XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UNA ÚLTIMA CARRERA

Ana Isabel Espinosa García

Me empujan contra los tablones. Resoplo para que mis pulmones aguanten la embestida. De pronto, todo lo que me oprimía ya no está. Soy libre de correr. Lo hago, sin pensar, solo asfalto y yo hechos uno. El cielo anda encapotado, sin embargo todo está lleno de olores nuevos que se me meten por las nasales queriendo que esta carrera nunca acabe. En el primer tramo, el más chulo se pone a la cabeza. Pero no ha nacido otro más fuerte que yo, ni con mejores piernas. Delante, ya se ve una amalgama de colores; blancos como la sal de las marismas, rojo de la sangre aún no derramada y negro de destellos de un futuro incierto. Corro con más fuerza, intentando sortear los obstáculos, resbalando por esas piedras porque mi genética no me ha dotado más que para Cortijo, campo y olivares. Me he entrenado cada amanecida entre encinas y quejigos, al ritmo de los ladridos de Lucas, el perro de la finca. Me siento acompañado. Alguien se me coge de la cintura. Otro hasta me besa como de pasada. Yo le intento agarrar para que no se caiga, pero veo cómo se va contra las tablas quedándose desmadejado y quieto. Sigo corriendo. 

¿FIESTAS? HAY MUCHO MÁS…

Miguel Reverter Sancho

¿Y me preguntas qué son las fiestas de los Sanfermines?

Podría hablarte de la gente de Pamplona, de esa alegría que reconoces en los tuyos cuando nos juntamos los días previos para preparar y organizar, para que todo esté a punto. De la ilusión con que sacas ese pantalón y esa camisa blanca junto a la faja y el pañuelo rojo que guardaste con una mezcla de pena y satisfacción el año anterior. Te podría hablar de la intensa pasión que nos embriaga en la plaza Consistorial esperando el chupinazo con un ansia que no se puede describir, porque sólo se puede vivir cuando estás allí. Igual que esa emoción única que sientes cuando cantas a Nuestro Patrón antes de recorrer estas calles adoquinadas tan distintas al resto de calles del mundo. Y no, no te exagero. Estas calles son nuestras vidas, la de nuestros padres y abuelos. Son nuestras risas, nuestras lágrimas, nuestras charlas, nuestras miradas… Son nuestra cultura. Porque igual que importa dónde, importa con quién.

Una fiesta… No, no te puedo explicar San Fermín como una fiesta, porque fiestas hay en todos los lugares. San Fermín es Pamplona, San Fermín es su gente… San Fermín somos nosotros.
 


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LAS DOCE

Laura Valencia Azcona

Seis de julio.Son las doce, pero no se escucha el sonido del cohete.Son las doce,y te encuentras en la plaza del Ayuntamiento,pero esta se encuentra vacía.Son las doce,pero tu pañuelico no va al cuello,ni se oye el alboroto de la multitud.
¿Qué es lo que ha sucedido?

Ane mira a través de la ventana y sonríe al acordarse de aquellos bailes en la verbena con sus amigos.

Marco juega con sus gigantes,sabiendo que este año los grandes no saldrán:”Porque un bicho muy pequeño no lo ha permitido”.

Iñaki recuerda esos ojos azules,entre la marea blanca y roja,que le hicieron enamorarse hasta hoy,quince años después.

Teresa piensa en el último vals con Manuel en el Baile de la Alpargata,con el cual no podrá volver a repetir.

Daniel si cierra los ojos,puede sentir la adrenalina por su cuerpo al correr el encierro.

Gorka cree que la paz es ver los fuegos artificiales en la Vuelta del Castillo abrazado a Paula.

Tú sigues frente al ayuntamiento.Al fondo suena un despertador.Seis de julio y tu madre gritándote que no vas a llegar al chupinazo.
Tu ropa blanca y el pañuelo te esperan doblados en la silla.Ese nudo extraño desaparece un poco.
¡Qué reales parecen las pesadillas a veces!¿Verdad?
 

