XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CAPOTICO DE SANTO MORENO

María Del Carmen Nevado Llandres

Los móviles no paraban de grabar a aquel personaje. Rubicundo, con tacones y cocido de calimocho. Solo le falta un cartel donde rezara: «Zaino, ven aquí que te voy a estampar un beso».
Cuando el reloj de Kukuxumusu marcó el minuto cuarenta, echó a correr por la curva de Telefónica. No se fijó en aquel espécimen hasta que lo tuvo codo con codo. Intentó llevárselo hacia un lado, invitándolo a que saltara la valla. ¿Cómo habría pasado el cordón policial con esa facha?
El muy mamón se resistía a no ser el centro del espectáculo. Saludaba a la afición como si estuviese en el tendido; hasta se atrevió a lanzar un churro a la rubia que lo filmaba desde el balcón.
Se produjo un choque en cadena en la entrada de la plaza al ver al fiera travestido a cuatro patas. Andaba tan beodo que no podía con sus mantecas. Intento enderezarse, pero dio con el trasero en la arena.
Uno de los miuras se había escapado de la manada y todos vieron cómo enfilaba directo hacia él. No se lo pensó dos veces; el corredor agarró el periódico doblado y, frente al morlaco, lo abrió como una capa, recibiendo del coso una ovación.
 

EZTI-EZTI

María Del Coro Alemán Carrica

EZTI-EZTI

Goizeko hamarrak ziren Elena leihora hurbildu zenean. Zaragoza Etorbidetik gora arropa txuriz jantzitako jendetza zihoan. Bestaren urduritasuna haztatzen zen kaleko giroan. Sukaldeko paretan zuen egutegia begiratu eta uztailaren 6a zela ikusi zuen, txupinazoaren eguna. Aurten, uztailaren 6a egun berezia zen Elenarendako, ez sanferminak hasten zirelako, auzoko gizarte langilearekin hitzordua zuelako, baizik.
Goizeko 11etan etorriko zen bere mendekotasun-egoeraren ebaluazioa egitera. Duela hilabete batzuk, bitrozeramika itzali gabe utzi zuen eta esne lapikoa erre zitzaion. Erre usaina hain izan zen handia, non bizilagun bat gizarte-zerbitzuetara hurbildu baitzen eta Elena eguneroko bizitzako oinarrizko jarduerak egiteko gai ez zela jakinarazi zien. Jakinarazpen honen ondorioz, mendekotasunaren balorazioa eginen ziotela ebatzi zuten egunerokoan moldatzeko laguntza beharrean zegoen ala ez erabakitzeko.
Emakumea urduri zegoen baina dena ongi kalkulatuta zuen. Bart egutegia zegokion egunean jarri zion hilobak, txupinazoaren eguna, sanferminen hasiera, zela erran zezan. Banabar gorriak ere prest zeuzkan 10:30etan sutan jartzeko eta horrela, ezti-ezti egin behar zirela kontatuko zien. Badaezpada, buruz ikasi zituen erabiltako osagaiak neurri zehatzekin.
Andreak bazekien noizbait zaharren egoitzara joan beharko zuela baina momentuz bere etxean bizitzen segitu nahi zuen sanferminek zekartzaten alaitasunak eta iskanbilak bizipoza sortzen baitzioten. 15 minutu falta ziren 11etarako. Jaietako programazioa birpasatu behar zuen etorriko zen langileari sasoian zegoela eta erabat autonomoa zela erakustarazteko.

 

BLANCO Y ROJO.

María Del Mar Serrano Arnay

Cada julio, Pamplona despierta envuelta en blanco y rojo. Las calles, aún húmedas del amanecer, se llenan de pasos ansiosos, risas compartidas, abrazos entre desconocidos. El bullicio no distingue edades ni acentos; todos corren al mismo ritmo de un corazón colectivo que late al compás del txistu y el tamboril.

Julián, un anciano del Casco Viejo, observa desde su balcón. Cada año promete que será el último, pero algo en la energía del momento lo convence de quedarse un poco más. Abajo, Lucía, una joven turista, tropieza con los adoquines. Julián baja a ayudarla. No comparten idioma, pero se entienden en sonrisas.

