XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

MI 7 DE JULIO SAN FERMIN

Jorge Aperte Martinez

Todas los años cuando lega San Fermínes, me pongo el pañuelico, enciendo la radio, se abre la emisora y, antes de comenzar el chupinazo, escribo una carta en el texto donde, desde hace siete años, explico minuciosamente las razones en honor a nuestro patrón San Fermín. 

UN MISMO LUGAR, UN MISMO MOTIVO.

Claudia Buldain Narvaez

6 de julio. 11:59h. Plaza del ayuntamiento, Pamplona.
Se oye la multitud. Gritan, cantan, bailan… celebran. Huele a vino, a nervios, a fiesta. Te empujan, pero no importa, ya falta poco para el cohete. Apenas veinte segundos más. A mi alrededor mis amigas y muchos, muchísimos desconocidos, navarros, aragoneses, holandeses, franceses… no importa la procedencia. Todos en un mismo lugar por un mismo motivo.
Pero a apenas 3 segundos de la hora parpadeo. Parpadeo dos veces, y tres. No hay nadie. Miro a mi izquierda, hay dos señores tomando café y a mi derecha un grupo de jóvenes vestidos de blanco y rojo, a pesar de que este año, no habrá fiestas. Da tristeza, pero pensemos en lo que somos, en ese grupo de jóvenes. Somos navarros celebrando nuestras fiestas. No importa que no haya cohete, que no haya fiestas, lo que importa es nuestro espíritu sanferminero.
Este año recordaremos a nuestro patrón vestidos de blanco y rojo, desde nuestras casas, nuestros grupos reducidos de gente y nuestras familias.
Pero como todos los años… este no es diferente… ¡VIVA SAN FERMÍN!
 


XII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LO DE SIEMPRE

Carlos Biurrun Quel

Peldaño. Nuevos propósitos, agua nueva. Los siguientes pasan lentos y desapercibidos. Peldaño. Van cuatro y llega la primavera. El reloj ya ha bajado de los cien. Peldaño. Alternas entre sayo y pantaloneta. ¿Has reservado sitio? Peldaño. Pase de modelos en blanco, sin boda a la vista. Éste me sirve un año más. Faltan treinta. Cuenta atrás. Cartel y programa, quejas y aplausos. Catorce. Cuenta atrás. Nervios y emoción. La lista de reproducción se torna blanca y roja. Uno. Cuenta atrás. Todo preparado. Dormir como un niño en la noche de Reyes.

Jamás fue tan agradable madrugar. Almuerzo y a la plaza. Se abren las puertas. ¡Viva! ¡Gora! La experiencia te enseña cuánto contar entre el sonido de la mecha y el estallido. Tres, dos, uno… Aquí están. Doscientas cuatro por delante. Ahora no quieres que la cuenta progrese, aunque tu cuerpo no opina lo mismo: «Pobre de mí». Quince del siete. Vuelta a empezar. Quedan más de trescientos y, en algunos, desearías la fuerza espartana…

Peldaño. Nuevos propósitos, agua nueva. Los siguientes pasan lentos y desapercibidos. Noticias preocupantes llegan de Oriente. Peldaño. Van cuatro y llega la primavera. Golpe de realidad. No, este año no será lo de siempre, pero pronto volverá a serlo. 

UN GRANITO ARENA

Judith Alegría Agarraberes

—Qué raro que no haya venido nadie todavía. A estas alturas ya se escuchaba a los caballos y nos empezaban a pasar por encima.
— Dicen al otro lado del ruedo que no habrá San Fermín este año.
—¿Qué? ¿Que no habrá? Pero si eso es imposible. Desde que me pulverizaron, allá en los Alcores, soñaba con que me destinaran aquí, pero no para que fuéramos los únicos ocupantes del coso.
—Espera, espera, que le van a preguntar al sabio, que conoce todo lo sucedido en los últimos cien años.
—Pero si ese es un cuentista.
—Y entonces cómo sabe todos los detalles de lo que pasó en 1978, por ejemplo, ¿eh?
—Un timador, ya te digo yo. Que se lo han contado, que no lo ha vivido él. Yo eso de que el viento lo trasladara a lugares estratégicos para que no lo renovaran no me lo creo.
—Bueno, piensa lo quieras, pero dice que ya se cancelaron en 1937, y en 1938.
—Esto es el final. Ya no habrá más.
—No seas catastrofista. Aquí estaremos el año que viene para aportar nuestro granito de arena y escuchar a una ciudad unida por el blanco y rojo.
—Si no nos sustituyen antes. 