MAREAS

Francisco Javier Yuste Córdoba

Suena el chupinazo, y una marea incontenible me empuja; sudor miedo, emoción. Siento correr a cámara lenta, no se acaba nunca y en la calle Estafeta, algo duro y filoso me roza la piel. A pesar de la ardiente masa informe de cuerpos sudorosos que me arrastran, las entrañas se hielan. Algo ruge y me sobrepasa, empujándome sin piedad contra la pared. Me tambaleo, esquivo cuerpos caídos, pero al filo de las fuerzas me deslumbra la luz y cruzo las puertas del coso. Una mixtura de alivio y orgullo es mi mejor premio.

Una marea humana imparable me empuja por la plaza del ayuntamiento y, gustoso, no me resisto. Cantes y bailes, pañuelos rojos al viento, resplandecientes al sol. La Suerte sigue y encontramos donde yantar; fuerzas que reponer para todo un mundo por festejar.

La noche cubre el caso viejo de Pamplona y una marea incansable me empuja por bares y tascas. Pasan las horas al amparo de la fiesta, al ritmo del ansia de vivir, sentir, celebrar. La aurora despunta, la luz se desparrama. Vuelve a volar el chupinazo pero yo ya he pagado mi tributo a San Fermín; me espera la vuelta a casa para contarlo.
 


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A PESAR DE TODO, ZORION

ángel Hernández Duque

Siete de Julio. Seis y media de la mañana y no he pegado ojo. Contemplo mi faja sobre el pantalón y la camisa, cual sangre escarlata sobre nieve pura, pero sin mancharla. Atuendos que llevan un año esperando. Su espera es mejor que la mía, ya que ellos no sienten el ansia de que pasen los meses, la alegría desbordante del chupinazo, los nervios previos a la carrera o la tristeza inmediatamente posterior al “pobre de mí…”
-Papá, pero ¿qué haces? ¡Si este año no hay encierro!- me dijo mi hijo sacándome de mis pensamientos.
-Sí, ya lo sé cariño. Este año es diferente, pero sigue siendo San Fermín- dije intentando disimular la tristeza. No lo conseguí. De sus ojos comenzaron a caer lágrimas, lágrimas que me sabían a catorce de Julio.
-Ponte tu ropa que este año habrá encierro- le dije besándole en la frente.
Ya en el campo, los dos vestidos de pamplonica y acompañados de Txuski, nos disponíamos a vivir un día triste pero diferente. Para sobreponerme a esa tristeza avisé a mi hijo.
-Zorion, prepárate- y tirando la pelota a Txuski lo más lejos que pude vi cómo mi hijo echaba a correr seguido por nuestro pastor vasco. 

LA PRIMERA CARRERA

Plácido Romero Sanjuán

Es la primera vez que corres. Para controlar tus nervios, repasas mentalmente los consejos que te han dado los veteranos. Tienes que conservar la distancia con los animales, no dejarte sorprender. No llames su atención. Si te caes, no te levantes; quédate quieto. Nunca, jamás corras detrás de los astados. No los toques. Retírate cuando no puedas seguir el ritmo. Es todo. Das unos saltos. Resoplas. ¡Han dado la señal! ¡Comenzó! Los ves acercarse a lo lejos. Te preparas. Comienzas a correr. Estás al lado de una bestia de imponentes cuernos. Te cuesta seguir su velocidad. Aguantas un instante, pero te acaba adelantando. Te quedas atrás. Algunos corredores más rápidos que tú consiguen mantener el ritmo. Ves alejarse la manada. En la lejanía, adviertes que están llegando. Las bestias caen por el despeñadero. La tribu tendrá carne todo el invierno.  