Mientras el encierro se avecina, la ciudad entera contiene el aliento. En ese instante suspendido, no hay diferencias ni soledades. Solo una promesa silenciosa de unión.

Más tarde, entre cánticos y vino derramado, Lucía baila con Julián. Nadie pregunta de dónde vienen, solo celebran que están ahí.

Y cuando cae la noche, la música aún resuena. El festejo no termina: se transforma. En cada mirada, en cada historia naciente, algo nuevo germina.

Pamplona duerme… pero algo queda latiendo. Quizá mañana. Quizá el próximo San Fermín. O tal vez… algo cambie para siempre. 

UN PAÑUELO ROJO, A KILÓMETROS DE DISTANCIA

María Del Rosario Lominchar Villacañas

Cierro los ojos y el Chupinazo resuena en mi mente, aunque este año mi balcón no sea el de la Plaza del Ayuntamiento. Desde aquí, a kilómetros de Pamplona, me aferro a los recuerdos de años pasados.
Cierro los ojos y casi puedo sentir el estruendo del ruido al marcar el inicio de la fiesta, la avalancha de gente enrojecida por el pañuelo, la emoción palpable en el aire. Es una mezcla agridulce: el latido de la fiesta que me llega a través de la pantalla, pero sin la vibración real que solo Pamplona sabe dar.
Madrugo para ver las imágenes de los encierros, la tensión de los corredores, la adrenalina desbordada. Escucho los cánticos, el jolgorio de las peñas, la música que nunca cesa. Mi casa se llena del eco lejano de la jarana, y por un momento, casi olvido que no estoy allí. Me visto con mi camisa blanca, anudo mi pañuelo rojo, y brindo con mis seres queridos por San Fermín, por la salud y por la esperanza de que el próximo año sí, el próximo año regresaremos a nuestra fiesta, a sentir de nuevo la magia de Pamplona en la piel.
Viva San Fermín. ¡Gora San Fermín!
 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

DE MAYOR QUIERO BAILAR UN GIGANTE

María Belén Sesma Navas

¡Mira como bailan mamá! ¡Mira mira! ¡Son los gigantes de Pamplona! ¿Como es posible que semejante figura baile así? – Debajo hay un hombre que lo mueve,y es una persona muy fuerte,lleva todo el año ensayando para hacer realidad los sueños de mucha gente,ya que consiguen que la gente sea feliz ,dijo la madre. Tenía solo 3 años cuando los vio bailar por primera vez. – Pues yo de mayor quiero bailar un gigante mamá. – Claro que sí tesoro , como buen Navarrico que eres podrás formar parte de la comparsa de gigantes y cabezudos de Pamplona. De pronto vio salir a un hombre de debajo de uno de los gigantes y el niño se le acercó preguntándole : ¿puedo bailar yo también este gigante? – Claro que sí pequeño,pero cuando seas mayor ¿vale? ¿Quieres ver cómo es un gigante?- Siiiiiii!!! Respondió Javier. Cuando salió de debajo del gigante todo emocionado le dijo a su madre, – de mayor bailaré gigantes. Habían parado a descansar, la gente andaba metida en el ambientico ,sacando cañas, pidiendo friticos,mostos etc y en cuanto comenzó la música de nuevo la cara de Javier comenzó a sonreír y a brillar.Es el efecto que producen los gigantes en SanFermín. 

VALIENTES EN LA PLAZA

Maria Carmen Oliver Abadias

ꟷPero Pamplona no son solamente los toros, tiene muchos más actos y espectáculos para poder gozar en su totalidad de las Fiestasꟷ, les explica IDA a sus acompañantes.
SA lo corrobora,
ꟷSí, tienes razón aunque lo más importante es el encierro, que ha dado fama a la ciudad.
IDA y SA se han reunido en Pamplona con DT, EM, NT, VP y por supuesto con JMA, para disfrutar de la fiesta y negociar asuntos varios.
DT vaticina,
ꟷ Mañana lo vamos a petar. Vamos a confundir al mundo con la actividad que realizaremos.
ꟷ¿A qué juego te refieres?ꟷ Pregunta JMA
ꟷJMA, nadie espera, que nosotros, omnipotentes del planeta, nos pongamos a correr delante de los toros en el encierro de mañana. Vamos a experimentar una sensación nueva, la que sienten los miserables que nos sirven. De esta manera, podremos mejorar el control sobre ellos.
Se miran todos sorprendidos.
ꟷ¿No somos muy mayores?ꟷ Pregunta EM.