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PROMOVERLO

Felix Pacheco Granados

Su retiro era inminente: no le habían preocupado las tres cornadas recibidas anteriormente, pero la última de Almería lo había lisiado. En la plaza de Sevilla se despediría.
Él, un gran matador, no había ido nunca a las ferminadas de Pamplona. Pero ahora estaba ahí. Hermosos toros llevaban al encierro y valientes esos chavales… pero, ¡ese toro enorme la ha cogido contra ese chico!, ¡lo va a cornear en el suelo!
Arrebató la mantilla a esa señora y se enfrentó al toro:
-¡Eh, toro estúpido! A mí, ataca… -le decía mientras le daba mantillazos en el hocico.
El toro dejó al chico y lo embistió a él, quien elegantemente, a pesar de su cojera, le dio un pase… y otro… y otro…
La multitud, enardecida, no cesaba de repetir ¡olé! ¡olé! ¡olé!
Un anciano le lanzó un estoque.
-¡Toma, aprendiz de torero! ¡Culmina tu faena!
Con la destreza de siempre, cumplió lo pedido por el anciano.
Un periodista, con su camarógrafo, que había captado toda la escena se le acercó micrófono en mano:
– ¡Mataor, te ganaste la alternativa! ¡Te voy a promover!
– ¡Gracias, pero esta es mi penúltima vez! ¡Nos vemos en Sevilla dentro de once días!

 

LA CICATRIZ

Josefa García Pastor

¿Existe el amor de una noche de verano? Existe.

En la plaza del Castillo lo encontré sentado en un escalón con un pote en la mano. Me ofreció la bebida y sus labios, y con los dos me emborraché de un gusto ignoto.

En el parque de la Taconera nos perdimos para encontrarnos. No nos dijimos ni los nombres, solo dejamos hablar a nuestros cuerpos que estaban ávidos de conversación.

El rocío del amanecer nos pilló tumbados en la hierba, me abrigó con su pañuelo rojo. Ató un lazo a mi cuello que sigue anudado.

Te dedico la carrera, me susurró y metió su lengua en mi oreja provocándome un escalofrío. Otro más profundo me recorrió las entrañas cuando lo vi caer frente a mí.

Esa cicatriz, que se llevó por mirarme mientras corría delante del toro, la acaricio cada de vez que desde el salón de nuestra casa vemos correr a los toros por la calle de la Estafeta, y de eso hace ya cuarenta años.

 


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UNA ÚLTIMA CARRERA

Ana Isabel Espinosa García

Me empujan contra los tablones. Resoplo para que mis pulmones aguanten la embestida. De pronto, todo lo que me oprimía ya no está. Soy libre de correr. Lo hago, sin pensar, solo asfalto y yo hechos uno. El cielo anda encapotado, sin embargo todo está lleno de olores nuevos que se me meten por las nasales queriendo que esta carrera nunca acabe. En el primer tramo, el más chulo se pone a la cabeza. Pero no ha nacido otro más fuerte que yo, ni con mejores piernas. Delante, ya se ve una amalgama de colores; blancos como la sal de las marismas, rojo de la sangre aún no derramada y negro de destellos de un futuro incierto. Corro con más fuerza, intentando sortear los obstáculos, resbalando por esas piedras porque mi genética no me ha dotado más que para Cortijo, campo y olivares. Me he entrenado cada amanecida entre encinas y quejigos, al ritmo de los ladridos de Lucas, el perro de la finca. Me siento acompañado. Alguien se me coge de la cintura. Otro hasta me besa como de pasada. Yo le intento agarrar para que no se caiga, pero veo cómo se va contra las tablas quedándose desmadejado y quieto. Sigo corriendo. 