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LA NOCHE

Manuel Ruiz Garcia

Estaba despierto , cada noche el sueño se resistía .
Entonces , venían los recuerdos de chiquillo en los encierros . Los mozos a la carrera . ¡¡de joven hice alguna muy buena en Estafeta!! , pensaba … Sobre todo, aquella tarde que estaba con la cuadrilla y conocí a Menchu . El flechazo , el caracoleo con risas y chiquitos ….. nos casamos. ¡Qué suerte, compartir la vida con ella !, ¡ las caras de mis hijos pequeños , con los cabezudos! De mayores repitiendo mis pasos , corriendo los encierros , …. su madre preocupada. Luego, esos nietos , que no paran .
La historia de la familia se repite con cada generación. A San Fermín pedimos….,chupinazo, encierro, corridas con bocadillo y bota, comidas con la cuadrilla , fiesta , noches abarrotadas de alegría , portales abiertos , besos , chiquitos, pobre de mí, Blanco y Rojo ….
Los pensamientos se le van desordenando poco a poco , cuánto más próximo el recuerdo más borroso. El alzhéimer asomaba por su universo , destrozando la memoria de toda una vida , pero San Fermín era su puerto más seguro . Llegan sueño y cielo a la cama.
 

Marina Rivera Campos

Un rostro henchido de adrenalina, rojo como los pañuelos de pamplonica, pasó como una centella ante mí al mirar esos ojos todo lo azabache que su enfurecido brillo les dejaba ser. Era mi propio reflejo en las ciruelas del rostro de Tornado, nombre que seleccioné secretamente por su turbulenta velocidad, dando coces y cornadas a más siniestros que diestros. Yo nunca iba a estos encuentros, donde, como no me gustaban las aglomeraciones, acababa perdiéndome a mí mismo. Y sin embargo, desde ese año volvería para siempre; sorprendiéndome corriendo reflejado en aquellas bolas negras que lloraban confusión; encontrándome, por fin.

Lo mío era huir. Siempre huir.

 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UNA SEMANA, TODA UNA VIDA

Margarita Del Brezo

Cuando llegué a Pamplona la ciudad era un hervidero de gente. No necesitarás mucha ropa, me dijo unos días antes por teléfono. Mila y yo habíamos compartido piso y libros de texto en Salamanca y para celebrar nuestra recién estrenada licenciatura, me invitó a conocer los sanfermines. Me recibió con un abrazo que olía a bienvenida; después avanzamos a contracorriente por unas aceras atiborradas y, tras vestirme de blanco y anudarme el pañuelo rojo, corrimos para llegar a tiempo de ver el chupinazo. La alegría ensordecedora de la plaza me atrapó en el acto. En medio de esa multitud era imposible sentirse extraña.
Por la tarde, tartera en mano, fuimos a la plaza de toros. Dos filas más atrás estaba él. Lo vi al girarme en busca del que me había golpeado el hombro con una aceituna. Volví a verlo al día siguiente, justo cuando salía el último toro de la tarde y el sol perdía el resuello. El tercer día intercambiamos tímidas frases en la entrada. El cuarto se sentó a mi lado. El quinto quedamos para cenar. El sexto nos cogimos de la mano. Y el séptimo decidimos que nuestro primer hijo se llamaría Fermín.
Hoy corre el encierro por primera vez.
 

ÉPICA DE SAN FERMÍN

Luis Alberto Alfaro Vega

ÉPICA DE SAN FERMÍN

Lo sacudió el espasmo de una fiebre que lo condujo al delirio de creer que su propio ser era un embuste, y que la ley natural que lo conceptualiza como homo sapiens, no es más que el proceso Kafkiano que transformó su cuerpo perfecto, en un toro de lidia, iconografía ridícula que se muestra en el espejo como un enorme bulto peludo, con cuatro patas, una cola extensa y dos afilados cuernos que le salen de la cabeza. En su fiebre no aceptó el subterfugio de su mente, creyéndolo una evasiva estratagema para evitar correr la efeméride de los sanfermines. Y con la cabeza envistió el espejo, hasta hacerlo añicos.