San Fermín?
-Si, si.
-¿Y cómo fue, corriste con los toros?
-Y claro boludo, no voy a irme desde Argentina hasta allá solo para mirarlos desde la tribuna.
-Tremenda locura habrá sido.
-Si, estábamos con un amigo uruguayo, zapatillas y pantalón largo blanco. Mientras esperábamos a que larguen los toros había un inglés loco que decía que iba a agarrar al toro por los cuernos.
-¿Y qué pasó?
-Nosotros no le creíamos,“Gringo loco” le decía el uruguayo. Pero el tipo nos decía golpeándose el pecho “I will do it, i will do it”.
-¿Y lo agarró nomas?
-Si, cuando largaron los toros corrimos y como a los 100 metros el inglés se para en el medio de la calle y trato de agarrar a un toro enorme y marrón, el toro le dió tremendo cabezazo que el inglés voló hasta la valla de madera del costado.
-Tremendo ¿Completaste la carrera?
-No, después de ver volar al inglés me agarró tal cagazo que en la curva después del ayuntamiento me subí de un salto a la valla. Con el miedo salte como superman.
-¿Y el uruguayo?
-El uruguayo si, en esa también nos ganaron.
-Uno a cero. 

NI EN SUEÑOS

Xabier Pita Nieto

Apreté mucho los ojos, y aparecí en medio de la calle, como caído del cielo. El sol salía tímido a lo lejos. Aunque todo el mundo echaba la mirada atrás, yo lo miraba de frente. No sabía en qué momento tenía que hacer lo mismo que ellos: empezar a correr. Me peiné la barba, y me apreté la faja.
Una masa borrosa de color blanco se movía a mi alrededor, unos saltaban y otros corrían en sprint. No entendía nada. Le di la mano a K. para no separarnos. Por mucho esfuerzo que hiciese seguía en la misma posición. Las piernas no me respondían. El mundo se había parado, no sé si durante diez segundos o durante diez años. Se me aceleró la respiración. Entonces, una bestia negra comenzó a acercarse. Me doblaba la altura. Enfoqué la vista y no era solo uno, había unos cuantos. Cada vez más cerca. El suelo vibraba.

Entonces respiré profundo… me llené los pulmones, y cuando quise correr más rápido, K. ya no me daba la mano, la almohada estaba en el suelo… y las sábanas en los pies. Se me caía hasta la baba. Creo que nunca más volveré a correr el encierro. Ni en sueños. 

ALCOHOL Y SALIVA

Xavier Anguera Correcher

La madrugada del último encierro de San Fermín, Patxi entró en el libro Guinness por sus méritos, batiendo el anterior récord de 2009, cuando de una sola sentada ingirió doce litros de diferentes alcoholes.

En un control de la Ertzaintza, a la salida de un puticlub muy frecuentado por altos cargos de #tuaminomehasvisto, le preguntaron si había bebido. Patxi, respondió muy respetuosamente: asdfiaidofoaeññasd feafddsald. Lo dejaron pasar porque no pudieron comprobar si era alérgico a las almendras saladas que, en La Conejita Discreta acostumbran a ofrecer a sus clientes.

Sin ánimo de tentar a la suerte, Patxi, que era un tipo bastante sensato, decidió dejar aparcado el camión en el descampado que hay detrás de la Conejita y pidió un taxi. —Por favor, ¿podrasdadfasdñfk acercñasdjfasd al aeroñsdfooiojil? Aitor, el taxista, hermano del párroco del pueblo, y muy aficionado a la ingesta de litros, le respondió: okasdfkjakdjfwe.

Al día siguiente, apareció una noticia un tanto desgarradora, a la vez que extraña: «Al lugar del siniestro acudieron tres dotaciones de bomberos, dos ambulancias y cuatro patrullas de la Ertzaintza.

Una de las patrullas, era la que no le hizo la prueba de alcohol porque creyó que se había intoxicado con las almendras de La Conejita Discreta». 

LA SOMBRA DEL MOZO EN LA CURVA DE MERCADERES

Yensy Pineda

Dicen que nadie lo vio llegar. Ni sombra, ni paso, ni aliento. Solo estaba allí, en la curva de Mercaderes, cuando el toro resopló más fuerte. Llevaba el pañuelo rojo, pero no sudaba. Camiseta blanca, sin mancha, en pleno fragor. Corría sin mirar atrás, como si llevara siglos huyendo.

Algunos juraron que les habló sin palabras, con los ojos. Otros, que lo vieron desvanecerse justo antes de la plaza. No hay fotos. Ni videos. Solo un hueco en la multitud, un segundo de silencio que nadie puede explicar.

Esa noche, en el hospital, un mozo herido preguntó por él. El médico le dijo que no había tal corredor. Que en la lista de heridos no había nadie con ese nombre.

Él me salvó, murmuró el herido. Me empujó a tiempo.

Los ancianos del barrio, con vino en mano, solo asienten. Cada generación tiene su sombra roja, dicen. Un alma que corre para los que aún no saben correr.

Y cuando el cohete suena, justo antes del estampido, alguien jura ver una figura en la curva, lista, firme, corriendo no por gloria, sino por los que aún no saben volver.