Los toros que los han reconocido, deciden dejarlos correr hasta llegar a la plaza. Allí los rodean, los tiran al polvo de la arena y los pisan con sus pezuñas. Más tarde, los entregan al tendido. ꟷVosotros elegís que hacer con ellos.
En la gradería, agachan la cabeza.
 

LISKARZALE

Maria Cristina Zapata Reclusa

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El estruendo del cohete ha resonado en mi cabeza con ondas implosivas agitando mis neuronas. Sorprendido y molesto, he soltado un bufido y me he lanzado a correr fuera del recinto en el que estaba. Ni siquiera miraba alrededor, solo veía delante de mí a mis hermanos, musculados, correr despavoridos.
Los primeros metros de carrera han ido bien, pero de pronto me he encontrado sumergido en una barahúnda de corredores que se afanaban por avanzar a nuestro lado. ¡Pero qué lentos iban!. A base de trompicones y cabezazos me he ido abriendo paso entre tanto aspirante a divino. ¡No por nada me llaman el “liskarzale”!.
De improviso, sin sospecharlo siquiera, una pérfida traba ha surgido súbita inmovilizando una de mis patas. Y en medio de un abrumador ahogo, me he visto lanzado al suelo. ¡Diablos! Todos en torno a mí hacían sitio mientras me levantaba penoso.
Y como amparo de un ángel, un fuerte brazo me ha sujetado con firmeza. Emanando su aliento sobre mi oreja derecha me ha dicho: ¡Vamos Joxe! Tenemos que irnos, que te ha sentado fatal el champán y no queda mucho para que empiece el Encierro.
 

PAÑUELICO

María Del Carmen Arangurena

Aimar,muy navarro esperando con su pañuelo rojo,encarnado y presto para ser anudado,cual gorrión pamplonés.Trinando largo y seco astillas uniformemente espaciadas:»Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril, cinco de mayo, seis de junio, siete de julio¡San Fermín!»
Pañuelico bordado por su abuela Irati con hilo mouliné y llevando las iniciales A.J .Todo en punto de cadeneta y festón a la usanza familiar.Su padre conservaría uno idéntico desde su partida hacia la contienda.
Aimar se apellidaba Jiménez .Cada año iría y cuando las agujas del reloj se acercaran a las 12:00hs.renacería su esperanza de rodear a su sangre.
El Chupinazo es inminente y el cohete no disimula su premura.Y todos aguardan como buenos vascos los nueve días de fiesta incesante.
La plaza del Ayuntamiento se camufla de pequeñez ante la multitud festiva.
Plétora en punzó y albura.
Vítores por doquier.
Un raudal impaciente con el pañuelo en alto y vivas.
¡San Fermín, San Fermín!
Tres minutos antes de las doce…
Los clarineros darán la orden.
¡Gora San Fermín!
Francisco Javier Jiménez bordado por su madre Irati con hilo mouliné en punto cadeneta y festón.
El abrazo eviterno en Plaza Consistorial.
 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

NO PARECEN PÁJAROS

María Izkue Apesteguia

Esta mañana me ha despertado un extraño silencio. No oigo los cascabeles de los caballos ni el murmullo de los peregrinos, su caminar descansado.
El silencio, ese lugar que tanto añoro.
Tampoco oigo los pasos exhaustos de los turistas ni el parloteo de sus guías embelleciendo historias olvidadas, cuentos que me provocan una sonrisa y una ternura abstracta.
El cielo está azul y la ciudad blanca sobre sus antiguas piedras, aunque anoche perdieran su color grisáceo.
De los balcones han colgado banderas, trapos de colores, pañuelos nostálgicos.
Las tiendas, que pasaron del blanco y negro a colores chillones importados, esperan con ansiedad el tintineo de sus registradoras.
Tengo un vago temor, un desasosiego. ¿Qué será hoy?
De pronto oscurece. No parecen pájaros. Oigo un sonido familiar, una música que reconozco. Pero no consigo llegar a un recuerdo concreto, es un instante que apenas merece palabras, sólo las justas para que la pena salga de mi vieja memoria.
El sonido de las gaitas cautiva como un amante seductor y trastornado que succiona el entendimiento. Más tarde, en la quietud, su eco inundará tímpanos quejosos.
Quizás mañana alguno de ellos, algún gaitero bueno, interprete el vals que compusieron para mí, el Vals de Mercaderes.
 

