Manual del (im)perfecto anfitrión (V) 2


Dejábamos a nuestra cuadrilla pluricultural la semana pasada a punto de sumergirse en la primera noche de San Fermín. A eso de las 10 de la noche tu estado etílico no te permite discernir sobre si está amaneciendo o anocheciendo.

Un servidor, que es muy de Pamplona y se las sabe todas, se ha pasado toda la tarde advirtiendo a sus invitados que tengan cuidado con el alcohol, que la jornada es muy larga. Los de Iruña estamos muy acostumbrados a beber pero a los de fuera, ya se sabe, enseguida les afecta. Pues bien, después de este tipo de consignas es muy probable que tus amigos ingleses te lleven a tu casa a rastras a eso de las once, mientras intentas vociferar con ellos el «Glory Glory Man United»… Y una vez aparcado, ellos se dan la vuelta y siguen.

Pero irte a dormir a las 11 de la noche significa que para las 9 de la mañana ya estás más fresco que una lechuga y comienzas a dar por saco a tus huéspedes. ¡A LA PROCESIÓN!, vas gritando por el pasillo.

Consigues movilizar tan solo a dos de las catalanas, muy interesadas en todo lo que son nuestras costumbres y tradiciones, y a uno de los ingleses que tiene la esperanza de repetir los huevos con patatas y lomo de la mañana del día 6. El resto sigue durmiendo, pues apenas llevan hora y media en la cama.

Procuras ir a ver la Procesión de San Fermín a la Plaza del Consejo. Ahí tiene un lugar uno de los momenticos de las fiestas, cuando se le canta la jota al santo. Pero como esa zona está de bote en bote, consigues verla de malas maneras en cualquier esquina.

Pero lo mejor viene después, cuando llega la hora del vermut en tu Peña. Además es día 7, día de San Fermín, y regalan pintxos…


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