¿FIESTAS? HAY MUCHO MÁS…

Miguel Reverter Sancho

¿Y me preguntas qué son las fiestas de los Sanfermines?

Podría hablarte de la gente de Pamplona, de esa alegría que reconoces en los tuyos cuando nos juntamos los días previos para preparar y organizar, para que todo esté a punto. De la ilusión con que sacas ese pantalón y esa camisa blanca junto a la faja y el pañuelo rojo que guardaste con una mezcla de pena y satisfacción el año anterior. Te podría hablar de la intensa pasión que nos embriaga en la plaza Consistorial esperando el chupinazo con un ansia que no se puede describir, porque sólo se puede vivir cuando estás allí. Igual que esa emoción única que sientes cuando cantas a Nuestro Patrón antes de recorrer estas calles adoquinadas tan distintas al resto de calles del mundo. Y no, no te exagero. Estas calles son nuestras vidas, la de nuestros padres y abuelos. Son nuestras risas, nuestras lágrimas, nuestras charlas, nuestras miradas… Son nuestra cultura. Porque igual que importa dónde, importa con quién.

Una fiesta… No, no te puedo explicar San Fermín como una fiesta, porque fiestas hay en todos los lugares. San Fermín es Pamplona, San Fermín es su gente… San Fermín somos nosotros.
 


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LAS DOCE

Laura Valencia Azcona

Seis de julio.Son las doce, pero no se escucha el sonido del cohete.Son las doce,y te encuentras en la plaza del Ayuntamiento,pero esta se encuentra vacía.Son las doce,pero tu pañuelico no va al cuello,ni se oye el alboroto de la multitud.
¿Qué es lo que ha sucedido?

Ane mira a través de la ventana y sonríe al acordarse de aquellos bailes en la verbena con sus amigos.

Marco juega con sus gigantes,sabiendo que este año los grandes no saldrán:”Porque un bicho muy pequeño no lo ha permitido”.

Iñaki recuerda esos ojos azules,entre la marea blanca y roja,que le hicieron enamorarse hasta hoy,quince años después.

Teresa piensa en el último vals con Manuel en el Baile de la Alpargata,con el cual no podrá volver a repetir.

Daniel si cierra los ojos,puede sentir la adrenalina por su cuerpo al correr el encierro.

Gorka cree que la paz es ver los fuegos artificiales en la Vuelta del Castillo abrazado a Paula.

Tú sigues frente al ayuntamiento.Al fondo suena un despertador.Seis de julio y tu madre gritándote que no vas a llegar al chupinazo.
Tu ropa blanca y el pañuelo te esperan doblados en la silla.Ese nudo extraño desaparece un poco.
¡Qué reales parecen las pesadillas a veces!¿Verdad?
 

MAREAS

Francisco Javier Yuste Córdoba

Suena el chupinazo, y una marea incontenible me empuja; sudor miedo, emoción. Siento correr a cámara lenta, no se acaba nunca y en la calle Estafeta, algo duro y filoso me roza la piel. A pesar de la ardiente masa informe de cuerpos sudorosos que me arrastran, las entrañas se hielan. Algo ruge y me sobrepasa, empujándome sin piedad contra la pared. Me tambaleo, esquivo cuerpos caídos, pero al filo de las fuerzas me deslumbra la luz y cruzo las puertas del coso. Una mixtura de alivio y orgullo es mi mejor premio.

Una marea humana imparable me empuja por la plaza del ayuntamiento y, gustoso, no me resisto. Cantes y bailes, pañuelos rojos al viento, resplandecientes al sol. La Suerte sigue y encontramos donde yantar; fuerzas que reponer para todo un mundo por festejar.

La noche cubre el caso viejo de Pamplona y una marea incansable me empuja por bares y tascas. Pasan las horas al amparo de la fiesta, al ritmo del ansia de vivir, sentir, celebrar. La aurora despunta, la luz se desparrama. Vuelve a volar el chupinazo pero yo ya he pagado mi tributo a San Fermín; me espera la vuelta a casa para contarlo.