ABRÁZAME

María Ordoñez Marina

A pesar de que este año la mar ha estado revuelta, que las olas han llegado al camarote y que empapada no hay quien duerma, los últimos días en el barco se me están antojando como especialmente duros. Queda muy poco para nuestro encuentro, pero sigo inmersa en medio de este maldito océano de incertidumbre que no deja de arrojarme nuevas dudas; ¿y si no me alegro al verle? ¿Y si no sé qué decir? ¿y si esta vez no funci..

Estaba escribiendo esto en mi diario cuando de pronto, sentí que el bote dejaba de mecerse bruscamente. Al salir del camarote para intentar comprender por qué la tormenta se había esfumado fue cuando le vi, llegando a lo lejos. Tenía los brazos abiertos, como dispuestos para un gigante abrazo, y eso me hizo sonreír. Supe que esta vez funcionaría. Corrí hacia el ancla y, preparándome para disfrutar de la paz que me traía para esos días de julio, lo eché al mar y le esperé.

– Ya pensaba que no venías. – dije, abrazando al fin a San Fermín.  

TÓMBOLA

María Encío Peña

– Dame diez, por favor.
Silvia introduce su mano en la urna, revuelve el contenido y agarra un puñado de boletos. Los cuenta uno a uno y separa diez de ellos aleatoriamente.
– Así diez. Pues diez euros.
– Aquí tienes.
Irati posa un billete junto a los boletos.
– ¡Mucha suerte!
– A ver si me has repartido el coche – bromea Irati.
– Todavía están los cinco.
– Confío.
Irati se acerca a un banco del paseo Sarasate donde está sentada Carmen. Divide los boletos en dos grupos iguales y le ofrece uno de ellos.
– Toma, abuela. Cinco cada una.
– Has pedido el coche, ¿no?
– Como todos los días.
– Muy bien.
Ambas empiezan a abrir sus respectivos boletos.
– ¡Mira, espárragos navarros!
– ¡Cojonudo, abuela! – ríe Irati.
Continúan abriendo los siguientes. Nada, no hay suerte. En total cinco sorteos y tres reúnas. Solo queda el último boleto de Carmen. Antes de abrirlo, se santigua y le da un beso. Irati mira la escena con ternura. Carmen abre su boleto cariñosamente y, con apenas un esbozo, levanta la mirada y la fija en los ojos de su nieta. Irati se queda perpleja.
– Cojonudo – dice Carmen sonriente. 

MI PRIMER SAN FERMÍN.

María ángeles García Jimeno

Atrás había su tierra con sus verdes bosques y sus lagunas playa. Ahora estaba desde hace pocos meses con su familia en España tras conseguir protección acceder a un curso de cuidados para mayores con otras compañeras decidieron ir a celebrar el final del curso en el chupinazo.
Raquel, que era su nombre, no tomaba alcohol pero la fiesta merecía una cerveza sin alcohol con sus compañeras que disfrutaban de kalimotxo y sangría fresquita.
Las doce se acercaban. La gente había llenado la plaza del Ayuntamiento y subiendo por las otras calles también la plaza del Castillo.
Llegó la hora y sonó el chupinazo. La fiesta arrancó. Raquel no se había traído pañuelo a pesar de estar la plaza llena de puestos para comprarlos, pero si iba con un vestido blanco que no tardó en mancharse de champán barato y sangría. Una de sus compañeras le colocó un pañuelo rojo bordado con su nombre.
Raquel no pudo evitar llorar.
– Hoy no se llora, amiga. Mañana delante de San Fermín en la procesión da las gracias por tu nueva vida.
Ella sonrió y pasaron a ver el ambiente.
Al día siguiente fue con algunas amigas del curso a la procesión del santo.
 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

