XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
GOTAS CARMESÍ
Raquel Sánchez López
La pregunta era rotunda, escueta, directa. No tenía en cuenta la multitud de servicios que prestó como misionero, la labor desinteresada que llevó a cabo con los más desfavorecidos. Tampoco valoraba su título de obispo conseguido con tan sólo veintiún años ni la ardua y laboriosa construcción de su iglesia.
Solo importaba su respuesta, solo interesaba la rendición de su espíritu rebelde.
—¿Sigues negando la doctrina cristiana?
—Si amparándome en vuestro credo hago daño a mi pueblo, los verdaderos dueños de su fe, sí, reniego.
Y sin más dilación, Fermín de Amiens acabó degollado sobre un púlpito frio de piedra que absorbió sus gotas carmesí, guardándolas como reliquias que serán veneradas en la abadía de Saint-Acheul para toda la eternidad.
CHUPINAZO AI
Raquel Pinillos Noguera
Pamplona, 6 de julio de 2025.
El cohete no sonó. Alexa no lo entendió.
—¿Has dicho “Chupinazo” o “Chupinazo AI”? —preguntó la voz metálica.
Demasiado tarde. Los toros ya corrían por la Estafeta, pero esta vez no eran de carne y cuerno, sino de silicio y sensores. Eran los Torobots 3000, diseñados por una startup navarra con fondos europeos y supervisión de ChatGPT-9.
Los mozos, con sus pañuelos rojos y sus pulseras de actividad, corrían mientras sus relojes les daban consejos de cardio:
—¡Cuidado, Iñaki! Tu frecuencia cardíaca supera los 180 bpm.
—¡Gracias, Fitbit, pero ahora no!
Todo iba bien hasta que llegó el apagón: Un hacker, nostálgico de los encierros “de verdad”, tumbó la red.
Los Torobots, sin conexión, entraron en modo “vacaloca”. Uno embistió una churrería. Otro se enamoró de un semáforo. Un tercero se quedó quieto, repitiendo: “Error 404: mozo no encontrado”
La policía local intentó controlarlos con drones, pero uno fue interceptado por un niño con una red de mariposas.
Al final, el encierro fue suspendido.
Los mozos brindaron con kalimotxo, agradecidos por el caos analógico.
Y Alexa, desde algún rincón, murmuró: “¿Querías emoción? Bienvenido al San Fermín del futuro”
EL LATIDO PRESTADO
Raquel Pardo Gandía
No oyes mi voz. Una hora no basta para que el corazón del corredor vuelva a su jaula, pero yo exigía ese doblete: encierro a las ocho, máscara agria a las nueve y media. Aquel día, el pulso decidió no seguir el compás.
Desde el aire tibio de Estafeta te vigilo: pañuelo nuevo, zapatillas impolutas, la misma arruga de miedo que una vez estrené. Los toros martillean el adoquín y sacuden el sudor de tus párpados; siento temblar tu promesa de juventud.
Entonces surge él. Avanza entre cuerpos, chaqueta verde, tricornio negro, botana alzada. Nadie más lo ve; late con mi ritmo. Cruza los brazos con la impaciencia que le enseñé cuando lo portaba. Su sombra te arrebata el impulso; tropiezas, caes tras el vallado y los cuernos brindan al aire que era tuyo.
Vuelve la música. Cuando recuperas aliento, crees haber visto un kiliki fuera de hora. Él prosigue su desfile invisible y, al atravesar mi niebla, me arranca el único latido que aún retumba.
AL REVÉS
Raúl Garcés Redondo
Era muy despistado. Y mira que se lo repetimos veces pero como quien oye llover. El día amaneció soleado, gracias a Dios y a nuestro Santo que, seguro, algo tuvo que ver. Todos de blanco y rojo y él, de rojo y blanco. Todos en la plaza del Ayuntamiento aguardando el chupinazo y él, ante la Diputación. Por no hablar del encierro. Sí, lo corrió al revés. Por suerte, como era tan despistado, pensó que era a las ocho de la tarde.