A LA CARRERA

María Gallegos González

Faltan unos pocos minutos para que den las ocho. Aquí estamos todos los valientes, o los necios según algunos, esperando la señal. Los segundos transcurren inusitadamente despacio, quizá porque el tiempo quiere burlarse de nosotros y exacerbarnos hasta el extremo, para que inevitablemente nos preguntemos: ¿que locura estoy a punto de cometer?
Pero ya no hay vuelta atrás, sino todo lo contrario, de frente. Suena el cañonazo y todo se ralentiza aún más, las primeras zancadas se sienten a cámara lenta, pesadas. Los cuerpos se agolpan unos con otros, no veo al de enfrente, ni al de al lado. Tampoco escucho nada, no oigo al gentío que grita animado, sólo oigo una cosa: los cencerros. Se meten en tu oído como tambores del infierno, son los mismos diablos que vienen a por nosotros, los santos de blanco, que corremos para alcanzar el cielo.
De golpe, el tiempo se burla aún más de nosotros y se acelera, y de repente ahí están, las puertas del paraíso. Mi compañero no lo soporta, me mira y sus ojos me dicen que abandona, y salta a la barrera. Unas manos le sostienen y le acogen. Él ha tenido suerte. Yo tengo que seguir, sé que alcanzaré la gloria. 
 

7 DE JULIO SAN FERMÍN

Maria Sanz

Salí corriendo de casa, bajé las escaleras y me encontré con «UNO» de mis vecinos, Juan. Estaba saliendo de paseo con sus «DOS» perritas,Thelma y Louise. Soltaron «TRES» ladridos y caí en la cuenta de que llegaba tarde. Sólo quedaban «CUATRO» minutos para que pasara la villavesa número
«CINCO» que me dejaba en la calle Teobaldos . Al bajar de ésta, allí estaba la cuadrilla. Mis «SEIS» mejores amigos: Txema, Luis, Roberto, Iñaki, Miguel e Iban. Caminamos juntos hacia el Ayuntamiento bajando por la calle Estafeta, y al mirar el reloj de la Casa del Libro, vimos que solo quedaban «SIETE» minutos. Apurémonos chicos .-les dije. 

DESPERTAR

María Gárate Rascón

Abrió los ojos y vio que la luz asomaba por la ventana. Por fin era de día. No había pegado ojo en toda la noche por los nervios de despertar en un 6 de julio. Solo había sentido esa misma emoción en su niñez, cuando despertaba ilusionado por la llegada de los Reyes Magos.

Se levantó precipitadamente de la cama, con el corazón latiéndole muy rápido. Al girar la cabeza vio los colores blanco y rojo en la silla del escritorio. El pañuelo, la faja, la camiseta, los pantalones y las zapatillas que cuidadosamente había preparado la noche anterior le estaban esperando. No pudo contener un suspiro emotivo al imaginar todo lo que estaba por ocurrir en los siguientes 9 días.
Se preparó muy rápido y comprobó que tenía lo imprescindible: móvil, cartera, llaves y ganas de disfrutar. No necesitaba más.

Salió a la calle sintiendo mucha felicidad. Eran las 8:30 de la mañana y puso rumbo a la calle San Antón, donde había quedado con la cuadrilla para tomar el almuercico. La gente empezaba a inundar las calles de Pamplona y saludaba efusivamente a todos los desconocidos con los que se cruzaba. Los sanfermines contagian a la gente de una alegría especial. 

CAMBIO DE EMOCIONES

María Bermejo Rodríguez

Este año no tenía ganas de fiestas.
Algunas desgracias familiares habían conseguido que entrara en un bucle de tristeza y pereza por vivir.
Mi amiga apareció en mi casa con una mochila y me insistió que no se iría sin mí.
-Vamos- me dijo, -estamos vivas, hay que desconectar como hacíamos cuando éramos jóvenes-.
Por su insistencia no puede negarme, agarramos las mochilas y salimos para Navarra. El camino fue depurativo, esas largas charlas eran reconfortantes.
Al llegar, el ambiente se veía emocionante.
Nos preparamos con la ropa blanca, símbolo de pureza, nos colocamos la faja en la cintura, el pañuelico rojo en la muñeca y fuimos a la plaza del Ayuntamiento.
Buscamos nuestro espacio y sentimos el momento que estaba a punto de llegar, las 12 del medio día.
Las sensaciones después del chupinazo, esa emoción cuando “La Biribilketa de Gainza” empieza a sonar, esa melodía, con el pañuelo rojo anudado ya al cuello, ese entusiasmo tan indescriptible… cierta excitación nos invade, sintiéndonos parte de los pamploneses…
Miré a mi amiga, y con los ojos llorosos la sonreí
-gracias, necesitaba salir y olvidarme de todo por un rato, y ¿sabes qué? Esto es genial- …

 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TIC TAC

María Arive Beroiz

Tic. Despertar, si es que conseguiste dormir. Primera ducha del día. Volver a cerciorarte de que la faja está donde debe. Pañuelo planchado. Adiós, ropa de oficinista. Bienvenido, uniforme blanco. Nueva camiseta y pantalón, porque los del año pasado ya no merecen ni ese nombre. Buen calzado en la línea de salida.
Tac. Abrazos nerviosos donde en el día a día solo hay un aúpa. El bol mañanero de acacia con chía se fue a Salou de vacaciones. Desayuno con txistorra: tú sí que eres un superalimento. Magras con tomate, marchando una talla 42. Nuevo integrante de la cuadrilla: vaso reutilizable. Primera nueva amistad de la semana. A ver si dura hasta el 14.
Chis. Carrera hasta el centro. ¡Que no llegamos! Desde aquí se ve el balcón. Vamos más cerca de la plaza. Una vez al año, no hace daño. Segunda ducha del día. Cambio agua por sangría. This is amazing! I know! Por fin da sus frutos el B1 del instituto.
Pum. 

EL EXAMEN

María Prieto Domínguez

En casa no se oía la algarabía de la calle, menos mal, pensaba.
Cada vez le costaba más concentrarse, y el examen estaba a las puertas, era el tirón final. Pero que mala fecha.
Sus pandilla todos de fiesta, eran San Fermines. Para ella no. Se decía:tengo que seguir, solo me quedaban dos día.
Ya por fin podría disfrutar aunque fuera el último día.
Vuelta a la luz de lámpara, a cerrár las cortinas para no ver el sol.
Los artículos, uno tras otros los recitaba, como un mantra, como la canción para el chupinazo al Santo.
Recorría las calles con su mente y en cada puerta decía el resumen de un tema. Aquellas calles llenas de gente y de fiesta.
Por fin trabajo hecho, se dijo, un rezo de agradecimiento, a correr a la plaza del castillo, se dijo mientras se anudaba el pañuelico rojo al cuello.
Allí estaban sus amigos, su pandilla de toda la vida.
Vamos a disfrutar, el lunes ya veremos la nota.
Ahora un brindis y un Viva San Fermín. 

TODA UNA VIDA

María álvarez Latorre

Cada cántico retumbaba en ella, el silencio dio paso al ruido habitual de celebración, y mientras se ponía el pañuelico al cuello cerró los ojos, recordando sus casi noventa años de tradición; su primer txupinazo, su primer susto con los kilikis, la primera vez que salió de fiesta con sus amigas el día del txupinazo, cuando vio a su marido correr en el encierro con el corazón en un puño, los primeros Sanfermines de sus hijos, y los primeros de sus nietos, cuando estos dieron sus chupetes a los gigantes…
Casi noventa años de tradición, no podía evitar temer que este fuese el último para ella, al igual que lo había temido los últimos cinco años, pero a pesar de eso, con una sonrisa en la cara y una lágrima en la mejilla que sus hijos y nietos pensarían que era de felicidad, se ató el pañuelico, preparada para disfrutar hasta el último momento. 

EFÍMERO

María Campión Rodríguez

6 de julio, 09:00. Ropa blanca. Pañuelo en muñeca. Huevos fritos con tontería. Cerveza. Vino. Chupinazo. Pañuelo en el cuello. Riau Riau. Agua desde las ventanas. Poteo en Estafeta. Txaranga. Marea blanca y roja. Barracas. Bocata en el Oinez. Encierrillo. Fuegos artificiales. Verbena en Antoniutti. Jarauta. San Nicolás. Concierto en la Plaza del Castillo. Encierro. Vacas. Procesión. Gigantes. Puestos y juegos en la taconera. Herri kirolak en los Fueros. Comida en familia. Bailables. Churros de la Mañueta. Velas. Pobre de mí. Pañuelo en muñeca. 15 de julio, 08:00. Encierro de la villavesa.

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